cicloBLa Sagrada Escritura ha sido dividida, desde el Concilio Vaticano II, en tres ciclos completos de lecturas, de tal manera que quien asistiera a Misa todos los días, durante tres años seguidos, conseguiría escuchar casi toda la Palabra de Dios.

 

 

ADVIENTO

Primera Semana

Domingo Y tú, ¿Abrirías tu casa al rey?. Marcos 13,33-37.
Lunes El siervo del centurión. Mateo 8, 5-11
Martes Revelación del Padre. Lucas 10, 21-24.
Miércoles Segunda multiplicación. Mateo 15, 29-37.
Jueves La verdadera sabiduría. Mateo 7, 21. 24-27.
Viernes Curación de dos ciegos. Mateo 9, 27-31.
Sábado Misión de los discípulos. Mateo 9, 35. 10, 1. 6-8.

Segunda Semana
Domingo La más bella de todas las mujeres. Marcos 1, 1-8.
Lunes Curación de un paralítico. Lucas 5, 17-26.
Martes La oveja perdida. Mateo 18, 12-14.
Miércoles Jesús manso y humilde. Mateo 11, 28-30.
Jueves Misión de ser precursor. Mateo 11, 11-15.
Viernes Indiferencia de los judíos. Mateo 11, 16-19.
Sábado Después de la Transfiguración. Mateo 17, 10-13.

Tercera Semana
Domingo ¡Preparad los caminos del Señor!. Juan 1, 6-8. 19-28.
Lunes ¿Con qué autoridad haces esto?. Mateo 21, 23-27.
Martes El cumplimiento de la voluntad de Dios. Mateo 21, 28-32.
Miércoles Anuncien a todos lo que han visto y oido. Lucas 7, 19-23.
Jueves Envío mi mensajero delante de ti, para prepar tu camino Lucas 7, 24-30.
Viernes. Juan era la lámpara que ardía y brillaba Juan 5, 33-36.
Día 17 Diciembre Genealogía del Salvador. Mateo 1, 1-17.
Día 18 Diciembre Anuncio del ángel a José. Mateo 1, 18-24.
Día 19 Diciembre Anunciación del Precursor. Lucas 1, 5-25.
Día 20 Diciembre La Anunciación de Jesús. Lucas 1, 26-38.
Día 21 Diciembre Visita de la Virgen a Isabel. Lucas 1, 39-45.


Cuarto Domingo de Adviento "He aquí la esclava de Señor". Lucas 1, 26-38.
Día 22 Diciembre El Magníficat. Lucas 1, 46-56.
Día 23 Diciembre Nacimiento Juan Bautista. Lucas 1, 57-66.
Día 24 Diciembre Dios redime a su pueblo. Lucas 1, 67-79.

 

NAVIDAD

Día 26 Diciembre "No se preocupen". Mateo 10,17-22.
Día 27 Diciembre Pedro y Juan en el sepulcro. Juan 20, 2-8.
Día 28 Diciembre Los Santos Inocentes. Mateo 2, 13-18.
Día 29 Diciembre Presentación en el templo. Lucas 2, 22-35.
Día 30 Diciembre En el Templo con la profetisa Ana. Lucas 2, 36-40.
Día 31 Diciembre La Palabra se hizo carne. Juan 1, 1-18.
Día 2 Enero Primer testimonio de Juan. Juan 1, 19-28.
Día 3 Enero Segundo testimonio de Juan. Juan 1, 29-34.
Día 4 Enero Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Día 5 Enero Vocación de Felipe y Natanael. Juan 1, 43-51.


Segundo Domingo después Navidad Epifanía Mateo 2, 1-12.
Día 7 Enero (o Lunes después Epifanía) Jesús predica en Galilea. Mateo 4, 12-17. 23-25.
Día 8 Enero (o Martes después de Epifanía) Multiplicación de los panes. Marcos 6, 34-44.
Día 9 Enero (o Miércoles después de Epifanía) Jesús camina por el mar. Marcos 6, 45-52.
Día 10 Enero (o Jueves después de Epifanía) Jesús en la sinagoga. Lucas 4, 14-22.
Día 11 Enero (o Viernes después de Epifanía) Curación de un leproso. Lucas 5, 12-16.
Día 12 Enero (o Sábado después de Epifanía) Tercer testimonio de Juan. Juan 3, 22-30.

 

CUARESMA

Miércoles de Ceniza Rectitud de intención. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Necesidad de seguir a Jesús. Lucas ), 22-25.
Viernes El esposo será arrebatado. Mateo 9, 14-15.
Sábado Vocación de Leví. Lucas 5, 27-32.

1o. Semana de Cuaresma
Domingo El desierto, camino difícil pero necesario. Marcos 1, 12-15.
Lunes El juicio final. Marcos 25, 31-46.
Martes Método de hacer oración. Mateo 6, 7-15.
Miércoles La muchedumbre pide una señal. Lucas 11, 29-32.
Jueves Eficacia de la oración. Mateo 7, 7-12.
Viernes Perdón de las ofensas. Mateo 5, 20-26.
Sábado El amor a los enemigos. Mateo 5, 43-48.

2o. Semana de Cuaresma
Domingo La subida a la montaña. Marcos 9, 2-10.
Lunes No juzguen y no serán juzgados. Lucas 6, 36-38.
Martes Hipocresía de los escribas y fariseos. Mateo 23, 1-12.
Miércoles Tercer anuncio de Pasión. Mateo 20, 17-28.
Jueves El rico Epulón y el pobre Lázaro. Lucas 16, 19-31.
Viernes Parábola de los viñadores infieles. Mateo 21, 33-43. 45-46.
Sábado Parábola del hijo pródigo. Lucas 15, 1-3. 11-32.

3o. Semana de Cuaresma
Domingo Un nuevo templo. Juan 2, 13-25.
Lunes Jesús en Nazaret. Lucas 4, 24-30.
Martes El perdón de las ofensas. Mateo 18, 21-35.
Miércoles Jesús ante la Ley. Mateo 5, 17-19.
Jueves El poder sobre los demonios. Lucas 11, 14-23.
Viernes El primer precepto. Marcos 12, 28-34.
Sábado El fariseo y el publicano. Lucas 18, 9-14.

4o. Semana de Cuaresma
Domingo La cobra del desierto. Juan 3, 14-21. 
Lunes Regreso a Galilea. Juan 4, 43-54.
Martes Curación de un paralítico. Juan 5, 1-3. 5-16.
Miércoles El Hijo actua en unión con el Padre. Juan 5, 17-30.
Jueves Testimonio del Hijo. Juan 5, 31-47.
Viernes Jesús se declara Hijo de Dios. Juan 7, 1-2. 10. 25-30.
Sábado Divisiones sobre el origen de Cristo. Juan 7, 40-53.

5o. Semana de Cuaresma
Domingo El misterio del trigo podrido. Juan 12, 20-33.
Lunes La mujer adúltera. Juan 8, 1-11.
Martes Yo no soy de éste mundo. Juan 8, 21-30.
Miércoles La verdad os hará libres. Juan 8, 31-42.
Jueves El que guarda mi Palabra no morirá. Juan 8, 51-59.
Viernes Las obras buenas vienen de mi Padre. Juan 10,31-42.
Sábado Resolución del consejo. Juan 11, 45-56.

 

SEMANA SANTA

Domingo de Ramos. Mateo 14, 1-15. 47
Lunes Santo El arrepentimiento de María Magdalena. Juan 12, 1-11.
Martes Santo Anuncio de la traición. Juan 13, 21-33. 36-38.
Miércoles Santo La traición de Judas. Mateo 26, 14-25.

 

PASCUA

Triduo Pascual
Jueves Santo Lavatorio de los pies. Juan 13, 1-15.
Viernes Santo Prisión de Jesús. Juan 18, 1-40. 19, 1-42.
Sábado Santo La mañana de Pascua. Marcos 16, 1-7.

 

1o. Semana de Pascua
Domingo de Resurrección. Juan 20, 1-9.
Lunes La mañana de Pascua. Mateo 28, 8-15.
Martes Jesús se aparece a María Magdalena. Juan 20, 11-18.
Miércoles Los discípulos de Emaús. Lucas 24, 13-35.
Jueves Aparición de Jesús a los discípulos. Lucas 24, 35-48.
Viernes Aparición de Jesús en el mar de Tiberíades. Juan 21, 1-14.
Sábado Apariciones de Jesús a sus discípulos. Marcos 16, 9-15.

2o. Semana de Pascua
Domingo La humildad de un triunfador. Juan 20, 19-31.
Lunes Visita de Nicodemo. Juan 3, 1-8.
Martes Jesús habla con Nicodemo. Juan 3, 7-15.
Miércoles Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo. Juan 3, 16-21.
Jueves Tercer testimonio de Juan. Luan 3, 31-36.
Viernes Multiplicación de los panes. Juan 6, 1-15.
Sábado Jesús camina sobre el agua. Juan 6, 16-21.

3o. Semana de Pascua
Domingo ¡Cristo ha resucitado!. Lucas 24, 35-48.
Lunes La muchedumbre en busca de Jesús. Juan 6, 22-29.
Martes Piden a Jesús una señal. Juan 6, 30-35.
Miércoles Jesús, Pan de Vida. Juan 6, 35-40.
Jueves Si comes este pan, vivirás para siempre. Juan 6, 44-51.
Viernes El Pan Eucarístico. Juan 6, 52-59.
Sábado Señor, tienes palabras de vida eterna. Juan 6, 60-69.

4o. Semana de Pascua
Domingo El Buen Pastor. Juan 10, 11-18.
Lunes Yo soy la puerta de las ovejas. Juan 10, 1-10.
Martes Jesús uno con su Padre. Juan 10, 22-30.
Miércoles Necesidad de creer en Jesús. Juan 12, 44-50.
Jueves Si me conoces a mi, conoces al Padre. Juan 13, 16-20.
Viernes Jesús nos prepara una morada. Juan 14, 1-6.
Sábado Muestranos al Padre. Juan 14, 7-14.

5o. Semana de Pascua
Domingo La vid y los sarmientos. Juan 15, 1-8.
Lunes Voy a mandar al Espíritu Santo. Juan 14, 21-26.
Martes Cristo da la paz a sus discípulos. Juan 14, 27-31.
Miércoles Yo soy la vid verdadera. Juan 15, 1-8.
Jueves Permaneced en mi amor. Juan 15, 9-11.
Viernes Los discípulos, amigos de Jesús. Juan 15, 12-17.
Sábado Odio del mundo contra Jesús y los suyos. Juan 15, 18-21.

6o. Semana de Pascua
Domingo Para ser buenos amigos de Jesús. Juan 15, 9-17.
Lunes Anuncio sobre lo que ha de pasar. Juan 15, 26. 16,4.
Martes La promesa del Espíritu Santo. Juan 16, 5-11.
Miércoles Hasta la verdad completa. Juan 16, 12-15.
Jueves El gozo tras la tristeza. Juan 16, 16-20.
Viernes Alegría que nadie les podrá quitar. Juan 16, 20-23.
Sábado. Juan 16, 23-28.

7o. Semana de Pascua
Domingo Juan 17, 11-19.
Lunes Yo he vencido al mundo. Juan 16,29-33.
Martes Jesús ora al Padre por sí mismo. Juan 7, 1-11.
Miércoles Jesús ora al Padre por sus discípulos. Juan 17, 11-19.
Jueves Ruega por todos los creyentes. Juan 17, 20-26.
Viernes La triple negación de Pedro. Juan 21, 15-19.
Sábado El discípulo amado. Juan 21, 20-25.

 

TIEMPO ORDINARIO

1o. Semana
Domingo El Bautismo del Señor. Marcos 1, 7-11.
Lunes Llamado de los discípulos. Marcos 1, 14-20.
Martes Jesús expulsa espíritu. Marcos 1, 21-28.
Miércoles Curación suegra de Pedro. Marcos 1, 29-39.
Jueves Curación de un leproso. Marcos 1, 40-45.
Viernes Curación paralítico. Marcos 2, 1-12.
Sábado Vocación de Mateo. Marcos 2, 13-17.

2o. Semana
Domingo Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Lunes Discípulos de Juan no ayunan. Marcos 2, 18-22.
Martes La observancia del sábado. Marcos 2, 23-28.
Miércoles Curación de un enfermo en sábado. Marcos 3, 1-6.
Jueves Predicación y curación de enfermos. Marcos 3, 7-12.
Viernes Elección de los doce apóstoles. Marcos 3, 13-19.
Sábado Jesús predica el Evangelio. Marcos 3, 20-21.

3o. Semana
Domingo Vocación de los primeros discípulos. Marcos 1, 14-20.
Lunes Un reino no puede estar dividido. Marcos 3, 22-30.
Martes Verdadera familia de Jesús . Marcos 3, 31-35.
Miércoles Parábola del sembrador. Marcos 4, 1-20.
Jueves Dar a conocer el Reino de Dios. Marcos 4, 21-25.
Viernes La semilla que crece. Marcos 4, 26-34.
Sábado La tempestad calmada. Marcos 4, 35-40.

4o. Semana
Domingo Este hombre tiene autoridad. Marcos 1, 21-28.
Lunes Curación de un poseído. Marcos 5, 1-20.
Martes Curación de enfermos por su fe. Marcos 5, 21-43.
Miércoles Ninguno es profeta en su tierra. Marcos 6, 1-6.
Jueves Jesús manda a discípulos de dos en dos. Marcos 6, 7-13.
Viernes Muerte de Juan el Bautista. Marcos 6, 14-29.
Sábado Como ovejas sin pastor. Marcos 6, 30-34.

5o. Semana
Domingo Estás enfermo. ¿Te gustaría morirte?. Marcos 1, 29-39.
Lunes Jesús en Genesaret. Marcos 6, 53-56.
Martes Las tradiciones de los fariseos. Marcos 7, 1-13.
Miércoles La pureza del corazón. Marcos 7, 14-23.
Jueves La mujer cananea. Marcos 7, 24-30.
Viernes Curación de un sordo y tartamudo. Marcos 7, 31-37.
Sábado Segunda multiplicación de los panes. Marcos 8, 1-10.

6o. Semana
Domingo Otro enfermo hoy ¿y tú?. Marcos 1, 40-45.
Lunes Los fariseos piden una señal. Marcos 8, 11-13.
Martes Jesús reprende a sus discípulos. Marcos 8, 14-21.
Miércoles Curación de un ciego. Marcos 8, 22-26.
Jueves Confesión de Pedro. Marcos 8, 27-33.
Viernes Toma tu cruz y sígueme. Marcos 8, 34-39.
Sábado La Transfiguración de Jesús. Marcos 9, 2-13.

7o. Semana
Domingo ¡Ojalá fuera como ese paralítico. Marcos 2, 1-12.
Lunes Curación de un endemoniado. Marcos 9, 13-28.
Martes El primero es el último de todos. Marcos 9, 30-37.
Miércoles Invocación del nombre de Jesús. Marcos 9, 38-40.
Jueves Ustedes son la sal del mundo. Marcos 9, 40-49.
Viernes La cuestión del divorcio. Marcos 10, 1-12.
Sábado Jesús y los niños. Marcos 10, 13-16.

8o. Semana
Domingo El ayuno ¿no está pasado de moda?. Marcos 2, 18-22.
Lunes El joven rico se marchó entristecido. Marcos 10, 17-27.
Martes Recibirán cien veces más en esta vida. Marcos 10, 28-31.
Miércoles El Hijo del Hombre no ha venido a que lo sirvan. Marcos 10, 32-45.
Jueves El ciego de nacimiento. Marcos 10, 46-52.
Viernes La fe mueve montañas. Marcos 11, 11-26.
Sábado ¿Quién te ha dado tal autoridad?. Marcos 11, 27-33.

9o. Semana
Domingo Marcos 2,23. 3,6. 2, 23-28
Lunes Se apoderaron del hijo, lo mataron. Marcos 12, 1-12.
Martes Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Marcos 12, 13-17.
Miércoles No es un Dios de muertos sino de vivos. Marcos 12, 18-27.
Jueves Ama a tu prójimo como a ti mismo. Marcos 12, 28-34.
Viernes Jesús es Hijo de David?. Marcos 12, 35-37.
Sábado Ha dado todo lo que tenía para vivir. Marcos 12, 38-44.

10o. Semana
Domingo ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Marcos 3, 20-35.
Lunes Alegraos, porque su recompensa será grande en los cielos. Mateo 5, 1-12.
Martes Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra. Mateo 5, 13-16.
Miércoles. No he venido a abolir la Ley y los Profetas. Mateo 5, 17-19.
Jueves Primero reconciliate con tu hermano. Mateo 5, 20-26
Viernes Nada sea ocasiónde pecado. Mateo 5, 27-32.
Sábado No jures en modo alguno. Mateo 5, 33-37.

11o. Semana
Domingo ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Marcos 4, 26-34
Lunes Los reconocerán por el amor. Mateo 5, 38-42.
Martes Amen a sus enemigos y rueguen por los que les persiguen . Mateo 5, 43-48.
Miércoles La verdadera recompensa. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Dios sabe lo que necesitamos. Mateo 6, 7-15.
Viernes Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón . Mateo 6, 19-23.
Sábado No se puede servir a Dios y al dinero. Mateo 6, 24-34.

12o. Semana
Domingo ¿Por qué con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Marcos 4, 35-41.
Lunes Con el juicio con que juzguéis seréis juzgados. Mateo 7, 1-5.
Martes Entrad por la puerta esttrecha. Mateo 7,6. 12-14.
Miércoles Los falsos profetas. Mateo 7, 15-20.
Jueves Soplaron vientos contra la casa, pero no cayó . Mateo 7, 21-29.
Viernes Señor, si quieres puedes curarme. Mateo 8, 1-4.
Sábado Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa. Mateo 8, 5-17.

13o. Semana
Domingo No temas, solamenyte ten fe. Marcos 5, 21-43.
Lunes Condiciones para seguir a Jesús. Mateo 8, 18-22.
Martes ¡Sálvanos Señor que nos hundimos!. Mateo 8, 23-27.
Miércoles Jesús cura a dos endemoniados. Mateo 8, 28-34.
Jueves Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa . Mateo 9, 1-8.
Viernes Los sanos no necesitan médico. Mateo 9, 9-13.
Sábado Vino nuevo en odres nuevos. Mateo 9, 14-17.

14o. Semana
Domingo ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?. Marcos 6, 1-6.
Lunes Cristo resucita a una niña. Mateo 9, 18-26.
Martes La mies es mucha perol os trabajadores pocos. Mateo 9, 32-38.
Miércoles Proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Mateo 10, 1-7.
Jueves Que haya paz en esta casa. Mateo 10, 7-15.
Viernes Yo los envío como ovejas en medio de lobos. Mateo 10, 16-23.
Sábado No teman a los que matan el cuerpo pero no el alma. Mateo 10, 24-33.

15o. Semana
Domingo Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos. Marcos 6, 7-13.
Lunes El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Mateo 10, 34-42. 11,1.
Martes Jesús recrimina a las ciudades incredulas. Mateo 11, 20-24.
Miércoles Padre, todo se lo revelaste a los pequeños. Mateo 11, 25-27.
Jueves Mi yugo es suave y mi carga ligera. Mateo 11, 28-30.
Viernes Quiero misericordia y no sacrificio. Mateo 12, 1-8.
Sábado No quebrará caña doblada ni apagará la mecha humeante. Mateo 12, 14-21.

16o. Semana
Domingo Las vacaciones de Jesús. Marcos 6, 30-34.
Lunes Escribas y fariseos piden una señal. Mateo 12, 38-42.
Martes Mi madre y mis hermanos cumplen la voluntad de Dios. Mateo 12, 46-50.
Miercoles Las semillas caen en diferente tierra. Mateo 13, 1-9.
Jueves A quien tiene, se le dará más y tendrá en abundancia. Mateo 13, 10-17.
Viernes Oíd lo que significa la parábola del sembrador . Mateo 13, 18-23.
Sábado Dejad que ambos crezcan juntos hasta la cosecha . Mateo 13, 24-30.

17o. Semana
Domingo Hay un muchacho que tiene cinco panes y dos peces. Juan 6, 1-15.
Lunes Si tuvieras fe como un grano de mostaza. Mateo 13, 31-35.
Martes Explícanos la parábola de la cizaña. Mateo 13, 36-43.
Miércoles El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido. Mareo 13, 44-46.
Jueves Separarán los peces malos de entre los buenos. Mateo 13, 47-53.
Viernes ¿No es éste el hijo del carpintero? Mateo 13, 54-58.
Sábado Herodes manda matar a Juan el Bautista. Mateo 14, 1-12.

18o. Semana
Domingo La primera condición.....¡que creas! Juan 6, 24-35.
Lunes Dadles vosotros de comer. Mateo 14, 13-21.
Martes ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? Mateo 14, 22-36.
Miércoles Cuando parece que Dios desoye las plegarias. Mateo 15, 21-28.
Jueves Tú eres Pedro y sobre esta tierra edificaré mi Iglesia. Mateo 16 13-23.
Viernes El que quiera venir conmigo que cargue con su cruz. Mateo 16, 24-28.
Sábado Si tuvieras fe, nada sería imposible. Mateo 17, 14-20.

19o. Semana
Domingo ¿Es hora de dimitir? El que cree, tiene vida eterna. Juan 6, 41-51.
Lunes El tributo de templo. Mateo 17, 22-27.
Martes Si no cambian y se hacen como niños. Mateo 18, 1-5. 10, 12-14.
Miércoles La corrección fraterna. Mateo 18, 15-20.
Jueves ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Mateo 18,21 19,1.
Viernes Lo que Dios unió no lo separe el hombre. Mateo 19, 3-12.
Sábado Jesús bendice a los niños. Mateo 19, 13-15.

20o. Semana
Domingo Un Pan del todo especial. Juan 6, 51-58.
Lunes ¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? Mateo 19, 16-22.
Martes Muchos que quieren ser primeros, serán últimos Mateo 19, 23-30.
Miércoles Todos recibieron un denario cada uno Mateo 20, 1-16.
Jueves El banquete está preparado, pero los invitados... Mateo 22, 1-14.
Viernes Amarás a Dios y luego al prójimo como a ti mismo Mateo 22, 34-40.
Sábado Que el mayor entre ustedes sea el servidor Mateo 23, 1-12.

21o. Semana
Domingo ¿También ustedes quieren marcharse? Juan 6, 55. 60-69.
Lunes El altar hace sagrada la ofrenda. Mateo 23, 13-22.
Martes ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas! Mateo 23, 23-26.
Miércoles Cuidado de no estar llenos de hipocresía y maldad Mateo 23, 27-32.
Jueves ¡Estad en vela, no sabes el día ni la hora! Mateo 24, 42-51.
Viernes Parábola de las vírgenes prudentes Mateo 25, 1-13.
Sábado Parábola de los talentos. Mateo 25, 14-30.

22o. Semana
Domingo La tragedia de una máscara. Marcos 7, 1-8.
Lunes El Espíritu del Señor está sobre mí Lucas 4, 16-30.
Martes Jesús expulsa a un demonio. Lucas 4, 31-37.
Miércoles Curación de la suegra de Pedro. Lucas 4, 38-44.
Jueves Los apóstoles, testigos y enviados de Cristo Lucas 5, 1-11
Viernes Los discípulos de Jesús y el ayuno. Lucas 5, 32-39.
Sábado El Hijo del Hombre, señor del sábado. Lucas 6, 1-5.

23o. Semana
Domingo Magia negra o magia blanca. Marcos 7, 31-37.
Lunes Extiende tu mano y serás sano Lucas 6, 6-11.
Martes Elección de los doce. Lucas 6, 12-19.
Miércoles Bienaventurados sereis cuando... Lucas 6, 20-26.
Jueves Con la medida con que midan, se les medirá Lucas 6, 27-38.
Viernes ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? Lucas 6, 39-42.
Sábado Pon los cimientos de tu casa sobre roca Lucas 6, 43-49.

24o. Semana
Domingo Quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará Marcos 8, 27-35.
Lunes Señor, no soy digno de que entres en mi casa Lucas 7, 1-10.
Martes El hijo de la viuda de Naim. Lucas 7, 11-17.
Miércoles Actitud de los publicanos. Lucas 7, 31-35.
Jueves Tu fe te ha salvado, vete en paz Lucas 7, 36-50.
Viernes Las mujeres acompañan a Jesús. Lucas 8, 1-3.
Sábado Explicación de la parábola del sembrador. Lucas 8, 4-15.

25o. Semana
Domingo La grandeza de los pequeños. Marcos 9, 30-37.
Lunes No hay nada oculto. Lucas 8, 16-18.
Martes ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Lucas 8, 19-21.
Miércoles No tomes nada para el camino. Lucas 9, 1-6
Jueves ¿Quién es éste de quien oigo tales cosas? Lucas 9, 7-9.
Viernes ¿Quién dice la gente que soy yo? Lucas 9, 18-22.
Sábado El Hijo del hombre va a ser entregado Lucas 9, 43-45.

26o. Semana
Domingo ¿Es cuestión de fanatismo?. Marcos 9, 38-43. 45. 47-48.
Lunes ¿Quién será el mayor?. Lucas 9,46-50.
Martes He venido a salvar a los hombres. Lucas 9, 51-56.
Miércoles Jesús no tiene donde reclinar la cabeza. Lucas 9, 57-62.
Jueves La mies es mucha. Lucas 10, 1-12.
Viernes Ciudades incrédulas. Lucas 10, 13-16.
Sábado ¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Lucas 10, 17-24.

27o. Semana
Domingo ¿Es lícito divorciarse?. Marcos 10, 2-16.
Lunes El buen samaritano iba de camino. Lucas 10, 25-37.
Martes Te preocupas por muchas cosas y solo una es necesaria. Lucas 10, 38-42.
Miércoles La oración que Cristo nos enseñó. Lucas 11, 1-4.
Jueves Al que llama, se le abrirá y al que pida se le dará. Lucas 11, 5-13.
Viernes El que no está conmigo, está contra mi. Lucas 11, 15-26.
Sábado Dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la guardan. Lucas 11, 27-28.

28o. Semana
Domingo ¿También los ricos se salvan? Marcos 10, 17-30.
Lunes No se les dará otraseñal que la de Jonás Lucas 11, 29-32.
Martes Purificáis por fuera la copa, dentro estáis llenos de maldad. Lucas 11, 37-41.
Miércoles Ay de vosotros, que imponéis a los demás cargas Lucas 11, 42-46.
Jueves Y mataron a los profetas. Lucas 11, 47-54.
Viernes Nada hay oculto que no haya de saberse. Lucas 12, 1-7.
Sábado El Espíritu Santo les enseñará. Lucas 12, 8-12.

29o. Semana
Domingo Una recomendación de mucho peso. Marcos 10, 35-45.
Lunes Cuidado con la avaricia. Lucas 12, 13-21.
Martes Que el Señor al venir los encuentre despiertos. Lucas 12, 35-38.
Miércoles Fiel y prudente a la Voluntad de Dios. Lucas 12, 39-48.
Jueves He venido a arrojar un fuego sobre la tierra. Lucas 12, 49-53.
Viernes Procura en el camino arreglarte tu adversario. Lucas 12, 54-59.
Sábado Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Lucas 13, 1-9.

30o. Semana
Domingo Y al instante, recobró la vista. Marcos 10, 46-52
Lunes Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Lucas 13, 10-17.
Martes El Reino de Dios como la levadura. Lucas 13, 18-21.
Miércoles La puerta estrecha. Lucas 13, 22-30.
Jueves Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte. Lucas 13, 31-35.
Viernes ¿Es lícito curar en sábado, o no?. Lucas 14, 1-6.
Sábado Todo el que se ensalce, será humillado. Lucas 14, 1. 7-11.

31o. Semana
Domingo ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?. Marcos 12, 28-34.
Lunes Sobre la elección de los invitados. Lucas 14, 12-14.
Martes Los invitados se excusan. Lucas 14, 15-24.
Miércoles Renunciar a todo por seguir a Cristo. Lucas 14, 25-33.
Jueves He hallado la oveja que se me había perdido. Lucas 15, 1-10.
Viernes El administrador astuto. Lucas 16, 1-8.
Sábado No podéis servir a Dios y al dinero. Lucas 16, 9-15.

32o. Semana
Domingo Ha dado todo lo que tenía para comer. Marcos 12, 38-44.
Lunes Fe como un grano de mostaza. Lucas 17, 1-6.
Martes Siervos inútiles ante el Señor. Lucas 17, 7-10.
Miércoles ¿No quedaron limpios los diez leprosos? . Lucas 17, 11-19.
Jueves El Reino de Dios entre nosotros. Lucas 17, 20-25.
Viernes Quien pierda su vida por mí, la salvará . Lucas 17, 26-37.
Sábado ¡Hazme justicia contra mi adversario! . Lucas 18, 1-8.

33o. Semana
Domingo El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no. Marcos 13, 24-32.
Lunes ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!. Lucas 18, 35-43.
Martes Zaqueo, hoy ha llegado la salvación a esta casa. Lucas 19, 1-10.
Miércoles ¡Muy bien, siervo bueno! has sido fiel siempre. Lucas 19, 11-28.
Jueves Jesús llora sobre Jerusalén. Lucas 19, 41-44.
Viernes Mi casa es casa de oración .Lucas 19, 45-48.
Sábado No es un Dios de muertos. Lucas 20, 27-40.

34o. Semana
Domingo Mi Reino no es de este mundo. Juan 18, 33-37.
Lunes La viuda de las dos monedas. Lucas 21, 1-4.
Martes No os dejéis engañar. Lucas 21, 5-11.
Miércoles Persecución de los discípulos. Lucas 21, 12-19.
Jueves La ruina de Jerusalén. Lucas 21, 20-28.
Viernes El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no. Lucas 21, 29-33.
Sábado Estad siempre alerta para estar en pie delante de Dios. Lucas 21, 34-36.

Fiesta de Todos los Santos 1 de Noviembre

 

Cristo Rey Juan 18, 33-37 Descargar PDF


33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»
34 Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»
35 Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
36 Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»
37 Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para est he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»

 

 

 


Para comprender la Palabra
Nos situamos en el “libro de la Pasión y de la Gloria” del evangelio de Juan. Las autoridades judías han declarado culpable a Jesús y lo remiten al procurador romano Poncio Pilato. Los notables judíos lo acusan de ser uno de los caudillos nacionalistas que, bajo el título de “rey de los judíos”, luchaban por instaurar un gobierno libre de la opresión romana. Poncio Pilato, como juez, pregunta a Jesús. Pero la realeza de éste se sitúa en un plano diferente, y el procurador romano no entiende.

En el interrogatorio de Pilato sobre la realeza de Jesús, el evangelista juega con un doble nivel: el histórico, en el que la pretensión de ser rey de los judíos, siendo grave delito de sedición, llevaba a la pena capital; el verdadero, pues en el lógica del narrador, Jesús es rey, pero no según las leyes de este mundo ni de las expectativas de su pueblo; lo será ciertamente cuando muera en cruz. Jesús no puede huir de su destino; no se echará atrás, sólo porque ponga en peligro su vida: da testimonio de su realeza afrontando su muerte en cruz.

Las preguntas y respuestas se suceden, pero la cuestión es única; y tanto más sorprendente cuanto menos preparada por el autor, quien hace entender que el procurador captó la dimensión política de las preocupaciones religiosas que motivaban a los jefes judíos: ¿eres tú el rey de los judíos? Al contestar con cierta indiferencia y desprecio (v. 35), Pilato no sólo reconoce que no tiene motivos para proceder en su contra sino que, además, desaprovecha la ocasión de aceptar a Jesús e insiste en conocer más sobre su actuación pública, ya que su nación y los pontífices se lo entregaron; de paso, descarga la responsabilidad en los jefes y el pueblo de Israel.

Al “qué has hecho” responde Jesús afirmando su reinado, sin utilizar el título de rey; silencio el que lo sea, pero no reniega de su actividad como tal; tres veces usa la expresión mi reino, aunque aclare que su reino no sea como los de este mundo, apoyados en el poder y en que no se ejerce con las mismas medidas. Al declarar “mi Reino no es de este mundo”, Jesús deja claro que su realeza no supone un poder terreno y que toda autoridad en el reinado le ha sido entregada por el Padre. “Mundo” no se refiere a la realidad creada por Dios sino a todo aquello que se opone a Dios, que le niega conscientemente y va en contra de su voluntad amorosa. Pilato no capta la sutileza del discurso de Jesús sobre el origen de un reino y su naturaleza. Jesús responde a la pregunta de Pilato de forma indirecta.

La realeza de Cristo tiene que ver con su misión de revelación, no con el dominio del mundo; manifestar la verdad es su forma de realizar el Reino. Venido al mundo para atestiguar la verdad y sólo quien proceda de ella le escuchará; confirma que tiene la verdad como origen quien acepta su testimonio. Para san Juan “verdad” es un concepto unido a Dios, como el de luz o el de vida, y expresa la autenticidad, la fidelidad, la lealtad que es Dios mismo. Jesús testigo de la verdad se vincula estrechamente a los planes del Padre y sitúa su trono en el campo del servicio, de la entrega, de la fidelidad. Este es el marco de su reinado, del que va a dar testimonio con su sangre, y ésta es la única voz que estamos llamados a escuchar quienes tenemos como don y tarea pertenecer a la verdad.

Para escuchar la Palabra
Para el escéptico de ayer y hoy la realeza de Jesús es vana ilusión, si no puede salvarse ni a sí mismo; para el creyente, en cambio, la muerte en cruz es precisamente la ceremonia de su entronización como rey auténtico. Jamás deberíamos olvidar que Cristo reina sólo en la cruz y desde ella. En la debilidad más extrema, en el momento de mayor soledad, Jesús se sabe y se confiesa rey con toda dignidad y firmeza. ¿Cómo me implico en su reino?

Hay que reconocer que los discípulos de Cristo, a través de la historia, no hemos sido tan cuidadosos como lo fue nuestro Maestro: ¿cómo no conceder que con frecuencia hemos proclamado el señorío de Jesús para poder someter a nuestro señorío a los demás? Aceptemos con todas las consecuencias que el seguimiento de Jesús, y su reinado, sólo recae en cuantos estamos dispuestos a ser sus discípulos. ¿Qué características tiene su reinado que están presentes en mi vida?

Él fue rey en una cruz. Aceptar esta verdad exige una formidable actitud de despojo que no encuentra eco en ella. No podemos - no debemos – estar hoy celebrando un reino que se alcanzó en la debilidad y en el sufrimiento y pensar simultáneamente en asegurarnos posiciones de poder en el futuro o vivir con nostalgia de privilegios que tuvimos en otro tiempo.

Sólo quien cree que Cristo reinó en y desde la cruz, a través del servicio y en la entrega de la propia vida, comprenderá que aún tiene razones para esperar un reino de justifica y de paz; y encontrará las fuerzas para intentarlo. Si no lo intentamos, no tenemos derecho a celebrar esta fiesta: no será nuestro el triunfo de Cristo ni su reinado. Y nuestra fe seguirá dominada por el equívoco. Pidamos, de todo corazón, como Jesús nos enseñó, que venga de una vez a nosotros su reino; pero aprendamos que su reino viene sólo a través de la cruz y del servicio. Pues, únicamente desde una cruz y entregando su vida, reinó Cristo.

Para orar con la Palabra
¿Qué estamos celebrando los cristianos, Señor? ¿Tu reinado? ¡Qué paradoja! Celebramos el reinado de un condenado a muerte, el señorío de un rey que sirvió a sus vasallos, el dominio de un señor que entregó la vida por sus siervos. Diametralmente opuesto a la mentalidad y al modo de proceder de este mundo. Ya sé por qué dijiste que tu reino no era de este mundo. ¡Claro!

¡Ah, Señor! Qué lejos estoy de proclamarte Rey. Mi mente y mi corazón se resisten a aceptarte. Por eso, te digo: gáname a tu reino ayudándome a creer en la posibilidad del amor sin gratificaciones inmediatas; conquístame para tu reino invitándome a trabajar por un mundo más fraterno sin esperar recompensas ni prebendas; sujétame en tu reino dedicándome a mejorar la vida diaria de los demás sin que me lo tengan que exigir.

Al mismo tiempo que oro contigo y como tú rogando: “Venga a nosotros tu Reino” llévame a distinguirme por servir a los demás; a no envidiar a los poderosos y a dedicarme a resolver las preocupaciones de los humildes. Señor, que mi fe en ti, como Rey, me lleve a ser constructor de una sociedad nueva no basada en el poder, en el poseer o en el placer sino en la entrega y en el servicio. Así sea.

 

 

 



 

33Dom Ordinario BTexto: Mc 13, 24-32   Descargar PDF

24Mas en aquellos días después de aquella tribulación, el sol será oscurecido y la luna no dará su brillo y 25las estrellas serán precipitadas desde el cielo y las potencias en los cielos serán sacudidas. Entonces 26se verá al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. 27Y entonces enviará a los ángeles a reunir a sus elegidos desde los cuatro puntos desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28Aprendan de la parábola de la higuera, cuando su rama se hace ya tierna y broten las hojas, conocen que el verano está cerca. 29De esta manera, ustedes, cuando vean que estén sucediendo estas cosas, conocerán que está cerca a las puertas. 30En verdad les dijo que no pasará esta generación antes que todo esto suceda. 31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32Nadie conoce acerca de aquel día y hora, ni los ángeles en el cielo ni el hijo, si no el Padre.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!


LEXIO

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El discurso de Jesús asume un tipo de narración apocalíptica – tantas veces confundido con un estilo críptico o fatalista – que no pretende detallar una sucesión de hechos, sino a través de figuraciones dar una mensaje profundo de la soberanía divina.
Primero se enuncia una tribulación – un momento de crisis profunda para la comunidad – que podría identificarse históricamente con la persecución a manos del imperio, pero queda abierta a las posteriores hasta las hoy actuales persecuciones, La tribulación no es cualquier peligro o situación difícil, sino aquella que produce una gran angustia, que después de ella no se puede ver claro el futuro, porque se piensa que este no existirá.

Simplemente, hablar de un después de la tribulación es un signo de algo más grande que esa situación que va más allá de nuestras propias fuerzas. Es una tribulación y un día inciertos, señalados como “aquella, aquellos”.
Los signos apocalípticos están restringidos al ámbito celeste: el sol y la luna se vuelven tiniebla. Este signo que nos evoca la noche y el fin, también es el mismo signo del origen, antes de la creación; aún en ella, está presente Dios.
Las estrellas que caen y las potestades – fuerzas que designan los ejércitos: podrían tratarse de otros astros, ángeles, etc. – que se sacuden nos muestran que esta tribulación no es sólo una realidad humana, sino cósmica, y la realidad natural y sobrenatural, también son afectadas, no son indiferentes al sufrimiento del hombre.

Estos signos no tienen más función que una introducción para el momento central: la venida del Hijo del Hombre. El evangelista retoma una visión de Daniel, que ha sido objeto de variadas interpretaciones, la lectura cristiana ha visto en este una figuración de Cristo. En el NT el título es usado sólo por Jesús para designarse a sí mismo. Entendido como título mesiánico liga a Jesús con la humanidad, un concepto más amplio que “Hijo de David” que hacer referencia a Israel. Su venida, sobre las nube con gloria y poder lo revelan como el juez mesiánico universal.

El ejemplo de la higuera hace ver los signos con la simplicidad de los ciclos anuales, de vida y renovación. Los signos vistos preparan a reconocer la inminencia de lo que vendrá. Sin embargo, la hora y el día exactos no son conocidos, sino sólo por el Padre. Aparece de nuevo el Hijo, él como signo y actor queda también en esta tensión de expectación. Los referentes temporales: ver los signos de inminencia y el desconocimiento del día y la hora, enmarcan una declaración de Jesús, introducida por “en verdad les digo”: la promesa que no pasará esta generación sin que sucedan estas cosas, pero que su palabra no pasará. Frente a esta generación y esta promesa, el cielo y la tierra, sí pasarán.


REFLEXIO
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Tantas veces creemos tener el control sobre nuestras vidas, nos sentimos seguros en la medida en que podemos dominar todas situaciones. Cuando los problemas de la vida – naturales o provocados por un mal ejercicio de la libertad humana – rompen esta situación de control, sufrimos. Cuando este control nos orilla a situaciones que nos ponen en el límite de nuestras fuerzas, sentimos que es el final. El futuro se ve oscuro, un callejón sin salida. Así como nosotros experimentamos esta aflicción en lo personal, también lo experimentamos como comunidad, y también lo experimenta la creación entera. Pero eso no es el final, le vemos así por nuestra incapacidad de ver más allá, porque el final sólo está en las manos de Dios. Después de la tribulación, del momento de crisis, se reestructura la vida y la existencia de una manera diversa; la figura del Hijo del Hombre nos recuerda que Cristo Jesús, Dios y Hombre verdadero, es el criterio para esta nueva configuración. Él congrega a sus elegidos, para que en él encuentren punto de unidad, ya no estaremos dispersos por el mundo, no se sufre en solitario, no se salva en solitario. Nuestra fe nos empuja a la esperanza, a reconocer que más allá de nuestra oscuridad está la vida en Dios, El signo que se compara con esta oscuridad – la higuera – es un signo de vida, de fruto, no de destrucción.
Desde los primeros tiempos, hasta hoy, han existido milenaristas, que aguardan el fin de los tiempos, de una manera caótica. ¿Por qué tarda tanto en llegar ese día? San Pablo pensaba en su inminencia, Pedro dice que la espera es tiempo de misericordia para nuestra conversión. Lo que Jesús nos recuerda es que pasará este mundo, pero nuestra generación y sus palabras no pasarán. No se vive para lo que pasa, lo que pasa ayuda sólo a vivir. Nuestra generación permanecerá porque está marcada por la Palabra de Dios. El destino de la humanidad – en el cual la Palabra se hizo carne – va más allá de la tierra y del cielo: nuestro destino es Dios.


ORAXIO
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Oremos con el salmo 138: Señor, tú me sondeas y me conoces.
5Me estrechas por detrás y por delante, apoyas sobre mí tu palma. 6Tanto saber me sobrepasa, es sublime y no lo alcanzo.
7 ¿Adónde me alejaré de tu aliento?, ¿adónde huiré de tu presencia? 8Si subiera al cielo, allí estás tú; si me acostara en el abismo, allí estás; 9si me remontara con las alas de la aurora para instalarme en el confín del mar, 10aun allí me guiaría tu izquierda y tu derecha me aferraría. 11Si dijera: Que me encubra la tiniebla y la luz se haga noche en torno a mí, 12ni la tiniebla es tenebrosa para ti, aun la noche es luminosa como el día: la tiniebla es como la luz del día.

17¡Qué insondable me resultan tus pensamientos, oh Dios, qué incalculable su suma! 18Si los cuento, son más que granos de arena; y aunque terminara aún me quedarías tú.
Amén.

 

CONTEMPLAXIO

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¿Cuáles son mis tribulaciones? ¿Dónde pongo mi confianza, en quién? ¿Verdaderamente me abro a la venida del Señor, o aún gestiono mi vida según “mis tiempos y mis criterios”? ¿Qué lugar tiene la Palabra de Dios en mi vida? Al leer los signos de los tiempos que veo en las noticias, ¿me lleno de temor, o refuerzo mi esperanza? ¿Cómo hacer operante esta esperanza?

 

 

 

32 Dom Ordinario BTexto Mc 12, 38-44  Descargar PDF

38Y en su enseñanza decía: “Guárdense de los escribas que están deseando pasear en largas túnicas, los saludos en las plazas, 39los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes, 40los que devoran las casas de las viudas, a pretexto de largas oraciones. Éstos recibirán una condena abundante.
41Y sentándose en frente de la caja de las ofrendas, veía como la multitud echa dinero en la caja de ofrendas. Muchos ricos echaban mucho, 42pero venida una viuda pobra echó dos monedillas de cobre lo que es un cuadrante. 43Entonces, llamando a sus discípulos les dijo: “En verdad les digo que esta viuda pobre ha echado mucho más que todos los que echan a la caja de ofrendas. 44Pues todos de su abundancia echaban, mas esta de su pobreza echó todo lo que tenía, su completo sustento”.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO

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Este pasare inicia con la “enseñanza” de Jesús, mostrándolo como un maestro. Esta palabra aparece pocas veces en los evangelios, siendo Marcos quien más la utiliza para mostrar la eminencia y poder del mensaje de Jesús (cf. Mc 1,22.27; 4,2; 11,18). En esta enseñanza no habla de alguna teoría, sino de una advertencia.
En el texto podemos encontrar dos escenas, una esta enseñanza, y otra la experiencia del cepo del templo, en ambos momentos aparecen verbos relacionados con el ver (“guárdense”, “viendo”).
Son presentados dos grupos de poder, en la primer parte los escribas, en la segunda los ricos. Los primeros son acusados de ostentaciones vanales, tanto en el ámbito civil (plazas, banquetes) como en el religioso (sinagogas, largas oraciones). No se habla de su enseñanza, sino de su acción. Los ricos, no son acusados de hacer algo malo, pero son superados por la generosidad de una viuda en su promesa. Los dos grupos están marcados por la “abundancia”, los escribas en la condena que recibirán, los ricos en la abundancia de la que dan una parte de limosna.
En ambas escenas aparece la figura de la viuda – un tipo importante en la Biblia para hablar de la misericordia, dada su situación de desamparo en una sociedad patriarcal – en la primera parte como víctimas teóricas de la avaricia de los escribas; en la segunda, con el gesto concreto de generosidad que desencadena la reflexión de Jesús.
Esta limosna al templo parece ser una ofrenda a mano alzada, más que una tasación determinada como el impuesto o el diezmo, dada la espontaneidad de los gestos representados. Podría tratarse de una ofrenda a mano alzada, destinada para la manutención del culto.

REFLEXIO

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Jesús, presentado como un maestro, no se trata de aquel que enseña desde una silla o con teorías rebuscadas, es el maestro que sabe ver, que reflexionando de la experiencia, llega a desenmascarar incluso las actitudes de aquellos que tienen por la mano la ley. Con su capacidad de observación, no pasan desapercibidos los pequeños grandes gestos de amor como el de aquella viuda. Mas no sólo ve, comunica lo que ve, la enseñanza que de la experiencia puede ayudar a los discípulos a comprender, a ver con los ojos de Dios.
De los escribas no se ataca su enseñanza – que por demás no podría ser suya, pues la palabra era intocable – sino sus actitudes, al ser ensalzados en medio de la comunidad civil y religiosa, se han puesto ellos mismos en el centro y no la palabra. En otro momento, Jesús invitará a hacer lo que ellos dicen, mas no imitar sus obras. ¡Cuántas veces podemos presumir de estar “cerca de Dios”, pero tener nuestro corazón vacío de él! La condena para ellos será abundante, especialmente porque han atentado contra el patrimonio de las viudas, que quedando indefensas en vez de recibir ayuda se les quitaban sus bienes, esto es inadmisible en el pensamiento de Dios.

A los ricos no se les condena, pero se les evidencia como superados en la generosidad por la viuda. También ellos están marcados por la abundancia, mientras que la viuda por la completez de su don. La mujer da más que todos porque ha dado todo. No hay medida para la generosidad, porque no hay medida para el amor, que significa la donación total. La viuda que aparece en el relato evangélico, que bien podría ser objeto de caridad, se hace sujeto de ella, rompiendo la lógica de nuestra limosna – tantas veces asistencialista – que no logra ver más allá. Jesús logró descubrir que era todo su sustento, y aún así lo confía, se confía en el Señor. Recordamos ese lema usado por la Cáritas: "Nadie es tan pobre que no pueda dar, ni tan rico que no pueda recibir".

 

ORAXIO

… llama orando...

Señor, tantas veces me siento satisfecho con lo que tengo,
otras tantas deseoso de tener más.
Mas no es el mucho tener, ni el mucho carecer donde se encuentra la felicidad,
porque Tú amas sin condición.
Tantas veces me siento importante y centro de atención;
otras tantas, marginado y menospreciado.
Pero no son los reflectores los que te hacen importante,
porque tú me observas, hasta en lo más pequeño que hago.
Por ello, que no me asuste el hacer poco, el rezar poco, el lograr poco,
y que ante esto no ceje en mi esfuerzo de hacerlo todo, y todo por amor,
porque tú no quieres “mucho”, tú me quieres “todo”. ¡Aquí estoy!
Amén.

 

CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

¿Qué sentimientos nacen de mi encuentro con esta palabra, y con las situaciones entre las que hoy vivo mi fe? ¿Me siento una persona capaz de observar a fondo, o me dejo llevar por el qué dirán, o lo que dicen los medios de comunicación?
¿Cómo he usado mis bienes – tanto materiales como personales – en relación con Dios? ¿Baso mi confianza en él o más en mis propias capacidades y/o posición social?
¿Cómo viviré – concretamente con alguna acción sencilla – mi fe como donación? ¿Cómo escucharé la voz de Dios, observando las situaciones de mi vida y las necesidades de mis hermanos?

 

 

 

 

30Dom Ordinario BTexto: Mc 10, 46-52   Descargar PDF

46Y entonces llegaron a Jericó. Y cuando salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego mendicante, estaba sentado junto al camino. 47Cuando escuchó que era Jesús el Nazareno, comenzó a gritar y decir: “Hijo de David, Jesús, apiádate de mí”. 48Y muchos lo reprendían para que callase, pero él gritaba mucho más: “Hijo de David, apiádate de mí”.

49Se paró Jesús y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego diciéndole: “¡Anímate, álzate!, él te llama”. 50Entonces, arrojando su manto se puso en pie y fue hacia Jesús. 51Jesús le replicó y le dijo: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le dijo: “Maestro mío, que yo vea”. 52Y Jesús le dijo: “Ve, tu fe te ha salvado”, e inmediatamente volvió a ver y y le seguía por el camino.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO 

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Jericó es considerada la ciudad más antigua de Israel, célebre por ser la región por donde cruza el pueblo del éxodo para entrar en la Tierra prometida y por ser sometida con el sonido de las trompetas en tiempo de Josué (Jos 4, 19; 6, 1ss; Heb 11, 30). Su ubicación, cercana a Jerusalén, la presenta como antesala de la ciudad santa. Jesús que pasa por ahí en su camino hacia Jerusalén, es saludado por el ciego con el título mesiánico de “Hijo de David”. Sabe de quien se trata, aunque no puede verlo. Su fe hará caer su ceguera, como la fe de Josué hizo caer las murallas de Jericó.
Tanto el nombre de Josué, como el de Jesús, significan: “salvación”; mientras que el nombre de Timeo, tiene raíz con el temor, no tanto ligado al miedo, sino al honor debido a Dios y a los padres. Bartimeo significaría entonces “hijo del temor reverente”.
La actitud de la gente cercana al ciego mendicante es contradictoria, primero lo reprenden para que calle y una vez que interviene Jesús con su autoridad, ellos le animan a acercarse a él. Esta multitud cambiante podría ser la misma que acompañará a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén.
Jesús, como en otras curaciones, dice “Vete, tu fe te ha salvado” (Mc 2, 5; 5, 34; Lc 7, 50; Mt 9, 29; 15, 28). La fe, unida a la súplica de misericordia, están presentes como una especie de criterio para obtener la salvación.

 

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

El pasaje de Bartimeo es uno de los textos más amados para el camino del catecumenado en el tiempo de cuaresma, interpretando la fe en Cristo como la luz que nos permite ver verdaderamente. La fe está presente en el discurso de Jesús y en la fuerte confianza y osadía del ciego. La fe que consiste ante todo en “reconocer” a Dios. El ciego descubre desde su oscuridad la presencia divina en aquel que va pasando, conociendo las promesas mesiánicas del “hijo de David”, lo reconoce en Jesús y es así como sus ojos se abren a la luz. ¡Cuántas veces pasa Dios a nuestro lado y no somos capaces de reconocerlo!
Bartimeo, ciego, sentado y mendicante nos muestra el retrato de un hombre pasivo y acabado. Está cerca del camino, pero no camina por él. Sin embargo, su fuerza interna, su búsqueda de la luz le hace gritar y clamar misericordia, aún cuando la gente – de cuyas limosnas depende y de quienes está marginado – le reprenda. En nuestros tiempos muchos hombres y mujeres claman por la fe, sus gritos contrastan con un mundo que pretende mantener un orden donde la caridad es limosna y no promoción de la persona; ¿cómo abrir los ojos a la luz de la fe? Se necesita una conversión, como Bartimeo ponernos en pie, dejando atrás el manto de nuestras propias seguridades. La misericordia que se clama nos pide la audacia de la fe, y Dios por su misericordia nos abre a la luz plena de la fe, pero esta misericordia hemos de pedirla con insistencia. A estos nos ayuda el “temor de Dios”, que los consideramos un don del Espíritu Santo, un temor que nos hace reconocer, honrar y amar a Dios, un temor que no excluye la familiaridad sino que la fortifica con el respeto.
Como Iglesia hemos vivido un Año de la Fe, y ahora viviremos un Jubileo de la Misericordia, que no seamos de aquellos que acallan la voz del que clama misericordia, al contrario, que en la medida en que nosotros podamos hacer obras de misericordia, podamos hacer que brille la luz de la fe ante los ojos del mundo.

 

ORAXIO

… llama orando...

En las iglesias orientales existe la tradición de rezar la “oración del corazón de Jesús” , llamada así porque nos abre el corazón poco a poco a los mismos sentimientos del corazón de nuestro Señor. Y esta oración es la repetición insistente de la oración de Bartimeo que contemplamos en este pasaje, oración muy semejante a la del publicano arrepentido que se acerca al templo (Lc 18, 13). Puedes tomar las cuentas del rosario y repetir pausadamente y meditando en cada una de ellas las siguientes palabras:
“Jesús, hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador”.

No se trata de una repetición mecánica y acelerada, no hay un número de repeticiones que completar, hay que dejar fluir desde el corazón estas palabras hasta que se llena de paz y tus ojos se abran a la confianza en Dios. Puedes rezarla en momentos de tristeza, en momentos de tentación, en momentos de gran alegría, o simplemente mientras esperas el autobús. Reconocernos necesitados de misericordia y pedirla reconociendo al Señor, es el primer paso para llegar a la audacia de la fe.

 

CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

¿Ante la misericordia de Dios, qué sentimientos se anidan en mi corazón?
¿Cuáles podrían ser las cegueras que me impiden ver claramente la voluntad de Dios en mi vida? ¿Tengo la audacia para pedirle a Dios que me haga ver? ¿Qué cosas tengo que dejar para poder acercarme con presteza ante él?
¿Y la misericordia cómo la vivo? ¿Soy capaz de escuchar los gritos de quienes buscan fe y misericordia, y conmoverme con ellos? ¿Qué obras de misericordia puedo hacer para que mi fe en Dios sea en verdad luz para mi vida y para los de otros?

 

 

29 Dom Ordinario BTexto: Mc 10, 35-45  Descargar PDF

35Se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: “Maestro, queremos que lo que te pidamos, hagas por nosotros”. 36Les dijo: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”. 37Le dijeron: “Concédenos que, uno a tu derecha y uno a tu izquierda, nos sentemos en tu gloria”. 38Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo bebo, o ser bautizados en el bautismo en que yo soy bautizado? 39Le dijeron: “Podemos”. Jesús les dijo: “El cáliz que yo bebo, beberán, y el bautismo en que soy bautizado serán bautizados. 40Mas el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mí darlo, sino que es para quienes está preparado”.

41Entonces, escuchando los diez, empezaron a molestarse contra Santiago y Juan. 42Jesús, llamándolos, les dijo: “Les es conocido que los supuestos para regir los pueblos se enseñorean de ellos y sus grandes mandan sobre ellos. 43Mas no es así entre ustedes, al contrario si uno quiere convertirse en mayor de ustedes, sea de ustedes servidor; 44y si uno de ustedes quiere ser el primero, sea siervo de todos. 45Pues el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate de muchos.”
¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO
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Estamos después de la tercera vez que Jesús anuncia su pasión camino a Jerusalén. Dos de los discípulos que ya gozan de cierta preferencia de Jesús se acercan a él. A diferencia de Mt en que viene la madre intercediendo con humildad, aquí son ellos quienes piden, usando una condición que busca coaccionar – como lo hacen los niños pequeños – para obtener el favor. Ellos quieren flanquear a Jesús, pero a diferencia de Mt que habla del Reino, en Mc hablan de sentarse en su gloria. Estos discípulos, junto con Pedro, ya han visto previamente un destello de la Gloria del Reino en la Transfiguración.

Jesús corrige sus deseos, recordándoles lo que apenas ha anunciado: su pasión. Ellos han de compartir también la cruz para llegar a la gloria. El pasaje de la Transfiguración en Mt recuerda este diálogo sobre la pasión en medio de la luz de la gloria.

Las imágenes que Jesús usa para el compartir su pasión son dos: 1) el cáliz – que nos enlaza con la experiencia de aceptación de la voluntad del Padre en la oración del Getsemaní (Mt 26, 39; Lc 22, 42) – y 2) el bautismo – que nos habla de la gran ansiedad que Jesús experimenta.

Los discípulos – al igual que Pedro en la Transfiguración (Mc 9, 6) – no saben lo que dicen, lo que piden. Los tres más cercanos a Jesús, son los tres que no saben, que no conocen del todo el Plan del Padre. Este verbo de conocer volverá después cuando Jesús pone el ejemplo de los potentes del mundo, ellos sí son conocidos por los discípulos. El nivel de conocimiento humano y divino aparecen como dos formas de pensamiento que no se conjugan, los discípulos tendrán que salir del pensamiento meramente humano para conocer el plan divino. Los celos que se despiertan en torno al resto de los otros diez discípulos son también parte de este pensar según los hombres. Mc usa una palabra para designar a los que han de gobernar: supuestos, pensados. Éstos están también dentro de los pensamientos humanos, son los jefes de los pueblos, pero puede entenderse de los pueblos paganos.

Jesús en cambio, llama de nuevo a sí, renueva la vocación para sus doce discípulos y les exhorta no con un deseo “no sea” sino con una afirmación “no es así entre ustedes”. Pone el criterio desde el plan de Dios: ser servidor, ser siervo. El primero como un servicio, el segundo como una condición de vida. Pero ambos enfocados a romper la lógica de los poderosos. Jesús a sí mismo se pone como ejemplo, que no ha venido a ser servido, sino a servir.

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

Nuestra lógica humana piensa a la gloria sin pensar mucho en el sufrimiento que la alcanza y merece. Vivimos un mundo light e inmediatista, donde podemos perder el horizonte de los otros para conseguir nuestros fines. La comodidad, el éxito, el poder, la riqueza de algunos, conlleva la fatiga, el desánimo, la fragilidad, la pobreza, la enfermedad y el hambre de muchos. No es alarmismo, es la triste realidad de la manera en como hemos construido el mundo. Nos enseñoreamos y aún sin darnos cuenta podemos pisar en nuestra ambición algo tan vital como las relaciones humanas, el verdadero y grande valor ante los ojos de Dios. Juan y Santiago han tenido esta tentación de tener un puesto de honor. No saben lo que piden, deslumbrados con la gloria que han visto, se olvidan de sus 10 compañeros. Jesús les reprende y les dice el precio de esa gloria, el sufrimiento que deberán sobrellevar. Ellos aceptan, pero su vista aún está centrada en obtener la gloria para sí, aún sin ver a los otros. Recordamos cuantos en nuestro tiempo también se sacrifican para llevar adelante una carrera universitaria, para lograr un cuerpo fuerte y deportivo, para obtener un puesto de trabajo bien remunerado. Ciertamente han fatigado, han logrado un éxito, pero tantas veces sigue siendo meramente humano.

Jesús llama de nuevo, convoca otra vez a la comunidad de sus discípulos; ha de restituir la unidad dañada por las ambiciones y los celos. Y propone de nuevo el seguimiento en otros términos: servicio. Aquellos que beberán del cáliz, aquellos que serán bautizados, lo hacen porque el Maestro ha bebido primero de él, porque él será bautizado en su propia sangre para dar testimonio del Amor del Padre. Y él ofrece el camino del servicio. Todo está en referencia al rescate de muchos, no al propio rescate. El servicio implica una entrega libre. Por ello, a diferencia de aquellos dos que piden – casi exigiendo – él propone para acoger en libertad un camino para ser el mayor y el primero, haciéndose servidor y siervo. La gloria de Dios no es ajena al sufrimiento del hombre. La gloria de Dios se manifiesta donde una lágrima es secada, donde un hermano o hermana es ayudado. Esta es la dignidad, la gloria del hijo del hombre – de todo hombre y de toda mujer – que no ha venido a ser servido, sino a servir.

ORAXIO

… llama orando...

Señor, que no me encandilen las luces de los reflectores,
que no me vea al espejo como Narciso,
que no pierda de vista el mundo real – ese del sufrimiento de mi hermano –.
¡Qué vanos son los honores del mundo y
que vanos son los honores del cielo si son privos de caridad!
Dame la fuerza, el poder necesario para beber del cáliz de la voluntad de tu Padre,
para dar testimonio de mi bautismo que me hace llamarme cristiano,
pero no para engrandecerme con ese título,
sino para reconocerme servidor de mis hermanos,
siervo de la verdad y de la justicia.
Señor, anhelo tu cielo y tu Gloria, porque sé que es distinta a la del mundo,
tu gloria no es la de uno solo encumbrado sobre otros,
sino la de vernos todos reunidos como hermanos.
Amén.

 

CONTEMPLAXIO
… y se te abrirá por la contemplación!

¿Cómo me siento al constatar la diferencia entre los planes humanos de grandeza y los de Dios de servicio? ¿Realmente tocan mis aspiraciones?
¿Qué cosa le pido a Dios en la oración? ¿Cómo se lo pido? ¿Busco mi propia gloria, o busco de verdad la Gloria del Señor? ¿Mis acciones son motivo para dar gloria a Dios? ¿Veo el servicio como un auténtico camino de relación con los demás?
¿Estoy dispuesto a beber del cáliz, me siento capaz? Si no es así, ¿pido al Señor que me de la fuerza necesaria? ¿Cómo puedo vivir el servicio evangélico en lo cotidiano, que aún en lo pequeño trastoca con decisión los criterios del mundo?

 

 

 

28 Dom Ordinario BTexto: Mc 10, 17-30   Descargar PDF

17Y cuando salía al camino, vino uno que corriendo y arrodillándose ante él le preguntaba: “Maestro bueno, ¿qué haré para que yo herede la vida eterna?” 18Mas Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno?, nadie es bueno sino uno, Dios. 19Conoces los mandamientos: No asesines, no cometas adulterio, no robes, no testimonies en falso, no estafes, honra a tu padre y madre”. 20Le dijo: “Maestro, todas estas cosas las he guardado desde mi juventud”. 21Entonces, Jesús, mirándolo fijamente, lo amó y le dijo: “Te falta una cosa, ve y vende todo cuanto tienes y da a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme”. 22Se entristeció sobre esta palabra y se fue afligido, pues era poseedor de muchos bienes.

23Jesús, viendo alrededor dijo a sus discípulos: “¿Cómo entrarán difícilmente al Reino de Dios los que son poseedores de las riquezas?” 24Los discípulos se asombraron ante sus palabras, mas Jesús respondiéndoles de nuevo les dice: “Hijos, ¡¿cómo es difícil entrar en el Reino de Dios?! 25Es más fácil a un camello pasar a través del orificio de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios”. 26Ellos aún más se asombraban y decían entre ellos: “¿Quién puede ser salvado?” 27Viéndolos fijamente, Jesús dice: “Para los hombres, imposible; pero no para Dios. Pues todo es posible para Dios”.
28Comenzó a decirle Pedro: “He aquí que nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido”. 29Dijo Jesús: “En verdad les digo, no hay uno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos a causa mía y a causa del evangelio, 30que no reciba centuplicado ahora en este momento casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y campos, junto de las persecuciones, y en el siglo que viene, la vida eterna.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO
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Jesús sale al camino, se dirige hacia Jerusalén, ya ha anunciado su destino: la cruz. Aparece un personaje que le sale al encuentro bruscamente: corre hacia él y se arrodilla, un acto que indica una petición de una gran gracia, unido al reconocimiento de la grandeza ante quien se está.
Jesús es llamado “Maestro”, un título con el que viene identificado como cabeza del grupo de discípulos, a este se le aúna el calificativo “bueno”. Jesús pone un reparo ante este calificativo, dirigiendo a Dios el único principio de bondad. Esto recuerda la profesión de fe que hace Israel con el Shemá, todos los días, recordando la unicidad y el primado de Dios. Al corregir la pregunta del joven, Jesús más que negar su propia bondad, explica que no es la sabiduría humana la que desentraña y arrebata misterios ocultos, sino que el principio de la salvación es la revelación de la misericordia de Dios, la bondad que viene sólo de Él. Así se entiende el “ya conoces los mandamientos”, porque el reconocimiento de Dios en el Shemá, antecede y recuerda la observancia de los mismos.

El joven tiene una buena conciencia de que la Vida Eterna no se “gana”, sino que se recibe en herencia. Israel es la parte de la herencia del Señor, y el Señor es la parte de la herencia de Israel. La herencia no implica sólo un acto jurídico de repartición de bienes post-mortem; es el patrimonio mismo. Este hombre quiere ser partícipe del patrimonio eterno. Mas este patrimonio son los mismos mandamientos que no son un “requisito para”, sino un “camino hacia” Dios.

La custodia de los mandatos guardados por el joven desde muy temprana edad despiertan la mirada y el amor de Jesús. La observancia de los mandamientos por parte de los jóvenes, como en los casos de Samuel y Daniel, son signo de una gracia especial de Dios, de una predilección que antecede y acompaña el buen obrar de los elegidos.

Hay un juego de miradas de Jesús: al muchacho fijamente, luego un mirar vago y después otra vez fijamente a los discípulos. La mirada de amor es el primer paso de la salvación ejecutada por Dios. Otras tantas veces la mirada de Dios conlleva también una misión, una elección.

Falta una cosa al joven, no como un error de lo que ya ha hecho, sino algo que perfeccionará lo que ya ha logrado, es una oferta para la “herencia” de un tesoro en el cielo: vender todo y dar a los pobres. Se vende el propio patrimonio para ser capaz de acoger el patrimonio de Dios. No se especifica que lo vendido se de a los pobres, simplemente se dice “da”, no hay un límite de donación hasta quedarse sin nada, aún terminados los bienes se puede seguir dando, es una expresión que permite una continuidad.

Ven y sígueme, implica un doble movimiento, primero de atracción hacia Jesús, y segundo de compañía detrás de él por el camino. El joven, en su primer movimiento ya ha ido corriendo hacia Jesús, pero falta el seguimiento, que no logrará, y al contrario se va entristecido. Su movimiento es contrario al entusiasmo con el cual ha llegado.

Jesús también queda pasmado, su mirar vago y la repetición de su discurso parece que primero piensa en voz alta y después declara a sus discípulos. La célebre comparación del paso de un camello por el ojo de una aguja muestra la gran dificultad – no la imposibilidad – de que un rico entre al Reino de Dios. Algunos creen que la aguja era un hueco pequeño en los muros de la ciudad, custodiado por vigías, para entrar de noche. Esto implicaría que un camello tendría que ser despojado de sus carga y sus arreos para pasar con una enorme dificultad. Un rico debería despojarse de todos sus apegos para poder entrar por tan estrecha puerta.

Para el hombre es imposible la salvación, pero no para Dios. Encontramos otra profesión de fe: si Dios es uno y bueno, también es omnipotente.
Pedro comienza a hablar de todo aquello que ha dejado por seguir a Jesús. La respuesta de Jesús es la promesa de un ciento por uno en este tiempo, que conlleva las persecuciones. El camino a la cruz está cercano, y seguir al maestro será negarse y tomar la propia cruz. Pero en el siglo venidero se recibirá la vida eterna, la herencia por la que preguntaba el joven. Es interesante ver que la mayor parte de las renuncias y de lo que se centuplica no son tanto bienes materiales sino relaciones familiares.

 

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

El seguimiento del Señor implica ciertamente algunas o muchas renuncias. Pero tristemente como el joven que nos presenta el evangelio, podemos tener nuestra mirada puesta sólo en aquello que renunciamos, y no en aquello que ganamos. Sabemos que la capacidad de renunciar es parte constitutiva e indispensable de nuestra libertad. La libre opción implica renunciar a tantas miles opciones que no necesariamente serían malas, pero hay que optar, hay que renunciar. Y sobre esta capacidad de renunciar se funda precisamente el amor, el negarse a sí mismo para entregarse sin reservas a la persona amada. Jesús ya ha anunciado su pasión, se ha negado a sí mismo, está dispuesto a entregar su vida… Jesús está listo para el amor. Con esta disponibilidad de amar, mira y acoge la persona del joven que ha cumplido los mandamientos.

Desde este punto de vista, cumplir los mandamientos no es tanto una renuncia a no hacer determinadas acciones, es necesario apuntar el horizonte a algo más profundo. Ésta es la invitación de Jesús. Lo que falta al joven es la libertad para dar, para darse. Seguir a Jesús no es sólo cumplir leyes, manteniendo un estado de “santidad” sino lanzarse caminar con aquel que me ama y que quiero amar. ¿Cuál es la ganancia? El joven quería ganar la vida eterna, poseer a Dios, al mismo nivel que poseía otras tantas cosas. Pedro también quiere poseer algo, pero al prometérsele el ciento por uno, se le antecede el requisito de haber dejado previamente. La renuncia por Dios no es para retomar lo que se ha dejado, sino para acoger en libertad la grandeza del amor en sus multiformes expresiones – aún la misma persecución – y así es como se abre la posibilidad de la vida eterna.

 

ORAXIO

… llama orando...

Señor, quiero ser libre para poder amar.
Dame la libertad sobre lo que tengo,
pero también sobre lo que deseo tener;
sobre lo que soy y lo que anhelo ser.
Que esta libertad me haga ver la vida no tanto como una renuncia,
sino como una gran ganancia;

que esta libertad – precio del amor – me enseñe a dar y a darme a los pobres.
Así, que mi tesoro en el cielo seas tú,
que mi recompensa en la tierra sean mis hermanos y hermanas
– no obstante las persecuciones e incomprensiones –.
Dame Señor esa mirada que me revele que soy amado y que eso me baste.
Amén.
TÚ ERES LA PARTE
DE NUESTRA HERENCIA
DE TI NOS VIENE LA LIBERTAD. (bis)

 

Refugio en los momentos de peligro,
Buscamos en ti nuestra alegría
Y en todos los que entregan por el pueblo
Sus fuerzas, ilusiones y la vida.

Qué fácil adorar a dioses falsos,
Poniendo la ilusión en el dinero,
Siguiendo sin pensar a los de arriba,
Aceptando sus modas y su credo.

 

 

No envidio el esplendor de sus banquetes
Ni el oro que ostentan en sus fiestas,
Prefiero cantar con los sencillos
Canciones de un pueblo que despierta.

Señor eres la herencia de tu pueblo,
Con tus manos defiendes nuestra suerte;
Es bella la tierra que preparas
A los hombres que luchan y combaten.

Tú siempre vas delante de nosotros
Sin dejar que la muerte nos oprima;
Por eso al caminar vamos alegres;
Nos muestras el sendero de la vida.
https://youtu.be/SGorq1X7Tkk

 

CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

Más que contemplar a Dios, hoy quiero dejarme contemplar por él.
¿Cómo me mira Jesús? ¿Qué sentimiento me despierta su mirada? ¿alegría, confusión, tristeza, paz?
¿Realmente guardo los mandamientos del Señor? ¿Los vivo como una pesada carga? ¿como un motivo de orgullo al cumplirlos?, o ¿como un camino de liberación?
¿Qué resolución puedo tomar ante Jesús que me invita a dar, a liberar mi relación con él? Mi renuncia se basará en mi fuerza o en la gracia de Dios. ¿Cómo vivir la renuncia como un proceso de libertad y de ganancia en medio de un mundo medido por un éxito basado en el poseer y el dominio?

 

 

 

28 Dom Ord BMarcos 10, 17-30  Descargar PDF


17 Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
18 Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
19 Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»
20 El, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
21 Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.»
22 Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
23 Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!»
24 Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
26 Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?»
27 Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»
28 Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
29 Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio,
30 quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermnanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.

 

Para comprender la Palabra
Nuestro texto tiene como finalidad presentar la incompatibilidad de los bienes con el seguimiento de Jesús. Según sean sus interlocutores pueden distinguirse tres escenas: el encuentro de un desconocido con Jesús (17-20), el comentario que Jesús dirige a sus discípulos (23-27), la reacción de los discípulos ante el radicalismo de Jesús (28-31). La primera escena se inicia de manera brusca: en el camino, Jesús es abordado por alguien que no está interesado en él, en su persona, sino en sí mismo, en su propia salvación. Y pregunta no para dejar de cumplir algo, sino para cumplir mejor lo necesario. Jesús quiere hacerle ver que quien se interesa por el hacer el bien, en realidad pregunta, lo sepa o no, por el querer de Dios. Quien está preocupado por la vida eterna, debe esperar solución sólo de Dios. El joven rico repite parte del decálogo (Ex 20, 12-14). El respeto al prójimo y el amor al familiar es el servicio que Dios espera: cultivar la fraternidad entre creyentes es el culto debido a Dios. La respuesta del joven cambiará la actitud de Jesús ante él. La mirada fija y el corazón amante no son tanto producto de un reconocimiento de la justicia del hombre como reflejo de una nueva relación. Jesús le saca de su preocupación algo egoísta y le propone la perfección: el desconocido pasa a ser amado. Antes de proponer un cambio radical, ha cambiado Jesús radicalmente con respecto a él. La nueva exigencia será signo del amor que le tiene. Hay cinco verbos como posibilidad de vivir la vida de obediencia a Dios (ve, vende, da, ven y sígueme). El desconocido, a pesar de su bondad, no puede soportar la exigencia de Jesús: sólo le faltaba una única cosa, pero no está dispuesto a sacrificarla, aunque en ello se juegue la vida para siempre. Conserva sus bienes, pero pierde su alegría y al maestro bueno. Sus riquezas que antes no le impidieron ser buen creyente ahora le están obstaculizando ser simple discípulo.

Tras la desaparición del joven rico, Jesús comenta su fracaso con sus discípulos insistiendo en la difícil salvación de los ricos. Son los discípulos los destinatarios únicos de tal enseñanza. El bien del discípulo bueno ha de ser sólo Jesús al que sigue. Quien más posee es el que mayores excusas acumulan en el seguimiento de Jesús. Aunque lo decisivo no es tener bienes sino poner en ellos la confianza, la propia seguridad. Quien no juzgue todo lo que tiene como insignificante hace insignificante a Dios. Hay una hipérbole para presentar que lo humanamente imposible resulta ser en la práctica más fácil (camello-aguja; rico-reino de Dios).

La reacción de los discípulos ante el radicalismo de Jesús la expresa Pedro. Éste logra arrancar de Jesús una promesa de retribución para quien logró seguir a Jesús renunciando a sus bienes; cualquier cosa que se deje, no sólo ni en primer lugar las propiedades serán tenidas en cuenta. Algo les corresponderá a cuantos han dejado algo. La enumeración de las posibles renuncias es elocuente. La enumeración de las personas poseídas se alarga más que la de las cosas o es porque son nuestros mejores bienes o que son los que mejor nos poseen. La renuncia no es genérica y tiene dos causas: Cristo y el evangelio. La recompensa no es una simple promesa: seguir a Jesús lleva a sentirse reconocido con un Dios que acrecienta hasta lo insospechado aquello que se ha abandonado. La vida eterna compensa realmente el seguimiento. Tener un Dios endeudado es la mejor garantía de un porvenir insospechado. Y la mejor manera de conservar la esperanza es mantenerla sin otras ilusiones.

Para escuchar la Palabra
Como aquel joven rico ¿quién entre nosotros hoy anda a la búsqueda de maestros buenos que le enseñen el camino de la vida? ¿Faltarán maestros o ganas de alcanzar la vida eterna? Al que era bueno Jesús le propuso ser perfecto invitándole a renunciar a sus bienes. Una bondad que se apoya en cuanto de bueno se posee no es digna del seguidor de Cristo. ¿Sigue siendo verdad que lo que se tiene de bueno es impedimento para seguir a Cristo? ¿Cuál es tu caso? Si ni los buenos se salvan por más ricos que sean ¿a quién le resultará asequible entrar en el reino de Dios? ¿No será que Dios no se vende, ni puede ser comprado por nada, por bueno que se sea? ¿Por qué hay que desprenderse de los dones de Dios para recibir a Dios como don?

No se ha de arrepentir quien algo deja por Dios: cien veces más le será retribuido ¿Es esa nuestra experiencia, aquí, ahora? ¿Cuál podría ser la razón? ¿No será que, por haber dejado algo, nos creemos con derecho de mucho? Si de algo nos enajenamos, ¿convertimos a Dios en nuestro deudor o hacemos lo que debíamos? ¿Merecemos una recompensa por lo que hacemos o Dios nos recompensará lo que hagamos?

Para orar con la Palabra
¡Cuánto me gustaría poder preguntarte por mi bien y mostrarte que estoy interesado en mi santidad! Sé tú mi maestro, oh Señor; escucharé cuanto tengas que decirme. Aunque no pueda decirte que soy fiel, sígueme proponiendo la perfección como meta. No te defraudes, también Tú, de mí, que ya estoy yo lo bastante apenado por mí. Si Tú te muestras interesado en mi santidad, si Tú me valoras tanto como para volvérmelo a proponer, me recuperaré y te recuperaré como motivo de mi vida. Haz de tu perfección, aquella que tú me propones, meta de mi vida. Que mis bienes, Señor, los que tengo y los que ansío, no me estorben. Para que tú seas mi bien en exclusiva, proponme, una vez más, la renuncia a poseer nada, o nadie, que no seas Tú. No te pido recompensas, pues son escasas mis renuncias. Pero te has comprometido en no dejar sin retribuir cuanto se te ofrezca, siempre que te obedezcamos. Dame hogares que me hagan olvidar mi hogar, el que tuve y los que nunca tendré, familias que substituyan mi familia, la que me dista y la que perdí; que te posea a Ti, para que no eche en falta nada.

 



 

27 Dom OrdMarcos 10, 2-16  Descargar PDF


2 Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?»
3 El les respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?»
4 Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.»
5 Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto.
6 Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra.
7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,
8 y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
9 Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.»
10 Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto.
11 El les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla;
12 y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
13 Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.
14 Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
15 Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.»
16 Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

 

 

Para comprender la Palabra
Nuestro texto lo forman dos estructuras independientes aunque con una temática común. La primera sobre la indisolubilidad del matrimonio (2-12); la segunda, sobre la actitud infantil para acoger el Reino (13-16). Sólo el más pequeño, aquel que no tiene nada que ofrecer a cambio, puede acoger el don del Reinado de Dios. Quienes, como los fariseos, viven con un corazón endurecido tienen mucho que aprender de estos pequeños.

Los fariseos en su interés legal, para ‘poner en apuro’ a Jesús, y partiendo de Dt 24, 1-4, le preguntan sobre la licitud del repudio de la mujer por parte del varón. Como si Jesús desconociera la ley preguntó sobre el ordenamiento dado por Moisés. Los rabinos de aquel tiempo no cuestionaban lo dado por Moisés sino los motivos para llevar a cabo el divorcio. Esta pregunta de Jesús a los fariseos es el punto de partida hacia un diverso planteamiento de la moral: hay que hacer una clara distinción entre una reglamentación humana, por aceptable que sea, y la perspectiva de Dios. El proyecto de Dios va más allá de las prescripciones mosaicas. Dios crea hombre y mujer de igual dignidad. La mujer no es ni inferior ni propiedad del varón. En la unión del hombre y la mujer, ambos se enriquecen mutuamente. Esta unión procede de un proyecto de Dios.

Jesús opta, con una radicalidad inusual en su tiempo, por el designio original de Dios; ni una ley tradicional ni siquiera un hombre de Dios como Moisés, han de poner trabas al proyecto inicial de Dios. Lo que Dios pretendió en un principio debe de respetarse. Dejar que Dios sea Dios en el seno de la intimidad matrimonial es la forma de anticipar el Reino que viene.
Cuando llegan a casa continúa instruyendo a los discípulos. Esta vez fundamenta su enseñanza en el decálogo básico de Israel, expresión de la Alianza entre Dio y su pueblo. De nuevo insiste en el mensaje de que la felicidad del ser humano está en cumplir la voluntad de Dios.

No sólo la mujer, sino también los niños en los tiempos de Jesús no representaban nada. Los mismos discípulos creen que el Reino de Dios es de adultos que hacen opciones conscientes, tienen determinados méritos, realizan obras correspondientes. Por eso los discípulos les reñían. Además el evangelista al poner aquí este pasaje indica que los niños son el contrapunto a la mala intención de los fariseos. Jesús reacciona contra la actitud de dureza de corazón propia de los fariseos poniendo a los niños de ejemplo y norma de vida para cuantos esperan el reinado de Dios. La única postura apta para “recibir” el Reino es la de los niños. Recibir porque el Reino es iniciativa de Dios. Recibir como niños porque no es la independencia de Dios, sino la confianza y subordinación lo que convierte al creyente en hijo.

Lo que confiere unidad a los dos pasajes, en el orden de la fe, es la vida cristiana según las exigencias del Reino, es decir: confianza, disponibilidad y abandono. Dicho de otro modo, es el seguimiento de Jesús desde el compromiso y la inocencia. El Reino se acoge como don gratuito, en actitud de entrega amorosa.

Para escuchar la Palabra
Jesús, negando legitimidad al divorcio, pasaba como un opositor frontal a la ley escrita de Dios. Como Jesús, ¿suelo consultar y descubrir la voluntad de Dios o me dejo llevar por leyes o incluso comentarios de los demás? Con su intransigencia, tan incomprensible para nosotros como lo fue para sus contemporáneos, Jesús se pone de parte de Dios y nos descubre la voluntad primera de Dios sobre nosotros. En el caso del matrimonio, ¿creo y defiendo la indisolubilidad matrimonial como parte del proyecto original de Dios? La indisolubilidad del matrimonio no lo ha decidido la Iglesia, ni una escuela de teólogos, sino Dios mismo, desde su proyecto inicial.

Acoger la soberanía de Dios sobre todo lo creado es entender nuestra vida no desde las normas humanas ni desde las convenciones sociales, sino desde la ley de Dios. Esta ley no es arbitraria ni caprichosa: está fundada en su amor creador. Sólo desde este amor se puede vivir la exigencia del Reino.

El Reino anunciado por Jesús es para los niños, para los sencillos e inocentes, para los menos relevantes de la sociedad. ¿Qué actitud tengo para ellos?¿Con qué actitudes recibo el Reino de Dios en mi vida? Jesús los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos; salía en defensa de ellos; los puso como modelos para entrar en el Reino de Dios. Lo admirable de los niños es su disponibilidad, la actitud de dependencia y receptibilidad con que reciben en don. El Reino de Dios hay que acogerlo con apertura y confianza; no con la conciencia de poder ofrecer algo nosotros a Dios sino de recibir de él gratuitamente lo que nos quiera dar.

Para orar con la Palabra
Señor Jesús, fue en el seno de la Virgen María, cuando asumiste nuestra carne mortal, que se realizó la unión entre el hombre y Dios, ese santo matrimonio que fue plenamente consumado sobre la cruz, donde tu amor por el hombre se manifestó hasta la muerte y más allá de la muerte. Así la Virgen Iglesia, nacida de tu costado, puede iniciar su camino contigo, nuevo Adán, en constante novedad de vida. ¡Qué misterio tan grande y verdadero! Que lo representa sacramentalmente la unión santa del hombre y la mujer. Hoy quiero pedirte por los matrimonios cristianos para que sean reflejo de tu amor esponsal. Que su unión indisoluble sea un signo eficaz de tu misterioso amor. Que ninguno de los cónyuges sienta un peso gravoso su vínculo nupcial sino que tu Espíritu de amor mismo que les comunicas desde el día de su boda realice, en cada pareja, el don recíproco del eterno amor. Hoy estamos necesitados de los signos de tu presencia y de tu amor. Pidiéndote por ellos, te ruego que nunca nos falte los signos cercanos y claros de tu misterioso amor.

 



 

26 Dom Ord BMarcos 9:38-43, 45, 47-48 Descargar PDF


38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.»
39 Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí.
40 Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.»
41 «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.»
42 «Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar.
43 Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.
45 Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna.
47 Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna,
48 donde su gusano no muere y el fuego no se apaga;

 

 

Para comprender la Palabra
Nuestro texto actual continúa presentando las instrucciones de Jesús iniciadas anteriormente. Seguir a Jesús es dejarse envolver por la lógica del amor y de la solidaridad. La misericordia de Dios se hace presente fuera de los límites del grupo de los discípulos. El Dios creador y salvador no conoce fronteras ni se le puede poner límites a su poderosa actuación. Los que pertenecen a Jesús están instados a que el mal sea erradicado de la vida de los que le siguen.

El texto presenta la iniciativa que parte del apóstol Juan, el mismo a quien junto con su hermano Santiago, se les llamó “hijos del trueno” quizá por su carácter impetuoso y por su celo religioso (3,10). Éste presenta un problema diciendo que hay un exorcista extraño que se sirve del nombre de Jesús para expulsar demonios pero no es de la comunidad de discípulos de Jesús. La respuesta del Señor es una verdadera instrucción. El texto del domingo pasado había insistido que el más importante no es quien goza de mayor poder y prestigio sino el que mejor sirve. Ahora Jesús invita a tener una visión más abierta y tolerante de lo que significa seguirle: hay que apoyar a quienes defienden lo bueno aunque no sean de “su grupo”. Quien actúa en el nombre de Jesús no habla mal y está con ellos. El ofrecer el vaso de agua, es signo de hospitalidad (Pro 25, 21) misma que deben los discípulos cultivar para los que están fuera de la comunidad (v. 41). Así motiva a superar cualquier tipo de mentalidad de privilegio y de exclusivismo religioso de la comunidad. Nada de juicio farisaico e intolerante. Los pequeños servicios por muy humildes o notorios actualiza el encuentro con Dios.

En la segunda parte se concentra la atención al interno mismo de la comunidad porque es posible que anide el escándalo que induce a renegar de la fe y privar de la salvación eterna. El tono es duro. Comienza con una severa advertencia sobre la necesidad de no escandalizar a los pequeños que creen. El escándalo es trampa y obstáculo para el débil. Los pequeños que creen se refiere a los menos privilegiados de la comunidad por razón económica, por su escasa importancia en el grupo, por su reciente incorporación a la Iglesia o por tener una fe titubeante. son objeto preferido del amor de Dios. Jesús les invita, no a despreciar su cuerpo, Habrá que eliminar de raíz el escándalo de los “fuertes” de la comunidad: aunque algo sea lícito para ellos, si es piedra de tropiezo para los más pequeños. El amor por los débiles debe caracterizar la vida cristiana (1 Cor 8-9; Rom 14-15). Una moral positiva que encuentra su motivación última en el mismo comportamiento de Jesús. A los “débiles” y a los “fuertes” les da una orden. A los últimos que no desprecien a los “débiles” sino que comprendan su realidad; y a los “débiles”, que no condenen a los “fuertes”. La referencia a diversas partes del cuerpo que pueden conducir al pecado está en el AT (Cf. Prov 6, 12-19). El pie y la pierna simbolizan el dominio sobre alguien, y los ojos, la ambición desmedida. El gusano y el fuego 8Is 66, 24; Eclo 7, 17) hacen referencia a la total aniquilación.

Marcos está interesado en presentar las actitudes de los discípulos de Jesús. En cuanto grupo pretenden tener el monopolio absoluto de Jesús. Jesús les propone ser una comunidad abierta, caracterizada por el servicio fraterno donde reine una constante vigilia contra el peligro del escándalo. La actitud de los discípulos, que inducía al monopolio y a la rigidez, había surgido en el seno de las primeras comunidades cristianas. El evangelista quiere exhortar a su comunidad a no atribuirse importancia y, sobre todo, a no pretender para sí el sacrílego monopolio del hijo de Dios. La comunidad cristiana ha de estar centrada al servicio de Cristo Jesús reconocido en los necesitados.

Para escuchar la Palabra
El celo por Jesús nunca ha de ser un celo contra el prójimo, pero sí que incluye la negación de lo propio, en caso de no conformarse totalmente con Cristo. Demonizar a los demás no nos hace mejores; la única intolerancia que permite Jesús a los suyos es la que se centra en el mal que hay en nosotros; no es digno de seguirle quien persigue a los demás. ¿Hay en mí signos de intolerancia contra los demás? ¿Hay alguna realidad que me escandalice o que yo escandalice a los demás? ¿Es mi actitud la tolerancia y el respeto para quien, aún sin estar en mi comunidad, cristiana o religiosa, mejora el mundo y sana al hombre en nombre de Jesús?

La tentación del buen discípulo es condenar a los demás porque no son como él o no viven con él. Más decisivo que decirnos ser de él, será el bien que hagamos y bajo su inspiración. No somos nosotros los únicos que luchamos de verdad, desinteresada y eficazmente, contra el mal y, ni siquiera somos el centro. Me debería entusiasmar que el nombre de Jesús siga inspirando a hombres y mujeres a quienes nosotros, por nuestras vidas y con nuestros ideales, no hemos logrado convencer.

El cristiano debe preferir antes que su integridad personal el bien del hermano, sobre todo del más pequeño y débil. Nuestra integridad personal no es tan importante como nuestro hermano y antes de perderlo habría que estar dispuesto a amputarse el propio cuerpo. ¿Es es mi actitud? ¿Quién de nosotros prefiere arriesgar su vida a poner trabas a la fe de otro? ¿Cómo no reconocer, delante de Dios hoy, que estamos dispuestos a pagar cualquier precio con tal de salvarnos nosotros, nuestra integridad, nuestras cosas, nuestro futuro? El fuego, maldición de Dios, es el destino de quien ama su cuerpo, se ama a sí mismo, más que a su hermano débil.

Para orar con la Palabra
Señor tu tolerancia y tu paciencia son para mí un fuerte reclamo: cuántas veces he despreciado y marginado a los débiles exponiéndolos al peligro de perder la fe a causa de mis certezas de actuar bien como libre hijo de Dios. Dame, Señor, el amor a los débiles haciéndome débil como tú te hiciste por nosotros. Que tenga Señor tus mismos sentimientos para rendir la gloria a Dios Padre acogiendo a todos como tú nos acogiste. Entonces, perderé de buena gana una mano, un pie, un ojo evitando el escándalo al débil y te imitaré en tu donación total de cruz por cada uno de nosotros.


 

25 Dom Ord BMarcos 9, 30-37 Descargar PDF


30 Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera,
31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.»
32 Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.
33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?»
34 Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor.
35 Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.»
36 Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo:
37 «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.»

 

 

Para comprender la Palabra
Marcos subraya la distancia de afectos que separa al maestro de sus discípulos: mientras uno sigue su camino libremente hacia la cruz, los otros tratan de ganar privilegios y pelean entre sí por conseguirlos. Nos situamos en el segundo anuncio de la pasión y en la presentación de lo dramático de la vida cristiana: ir tras el maestro, buscándose a sí mismo.

Jesús va camino de Jerusalén, dedicado exclusivamente a la formación de sus discípulos. Ellos son sus compañeros de viaje y destinatarios de una enseñanza más densa y permanente. Los caminos de Galilea se convierten en su escuela privada; Jesús camino a Jerusalén presenta atención únicamente a quien le sigue; sus compañeros son aprendices. A ellos abre el corazón adelantándoles la meta. Intima con quien le acompaña en su vía crucis. Entrega, muerte y resurrección son tres etapas previstas del anuncio de Jesús como una necesidad teológica. Dios deja al hombre en manos de los hombres, pero la muerte tiene un límite, la resurrección ya está anunciada para el tercer día. Un anuncio que los discípulos no entendieron sino hasta después de Pascua. No comprender a Jesús sigue siendo característico de sus discípulos. Pero su incomprensión se hace silencio y miedo que no es sano, reverencial sino obstinado por nacer más bien de una oposición al destino de Jesús. Sienten pavor de que siga hablándoles de la muerte necesaria y prefieren callar y para evitar una reacción como la sufrida con Pedro renuncian a pedir explicaciones. No aceptan aunque callen; el silencio es aquí una forma suprema de resistencia.

Llegan a Cafarnaúm, hogar y escuela más exigente, y allí Jesús pregunta directamente sobre el argumento de su discusión. El silencio revela que la discusión no compagina con el anuncio que Jesús les había repetido camino por Galilea. Están alimentando ambiciones personales y la discordia entre ellos. Andar preocupados por rangos y privilegios contradice frontalmente lo que puede esperarse de quien sigue a Jesús. Tomando pose de maestro y ejerciendo su autoridad Jesús congrega a sus discípulos y mediante una simple contraposición y un breve comentario resuelve la cuestión que les ocupó durante el camino: el primero ha de considerarse el último de todos, y lo será, si sirve a todos. El discípulo mayor es quien más y mejor sirve; primero es quien se pone a disposición de todos. Este es el rol de Cristo dentro de su comunidad y el ministerio de sus dirigentes. Jesús no exige a los suyos más de cuanto les ha dado. Sólo los que se hacen los últimos son dignos de representarle.

A las palabras sigue los hechos, tomó a un niño no como demostración de sus sentimientos sino como demostración concreta de la norma que acababa de pronunciar y que, en adelante, habrá de regir la vida común. Es no sólo el servicio al pequeño sino un pequeño servicio el que hace grande al discípulo si lo realiza en nombre de Jesús. Acoger al pequeño, al más necesitado de atenciones y servicio, es acoger al Señor. Servir al niño es tarea de discípulos que quieren representar a Cristo y acoger a Dios.

Para escuchar la Palabra
Jesús está empeñado en abrir a la comprensión de su destino a quienes le siguen. No quiere hombres inconscientes a su lado. Anunciándoles su final trágico hace menos divertido y aventurado el viaje pero más libre y conscientes del final. ¿Alguna vez como discípulos hemos recibido el anuncio de cruz? ¿Cuál es mi reacción?

Es poco edificante el espectáculo dado por unos discípulos que luchan por el poder, cuando lo único en que piensa el maestro es entregar la vida ¿No es verdad que yo digo seguir a Jesús y, al mismo tiempo, alimento sueños de grandeza? ¿Qué ilusiones despierta en mí ser discípulo de Jesús? Si servir es oficio de primeros, ¿cuáles serían esos pequeños servicios que harían de mí un grande discípulo? ¿Por qué no me pongo a realizarlos? Descubrirlo sería tanto como individuar los motivos por los que no sirva para cristiano.

El Señor ha querido estar identificado con los pequeños y los últimos. ¿Veo su presencia en los más humildes, débiles y pobres? ¿Cómo reacciono? Estoy llamado a salir al encuentro de mi Señor presente en ellos.

Para orar con la Palabra
¡Qué manía la tuya, Señor, de importunarnos con anuncios prematuros y tan poco halagüeños! Molesta que insistas en lo ya sabido: tu inevitable entrega a la muerte y tu retorno fijo en la vida. Pero lo cierto es que no termino por aceptarlo. No te basta tenerme como compañero de camino sino que quieres que libremente me una a ti compartiendo tu estilo y tu destino. Mira que continúo, como tus primeros discípulos, alimentando los primeros puestos y aspirando a diversas dignidades. Ayúdame a aprender que el primero y principal entre los tuyos es el servidor de todos y que tus representantes son los pequeños por más que sea ilógico e impracticable entre nosotros. Si quieres que te siga conviértete en mi perseguidor; no permitas que persiga otros fines que no sean los que tuviste. Seré tu servidor, si consigues que me quede contigo en cuerpo y alma, en el camino junto a Ti y contigo en el corazón.


 

 

25 Ord BEl texto es Marcos 9, 30-37  Descargar PDF

(lee este texto, serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización):

30Después de haber salido, atravesaron la Galilea y Jesús no quería que alguno lo supiese. 31Enseñaba a sus discípulos y les decía que el Hijo del hombre sería entregado en las manos de los hombres y lo matarían. Y habiendo muerto después de tres días se levantaría. 32No entendían la palabra, pero temían de preguntarle.
33Y llegaron a Cafarnaum; y estando en la casa les preguntó: ¿De qué discutían por el camino? 34Ellos guardaron silencio, pues entre ellos discutireron en el camino quién era el mayor. 35Sentándose, llamó a los doce y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos. 36Y tomando un niño lo puso en medio de ellos y tomándolo en sus brazos les dijo: 37Quien a uno como este niño reciba en mi nombre, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.

 

LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Jesús y sus discípulos salen del entorno de la montaña de la Transfiguración, y de la curación del epiléptico. A partir de este episodio, la actividad de Jesús se vuelve más reducida hacia el grupo de los doce. Jesús no quiere que le reconozcan. Antes ya había anunciado su pasión, con el escándalo de sus discípulos y con la consolación de la visión de su gloria en el monte. Ahora de nuevo anuncia la pasión y los discípulos aún no entienden. Mantienen silencio.
Hay una discusión en el camino que no aparece en el texto, pero que Jesús denuncia. El tema era por quién era el mayor.
En ambas situaciones: la incomprensión de la pasión, y la lucha por ser el mayor, los discípulos están temerosos ante el Maestro. La respuesta de Jesús se vuelve un gesto: poner a un niño al centro. La pequeñez y la humildad del niño contrastan con el deseo de grandeza en la mente de los discípulos. Los discípulos no pueden  aceptar la humillación del maestro ni la propia condición de servicio. Sin embargo, Jesús anuncia en la acogida del pequeño la acogida de él mismo y de aquel que lo ha enviado. Es una lógica en cadena diversa a los juegos de intereses mundanos en los que se sirve sólo al mayor.

 

 

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)
El miedo de los discípulos recuerda el mismo miedo de Adán y Eva que se esconden porque tienen miedo de Dios (Gn 3, 10). Intuyen en su interior que su lógica es diferente a la lógica del Maestro, hay una nube de pecado que no permite reconocer el proyecto de Dios. El miedo a la reprensión de Jesús paraliza a  los discípulos para acogerle en la humildad de su pasión, y por tanto, serán incapaces de acoger la pequeñez en la cual Dios se complace. La lucha por ser el mayor desenmascara una falta de fraternidad y de servicio.
Hay dos gestos que están en juego: el ser entregado, y el ser acogido. Jesús estará en las manos de los hombres para ser matado; el niño estará en brazos de Jesús para ser puesto como ejemplo. El deseo de ser el mayor toma al otro para destruirlo; el proyecto de Dios acoge al otro para salvarle, para amarle como se ama al mismo Dios.
Jesús se pone en nuestras manos, a riesgo de su muerte, para ser acogido y en él sea acogido el mismo Padre. Es difícil acoger en humildad el proyecto de Dios, se necesita la simplicidad y el servicio para ver la concretez e inmediatez del amor.

 

ORAXIO 

Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Señor, qué diferente ves el mundo a como lo vemos nosotros. Qué fácil te resulta ver el valor de las pequeñas cosas, mientras que nosotros nos desgastamos en construir grandezas. Qué fácil te resulta hablar de pasión y resurrección, mientras que nosotros tememos la muerte y el descrédito ante los ojos del mundo. Qué fácil te resulta poner a un niño al centro, mientras nosotros pensamos en el éxito, el poder, y hasta una idea falsa de santidad. Enséñanos a ver con tus ojos, para descubrirte en ese pequeño hemano nuestro que pones en nuestras manos para ser amado, que en él te recibamos a ti, y en ti recibamos al Padre. Que nuestro servicio sea auténtico y nuestra humildad verdadera, no para ganar un título de mayorazgo, sino para gozar de contemplar tu presencia en nuestra vida. Señor, nos llamas de nuevo junto a ti para corregirnos, que no temamos tu corrección, que no temamos preguntarte, que sea el Amor quien regule nuestra amistad contigo. Amén.

 

CONTEMPLAXIO 

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)¿Cómo descubro a Jesús?, ¿qué me despierta el verlo siervo, enviado, traicionado? ¿Cómo se confronta esto con la idea de éxito que ronda mi corazón?
¿Cómo vivo mi servicio en la comunidad cristiana y en el mundo? ¿Cuál es mi motivación profunda de servir? ¿Qué tanto mi vista se lanza hasta la eternidad?
¿Cómo voy a acrecentar mi capacidad autocrítica para confrontar mis proyectos con el proyecto de Dios? ¿Me doy tiempo para escucharle?