15 de marzo - Artémides Zatti
Artémide Zatti nació en Boretto (Reggio Emilia) el 12 de octubre de 1880. No tardó en experimentar la dureza del sacrificio, tanto que a los nueve años ya se ganaba el jornal como peón.
Obligada por la pobreza, la familia Zatti, a principios del 1897, emigró a Argentina y se estableció en Bahía Blanca. El joven Artémides comenzó enseguida a frecuentar la parroquia dirigida por los Salesianos, encontrando en el párroco don Carlos Cavalli, hombre piadoso quien lo orientó hacia la vida salesiana. Tenía 20 años cuando entró en el aspirantado de Bernal.
El Padre Evasio Garrone invitó a Artémides a rezar a María Auxiliadora para obtener la curación de la enfermedad tbc que se propagaba en el momento, sugiriéndole hiciera esta promesa: «Si Ella te cura, tú te dedicarás toda la vida a estos enfermos».
Artémides hizo de buen gusto tal promesa; y se curó misteriosamente. Más tarde dirá «Creí, prometí, curé». Aceptó con humildad y docilidad el no pequeño sufrimiento de renunciar al sacerdocio.
Emitió como hermano coadjutor su primera Profesión el 11 de enero de 1908 y la Perpetua el 8 de febrero de 1911.
Artémides Zatti amó a sus enfermos de manera verdaderamente conmovedora. Veía en ellos a Jesús mismo, hasta tal punto que cuando pedía a las hermanas ropa para otro muchacho recién llegado, decía: «Hermana, ¿tiene ropa para un Jesús de 12 años?».
La atención hacia sus enfermos alcanzaba rasgos muy delicados. Fiel al espíritu salesiano y al lema dejado como herencia por D. Bosco a sus hijos «trabajo y templanza» desarrolló una actividad prodigiosa con habitual prontitud de ánimo, con heroico espíritu de sacrificio, con despego absoluto de toda satisfacción personal, sin tomarse nunca vacaciones ni reposo.
Fue hombre de fácil relación humana, con una visible carga de simpatía, alegre cuando podía entretenerse con la gente humilde. Pero, sobre todo, fue un hombre de Dios. Artémides Lo irradiaba.
En 1950 el infatigable enfermero cayó de una escalera y fue en esa ocasión cuando se manifestaron los síntomas de un cáncer que él mismo lúcidamente diagnosticó.
Continuó sin embargo cuidando de su misión todavía un año más, hasta que, tras sufrimientos heroicamente aceptados, se apagó el 15 de marzo de 1951 con total conocimiento, rodeado del afecto y del agradecimiento de toda la población.