cicloC 2La Sagrada Escritura ha sido dividida, desde el Concilio Vaticano II, en tres ciclos completos de lecturas, de tal manera que quien asistiera a Misa todos los días, durante tres años seguidos, conseguiría escuchar casi toda la Palabra de Dios.

 

ADVIENTO

Primera Semana
Domingo Verán al Hijo del hombre con gran poder y gloria. Lucas 21, 25-28. 34-36.
Lunes El siervo del centurión. Mateo 8, 5-11
Martes Has revelado grandes cosas a los pequeños. Lucas 10, 21-24.
Miércoles Segunda multiplicación. Mateo 15, 29-37.
Jueves Edificar la casa sobre roca. Mateo 7, 21. 24-27.
Viernes Y se les abrieron sus ojos. Mateo 9, 27-31.
Sábado Misión de los discípulos. Mateo 9, 35. 10, 1. 6-8.

Segunda Semana
Domingo Preparando el Nacimiento . Lucas 3,1-6.
Lunes Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Lucas 5, 17-26.
Martes La oveja descarriada. Mateo 18, 12-14.
Miércoles Vengan a mí todos los que están fatigados. Mateo 11, 28-30.
Jueves Juan Bautista, el precursor Mateo 11, 11-15.
Viernes Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado. Mateo 11, 16-19.
Sábado Les aseguro que no lo reconocieron. Mateo 17, 10-13.

Tercera Semana
Domingo Adviento, la espera de la alegría. Lucas 3,10-18.
Lunes ¿Con qué autoridad haces esto?. Mateo 21, 23-27.
Martes El cumplimiento de la Voluntad de Dios. Mateo 21, 28-32.
Miércoles Anuncien a todos lo que han visto y oido. Lucas 7, 19-23.
Jueves Envío mi mensajero delante de ti, para prepar tu camino Lucas 7, 24-30.
Viernes Juan era la lámpara que ardía y brillaba Juan 5, 33-36.
Día 17 Diciembre Genealogía del Salvador. Mateo 1, 1-17.
Día 18 Diciembre Anuncio del ángel a José. Mateo 1, 18-24.
Día 19 Diciembre Anunciación del Precursor. Lucas 1, 5-25.
Día 20 Diciembre La Anunciación de Jesús. Lucas 1, 26-38.
Día 21 Diciembre Visita de la Virgen a Isabel. Lucas 1, 39-45.
Cuarto Domingo de Adviento Preparando el Nacimiento con María. Lucas 1, 39-45.
Día 22 Diciembre El Magníficat. Lucas 1, 46-56.
Día 23 Diciembre Nacimiento Juan Bautista. Lucas 1, 57-66.
Día 24 Diciembre Dios redime a su pueblo. Lucas 1, 67-79.

NAVIDAD
Día 26 Diciembre "No se preocupen". Mateo 10,17-22.
Día 27 Diciembre Pedro y Juan en el sepulcro. Juan 20, 2-8.
Día 28 Diciembre Los Santos Inocentes. Mateo 2, 13-18.
Día 29 Diciembre Presentación en el templo. Lucas 2, 22-35.
Día 30 Diciembre En el Templo con la profetisa Ana. Lucas 2, 36-40.
Día 31 Diciembre La Palabra se hizo carne. Juan 1, 1-18.
Día 2 Enero Primer testimonio de Juan. Juan 1, 19-28.
Día 3 Enero Segundo testimonio de Juan. Juan 1, 29-34.
Día 4 Enero Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Día 5 Enero Vocación de Felipe y Natanael. Juan 1, 43-51.
Segundo Domingo después Navidad Epifanía Mateo 2, 1-12.
Día 7 Enero Jesús predica en Galilea. Mateo 4, 12-17. 23-25.
Día 8 Enero Multiplicación de los panes. Marcos 6, 34-44.
Día 9 Enero Jesús camina por el mar. Marcos 6, 45-52.
Día 10 Enero Jesús en la sinagoga. Lucas 4, 14-22.
Día 11 Enero Curación de un leproso. Lucas 5, 12-16.
Día 12 Enero Tercer testimonio de Juan. Juan 3, 22-30.

CUARESMA
Miércoles de Ceniza Tu Padre que está en lo secreto. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Su alguno quiere venir en pos de mí. Lucas 9, 22-25.
Viernes ¿Por qué tus discípulos no ayunan?. Mateo 9, 14-15.
Sábado No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Lucas 5, 27-32.

1o. Semana de Cuaresma
Domingo El demonio ¿Sólo un mito?. Lucas 4, 1-13.
Lunes El juicio final. Marcos 25, 31-46.
Martes Jesús nos enseña a orar. Mateo 6, 7-15.
Miércoles La muchedumbre pide una señal. Lucas 11, 29-32.
Jueves Eficacia de la oración. Mateo 7, 7-12.
Viernes Perdón de las ofensas. Mateo 5, 20-26.
Sábado El amor a los enemigos. Mateo 5, 43-48.

2o. Semana de Cuaresma
Domingo La Transfiguración. Lucas 9, 28-36.
Lunes No juzguen y no serán juzgados. Lucas 6, 36-38.
Martes Escribas y fariseos hipócritas. Mateo 23, 1-12.
Miércoles Tercer anuncio de Pasión. Mateo 20, 17-28.
Jueves El rico Epulón y el pobre Lázaro. Lucas 16, 19-31.
Viernes Parábola de los viñadores infieles. Mateo 21, 33-43. 45-46.
Sábado Parábola del hijo pródigo. Lucas 15, 1-3. 11-32.

3o. Semana de Cuaresma
Domingo Invitar a la penitencia. Lucas 13, 1-9.
Lunes Jesús en Nazaret. Lucas 4, 24-30.
Martes El perdón de las ofensas. Mateo 18, 21-35.
Miércoles Jesús ante la Ley. Mateo 5, 17-19. Mateo 5, 17-19.
Jueves El poder sobre los demonios. Lucas 11, 14-23.
Viernes El primer precepto. Marcos 12, 28-34.
Sábado El fariseo y el publicano. Lucas 18, 9-14.

4o. Semana de Cuaresma
Domingo Parábola del hijo pródigo. Lucas 15, 1-3. 11-32.
Lunes Regreso a Galilea. Juan 4, 43-54.
Martes Curación de un paralítico. Juan 5, 1-3. 5-16.
Miércoles El Hijo actua en unión con el Padre. Juan 5, 17-30.
Jueves Testimonio del Hijo. Juan 5, 31-47.
Viernes Origen divino del Mesías. Juan 7, 1-2. 10. 25-30.
Sábado Diversos pareceres sobre Jesús. Juan 7, 40-53.

5o. Semana de Cuaresma
Domingo La mujer adúltera. Juan 8, 1-11.
Lunes Jesús, luz del mundo. Juan 8, 12-20.
Martes Yo no soy de éste mundo. Juan 8, 21-30.
Miércoles La verdad os hará libres. Juan 8, 31-42.
Jueves Es mi Padre quien me glorifica. Juan 8, 51-59.
Viernes Las obras buenas vienen de mi Padre. Juan 10,31-42.
Sábado Conviene que uno muera por todos. Juan 11, 45-56.

 

SEMANA SANTA

Domingo de Ramos. Lucas 22, 14-23.56.
Lunes Santo El arrepentimiento de María Magdalena. Juan 12, 1-11.
Martes Santo Anuncio de la traición. Juan 13, 21-33. 36-38.
Miércoles Santo La traición de Judas. Mateo 26, 14-25.

 

PASCUA

Triduo Pascual
Jueves Santo Lavatorio de los pies. Juan 13, 1-15.
Viernes Santo Prisión de Jesús. Juan 18, 1-40. 19, 1-42.
Sábado Santo La mañana de Pascua. Marcos 16, 1-7.

 

1o. Semana de Pascua
Domingo de Resurrección. Juan 20, 1-9.
Lunes La mañana de Pascua. Mateo 28, 8-15.
Martes Jesús se aparece a María Magdalena. Juan 20, 11-18.
Miércoles En el camino de Emaús. Lucas 24, 13-35.
Jueves Aparición de Jesús a los discípulos. Lucas 24, 35-48.
Viernes Tercera aparición a los discípulos. Juan 21, 1-14.
Sábado Apariciones de Jesús a sus discípulos. Marcos 16, 9-15.

2o. Semana de Pascua
Domingo Tú también te llamas Tomás. Juan 20, 19-31.
Lunes Visita de Nicodemo. Juan 3, 1-8.
Martes Visita a Nicodemo. Juan 3, 7-15.
Miércoles Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo. Juan 3, 16-21.
Jueves Tercer testimonio de Juan. Luan 3, 31-36.
Viernes Multiplicación de los panes. Juan 6, 1-15.
Sábado Jesús camina sobre el agua. Juan 6, 16-21.

3o. Semana de Pascua
Domingo Jesús resucitado con sus discípulos. Juan 21, 1-19.
Lunes La muchedumbre en busca de Jesús. Juan 6, 22-29.
Martes Creer en Jesucristo. Juan 6, 30-35.
Miércoles Yo soy el Pan de Vida. Juan 6, 35-40.
Jueves Si comes este pan, vivirás para siempre. Juan 6, 44-51.
Viernes El Pan Eucarístico. Juan 6, 52-59.
Sábado Señor, tienes palabras de vida eterna. Juan 6, 60-69.

4o. Semana de Pascua
Domingo La historia el Pastor y las ovejas. Juan 10, 27-30.
Lunes El Pastor y el rebaño. Juan 10, 1-10.
Martes Jesús uno con su Padre. Juan 10, 22-30.
Miércoles Necesidad de creer en Jesús. Juan 12, 44-50.
Jueves Si me conoces a mi, conoces al Padre. Juan 13, 16-20.
Viernes Jesús nos prepara una morada. Juan 14, 1-6.
Sábado Muestranos al Padre. Juan 14, 7-14.

5o. Semana de Pascua
Domingo La novedad de este mandamiento. Juan 13, 31-33. 34-35.
Lunes Voy a mandar al Espíritu Santo. Juan 14, 21-26.
Martes Jesús da la paz a sus discípulos. Juan 14, 27-31.
Miércoles Yo soy la vid verdadera. Juan 15, 1-8.
Jueves El gozo de Jesús. Juan 15, 9-11.
Viernes Los discípulos, amigos de Jesús. Juan 15, 12-17.
Sábado Odio del mundo contra Jesús y los suyos. Juan 15, 18-21.

6o. Semana de Pascua
Domingo La tristeza de una despedida. Juan 14, 23-29.
Lunes Anuncio sobre lo que ha de pasar. Juan 15, 26. 16,4.
Martes La promesa del Espíritu Santo. Juan 16, 5-11.
Miércoles Hasta la verdad completa. Juan 16, 12-15.
Jueves El gozo tras la tristeza. Juan 16, 16-20.
Viernes La existencia de la vida eterna. Juan 16, 20-23.
Sábado Pedid y recibireis. Juan 16, 23-28.

7o. Semana de Pascua
Domingo de la Ascensión. La Ascensión. Lucas 24, 46-53
Lunes Yo he vencido al mundo. Juan 16,29-33.
Martes Jesús ora al Padre por sí mismo. Juan 7, 1-11.
Miércoles Jesús ruega al Padre por sus discípulos. Juan 17, 11-19.
Jueves Ruega por todos los creyentes. Juan 17, 20-26.
Viernes La triple negación de Pedro. Juan 21, 15-19.
Sábado El discípulo amado. Juan 21, 20-25.

 

TIEMPO ORDINARIO

1o. Semana
Domingo La maravilla de ser hijos de Dios. Lucas 3, 15-16. 21-22.
Lunes Venid conmigo y os haré pescadores de hombres . Marcos 1, 14-20.
Martes Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen . Marcos 1, 21-28.
Miércoles Curación suegra de Pedro. Marcos 1, 29-39.
Jueves Curación de un leproso. Marcos 1, 40-45.
Viernes Curación paralítico. Marcos 2, 1-12.
Sábado Vocación de Mateo. Marcos 2, 13-17.

2o. Semana
Domingo Las bodas de Caná. Juan 2, 1-12.
Lunes Discípulos de Juan no ayunan. Marcos 2, 18-22.
Martes La observancia del sábado. Marcos 2, 23-28.
Miércoles Curación de un enfermo en sábado. Marcos 3, 1-6.
Jueves Predicación y curación de enfermos. Marcos 3, 7-12.
Viernes Elección de los doce apóstoles. Marcos 3, 13-19.
Sábado Jesús predica el Evangelio. Marcos 3, 20-21.

3o. Semana
Domingo Un pasado eternamente presente. Lucas 1,1-4. 4,14-21.
Lunes Pecado contra el Espíritu Santo. Marcos 3, 22-30.
Martes ¿Quiénes son mi madre y hermanos?. Marcos 3, 31-35.
Miércoles Parábola del sembrador. Marcos 4, 1-20.
Jueves Dar a conocer el Reino de Dios. Marcos 4, 21-25.
Viernes La semilla que crece. Marcos 4, 26-34.
Sábado La tempestad calmada. Marcos 4, 35-40.

4o. Semana
Domingo Jesús en Nazaret. Lucas 4, 21-30.
Lunes Curación de un poseído. Marcos 5, 1-20.
Martes Curación de enfermos por su fe. Marcos 5, 21-43.
Miércoles Ninguno es profeta en su tierra. Marcos 6, 1-6.
Jueves La misión de los apóstoles. Marcos 6, 7-13.
Viernes Muerte de Juan el Bautista. Marcos 6, 14-29.
Sábado Como ovejas sin pastor. Marcos 6, 30-34.

5o. Semana
Domingo La pesca milagrosa. Lucas 5,1-11.
Lunes Jesús en Genesaret. Marcos 6, 53-56.
Martes Las tradiciones de los fariseos. Marcos 7, 1-13.
Miércoles La verdadera pureza. Marcos 7, 14-23.
Jueves La mujer cananea. Marcos 7, 24-30.
Viernes Curación de un sordo y tartamudo. Marcos 7, 31-37.
Sábado Segunda multiplicación de los panes. Marcos 8, 1-10.

6o. Semana
Domingo Las bienaventuranzas. Lucas 6,17. 20-26.
Lunes Los fariseos piden una señal. Marcos 8, 11-13.
Martes ¿Aún no entendeis?. Marcos 8, 14-21.
Miércoles Curación de un ciego. Marcos 8, 22-26.
Jueves Confesión de Pedro. Marcos 8, 27-33.
Viernes Condiciones para seguir a Jesús. Marcos 8, 34-39.
Sábado La Transfiguración de Jesús. Marcos 9, 2-13.

7o. Semana
Domingo El amor hacia los enemigos. Lucas 6, 27-38.
Lunes Curación de un epiléptico. Marcos 9, 14-29.
Martes El primero es el último de todos. Marcos 9, 30-37.
Miércoles Invocación del nombre de Jesús. Marcos 9, 38-40.
Jueves Ustedes son la sal del mundo. Marcos 9, 40-49.
Viernes La cuestión del divorcio. Marcos 10, 1-12.
Sábado Jesús y los niños. Marcos 10, 13-16.

8o. Semana
Domingo. Lucas 6, 39-45.
Lunes El peligro de las riquezas. Marcos 10, 17-27.
Martes Recompensa a los que dejan todo. Marcos 10, 28-31.
Miércoles Petición de los discípulos. Marcos 10, 32-45.
Jueves Ciego de Nacimiento. Marcos 10, 46-52.
Viernes Marcos 11, 11-26.
Sábado Los poderes de Jesús. Marcos 11, 27-33.

9o. Semana
Domingo. Lucas 7, 1-10.
Lunes Parábola de los viñadores. Marcos 12, 1-12.
Martes El tributo al Cesar. Marcos 12, 13-17.
Miércoles Acerca de la resurrección. Marcos 12, 18-27.
Jueves Ama a tu prójimo. Marcos 12, 28-34.
Viernes Origen del Mesias. Marcos 12, 35-37.
Sábado Generosidad de la viuda. Marcos 12, 38-44.

10o. Semana
Domingo.
Lunes Las bienaventurazas. Mateo 5, 1-12.
Martes Misión de los discípulos en la tierra. Mateo 5, 13-16.
Miércoles Jesús ante la ley antigua. Mateo 5, 17-19.
Jueves Perdón de las ofensas. Mateo 5, 20-26
Viernes Declaración del sexto precepto. Mateo 5, 27-32.
Sábado Declaración del segundo precepto. Mateo 5, 33-37.

11o. Semana
Domingo La pecadora arrepentida. Lucas 7, 36. 8,3.
Lunes Ojo por ojo, diente por diente. Mateo 5, 38-42.
Martes El amor a los enemigos. Mateo 5, 43-48.
Miércoles Rectitud de intención. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Dios sabe lo que necesitamos. Mateo 6, 7-15.
Viernes Acumular riquezas en el cielo. Mateo 6, 19-23.
Sábado Dios y las riquezas. Mateo 6, 24-34.

12o. Semana
Domingo Una encuesta, un compromiso, un misterio. Lucas 9, 18-24.
Lunes El juicio sobre los otros. Mateo 7, 1-5.
Martes La Ley de la Caridad. Mateo 7,6. 12-14.
Miércoles Falsos profetas. Mateo 7, 15-20.
Jueves Casa construida sobre roca. Mateo 7, 21-29.
Viernes Curación de un leproso. Mateo 8, 1-4.
Sábado El siervo del centurión. Mateo 8, 5-17.

13o. Semana
Domingo Jesús ¿Radical o intolerante? Lucas 9, 51-62.
Lunes Condiciones para seguir a Jesús. Mateo 8, 18-22.
Martes Jesús duerme en la barca. Mateo 8, 23-27.
Miércoles Curación de dos endemoniados. Mateo 8, 28-34.
Jueves Curación del paralítico. Mateo 9, 1-8.
Viernes Los sanos no necesitan médico. Mateo 9, 9-13.
Sábado Vino nuevo en odres nuevos. Mateo 9, 14-17.

14o. Semana
Domingo ¿Yo también puedo ser misionero? Lucas 10, 1-12. 17-20.
Lunes La resurrección de una niña. Mateo 9, 18-26.
Martes Curación de un mudo. Mateo 9, 32-38.
Miércoles Misión y poderes a los doce. Mateo 10, 1-7.
Jueves Instrucción a los doce. Mateo 10, 7-15.
Viernes Nueva instrucción a los apóstoles. Mateo 10, 16-23.
Sábado Más instrucciones a los apóstoles. Mateo 10, 24-33.

15o. Semana
Domingo ¿Quién es buen samaritano? Lucas 10, 25-37.
Lunes No he venido a traer paz. Mateo 10, 34-42. 11,1.
Martes Amenaza a las ciudades infieles. Mateo 11, 20-24.
Miércoles Acción de gracias al Padre. Mateo 11, 25-27.
Jueves Manso y humilde de corazón. Mateo 11, 28-30.
Viernes Quiero misericordia y no sacrificio. Mateo 12, 1-8.
Sábado Mansedumbre del Mesias. Mateo 12, 14-21.

16o. Semana
Domingo La sabiduría de la hermana mayor. Lucas 10, 38-42.
Lunes El juicio de los fariseos. Mateo 12, 38-42.
Martes Los parientes de Jesús.Mateo 12, 46-50.
Miercoles El Sembrador. Mateo 13, 1-9.
Jueves El sentido de las parábolas. Mateo 13, 10-17.
Viernes Explicación de la parábola. Mateo 13, 18-23.
Sábado El trigo y la cizaña. Mateo 13, 24-30.

17o. Semana
Domingo Parábola del amigo inoportuno. Lucas 11, 1-13.
Lunes El grano de mostaza. Mateo 13, 31-35.
Martes La semilla y la cizaña. Mateo 13, 36-43.
Miércoles Parábolas del tesoro y la perla. Mareo 13, 44-46.
Jueves Parábola de la red. Mateo 13, 47-53.
Viernes Nadie es profeta en su tierra. Mateo 13, 54-58.
Sábado Muerte de Juan el Bautista. Mateo 14, 1-12.

18o. Semana
Domingo ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma. Lucas 12, 13-21.
Lunes La multiplicación de los panes. Mateo 14, 13-21.
Martes Jesús camina sobre las aguas. Mateo 14, 22-36.
Miércoles Mujer que grande es tu fe. Mateo 15, 21-28.
Jueves La confesión de Pedro. Mateo 16 13-23.
Viernes Seguir a Cristo. Mateo 16, 24-28.
Sábado El endemoniado epiléptico. Mateo 17, 14-20.

19o. Semana
Domingo La vigilancia del hombre sabio. Lucas 12, 32-48.
Lunes El tributo de templo. Mateo 17, 22-27.
Martes El más grande en el cielo. Mateo 18, 1-5. 10, 12-14.
Miércoles Todo lo que ates en la tierra. Mateo 18, 15-20.
Jueves Setenta veces siete. Mateo 18,21 19,1.
Viernes Lo que Dios unió. Mateo 19, 3-12.
Sábado Jesús bendice a los niños. Mateo 19, 13-15.

20o. Semana
Domingo He venido a traer fuego a la tierra. Lucas 12, 49-53.
Lunes El joven rico. Mateo 19, 16-22.
Martes La renuncia de los apóstoles y su premio. Mateo 19, 23-30.
Miércoles Parábola de los trabajadores de la viña. Mateo 20, 1-16.
Jueves Parábola del banquete nupcial. Mateo 22, 1-14.
Viernes Amarás a Dios con todo tu corazón. Mateo 22, 34-40.
Sábado Escribas y fariseos. Mateo 23, 1-12.

21o. Semana
Domingo ¡Entrad por la puerta estrecha! Lucas 13, 22-30.
Lunes Maldiciones contra escribas y fariseos. Mateo 23, 13-22.
Martes El encuentro con Natanael. Mateo 23, 23-26.
Miércoles Sepulcros blanqueados. Mateo 23, 27-32.
Jueves ¡Estad en vela!. Mateo 24, 42-51.
Viernes Parábola de las diez vírgenes. Mateo 25, 1-13.
Sábado Parábola de los talentos. Mateo 25, 14-30.

22o. Semana
Domingo ¿Máscara o pavoreal?. Lucas 14,1. 7-14.
Lunes Jesús en Nazaret. Lucas 4, 16-30.
Martes En la sinagoga de Cafarnaum. Lucas 4, 31-37.
Miércoles Curación de la suegra de Pedro. Lucas 4, 38-44.
Jueves La pesca milagrosa.
Viernes Los discípulos y el ayuno. Lucas 5, 32-39.


Lunes Cuidado con la avaricia. Lucas 12, 13-21.
Martes Necesidad de vigilancia. Lucas 12, 35-38.
Miércoles Fiel a la voluntad de Dios. Lucas 12, 39-48.
Jueves No he venido a traer paz. Lucas 12, 49-53.
Viernes Signos de los tiempos. Lucas 12, 54-59.
Sábado La higuera estéril. Lucas 13, 1-9.

30o. Semana
Domingo ¿Fariseo o publicano? Lucas 18, 9-14.
Lunes Una curación en sábado. Lucas 13, 10-17.
Martes La semilla de mostaza y la levadura. Lucas 13, 18-21.
Miércoles La puerta estrecha. Lucas 13, 22-30.
Jueves Herodes quiere matarle. Lucas 13, 31-35.
Viernes Jesús cura en sábado. Lucas 14, 1-6.
Sábado Invitación a la humildad. Lucas 14, 1. 7-11.

31o. Semana
Domingo Un "pez gordo". Lucas 19, 1-10.
Lunes Elección de los invitados. Lucas 14, 12-14.
Martes Los invitados se excusan. Lucas 14, 15-24.
Miércoles Renunciar a todo. Lucas 14, 25-33.
Jueves La oveja perdida. Lucas 15, 1-10.
Viernes El administrador astuto. Lucas 16, 1-8.
Sábado Buen uso de las riquezas. Lucas 16, 9-15.

32o. Semana
Domingo¡Dios de vivos! Lucas 20, 27-38.
Lunes Fe como un grano de mostaza. Lucas 17, 1-6.
Martes Siervos inútiles ante el Señor. Lucas 17, 7-10.
Miércoles Curación de diez leprosos. Lucas 17, 11-19.
Jueves El Reino de Dios entre nosotros. Lucas 17, 20-25.
Viernes Venida del Reino de Dios. Lucas 17, 26-37.
Sábado Parábola del juez corrupto. Lucas 18, 1-8.

33o. Semana
Domingo¿Cuándo llegará el fin del mundo? Lucas 21, 5-19.
Lunes El ciego de Jericó. Lucas 18, 35-43.
Martes Conversión de Zaqueo. Lucas 19, 1-10.
Miércoles Parábola de los talentos. Lucas 19, 11-28.
Jueves Jesús llora sobre Jerusalén. Lucas 19, 41-44.
Viernes Expulsión de los mercaderes.Lucas 19, 45-48.
Sábado La resurrección de los muertos. Lucas 20, 27-40.

34o. Semana
Domingo Cristo Rey Un Rey "perdedor" Lucas 23, 35-43.
Lunes La viuda de las dos monedas. Lucas 21, 1-4.
Martes La hermosura del templo. Lucas 21, 5-11.
Miércoles Persecución de los discípulos. Lucas 21, 12-19.
Jueves La ruina de Jerusalén. Lucas 21, 20-28.
Viernes Señales de la proximidad del Reino. Lucas 21, 29-33.
Sábado Estad siempre alertas. Lucas 21, 34-36.

 

 

 

1 Dom Adv CLc 21, 25-28.34-36  Descargar PDF

25Habrá signos en el sol, en la luna y en las estrellas y sobre la tierra angustia de los pueblos, en perplejidad del rugido del mar y de las olas, 26desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de lo que viene sobre el mundo, pues las potencias de los cielos serán sacudidas. 27Y entonces verán al hijo del hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria. 28Cuando comiencen a suceder estas cosas, álcense y levanten sus cabezas porque se acerca su liberación. [...]
34 Atiendan a ustedes mismos para que no se haga pesante su corazón en borrachera y bebedera y por las ansiedades de la vida, y venga sobre ustedes de improviso aquel día 35como una red, pues vendrá sobre todos los que residen sobre la faz de toda la tierra. 36Velen, pues, en todo tiempo, pidiendo para que sean fortalecidos para escapar de todas estas cosas que están por suceder y estar de pie delante del hijo del hombre.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO

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De frente otra versión apocalíptica de la venida del Hijo del hombre, el evangelio de Lc a diferencia de Mc, acentúa más lo improviso del día que el desconocimiento de la hora precisa. Una diferencia sutil, pero que remarca la responsabilidad de estar vigilantes. También a diferencia de Mc, Lc no propone los signos después de una gran tribulación, sino que los mismos signos causan ansiedad en los pueblos, y añade los signos del mar y de las olas. Aparece una doble postura ante los signos que aparecen: los hombres de las naciones desmayan, mientras se pide a los destinatarios del mensaje que se alcen. Para poder mantenerse en pie, se pedirá estar atentos, mantener ligero el corazón – sin cargas de “desorden” como el alcohol, pero también de las cosas “ordinarias” de la vida – y a través de pedir, de orar. No obstante lo que se anuncia es la liberación, el creyente debe de responder con esa actitud de mantenerse firme.

Se puede intuir una sutil diferencia entre los destinatarios del mensaje y el resto de los hombres de todos los pueblos, de todos los residentes de toda la tierra, pero si leemos atentamente, también los destinatarios del mensaje, los creyentes, están insertos en la misma angustia de todos sus coetáneos. La diferencia entre unos y otros se obtiene por la propia vigilancia, remarcada con ese reflexivo: pongan atención a ustedes mismos,
La finalidad es estar de pie ante el Hijo del hombre. La postura de pie, delante de alguien que viene con tan gran poder, es la postura de dignidad delante de aquel que es por mucho superior a él. Mantenerse en pie, escapar de las ansiedades y tribulaciones, es una lucha continua, pero que se hace de cara a Él.

La versión que escucharemos en la liturgia, no contiene los vv. 29-33 que corresponden al ejemplo de la higuera, en la cual se anuncia la cercanía del verano al contemplar sus brotes.

 

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

Cuidar (preparar) de nosotros mismos.
Las contrariedades que continuamente vemos como signos aterradores en nuestro tiempo nos revelan la necesidad que tenemos de mantenernos en pie, con nuestra fe, en medio de un mundo que desfallece ante los horrores de la corrupción, la violencia, el terrorismo, las políticas no sólo injustas sino inhumanas de mercado, etc. El desfallecer, el perder toda esperanza, hacen que no veamos al Señor delante de nosotros, como juez, pero también como ayuda para nuestro camino.

Es interesante ver que se habla de un corazón ligero, no pesado. Un corazón pesado se asemeja a un corazón de roca, insensible; es un corazón que se le dificulta vivir y sentir, porque se “emborracha” o se “agobia con lo ordinario”. El alcohol no es la única cosa que hace pesado el corazón, tantas evasiones de la vida con que tratamos de acallar nuestra ansiedad: compras, drogas, viajes, fiestas. Todo ello podría estar en función nuestra, pero cuando estas cosas se adueñan del corazón, no permiten ver los signos delante de nosotros, mucho menos al Señor que está delante como salvador. El otro, el agobio de las cosas ordinarias, una vida monótona, desencantada, más preocupada de sobrevivir que de dar sentido a la vida; también ésta nos aleja del apreciar los signos y la salvación que parecen tan lejanas. Cuando vivimos así, nos caerá el fin sin darnos cuenta, impreparados, y vacíos.

No estamos ajenos al drama de los demás seres humanos. Vemos tanta desgracia, mas comúnmente la sentimos lejana, hasta que no la vivimos en carne propia podemos comprender su gravedad. Estar preparados es cuidar de nosotros mismos, estar atentos a los movimientos de nuestros propios corazones, abrirlos a la esperanza y a la lucha por mantenernos en pie – ayudando a otros a hacerlo – para poder huir de la ansiedad y de todas estas cosas. Pero para ello, es necesario alzar la cabeza, ver delante de quién estamos. La salvación, el Hijo del hombre, nos espera delante, para guiar nuestros pasos. Poner atención es revisar y evaluar continuamente nuestro proyecto de Vida, para redirigirlo cada vez al Señor.

 

ORAXIO

… llama orando...

Ante un mundo fragmentado y sin esperanzas,
Señor, mantén mi corazón entero y vigilante en el temor de tu nombre;
ante un mundo embriagado en el éxito individual,
mantén mi corazón ligero para amar, para servir, para perdonar;
ante un mundo temeroso de sus propios horrores y autodestrucción,
mantén mi corazón capaz de mantenerse en pie para mostrar la belleza tu Rostro.
Que no desfallezca en mostrar a mis hermanos la gran dignidad del ser humano,
porque Tú, siendo Dios, quisiste ser Hijo del hombre.
Amén.

 

CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

¿Qué sentimientos y pensamientos rondan mi cabeza ante los signos de nuestro tiempo? ¿Cómo manejo la ansiedad que nos traen: evado, asumo con agobio, les veo con esperanza? ¿Cómo hago concreta y operante mi esperanza?
¿Qué cosas hacen pesado mi corazón y no me dejan ponerme en pie delante del Señor que está delante de mí?
¿Dedico tiempo a la oración y me preparo para juzgar desde mi fe las situaciones? ¿Qué podrá cambiar el mundo si algo cambia en mí?

 

 

 

4Dom Adv CTexto: Lc 1, 39-48a [+48b-55]  Descargar PDF

 

39Levantándose pues María en aquello días fue a la serranía con premura hacia una ciudad de Judá 40y entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41Y sucedió que como escuchó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel fue llena de Espíritu Santo 42y exclamó a gran voz y dijo: “Bendita eres tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno. 43¿De dónde esta cosa a mí para que la madre de mi Señor venga a mí? 44He aquí que como fue la voz de tu saludo a mis oídos, el niño saltó con gran gozo en mi seno. 45Sea bendita la que ha creído porque será cumplida a ella los dichos de parte del Señor.”

46Entonces dijo María: “Engrandece mi alma al Señor, 47y proclama mi espíritu en Dios, mi salvador. 48Porque se ha fijado en la humildad de su sierva. [He aquí, pues, desde ahora todas las generaciones me declararán bienaventurada, 49pues el Poderoso ha hecho grandezas en mí, su nombre es santo 50y su misericordia es de generación en generación con los que lo temen. 51Hizo poder con su brazo, dispersó a los arrogantes en pensamiento y corazón. 52Desbancó a los poderosos de los tronos y elevó a los humildes. 53A los desposeídos ha llenado de bienes y a los ricos los despide vacíos. 54Acogió a Israel su hijo habiéndose recordado misericordia, 55según ha dicho a nuestros padres, a Abraham y su descendencia por los siglos.”]

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO
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María se levanta y va presuorsa, es la misma actitud que tendrán las mujeres en la mañana de la resurrección (Mc 16, 2; Lc 24, 1; Jn 20, 1). Algo hay de nuevo que comienza, la inserción del Salvador en la historia, ya presente en las entrañas de María. La región montañosa de Judá es la zona de Jerusalén, un lugar cercano a la morada de Dios. El salto del niño en el vientre expresa una sensación de fuerte conmoción, la misericordia divina se expresa con un movimiento en las entrañas (Jr 31, 20; Os 11, 8). Aquí es una vida nueva, una nueva generación que se mueve por la llegada del Salvador en el vientre de María. Isabel queda llena de Espíritu Santo, las palabras que dirá serán pues inspiradas, actuando a la par de los profetas (Jue 6, 34; 11, 29; 13, 25; 1Sm 10, 6; Is 61, 1; Ez 2, 2): lo dicho por Dios será cumplido.
El cántico de respuesta de María tiene un antecedente famoso, el cántico de Ana, madre de Samuel, que agradece el ser bendecida sobre su esterilidad (1Sm 2, 1-10). Hay quien dice que María expresa doblemente el canto: como buena israelita agradece con las palabras de la Escritura la acción divina en su pariente y alaba a Dios en su nombre, o también anuncia una profecía sobre sí misma en un mismo movimiento espiritual, estando ella previamente llena del mismo Espíritu (Lc 1, 35). Son potentes las repeticiones de algunas palabras: los humildes, las generaciones, la misericordia. La respuesta de alabanza parte de una acción de Dios: mirado fijamente, ha hecho maravillas, su nombre es santo y su misericordia se muestra por generaciones. Se trata de la misma dinámica liberadora del éxodo (Ex 3, 7.15.20). El cambio de las suertes de los humildes y hambrientos nos muestran que no es el esfuerzo humano, sino la potencia divina la que actúa; mientras que con los ricos y arrogantes – de pensamiento y corazón –, nos muestra el destino de los confiados en sí mismos. La misericordia se extiende por generaciones en virtud del recuerdo de Dios a su promesa, Él acoge a Israel como hijo, como siervo, Él abarca a la descendencia de Abraham dentro de todo el arco del tiempo. Sólo un requisito: temer al Señor (Prov 1, 7; 9, 10; Salmo 111, 10).

 

REFLEXIO
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Dejémonos mirar por Dios para ver como Dios.
Dios se muestra solícito a socorrer con misericordia a quienes claman a él, y les responde con signos potentes y magníficos, especialmente a través de los humildes, de los pequeños. ¿Acaso Dios desprecia a los grandes y poderosos? Ciertamente Él es Padre amoroso de todos los hombres, pero muestra el poder de su brazo en la humildad de quienes lo temen porque son éstos quienes están abiertos a su acción, a su Palabra, sólo el humilde es capaz de conmoverse (Is 66, 2). El rico, el arrogante de pensamientos y sentimientos, es incapaz de abrirse a la Misericordia, porque confiado en su autosuficiencia se niega al don gratuito. Creyéndonos merecedores, desmerecemos.

María se muestra humilde en el servicio; Isabel en su esterilidad reconoce la mano potente de Dios – y es signo para María de la Misericordia Divina para la cual nada es imposible (Lc 1, 36-37) – y así ellas se pueden dejar llenar por el Espíritu Santo. Se cumple así lo dicho: los hambrientos, los humildes serán llenados de bienes; los ricos y arrogantes regresan vacíos.

La reticencia a reconocernos humildes delante de Dios se acentúa al constatar que si nos dejamos ver por Él, nos descubriremos siempre y cada vez más, inmerecedores de toda gracia. Esta mirada fija de Dios sobre nuestra humillación se vuelve nuestra; pero la fe nos lleva a pasar de esta mirada “objetiva” a una “subjetiva”, no ver sólo lo que somos, sino lo que Él nos ama Dios. Pasar y releer nuestra vida a la luz de sus promesas. Y descubrimos que que todo es Gracia, que somos benditos, bienaventurados, porque nos acoge como hijos. Mas este don de Dios no se da en solitario, se de generación en generación, su Misericordia nos constituye como una familia. Así el gozo pasa de padres a hijos y de hijos a padres, como pasa la promesa de Abraham a su descendencia, como pasa el gozo del niño a Isabel.

 

 

ORAXIO
… llama orando...

Salmo 135:La oración litánica con un continuo repetir de un estribillo, une y sintetiza tantos motivos de oración. Así hace este salmo, invitándonos a contemplar nuestra historia “de generación en generación” y descubrir la acción salvífica de Dios en ella, “porque eterna es su misericordia”. Hagamos oración con este salmo, pero no se agotan los motivos de alabanza en él, añadamos motivos, dejémonos conmover por su presencia en nuestras propias vidas, por ejemplo:
- Él nos envió a su Hijo hecho carne, porque es eterna su Misericordia.
- Él me ha dado consuelo en mis dificultdes, porque es eterna su misericordia.
- Etc., porque es eterna su misericordia.
Amén.

 

CONTEMPLAXIO
… y se te abrirá por la contemplación!

Contemplar desde la imagen. El logotipo del Jubileo de la Misericordia, hecho por el P.Iván Rupnik, presenta un hermoso juego con la mirada de Dios y la mirada del hombre, compartiendo un solo ojo. Se hace uno solo por la cercanía. Observo, contemplo y me contemplo desde este juego de miradas. ¿Qué siento? ¿Qué descubro? ¿Qué me pide Dios? ¿Cómo respondo a esta petición?

 

 

 

3 Dom Ord CTexto: Lc 1,1-4; 4,14-21  Descargar PDF

1 1Ya que muchos han asumido el compilar en un recuento acerca de los eventos que nos han acontecido, 2según nos fue transmitido a nosotros por los que fueron desde el principio testigos visuales y siervos de la palabra, 3ha parecido también a mí, habiendo seguido de nuevo todo cuidadosamente, el escribir ordenadamente para ti, ilustre Teófilo, 4para que conozcas con seguridad sobre las palabras que te fueron enseñadas.


14Que Jesús regresó, por el poder del Espíritu Santo, en Galilea, su fama se propagó por toda la región de él. 15Y él enseñaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos.
16Y vino a Nazaret, donde fue criado, y entro en la sinagoga según le era acostumbrado en el día de los sábados y se levantó para leer. 17Le fue dado el libro del Profeta Isaías y desenrrollando el libro, encontró el lugar en el cual está escrito:
18“El Espíritu del Señor está sobre mí, ya que él me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar a los cautivos la redención y a los ciegos que volverán a ver, para enviar en libertad a los oprimidos, 19para proclamar el año favorable del Señor”.
20Entonces enrollando el libro, y habiéndolo dado al encargado, se sentó. Los ojos de todos en la sinagoga estaban observándolo. 21Entonces él comenzó a decir delante de ellos: “Hoy se ha cumplido esta escritura dada a sus oídos”.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO

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La liturgia quiere introducirnos al ciclo C, en el cual proclamaremos de modo especial el evangelio según san Lucas, por ello, hemos comenzado con su introducción (1,1-4). Lucas presenta su trabajo a Teófilo (amigo de Dios) quien podría haber sido un mecenas a quien dedicó su obra, o bien, una figura con la cual podríamos identificarnos cualquiera de nosotros. Siendo un texto muy antiguo, nos da testimonio de los muchos esfuerzos de conservar la memoria de Jesús. A nosotros sólo nos quedan como canónicos 4 testimonios (Mt, Mc, Lc y Jn), que son acogidos como Palabra de Dios por su cercanía histórica con los sucesos, como explica Lucas: con los testigos oculares. [De ahí que los textos llamados apócrifos, no negando la recta doctrina de muchos de ellos, no se consideren como divinamente inspirados por su desfase histórico].

Nos centraremos en el relato de la proclamación en la sinagoga de Nazaret (4,14-21). Jesús está lleno de la fuerza del Espíritu, es él quien lo mueve, y él se deja mover por él. Esto queda afirmado tanto en la parte narrativa, como en la parte de proclamación de un texto del Antiguo Testamento. La fama de Jesús se esparce por toda su tierra, todos lo alaban; lo que después no sucederá en su propia aldea. Jesús tiene un lugar y un día para predicar, que para él es habitual: la sinagoga. La sinagoga no es un templo – no hay sacrificios ni santuario – sino un lugar para leer y estudiar las Escrituras. Las sinagogas surgen como un punto de referencia para los judíos después de la caída de Jerusalén; en tiempos de Jesús no tienen una estructura rígida, por lo que la predicación de Jesús y de los primeros cristianos se desenvuelve en ellas. Jesús es presentado como un judío más, devoto y observante de las prácticas; sin embargo hay algo en él de especial que hace que todos estén atentos a él.

El pasaje que Jesús lee corresponde a Is 61,1-2, es parte de un mensaje de consuelo después del exilio en Babilonia. Está lleno de esperanza, y denota una restauración: buena noticia a los pobres, libertad/redención a los oprimidos y cautivos, la vista a los ciegos. Inicia con la declaración: el Espíritu del Señor está sobre mí. Jesús está ungido por el Espíritu, es el Mesías. Es una autopresentación fundada en la Escritura, con ello se cumple – como dice a los presentes – la Palabra que apenas se ha proclamado. El mensaje se cierra con el anuncio de un año favorable del Señor, lo que algunos han interpretado como el anuncio del año jubilar, en el cual se restituye la libertad a los hijos de Israel.

Un detalle sencillo, Jesús recibe las Escrituras y las devuelve al encargado. La Palabra que él proclama no es invención de él en ese momento, asume todas las promesas de Dios a su pueblo, y las vuelve a entregar. El cumplimiento de la Palabra no la anula, le da dimensiones nuevas, la actualiza: “hoy se ha cumplido”.

 

REFLEXIO

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Ungidos por el Espíritu cumplamos las promesas de Dios.
La salvación que espera el pueblo de Israel en su opresión es alentada por la esperanza que suscita la Palabra de Dios. También nosotros, esperamos ser salvados, y también escuchamos esta palabra como promesa de salvación. La promesa se diferencia de una simple palabra porque se espera sea cumplida. Jesús al hacer resonar en sus labios estas promesas, las actualiza y las cumple – no sólo con su voz – sino con toda su vida, movida por el Espíritu Santo. “La Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados” (Dei Verbum, 12). La actualización de la Palabra conlleva pues una proclamación y un cumplimiento. En estos dos movimientos se requiere la acción del Espíritu sobre nosotros.

El contenido del mensaje gira en torno a la acción de Dios, la liberación, el consuelo, la luz, sólo serán posibles en el tiempo favorable del Señor. Esto diferencia la acción meramente humana de la intervención divina. La acción del hombre creyente, iluminada por la Palabra, ve los problemas humanos desde una óptica diferente: no desmaya en su propio esfuerzo, porque su esperanza está puesta más allá de sus propias fuerzas y límites. No se espera con los brazos cruzados, se trabaja en cumplir hoy la profecía.

La promesa al cumplirse no se agota, sino que se continúa. Jesús, cumpliendo las promesas de Dios no agota su acción liberadora y de curación, se prolonga en quien escucha la Palabra y se deja ungir por el Espíritu. Mas no se trata de un cumplimiento imperfecto, sino de un cumplimiento progresivo. Por tanto, hemos de continuar hoy el cumplimiento de las promesas de Dios para los pobres y los oprimidos. Si Jesús es el Ungido (=Mesías, =Cristo), nosotros somos hemos sido llamados a ser cristianos (=ungidos) por la acción del Espíritu Santo. No se trata de un privilegio, sino de una misión, como Jesús es enviado.

 

ORAXIO
… llama orando...

Aquí estoy, envíame.
Señor, tu pueblo, mis hermanos, esperamos en tus promesas, desde antiguo nos has anunciado la potencia de tu brazo para rescatarnos, para liberarnos, para consolarnos. Tantas veces he escuchado tus palabras, pero no han calado en mi corazón, y ante el mundo parecerían huecas.
Más tú eres Fiel y Verdadero, derrama pues tu Espíritu sobre mí, para que tus promesas hagan latir de nuevo mi corazón y se conviertan para mí en Palabras Vivas de Salvación. Que tenga el coraje de decirte como Isaías: “aquí estoy, envíame” (Is 6,8), que tu Palabra se actualice en mis labios y se cumpla en mis manos para consolar y curar, en mis pies para caminar hacia la libertad. Que hoy diga como María, “se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1, 38). Amén.

 

CONTEMPLAXIO
… y se te abrirá por la contemplación!

¿Cómo escucho la Palabra de Dios?, ¿la leo como promesa de salvación? ¿Qué nace en mi corazón cuando veo dolor en el mundo?, ¿qué pienso de Dios?, ¿qué pienso de mí mismo? ¿Pido con insistencia el don del Espíritu Santo sobre mí, o me conformo con mi propio criterio o con lo que me dicen? ¿Cómo haré que se cumplan “hoy” - en especial en este año favorable del Jubileo de la Misericordia – las palabras de consuelo y liberación para mis hermanos y hermanas?

 

 3Dom Adv2 C

 

12 Dom Ord CEl texto: Lucas 9, 18-24.  Descargar PDF


18 Sucedió que estando orando él solo se reunieron con él sus discípulos y les preguntó diciendo: “¿Quién dice la muchedumbre que soy yo?” 19 Respondiéndole dijeron: “Juan el Bautista, otros que Elías, otros que un profeta de los antiguos que se ha levantado,” 20 Les dijo: ¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?”
Pedro respondiendo dijo: “El Cristo de Dios”.
21 Y advirtiéndoles les ordenó de no decir esto a ninguno, 22 dijo: “El hijo del hombre debe sufrir muchas cosas y ser rechazado por los ancianos y sumos sacerdotes y los escribas y será muerto, pero en el tercer día ser alzado.”
23 Y decía a todos: “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz cada día y sígame, 24 pues el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mi causa, éste la salvará.”

 

ORAXIO
Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

La pregunta de Jesús sobre su propia identidad, en el relato de Lucas, se desenvuelve en un ambiente diverso. Mientras que en Mateo y Marcos, Jesús se encuentra con sus discípulos en la zona de Cesarea de Filipo, lugar de confín de Israel, donde la idolatría era común y hasta subvencionada por Herodes; en Lucas encontramos a un Jesús solitario, que ora.

Las preguntas dirigidas a los discípulos tienen dos referentes: la multitud y ustedes. Las respuestas de lo que dice la multitud son variadas, pero siempre en el campo profético. Un poco antes, ya Herodes se preguntaba sobre Jesús y daba respuestas similares (Lc 9,7-9). En cambio, la respuesta de Pedro a la segunda pregunta es directa y única: “El Cristo de Dios.”

Inmediatamente viene el anuncio de la Pasión, pero también de la resurrección. El verbo “alzarse” usado para designar la resurrección aparece en el v.19 referido a un profeta de antiguo, y en el v. 22 referido al Hijo del hombre. Jesús no es “otro” resucitado, no es continuación de los profetas anteriores, sino una novedad que será alzada tras haber tenido que sufrir y ser rechazado.

Casi de improviso aparece un “todos” (mientras que en Mc se habla de un llamar a la muchedumbre, y en Mt se dirige sólo a los discípulos) a quienes hace la invitación de seguirlo tomando la cruz de cada día. Invitación que se refuerza con la paradoja de que para ganar vida hay que perderla. La presencia de la cruz es enigmática, ya que el sentido que le damos a la expresión es siempre post-pascual y le damos connotación de un sufrimiento transitorio, mientras que la cruz consiste en una muerte ignominiosa con un sufrimiento definitivo.

REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Y tú, ¿quién dices que soy yo?.
Jesús, como revelación del Amor del Padre, se nos revela también él mismo a nosotros, pero no de una manera invasiva, sino como un misterio que es acogido y desvelado poco a poco en la situación propia de nuestra historia y en nuestro momento específico de maduración personal.

El mundo, al igual que Herodes, también se pregunta sobre Jesús, y escuchamos tantas voces a favor y en contra de él. Podemos responder a esta pregunta “desde Cesarea”, en confrontación con tantas situaciones que no son de Dios. Esta es la vía negativa o apofática, que al descartar lo que Jesús no es, nos permite acercanos a saber quién es él realmente: no es un profeta más, no es un mero filósofo, no se puede reducir a un revolucionario. Sin embargo estas son siempre parcialidades.

La pregunta más decisiva es la que nos hace a nosotros mismos, y a esta nos conviene responder desde la soledad y la oración; pues nuestra fe, nuestro conocimiento del Señor, sólo puede partir de un encuentro personal con él.

Mas la fascinación que el Señor ejerce sobre nosotros no ha de ser ingenua, vemos así a Jesús que hace callar a los discípulos hasta que no hayan experimentado la corrección de la cruz para entender la verdadera fuerza de la resurrección. El ánimo exaltado puede conducirnos a una imagen triunfalista y desencarnada de Cristo – alejada de las preguntas y dolores de este mundo –, mientras que el seguimiento, al cual él nos invita, se vive en la simplicidad del día a día. La cruz no es una carga pasajera que luego botaremos, sino un sello definitivo sobre nuestra total existencia, en cuerpo y alma. De ahí que sólo el que pierda la vida por él la gana en eterno, el que huye de la cruz, huye del Cristo verdadero y por tanto huye de la verdadera vida, que es la que se entrega para salvación.

La pregunta ¿quién dicen/dices que soy yo? Seguirá abierta a lo largo de nuestro crecimiento humano y cristiano, ¿qué responderemos? Nuestra respuesta será más auténtica cuando, como Jesús, implicamos nuestra propia identidad en este diálogo: “¿Quién soy yo para Él?”


ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Te he conocido, crucificado.
Me preguntas “¿quién soy yo para ti?”, y Señor, no tengo más respuestas que el rumor del mundo en el cual fuiste crucificado: tantas ideas, tantos conceptos, y ninguno de ellos me sacia. Sólo la simple confianza de tu mirada me llena de paz.
Al descubrirte como el Señor de la historia, y como el Cristo prometido a nuestros padres; al mismo tiempo te me muestras frágil y sufriente, varón de dolores entre mis hermanos. Te he conocido así, crucificado: con los brazos abiertos para amar, con más preguntas que respuestas, en el llamado a seguirte con la cruz a mis espaldas. Cargar la cruz no para soportar las contrariedades de cada día, sino para asemejarme a ti; y sólo así poder no responderte con ideas, sino comprenderte desde mi carne y desde mi corazón. Dame tu luz, tu fuerza, tu pasión. Amén.

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué experimento en mi corazón cuando Jesús me hace esta pregunta?
¿Verdaderamente me hago la pregunta de quién es Jesús para mí? ¿Cuándo, en qué circunstancias: dudas, problemas, oración, discernimiento vocacional, periódicamente...?
¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué experiencia de Cruz vivo? ¿Me acerca a configurarme con Jesús o sólo es sufrimiento soportado? ¿Cómo viviré mi seguimiento de Cristo desde esta Palabra?

 

 

 

 

18 Dom Ord CEl texto: Lucas 12, 13-21.  Descargar PDF


13 Le dijo uno de los de la muchedumbre: “Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. 14 Le dijo: “Hombre, ¿quién me ha instituido juez o repartidor sobre ustedes?” 15 Les dijo: “Miren y guárdense de toda avaricia, porque no en la abundancia de sus posesiones está la vida de uno”.
16 Y Les dijo una parábola diciendo: “La tierra de un hombre rico reportó mucho. 17 Razonó en sí mismo diciendo: “¿Qué haré, ya que no tengo donde reunir mis frutos” 18 Y dijo: “Esto haré, derribaré mis almacenes y construiré unos mayores y reuniré allí todas las espigas y todos mis bienes, 19 y diré a mi vida: 'Vida, tienes muchos bienes depositados para muchos años, reposa, come, bebe, regocíjate'. 20Le dijo Dios: 'Insensato, en esta noche te será reclamada tu vida, todo lo que has preparado, ¿para quién será?' 21 Así es el que atesora para sí y no se enriquece ante Dios”.

 

LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Encontramos dos momentos: una controversia con uno que pide la intervención de Jesús en un reparto de herencia y una parábola que Jesús da como respuesta, no sólo a él, sino a toda la muchedumbre.

El hombre hace un reclamo de justicia, pero Jesús se desliga de intervenir preguntando sobre su función de juez o repartidor. La palabra “juez”, hace referencia a la justicia entre los hermanos; mientras que “repartidor” hace referencia a la herencia. Jesús más que resolver un caso particular, nos pone en alerta del origen de la injusticia: la avaricia, que sobrepone el poseer sobre la propia vida. La palabra griega para designar la avaricia expresa el “poseer más que otros”, “más de lo debido”, no se trata sólo del deseo, sino de la realidad de poseer de más – muchas veces fruto de engaño y astucia en detrimento de los otros –.

El ejemplo que Jesús propone inicia con la tierra como sujeto, no es que el hombre haya trabajado más, fue la tierra que produjo mucho. De igual manera, el que hereda no ha trabajado lo que recibe. El hombre de la parábola en su pensamiento descubre que tiene bienes para muchos años, mas no posee este tiempo para disfrutar de esos bienes; aquí reside su insensatez.

Existen tres palabras para designar la vida: bios (la vida física), zoé (la vida plena), psiqué (la vida humana natural). En el texto encontramos que Jesús habla de zoé, mientras el hombre rico habla a su psiqué. Esta psiqué le será pedida por algunos, en plural; ¿quiénes son estos? Podría tratarse de un plural mayestático que haría referencia a Dios como el único capaz de pedir la vida; o esta pluralidad de quienes piden la vida contra la singularidad de ésta, nos mostraría la fragilidad de la vida humana.

El hombre no sabe a quién dejará cuanto ha preparado, algunos sugieren se trata del mismo padre del hombre que pide justicia contra su hermano. Sea o no el mismo, la parábola termina con el problema que la motivó: el destino de la herencia.
Nos quedamos al final con una pregunta: ¿qué significa hacerse rico ante Dios?

REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

El hombre rico e inconsciente es como un animal que perece (Salmo 48).
El origen de la injusticia es el tener más que los otros, el exceso de uno sólo puede venir del despojo del otro. Frente a una sociedad que considera que la riqueza es sólo el fruto del trabajo y el esfuerzo humano, el Señor nos recuerda que es más lo que recibimos como bendición gratuita que como fruto de nuestro empeño. Es la tierra que la que produce fruto, dependemos de ella; no obstante sea necesario nuestro trabajo. Recordamos de frente a las palabras de Jesús la doctrina de la propiedad originaria de los bienes que postula la Iglesia, donde la propiedad sólo tiene razón de ser como una función de administración en pos del bien social (YouCat #427). De ahí que el atesorar para uno mismo no responda a la voluntad del Creador, pues retiene los bienes que debiesen de ayudar a la vida de los demás, incluso la propia. Jesús nos previene de una vida artificial, atada a los cálculos de bienes, y no al cálculo de los años que nos otorga sabiduría (salmo 89,12), es decir, la capacidad de gozar cada pequeño momento como una bendición que podemos compartir. Es el ensimismamiento lo que nos hace atesorar, cerrar los ojos a las necesidades de los demás, y al disfrute de nuestra propia vida.

Esta pérdida de conciencia, esta insensatez, nos conduce a fracturar incluso lo que más amamos, como lo es la familia; la división exigida de la herencia no mira a la justicia, sino a la avaricia. Para sanar esto, Jesús nos invita a enriquecernos ante Dios, cambiar la perspectiva de nuestra vida; descubrir que el poseer está al servicio de la vida y no al revés. El redescubrir en el otro a mi hermano, en vez del contrincante de mis deseos. Por ello la insistencia de Jesús de “mirar y guardarnos”, porque fácilmente podemos cerrar lo brazos y el corazón a los bienes, creyendo que nos los merecemos.


ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Libra mis ojos de la muerte.
Libra mis ojos de la muerte
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milgro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto…!)
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo.

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)
¿Qué experimento al pensar en mi propia muerte, en mi fragilidad?
¿Soy consciente de que cuanto poseo no puede alargar mis años? ¿Cómo aprovecharé mi tiempo?
¿Qué papel juegan en el tiempo “gastado” de mi vida: Dios y mis hermanos?
¿Reconozco sinceramente en cuanto tengo – de bienes y de tiempo – una bendición de Dios?
¿Cómo puedo poner mis bienes y mi tiempo al servicio para tener vida plena ante Dios?

 

 

 

21 Dom Ord CEl texto: Lucas 13, 22-30.  Descargar PDF


22 Atravesaba ciudades y poblados enseñando mientras hacía su camino hacia Jerusalén. 23 Le dijo uno: “Señor, ¿serán salvados pocos?” 24 Les dijo: “Luchen por entrar a través de la puerta estrecha, porque muchos – les digo – buscarán entrar y no podrán. 25 Después que se levante el que es patrón de la casa y cierre la puerta, y ustedes estando fuera hayan comenzado a tocar la puerta diciendo: 'Señor, ábrenos', respondiéndoles les dirá: 'No los conozco, ¿de dónde son?' 26 Entonces comenzarán a decir: 'Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras calles'. 27 Y le responderá diciendo: 'No los conozco de dónde son. Aléjense de mí todos los que obran el mal'. 28 Allí será el llanto amargo y el rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac y a Jacob, y a todos los profetas en el Reino de Dios; pero ustedes echados fuera. 29 Vendrán desde el este y oeste, del norte y del sur y se recostarán a la mesa en el Reino de Dios. 30 He aquí que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.”


LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Jesús apenas ha hablado las parábolas de la semilla de mostaza y de la levadura, que hablan del crecimiento prodigioso del Reino de Dios (13, 18-21), y ya hay quien pregunta lo contrario: la poquedad de la salvación. La respuesta de Jesús pareciese contradecir lo apenas dicho: “muchos buscarán entrar y no podrán”.

La acción de entrar al Reino por una puerta aparece en otros momentos: cuando se habla de la dificultad de un rico para ingresar (Mc 10, 24-25), cuando Mateo compara dos puertas una estrecha y una amplia (Mt 7, 13-14); cuando en Juan, Jesús se presenta como la puerta (Jn 10,7).

La puerta estrecha implica una lucha, una agonía, entrar requiere un esfuerzo personal. Hay también un tiempo, hasta el momento en que el patrón de la casa cierre la puerta. Quienes no han entrado en la casa son desconocidos, aún cuando el Señor haya estado con ellos fuera (comiendo y predicando). Descubrimos que la intimidad con el Señor sólo se da cuando se entra por la puerta estrecha.

Sin embargo, Jesús anuncia una gran asamblea de comensales: patriarcas y profetas; y otros que vienen de los cuatro puntos, identificados como los últimos. El rechazo del patrón de casa de los primeros contrasta con la mesa compartida con los últimos; esto confirma las parábolas del crecimiento del Reino, al tiempo que recuerda que esta lucha necesaria de cada uno. El Reino opera y crece por su propia fuerza pero sin eliminar la libertad-responsabilidad humana de entrar en él.

REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Todos, pocos, muchos... cada uno es libre.
Desde siempre existe la tentación de excluir de la salvación, esto sigue a nuestra lógica natural de rodearnos de aquellos con los cuales empatizamos más fácilmente. El pueblo de Israel, consciente de su elección por parte de Dios, entiende que debe cumplir ciertas normas para permanecer en él, quien no las cumpliese quedaba fuera del pueblo, y de ahí se sigue que todo aquel que no perteneciese al pueblo quedaba de igual modo fuera de la salvación prometida a la descendencia de Abraham. También durante algún tiempo la Iglesia entendió que fuera de ella no hay salvación, y que sólo quien se bautizase sería salvado; y muchos grupos religiosos en la actualidad postulan que sólo sus miembros serán salvados en el día final. Así podemos entender porqué la pregunta hecha a Jesús: ¿Son pocos los que serán salvados?

Sin embargo, Jesús no responde que serán pocos, sino que muchos no podrán entrar, pero porque no lucharon para hacerlo. No es la pertenencia a un selecto club, no es una palabra escuchada o un convite ocasional lo que salva; es necesario crear intimidad, no ser un desconocido ante el patrón de la casa, se ha de entrar en ella, crear familia. Podemos leer el pasaje confrontándolo con los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35): ellos abandonan el grupo, escuchan la enseñanza de Jesús y comen con él, y es en ese momento que se les abren los ojos y le reconocen, entonces vuelven al grupo. El que no conoce o reconoce al patrón es el que quedará fuera de la casa, del grupo. La puerta estrecha no tiene como fin ni dificultar, ni excluir de la salvación, sino crear la intimidad que permite conocerse. Las puertas amplias son para palacios públicos, mercados, ciudades, donde las relaciones son más bien funcionales; las puertas pequeñas son para los lugares íntimos, para compartir la vida.

El Reino de Dios no es excluyente, pero tampoco incluye a quien no lo abraza. Este “no todos” significa el máximo respeto de Dios por nuestra libertad; lo que afirmaba san Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti.” La puerta, aunque estrecha, está abierta; y sólo compete al patrón de la casa cerrarla; y a quienes queremos y agonizamos por entrar, nos compete crear intimidad no en razón de nosotros, sino en torno a la mesa del Señor: compartiendo el mismo pan, nos reconoceremos en él, a pesar de las diferencias de tiempo y de lugar. ¿Cómo entrarán los que no son de “los nuestros”?, eso es competencia del Señor, a nosotros nos toca acoger a quien él invita, y así haga él un único rebaño con un único Pastor (Jn 10, 14-16).

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Libra mis ojos de la muerte.
Señor, que no me canse de entrar por la puerta estrecha, que no me sienta seguro como quien se cree acabado y enfría el deseo de ti. Enséñame a dejar todo aquello que me estorba pare entrar a tu Reino libre de pecados, de prejuicios, de orgullos y de temores. Porque sé que antes que tú cierres tu puerta, habrás tocado tantas veces a la mía (Apocalipsis 3, 20).

Que si la puerta de tu Reino es estrecha; no lo sea la puerta de mi corazón; pero que también tú seas el patrón de ella, para que la abras y la cierres según tu misericordia. Y así, te conozca y me reconozca en tu mirada; y reconozca a muchos como mis hermanos desde tu corazón. Amén.


CONTEMPLAXIO
y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)
¿Ante la puerta estrecha, siento temor o esperanza? ¿Me puedo alegrar por la salvación de los “otros”?
¿Qué cosas son las que no me permiten hacerme pequeño para entrar por ella? ¿Estoy dispuesto a luchar por ello, a empeñarme conscientemente en mi vida cristiana?, ¿a de orar y trabajar por la salvación de “muchos”? ¿Cómo crear intimidad con el Señor?
“Hijo mío, sólo tienes un alma y es preciso que la salves; ayúdame a salvar almas, primero la tuya” (Don Bosco)

 

 

 

 

26 Ord CEl texto: Lucas 16, 19-31.  Descargar PDF


19 Había cierto hombre rico, que vestía de púrpura y fino lino y se regodeaba cada día lujosamente. 20 Un cierto pobre, llamado Lázaro, lleno de llagas, yacía delante de su puerta, 21 y deseaba satisfacerse de lo que caía de la mesa del rico, en cambio eran los perros los que venían a lamer sus llagas. 22 Sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.
23 Y en el Hades, alzando sus ojos, estando en tormentos, vio a Abraham desde lejos y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él gritando dijo: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que sumerja la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.
25 Dijo Abraham: “Hijo, recuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro del mismo modo los males. Ahora aquí es consolado, mientras tú eres atormentado. 26 Y además a todo esto, entre nosotros y ustedes se ha establecido un gran abismo, de modo que los que deseando atravesar de aquí hacia ustedes no puedan, ni atravesar de ahí hacia nosotros”.
27 Respondió: “Entonces, te pido, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos, que allí les sea anunciado, para que no vengan ellos a este lugar de tormento”. 29 Dijo Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen a ellos”. 30 Él dijo: “No, padre Abraham, pero si uno desde los muertos fuese a ellos se convertirían”. 31 Le dijo: “Si no han escuchado a Moisés ni a los profetas, ni aunque uno de entre los muertos se levante se convencerán”.

LEXIO

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Los dos personajes paragonados nos muestran el cumplimiento – después de la muerte – de lo anunciado en las bienaventuranzas (Lc 6, 20-21.24-25), con el cambio de situación de los pobres y de los satisfechos. La situación del rico no evidencia una maldad cometida, pero claramente se intuye un bien omitido; su pecado del cual no se convirtió ni él ni sus hermanos es la indiferencia ante el sufrimiento del pobre que yace a su puerta.
La puerta tiene un papel importante en la vida social y familiar en Israel: la puerta de la ciudad es el lugar de la justicia (Salmo 122,5), la puerda de la casa es el lugar donde se pone la Ley de Dios para ser recordada (Dt 6, 9). El pobre no atendido pudiese sugerir tanto una injusticia humana como el olvido de Dios.

El tormento expresado en la llama es un recurso frecuente (Mt 3, 12; 7, 19; 13, 30.42; Mc 9, 44; Lc 3, 9.17). Este fuego recuerda el de la Gehena (Mt 5, 22; Lc 12, 5), el valle al sur de Jerusalén donde se quemaban las inmundicias desechadas por la ciudad. El castigo no sería tanto una venganza por el mal cometido, sino un haber sido desechado por el bien omitido. En cambio, el seno de Abraham, signo de la bienaventuranza ultraterrena de la escatología hebrea, liga a la persona a la bendición prometida por Dios al patriarca y a su descendencia, es el cumplimiento de la Alianza incluso después de la muerte. Esta idea se refuerza con la mención del nombre del pobre – injertado a la fertilidad de Abraham – en contraste con el olvido del nombre del rico desechado.

La mención a Moisés y a los profetas hace referencia a la Palabra de Dios, ya anunciada como motivo de conversión; sin embargo la cerrazón a esta Palabra hace que ni el signo de la Resurrección mueva los corazones. Podemos intuir que este signo refiere a la misma Resurrección de Cristo, sólo capaz de convencer a quien ha escuchado a Moisés y a los profetas; esta cerrazón la vemos en los sumos sacerdotes que intentan matar a otro Lázaro, el amigo de Jesús (Jn 12, 10-11).

 

 REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Un gran abismo infranqueable.
Entre el rico y el pobre se estableció definitivamente en la otra vida un abismo infranqueable, pero éste ya había comenzado desde este mundo. La diferencia entre el abismo terrestre y el ultraterreno es que en esta vida, el rico tenía en la puerta de su casa la oportunidad de atravesarlo. La injusticia humana y el olvido de Dios han hecho crecer en nuestro mundo la brecha entre ricos y pobres. Cuando no salimos de nosotros mismos, cuando nos encerramos en nuestros lujos, es fácil no ver al pobre y desoír la justicia y la Palabra de Dios proclamada a la puerta: “Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3, 20).

Se dice: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”, esto es lo que le sucedió al rico, fue desechado, y no fue refrescada su lengua del mismo modo en que él no fue capaz de refrescar las llagas de Lázaro.
También hoy, el mensaje de Cristo no es escuchado; el grande signo de su resurrección de entre los muertos no convence a quien se ha dejado engullir por la carrera del éxito fácil y del confort. En un mundo así, la Palabra de Dios debe ser escuchada para la conversión. Si bien no podemos saciar toda la sed del mundo, al menos que podamos refrescar la punta de la lengua de los que sufren; pero haciéndolo no por tranquilizar nuestra conciencia dejando que todo siga igual, sino desde lo hondo de un corazón que sale al encuentro del otro, y que al menos se convierta nuestro corazón.


ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Shemá Israel. (canto)

Shemá Israel, Shemá Israel,
Adonai Elohenu, Adonai Ejad.
Escucha Israel, escucha Israel:
el Señor es nuestro Dios,
el Señor es uno.


Amarás al Señor, tu Dios,
con todo tu corazón,
con toda tu mente,
con todas tus fuerzas.
Graba estas mis palabras
marca con ellas tus manos,
ponlas frente a tus ojos,
en el umbral de tu casa
en las puertas.

Instruye a tus hijos, Israel,
compártelo en tu casa,
predícalo en la calle,
en la noche al acostarte
al despertar.
El primer mandamiento es este en la vida
el segundo al primero es semejante:
a tu prójimo amarás como a ti mismo
con esto alcanzarás la vida eterna.

 

CONTEMPLAXIO 

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)
¿Qué sentimiento despierta en mí esta Palabra y las situaciones que veo de injusticia y pobreza?
¿Cuáles son los lujos que no me dejan ver hacia fuera de la puerta de mi casa? ¿Qué papel he dejado a Dios en mi contemplación de las situaciones sociales del mundo?
¿Qué tan lejano estoy de mis hermanos que sufren? ¿Es un abismo que aún puedo atravesar? ¿Cómo lo puedo lograr?

 

 

 

 

30 Dom Ord CEl texto: Lucas 18, 9-14.  Descargar PDF


9 Les dijo esta parábola sobre algunos que, convencidos ellos mismos que eran justos, despreciaban al resto: 10Dos hombres subieron al templo para orar, uno era fariseo, el otro era recaudador de impuestos. 11El fariseo, estando de pie rezó para sí estas cosas: 'Oh Dios, te agradezco porque no soy como el resto de los hombres, estafadores, injustos, adúlteros, ni como este publicano. 12Ayuno dos veces del sábado, pago el diezmo de cuanto gano'. 13En cambio, el recaudador de impuestos parado a lo lejos no queriendo siquiera alzar los ojos hacia el cielo, sino que golpeando su pecho decía: 'Oh Dios, apiádate de mí, pecador'. 14Les digo, éste bajó justificado a su casa en vez de aquél, porque todo el que se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será exaltado.

 

ORAXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

La comparación que Jesús realiza entre los dos personajes, sirve con un fin de corregir las actitudes de quienes se sienten superiores a los demás – no es una acusa exclusiva contra los fariseos –. Los dos personajes realizan la misma acción de subir al templo a orar, pero con contenidos diferentes y por tanto con resultados diversos. Los dos están de pie delante del Señor, un signo de reverencia, pero el recaudador de impuestos (considerado pecador por las comisiones que cobraban y el servicio dado a los opresores romanos) realiza algunos gestos más de humildad: se para a distancia, no alza los ojos y se golpea el pecho. Sin embargo, el fariseo no se comporta externamente con vanidad, él ora para sí mismo, habla a sus adentros. La gran diferencia es pues el contenido de su oración.

El fariseo agradece el estar separado de un resto pecador, pero aunque habla para sí, su auto-concepto depende de los otros, tanto que repara en la presencia lejana del recaudador de impuestos. Necesita exaltarse a costa de los demás. No ha logrado hablar de sí delante del Señor, verdaderamente ha hablado para sí mismo. En cambio, el recaudador de impuestos, no obstante no alza la vista, abre su vida de pecado delante del Señor y clama misericordia. El resultado es pues, la consecuencia de su diálogo: el que se exaltó a sí mismo no abrió de verdad su corazón a Dios y por tanto no es justificado. El otro, en cambio, reconociendo su humildad ante el Señor, alcanza a ser escuchado.


REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

La oración del humilde atraviesa las nubes (Eclo 35, 17)
Jesús nos pone en alerta de que, en la manera como nos relacionamos con nuestros hermanos y hermanas, de manera muy semejante es nuestra relación con Dios. Con una lectura veloz de esta palabra podemos pensar que a Dios le gustase nuestra humillación, que quien presume delante de él no es agradable y no obtiene respuesta. Pero el origen de la no justificación del fariseo no está en un capricho de Dios, sino en la propia incapacidad del que se toma por justo de reconocerse verdaderamente en la presencia de Dios. Elude su drama personal y se conforma con verse a sí mismo en comparación con los otros, en vez de verse a sí mismo delante de Dios. Al fin de cuentas, la oración del fariseo fue vacía, pues no supo mirar hacia Dios y se recreó sólo con una imagen meramente terrena, limitada al cumplimiento de algunas leyes.

En cambio, el recaudador de impuestos sin alzar los ojos al cielo, logró elevar hacia él su oración, al derramar su corazón en la humildad del reconocimiento de su propia miseria. La complacencia de Dios – que ciertamente muestra predilección por los pobres y humildes – acude a la sinceridad de quien se confía en sus manos, en vez de quien se ensoberbece de sus poquedades.

Ante Dios no podemos – si verdaderamente nos ponemos en su presencia – esconder lo que somos, no podemos esconderlo ni siquiera de nosotros mismos; y entre más nos ponemos en presencia de Dios más se revela nuestro propio misterio, y entre más reconocemos con humildad nuestro misterio de pecado y contradicción, más brilla ante nuestro corazón la Misericordia de Dios; como explica bellamente el Papa Benedicto XVI sobre la experiencia de San Agustín – el pecador convertido –: «La lejanía de Dios equivale, por tanto, a la lejanía de sí mismos. "Porque tú —reconoce san Agustín (Confesiones, III, 6, 11)— estabas más dentro de mí que lo más íntimo de mí, y más alto que lo supremo de mi ser" ("interior intimo meo et superior summo meo"), hasta el punto de que, como añade en otro pasaje recordando el tiempo precedente a su conversión, "tú estabas, ciertamente, delante de mí, mas yo me había alejado también de mí, y no acertaba a hallarme, ¡cuánto menos a ti!" (Confesiones, V, 2, 2).» (Audiencia General, 30 enero 2008)


ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Tú Señor, sabes bien. (canto)
Tú Señor, sabes bien, lo que yo tengo guardado en mi interior,
todo aquello que me aturde, lo que no puedo olvidar,
esas cosas que no dejan caminar.

Tú, Señor, hasta hoy, me has seguido en cada paso de mi vida,
y me has dado grandes cosas, que no puedo olvidar,
los momentos que en mi vida quedarán.

Por eso ven, Señor Jesús, que te quiero hoy decir,
que mis ojos se han abierto y que sin Ti no puedo más vivir,
ven, Señor Jesús, que ahora tengo el corazón
en un grito que me pide tu amor.

(Las posturas de humildad en la oración – de rodillas, postración, golpe de pecho – me pueden ayudar a disponer mi corazón para reconocerme ante la grandeza de Dios, haz la prueba)


CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Cómo hago mi oración? ¿Qué sentimientos resultan en mí después de ella?
¿Abro verdaderamente mi corazón a Dios y reconozco ante Él lo que soy?
¿Mi oración me abre para apreciar a mis hermanos, o sólo me sirve para tranquilizar la conciencia?
¿Cómo viviré mis encuentros con Dios desde la Verdad que me hace libre delante de él?
¿Qué papel han de jugar los otros en mi relación con Dios?

 

 

 

33 Dom Ord CEl texto: Lucas 21, 5-19.  Descarga PDF


5 Cuando algunos hablaban sobre el Templo a causa de sus piedras hermosas y de las ofrendas votivas que los adornaban (Jesús) dijo: 6 “Estas cosas las cuales ven, vendrán días, en que de ellas no será conservada piedra sobre piedra, la cual no sea derribada.”
7 Le preguntaron diciendo: “Maestro, ¿cuándo serán estas cosas y cuál el signo de que está pronto a que suceda?”
8 Él les dijo: “Observen, no se dejen engañar, pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: 'yo soy' y 'el tiempo se ha acercado', no vayan detrás de ellos. 9 Cuando escuchen de guerras y desórdenes, no se asusten, pues debe de suceder todo esto primero, pero no es inmediato el fin. 10 Esto les he dicho: 'Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, 11 habrá grandes sismos en varias partes y habrá hambrunas y pestes, y habrá cosas terribles y grandes signos en el cielo.'
12 Antes de todo esto echarán sus manos sobre ustedes, los perseguirán, serán entregados a las sinagogas y prisiones, serán llevados ante los reyes y gobernadores a causa de mi nombre,13 (esto) les dará a ustedes oportunidad de testimonio. 14 Tengan entonces en sus corazones el no preparar de defenderse,15 pues yo les daré boca y sabiduría la cual sus enemigos no podrán resistir ni rebatir. 16Serán traicionados incluso por sus padres, hermanos, parientes y amigos y matarán a algunos de ustedes, 17 serán odiados de todos por mi nombre 18 pero no será destruido ni un cabello de su cabeza. 19En su perseverancia ganarán sus almas.

 

LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

En este pasaje nos resultará útil comparar los paralelos entre los tres evangelios sinópticos: Mt, Mc y Lc. La alabanza del templo en Mc y Mt es hecha por los discípulos, Lc en cambio deja los personajes inciertos, además añade la presencia de hermosas ofrendas votivas. Omite el que Jesús se siente sobre el monte de los olivos, y más bien sitúa el pasaje dentro del templo. Los que preguntan en los otros evangelios son también los discípulos, pero a solas; en Lc sigue abierto el discurso de una manera indeterminada, y por tanto más universal.

A la advertencia sobre el no dejarse engañar por falsos anuncios, agrega el que ni siquiera las grandes calamidades mencionadas corroboran estos rumores. Las guerras y desórdenes tienen que suceder, Lc abunda diciendo que tienen que ocurrir “primero”, pero que esto no es el fin.

La situación de la confrontación y el juicio humano contra los seguidores del nombre de Jesús tiene un paralelo en Lc 7, 11-12. Ante las dificultades anunciadas no hay que preparar una defensa, pues el Señor prometió poner palabras y sabiduría incontestables, lo que servirá de testimonio. Es pues una invitación a la confianza, no obstante que se anuncia claramente persecución, cárcel y hasta muerte. Sin embargo, al final llama la atención la expresión de que ni un sólo cabello de la cabeza será destruido, situación que parece ilógica, pues ante la muerte de la persona, el conservar un cabello a nuestros ojos parece irrelevante.

El cabello para el pueblo de Israel era un signo importante de dignidad y de consagración al Señor, el pelo corto o rapado era signo de duelo. Recordamos el célebre caso de Sansón (Jue 13, 5), por lo que el conservar el cabello nos puede remitir a la indestructible alianza entre Dios y sus fieles, aún en medio de las persecuciones y calamidades anunciadas.

El texto cierra con una invitación al resistir para ganar la vida a través de la perseverancia en medio de las pruebas, esto abre al horizonte de una fidelidad más fuerte que la misma muerte.

 

REFLEXIO 

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Todo lo puedo en aquel que me fortalece (Flp 4, 13)
Sobran razones para atemorizarse cuando la fe es despreciada y perseguida, cuando incluso el nombre de Cristo causa división en medio de las familias. Ante las noticias de huracanes, sismos y la violencia que impera en muchas partes por odios xenófobos o religiosos, por la corrupción y las guerras, se pueden alzar voces alarmistas – como frecuentemente sucede – anunciando el fin de los tiempos o de la Iglesia. Ante esto podemos reaccionar como los judíos de aquel tiempo que ponían su confianza en la solidez y hermosura del templo, con el riesgo de reaccionar ante las situaciones del mundo con la cerrazón, o queriendo defender con elaborados discursos la validez de la propia propuesta. Sin embargo, Jesús nos invita a no poner nuestra confianza ni en la solidez de la institución eclesial, ni en la elocuencia de nuestros razonamientos, sino totalmente en él y en la Sabiduría que nos dará.

No perder tiempo ni fuerzas en lo accesorio de nuestra fe – no obstante sea bello y hasta cierto punto indispensable para vivirla (como lo eran las bellas ofrendas votivas del templo) – sino ahondar y hacer sólida nuestra relación con Dios, con el Dios vivo. Nuestra consagración a Él, tal como el cabello mencionado en el evangelio, puede ser preservada en nuestra perseverancia, no fundada en nuestra propia fuerza, sino en el abandono en las manos de Dios, como nos recuerda San Pablo: nada puede apartarnos del amor de Cristo (Rm 8, 35-37).

 

ORAXIO

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A la sombra del Omnipotente (Salmo 90, fragmento)


Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

 

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Cuáles son mis sentimientos ante las adversidades? ¿He escuchado esas “falsas profecías”, qué provocan en mi corazón?
¿Cómo acrecentar mi confianza sólo en Dios? ¿En qué otras cosas pongo mi confianza?
¿Qué problemas tengo para vivir y expresar mi fe? ¿Qué tanto me condicionan?
¿Cómo viviré en libertad mi consagración bautismal, es decir, mi vida cristiana?

 

 

 

3Dom Cuaresma CEl Texto: Lucas 13, 1-9   Descargar PDF


1En ese mismo tiempo, estaban presentes algunos que le informaban a él [Jesús] acerca de los galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de sus sacrificios. 2Respondiendo, les dijo: “¿Piensan que los galileos eran éstos pecadores más que todos los galileos porque estas cosas les acaecieron? 3Les digo que no, pero si no se convierten todos símilmente serán destruidos. 4O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé y los mató, ¿piensan que ellos más culpables que todos los hombres que habitan Jerusalén? 5Les digo que no, pero si no se convierten todos igualmente serán destruidos.”

6Les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y vino buscando fruto en ella y no encontró. 7Dijo pues al viñador: 'He aquí que desde tres años he venido buscando fruto y en esta higuera y no encuentro. Córtala ahora, ¿para qué usa la tierra?'. 8Él, respondiendo, le dijo: 'Señor, déjala por este año, hasta el que haya cavado alrededor de ella y echado estiércol, 9y si en efecto produce fruto para bien, si en cambio no, la cortarás.”

 

LEXIO 

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Al contarle a Jesús los sucesos de una represión a galileos, podemos intuir una situación complicada: Jesús también es galileo, y se dirige a Jerusalén – donde se debió realizar tal suceso – su opinión podría ser una trampa para descubrir las intenciones de su viaje, o una advertencia de lo que le esperaría en la ciudad. Jesús no se amedrenta y responde con otro suceso catastrófico que ocurre sobre habitantes de Jerusalén. No hay diferencia entre judíos y galileos delante de estas tragedias, tampoco entre pecadores y justos. Jesús aprovecha la situación para anunciar la conversión mediante una advertencia condicional, pero no a causa-efecto, sino de eventualidad. Ya que estos sucesos no se encuentran en los registros de la historia, aunque sí algunos similares; no es sencillo saber los motivos de la masacre ordenada por Pilato.

La parábola de la higuera que sigue a esta confrontación no explica los sucesos trágicos, sino una exhortación a la conversión. Si en el pensamiento de sus interlocutores, las desgracias son un castigo divino; Jesús muestra que en Dios hay un deseo de nuestra conversión que implica una espera con plazo, y un esfuerzo extra en vista de una sanación. El número “tres” era usado para formar el superlativo; alude pues a un tiempo sólido, constante, múltiple; así el enojo del patrón no es un arrebato circunstancial. Aunque algunos han querido identificar al patrón con el Padre y al viñador que intercede con el Hijo, no es clara esta referencia. Los trabajos para que la higuera produzca fruto son típicos de la jardinería: el cavar alrededor busca facilitar el trabajo de las raíces; y el echar abono, darle nutrientes. Pero es la planta que debe hacer su esfuerzo, el viñador sólo pone condiciones más favorables. El plazo puesto para que la higuera produzca fruto, más que un tiempo fijado, es una oportunidad que no debe desaprovecharse. El estiércol como abono nos alerta que aún la miseria puede generar fruto.

 

REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Convertirnos en el hoy de Dios.
La imagen de un Dios-castigador está a la base de una religiosidad atada al miedo y lejana a la experiencia de libertad anunciada por Jesús. Dios no es el enemigo a vencer, ni el patrón al cual contentar; es el Padre paciente que a aquel que es más débil le cuida con mayor esmero. Sin embargo, es clara la exigencia de la conversión, como un misterio de amor: amor del viñador en espera de la respuesta de amor de la higuera.
Jesús desliga las catástrofes referidas, de la acción punitiva de Dios, evitando la imagen de un vengador implacable. Éstas situaciones acaecen a justos y pecadores, por eso Jesús es tajante al decir que no se trata de una situación causa-efecto. Si bien la advertencia posterior pareciera contradecirlo; Jesús solamente pone en alerta ante la eventualidad de la muerte. “Morir de manera semejante” refiere no a las causas de la muerte, sino a la manera impreparada de recibirla. Ante las situaciones de muerte que asolan nuestro mundo: terrorismo, narcotráfico, catástrofes naturales, negligencias... podemos correr la misma tentación de culpar a Dios y a otros, descuidando nuestra propia conversión.

La parábola de la higuera nos recuerda la misericordia de Dios con nosotros: es paciente al tiempo que nos ofrece los medios. Por ello la conversión es un misterio, porque no se realiza por decreto divino, sino por la mutua cooperación entre su Gracia y nuestra libertad. No se trata sólo de evitar el mal, sino de dar frutos. A veces pensamos que basta con no cometer pecados, pero no crecemos en el amor. Para ello, nos conviene recordar nuestras miserias – como un abono – para estar alertas ante los peligros, para corregir errores, para dejar atrás nuestra soberbia y así recordar que al que mucho se le perdona, mucho ama (Lc 7,47). La paciencia de Dios no es permisivismo, es la más grande exigencia: al que mucho se le dio, se le pedirá más (Lc 12,48). El tiempo para la conversión, más que un plazo cronológico, es un tiempo de gracia, que es hoy.
¿Quién es el viñador que intercede? Podría ser el mismo Cristo Jesús; pero también podríamos serlo nosotros, al no acusar y juzgar, sino ayudar a crecer a nuestros hermanos.

 

ORAXIO

Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)
Mi canto de hoy (Santa Teresa del Niño Jesús)
Mi vida es un instante, una efímera hora,
mi vida es sólo un día volandero y fugaz :
Tú lo sabes, Dios mío, ¡para amarte aquí abajo
no tengo más que hoy !

¡Oh, Jesús, yo te amo, hacia ti tiende mi alma ,
por un solo día sé mi dulce protección,
ven y reina en mi pecho y dame tu sonrisa
¡nada más que por hoy !

¿Qué me importa que en sombras esté envuelto el futuro ?
¡Nada puedo pedirte para mañana, oh Dios… !
Conserva mi alma pura, cúbreme con tu sombra
¡nada más que por hoy!

Dígnate unirme a ti, Viña santa y sagrada,
y mi débil sarmiento dará fruto en sazón,
y yo podré ofrecerte mi racimo dorado,
Señor, ¡ya desde hoy !

Es de amor el racimo, sus granos son las almas;
para brotarlo, un día tengo que huye veloz.
¡Ay, dame, Jesús mío, el fuego de un apóstol
¡nada más que por hoy !

Señor, verte deseo sin velos y sin nubes,
mas, aún exiliada, ¡sin ti que débil soy !
Que tu adorable rostro tan solo se me oculte
¡nada más que por hoy !

 

CONTEMPLAXIO 

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Cómo me siento ante los ojos de Dios que como el viñador me rodea de oportunidades de conversión? ¿Produzco frutos de caridad? ¿Siento la urgencia de la conversión?
¿Cuáles son los medios que Dios me ofrece en este tiempo de gracia del Jubileo?
Frente a las situaciones de muerte y violencia que me rodean, ¿cuál es mi visión?, ¿cuál es mi compromiso?

 

 

 

 

Resureccion CEl texto: Juan 20, 1-9  Descargar PDF

201En el día primero después del sábado, María Magdalena fue temprano estando aún oscuro hacia el sepulcro y vio movida la piedra del sepulcro. 2Corrió entonces y fue a Simón Pedro y hacia el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos donde lo han puesto”.
3Salieron entonces Pedro y el otro discípulo y fueron al sepulcro, 4corrieron pues los dos igualmente, pero el otro discípulo corrió adelante más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro, 5y asomándose vio los lienzos tirados, pero no entró a él.
6Llegó entonces Simón Pedro, siguiéndolo, y entró al sepulcro y observó los lienzos tirados 7y el sudario, el cual estaba sobre su cabeza, no junto con los lienzos tirados, sino aparte, doblado en un lugar.
8Ahora entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. 9Pues aún no habían comprendido las Escritura que debía él resucitar de entre los muertos.

 

LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

En el relato de Juan, a diferencia de los sinópticos, no se nos presenta algún ángel que anuncie la resurrección; sólo encontramos una constatación: un sepulcro abierto y vacío, y los lienzos tirados.
La primer testigo es María de Magdala. Su movimiento hacia el sepulcro se da aún en medio de la oscuridad, un signo fuerte en el cuarto evangelio; ella se mueve a contracorriente, busca en la oscuridad, mas no busca al resucitado, busca el cadáver de su Señor. Al no encontrarlo, la oscuridad exterior se vuelve interna: “no sabemos dónde lo han puesto”. Mas no permanece inmóvil, su movimiento se acelera y comienza una serie de corridas, ella hacia los discípulos.

Pedro y el discípulo amado responden con la misma carrera hacia el sepulcro. Corren igual, pero el amado corre con más rapidez, y Pedro lo sigue. En otro pasaje, estando Jesús resucitado, será este discípulo quien siga a Pedro; una vez que Pedro, como él, haya profesado su amor al Maestro (Jn 21, 17.20). Sin embargo, el discípulo amado espera a Pedro, pero se asoma y ve; una percepción aún mayor que la Magdalena, una reacción de contención y expectación.

Cuando Pedro llega y entra , tiene la percepción sensorial completa: lienzos tirados y sudario enrollado en otro lugar; mas no se reporta alguna otra reacción. Es entonces que entra el otro discípulo, que ya no es llamado el amado, sino el que llegó primero: “vio y creyó”. Se usan tres verbos diferentes para cada personaje: Magdalena mira; Pedro observa y el otro discípulo “se fija”. En los personajes hay una diversidad de acciones y efectos, pero sólo el que corre más rápido pero espera, el que entra al final, es quien llega a creer.

El pasaje terminar con una aclaración de que no han comprendido, “no se han fijado” en la Escritura. Se denuncia una increencia por ignorancia de lo ya escrito – aunque no hace citación alguna –. El v.10 que no leemos, nos dice que los discípulos fueron con los demás, hay un retorno a la comunidad.

 

REFLEXIO

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

El reto de la Fe.
El evangelio según san Juan, comienza denunciando que la Luz vino al mundo, pero las tinieblas no lo acogieron (Jn 1,4-5). El juego entre la luz y la oscuridad – que no siempre se identifica con el bien y el mal – se combate también en nuestro corazón. A Magdalena que se mueve en la oscuridad y busca un cadáver – algo que ella puede ungir, tocar, llorar – a su búsqueda se le responde con otra oscuridad mayor. El abismo de su dolor es golpeado por el vacío del sepulcro, Dios se le ha escapado de su dominio. La sacudida le hace acudir a la comunidad, a los discípulos.

Ante este vacío, hay una carrera, una velocidad movida por la desesperación o por la curiosidad, o por el amor. El que es amado, corre con más velocidad, pero no es un amor frenético, se detiene a la puerta y espera al otro. La búsqueda de la luz en medio de la oscuridad necesita del otro, necesita moverse por y en el amor.

Pedro entra y recaba en su mente una información más completa que los testigos previos, quienes sólo han visto la piedra movida o sólo los lienzos. Mas no nos bastan los datos para creer. Quien cree, es quien no sólo mira u observa, sino quien ve con el corazón, quien no trata de comprender sólo la situación, sino de comprenderse en ella. El entrar del discípulo – que llegó primero – hasta el final, se vuelve un sumergirse en el misterio. No entra buscando un cadáver, ya sabe que no está ahí; no entra para constatar lo que ha visto Pedro, entra para creer. A veces creer no es tener certezas, ni seguridades; a veces es movernos en la oscuridad y entrar movidos sólo por el amor. Y sólo el que ama es capaz de reconocer el paso del Señor Resucitado (Jn 21, 7)

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Noche Oscura. Fragmento (San Juan de la Cruz)


En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué significa para mí el sepulcro vacío?, ¿cuáles son mis sentimientos delante de él?
¿Qué es lo que me mueve en mi búsqueda del Señor? ¿Cómo demuestro que busco al Señor?
¿Me dejo acompañar en mi camino de fe?, ¿espero a los demás o camino por mi cuenta?
¿Estoy dispuesto a caminar en mi fe, entre luz y oscuridad?
¿Cómo podría vivir este tiempo de Pascua, como expresión de seguimiento de Cristo Resucitado?

¡Cristo Jesús, el Señor, ha resucitado! ¡Aleluya!

 

 

 

 

4 Dom Pascua CEl texto: Juan 10, 27-30.  Descargar PDF


27Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen.
28Y yo les doy la vida eterna y no perecerán para la eternidad. No hay quien las arrebatará de mi mano.
29Mi Padre quien me ha dado es mayor que todos. Nadie puede arrebatar de la mano de mi Padre.
30Yo y el Padre somos uno.

 

LEXIO
Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Se trata del “segundo discurso del Buen Pastor” (Jn 10, 22-39), que después de la incomprensión de sus judíos oyentes (vv. 19-21) sobre el primer y más conocido discurso (vv.1-18), buscan una repuesta clara de la naturaleza mesiánica de Jesús (v.24). Jesús responde afirmando que ellos no lo pueden conocer porque no son parte de sus ovejas; repitiendo en estos versos varios elementos de su primer discurso.

La ovejas oyen su voz y lo siguen: recordamos ante todo la gran carga que lleva el verbo “escuchar”, parte inicial del gran mandamiento: “Escucha Israel” (Dt 6, 4). Escuchar significa reconocer, obedecer, requisito de pertenencia a la Alianza. Los que escuchan la Palabra de Dios, andan por sus caminos. El verbo “seguir” presenta ya una progresión respecto al escuchar del Antiguo Testamento, la escucha ya no se limita al andar por “el camino del Señor” como si se tratase sólo de un marco ético o legal, ahora implica un ir detrás de alguien en concreto: es Él quien marca el camino, no se va más en solitario con una dirección indicada, sino detrás de unas huellas precisas.

Encontramos después un paralelismo, los vv.28 y 29 se cierran con la misma declaración: “nadie puede arrebatar de la mano”, del propio Jesús y del Padre, respectivamente. Esto nos invita a pensar en una relación íntima entre el dar vida eterna por parte de Jesús, y el dar del Padre al Hijo (se entiende las ovejas); entre el que no serán destruidas las ovejas en eterno, y la gran Majestad del Padre. El “dar” del Padre al Hijo, se prolonga en el el dar la vida eterna del Hijo a sus ovejas; y en esto apreciamos la grandeza del Padre, que no puede ser vencido, ni siquiera en sus ovejas. Por ello, nadie puede arrebatar de las manos del Hijo, porque está sostenido por la misma Majestad del Padre, al cual nadie puede arrebatar nada. El tema de la vida eterna es recurrente en el Evangelio de Juan, desde el prólogo (Jn 1, 4), hasta el epílogo (Jn 20,31); y señala el objetivo final de la acción de Jesús (Jn 10,10). Esta vida tampoco se puede arrebatar (Jn 10, 17-18), y esto es causa de división entre los judíos respecto a su mensaje.

El Padre y yo somos uno: esta última afirmación desencadena el deseo de apedrearlo. Sus obras que en la división anterior lo acreditaban, caen velozmente en el olvido (vv.21.25). Estas obras se han hecho en nombre y en el poder del Padre (v.32), mas los judíos no son capaces de reconocer en ello su relación con Jesús. La identidad de Jesús y el Padre también tiene como fruto la vida, quien conoce al Padre a través del Hijo la obtiene (Jn 17,3).


REFLEXIO
... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

La Vida Eterna: Conocer al Padre, siguiendo al Hijo.
La vida eterna, a la cual somos llamados, no es un estado de vida estático, sino una dinámica relacional que nos acerca al conocimiento del Padre a través de Jesús – quien se manifiesta en sus obras - . Por lo cual nosotros hemos de escuchar y seguir la voz de Cristo, como ovejas de su rebaño. Entendemos que no todos son del rebaño, pues no todos conocen ni comprenden la voz del Señor; incluso nosotros mismos en momentos nos fatigamos y quedamos confundidos en este seguimiento. De ahí la importancia de reconocer las obras del Señor, la acción de Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. En el reconocimiento de la grandeza de las obras del Padre, podemos sentirnos más seguros de que nada nos podrá arrebatar de su mano.

El hermano Roger de Taizé dijo: “Quien camina con Cristo ve como se abre ante sí un sendero de liberación, el sendero que conduce de la inquietud a la confianza. Allí dónde existe una humilde confianza se abren las puertas del Reino, y un día esas puertas se llamarán alabanza” (Carta de Italia, 1981). Esta es la sencilla respuesta al peligro de encerrarnos en nosotros mismos. La incapacidad de los judíos de reconocer al Padre en Jesús no era una incapacidad de apreciar sus obras, sino de poner su confianza en él a partir de ellas. Las ovejas que siguen al Pastor, caminan con él, porque con él se sienten confiadas. Quien se siente seguro sólo en sí mismo, o en las estructuras, o en las tradiciones, no se mueve, y queda encerrado; no sigue al Pastor. No es bueno para nosotros permanecer como meros espectadores del actuar de Dios en el mundo, sino estamos invitados a acoger esta revelación para unirnos al proyecto de Cristo con audacia.

No olvidemos que nuestro seguir a una persona histórica: Jesús de Nazaret, causa escándalo en el mundo. Por ello, como cristianos, no negociamos nuestros valores con las convenciones de nuestro tiempo; ni nos hemos de anquilosar en las formas exteriores de tiempos pasados. Nuestra única respuesta válida es la relación personal y comunitaria con el Señor Jesús, esto es escuchar su voz. Esto es lo que nos diferencia de maestros iluministas, de cuadros ético-legislativos o de rituales mágicos: la certeza que nuestro Pastor Vive y camina con y delante de nosotros.

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?
(Lope de Vega)

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué consuelo encuentro en la afirmación de Jesús de que nadie puede arrebatarme de su mano?
¿En un mundo lleno de divisiones, cómo diferencio la voz de Jesús de las voces del mundo?
¿Cómo es mi confianza en Jesús y en su Padre?, ¿puedo reconocer su voz y sus obras?
¿Cuánto tiempo dedico a una oración de relación personal con Jesús?
¿Entiendo mi vida como una vocación cristiana de seguir a Jesús?, ¿cómo la vivo?

¡Cristo Jesús, el Buen Pastor, ha resucitado! ¡Aleluya!

 

 

 

 

 

Sma Trinidad CEl texto: Juan 16, 12-15.  Descargar PDF


12 Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no pueden soportarlas.
13 Cuando venga aquel, el Espíritu de la verdad, los guiará en la verdad plena, pues no hablará por sí mismo, sino de todo lo que ha escuchado y les anunciará las cosas que vendrán.
14 Aquél me glorificará, porque tomará de lo mío y se los anunciará.
15 Todo cuanto tiene el Padre es mío, por esto he dicho que tomará de lo mío y se los anunciará.

 

LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Nos encontramos delante de un texto complejo del Evangelio de Juan, el discurso de despedida a sus discípulos (Jn 14-16). En él, el evangelista menciona en repetidas ocasiones las relaciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, y las relaciones de estos con la comunidad de los creyentes y con el mundo.

En estos pocos versos, Juan nos presenta repetidamente el verbo “anunciar” como una acción del Espíritu: como continuación de la acción de Jesús – quien tampoco habla por cuenta propia sino de lo que ha escuchado al Padre (cf. Jn 7,16-18; 8,26.12,49) - y como glorificación de Jesús – ya que el Espíritu da testimonio de él como el Padre da testimonio (cf. Jn 5,36-38; 8,54).

El Espíritu toma de Jesús, no sólo de lo que tiene, sino de lo que es: la Palabra, la Misión, el Testimonio. El Espíritu al anunciar a Jesús anuncia y continua el anuncio que él hace del Padre. Esta unidad del Padre y el Hijo se nos hace anuncio asequible por la acción del Espíritu, no somos nosotros quienes tomamos, sólo recibimos de lo que el Espíritu toma.

Aunque aún incapaces de soportar este mensaje, los discípulos al ser destinatarios del mismo – como la comunidad de creyentes – son puestos a la expectativa de un comprender progresivo y liberador (cf. Jn 8,32), pues son llamados amigos y no siervos (cf. Jn 15,15). Esta esperanza es la que diferencía a los creyentes de quienes no soportan el mensaje por cerrazón a la escucha (cf. Jn 6,60; 8,43). El horizonte del creyente, no obstante la propia incapacidad, se abre al horizonte de la plenitud de la verdad. Jesús tiene aún muchas cosas que decir, sin embargo, el Espíritu actuará en su debido momento.


REFLEXIO
... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Sostenidos por el Espíritu en la búsqueda de Dios.
El misterio de la Santísima Trinidad nos puede envolver en discursos racionales, que si bien son necesarios e iluminadores, a nada sirven si no parten desde la confrontación vital de nuestra fe. ¿Qué nos cambia la vida creer en un Dios Uno y Trino? Nos encontramos pues, como ha dicho Jesús, delante de un discurso duro, que no es fácil de soportar, porque excede nuestra capacidad. Pero no estamos destinados a la ignorancia o al sin sentido, pues en este caminar de nuestra fe vivida, estamos ciertos de la asistencia del Espíritu.

Esta asistencia del Espíritu nos deja entrever que nuestro Dios no es un ente lejano, un principio cósmico, o un ser omnipotente al cual estamos sujetos: es un Dios revelado. El Espíritu toma de sí, del Padre, del Hijo, y se nos anuncia en la medida de nuestra humana capacidad. El progresar de nuestra fe – como el progresar de nuestro cuerpo, de nuestra cultura, de nuestro conocimiento, de nuestra fuerza – es un elemento abierto a la esperanza y al esfuerzo cotidiano de crecimiento, con sus naturales crisis. Nuestro conocimiento de Dios ha de partir del reconocimiento que son muchas las cosas que aún Jesús nos tiene que decir, sólo a través del humilde reconocimiento de nuestra incapacidad podremos escucharlo. El mismo Jesús y el Espíritu escuchan al Padre, vemos en ello que la comunión divina se basa en la escucha del otro. Así se abren las puertas de la gloria de Dios: hablando de lo escuchado, dando testimonio de la verdad escuchada con humildad. La fe se nos presenta como un diálogo en el cual nosotros participamos con las tres divinas personas, no como algo que poseemos y gestionamos a título personal.

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi poca fe.
Creo en ti, Padre, que nos has enviado a Jesús, tu Hijo, para comunicarnos la intensidad de tu amor, para revelarnos que ese mismo amor que en ustedes es comunión perfecta, existe en nosotros como una semilla que ha de crecer con el rocío del Espíritu Santo.
Creo en ti, Hijo, Jesús, nuestro Señor, que eres la revelación plena del amor divino, al mismo tiempo que revelación de lo que ha de ser el hombre conducido en la verdad plena a la comunión con Dios por el anuncio del Espíritu Santo.
Creo en ti, Espíritu divino, que con suaves gemidos (cf. Rm 8,26) nos socorres en nuestra debilidad para vivir en el Amor de Dios, que nos alientas en la esperanza de lo que vendrá según los planes de la misericordia del Padre.
Creo en ti, Dios Uno y Trino, y quiero creer en ti, no con la fe monolítica de un corazón engreído, sino con el palpitar de un corazón débil, abierto a la sorpresa de tus misterios. Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi poca fe. Amén.

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué consuelo me da la promesa del anuncio del Espíritu Santo?
¿Puedo advertir su presencia en mi relación con Dios en sus tres divinas personas?
¿Qué significa para mí hablar de un Dios que es Comunidad de Amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo?
¿Antes de orar a Dios, de estudiarlo, de anunciarlo, de disponerme a escucharle, pido la asistencia del Espíritu Santo?
¿Cómo viviré mi proceso de crecimiento en la fe?

¡Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo!, ¡al Dios que es, que era y que vendrá!