cicloBLa Sagrada Escritura ha sido dividida, desde el Concilio Vaticano II, en tres ciclos completos de lecturas, de tal manera que quien asistiera a Misa todos los días, durante tres años seguidos, conseguiría escuchar casi toda la Palabra de Dios.

 

 

ADVIENTO

Primera Semana

Domingo Y tú, ¿Abrirías tu casa al rey?. Marcos 13,33-37.
Lunes El siervo del centurión. Mateo 8, 5-11
Martes Revelación del Padre. Lucas 10, 21-24.
Miércoles Segunda multiplicación. Mateo 15, 29-37.
Jueves La verdadera sabiduría. Mateo 7, 21. 24-27.
Viernes Curación de dos ciegos. Mateo 9, 27-31.
Sábado Misión de los discípulos. Mateo 9, 35. 10, 1. 6-8.

Segunda Semana
Domingo La más bella de todas las mujeres. Marcos 1, 1-8.
Lunes Curación de un paralítico. Lucas 5, 17-26.
Martes La oveja perdida. Mateo 18, 12-14.
Miércoles Jesús manso y humilde. Mateo 11, 28-30.
Jueves Misión de ser precursor. Mateo 11, 11-15.
Viernes Indiferencia de los judíos. Mateo 11, 16-19.
Sábado Después de la Transfiguración. Mateo 17, 10-13.

Tercera Semana
Domingo ¡Preparad los caminos del Señor!. Juan 1, 6-8. 19-28.
Lunes ¿Con qué autoridad haces esto?. Mateo 21, 23-27.
Martes El cumplimiento de la voluntad de Dios. Mateo 21, 28-32.
Miércoles Anuncien a todos lo que han visto y oido. Lucas 7, 19-23.
Jueves Envío mi mensajero delante de ti, para prepar tu camino Lucas 7, 24-30.
Viernes. Juan era la lámpara que ardía y brillaba Juan 5, 33-36.
Día 17 Diciembre Genealogía del Salvador. Mateo 1, 1-17.
Día 18 Diciembre Anuncio del ángel a José. Mateo 1, 18-24.
Día 19 Diciembre Anunciación del Precursor. Lucas 1, 5-25.
Día 20 Diciembre La Anunciación de Jesús. Lucas 1, 26-38.
Día 21 Diciembre Visita de la Virgen a Isabel. Lucas 1, 39-45.


Cuarto Domingo de Adviento "He aquí la esclava de Señor". Lucas 1, 26-38.
Día 22 Diciembre El Magníficat. Lucas 1, 46-56.
Día 23 Diciembre Nacimiento Juan Bautista. Lucas 1, 57-66.
Día 24 Diciembre Dios redime a su pueblo. Lucas 1, 67-79.

 

NAVIDAD

Día 26 Diciembre "No se preocupen". Mateo 10,17-22.
Día 27 Diciembre Pedro y Juan en el sepulcro. Juan 20, 2-8.
Día 28 Diciembre Los Santos Inocentes. Mateo 2, 13-18.
Día 29 Diciembre Presentación en el templo. Lucas 2, 22-35.
Día 30 Diciembre En el Templo con la profetisa Ana. Lucas 2, 36-40.
Día 31 Diciembre La Palabra se hizo carne. Juan 1, 1-18.
Día 2 Enero Primer testimonio de Juan. Juan 1, 19-28.
Día 3 Enero Segundo testimonio de Juan. Juan 1, 29-34.
Día 4 Enero Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Día 5 Enero Vocación de Felipe y Natanael. Juan 1, 43-51.


Segundo Domingo después Navidad Epifanía Mateo 2, 1-12.
Día 7 Enero (o Lunes después Epifanía) Jesús predica en Galilea. Mateo 4, 12-17. 23-25.
Día 8 Enero (o Martes después de Epifanía) Multiplicación de los panes. Marcos 6, 34-44.
Día 9 Enero (o Miércoles después de Epifanía) Jesús camina por el mar. Marcos 6, 45-52.
Día 10 Enero (o Jueves después de Epifanía) Jesús en la sinagoga. Lucas 4, 14-22.
Día 11 Enero (o Viernes después de Epifanía) Curación de un leproso. Lucas 5, 12-16.
Día 12 Enero (o Sábado después de Epifanía) Tercer testimonio de Juan. Juan 3, 22-30.

 

CUARESMA

Miércoles de Ceniza Rectitud de intención. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Necesidad de seguir a Jesús. Lucas ), 22-25.
Viernes El esposo será arrebatado. Mateo 9, 14-15.
Sábado Vocación de Leví. Lucas 5, 27-32.

1o. Semana de Cuaresma
Domingo El desierto, camino difícil pero necesario. Marcos 1, 12-15.
Lunes El juicio final. Marcos 25, 31-46.
Martes Método de hacer oración. Mateo 6, 7-15.
Miércoles La muchedumbre pide una señal. Lucas 11, 29-32.
Jueves Eficacia de la oración. Mateo 7, 7-12.
Viernes Perdón de las ofensas. Mateo 5, 20-26.
Sábado El amor a los enemigos. Mateo 5, 43-48.

2o. Semana de Cuaresma
Domingo La subida a la montaña. Marcos 9, 2-10.
Lunes No juzguen y no serán juzgados. Lucas 6, 36-38.
Martes Hipocresía de los escribas y fariseos. Mateo 23, 1-12.
Miércoles Tercer anuncio de Pasión. Mateo 20, 17-28.
Jueves El rico Epulón y el pobre Lázaro. Lucas 16, 19-31.
Viernes Parábola de los viñadores infieles. Mateo 21, 33-43. 45-46.
Sábado Parábola del hijo pródigo. Lucas 15, 1-3. 11-32.

3o. Semana de Cuaresma
Domingo Un nuevo templo. Juan 2, 13-25.
Lunes Jesús en Nazaret. Lucas 4, 24-30.
Martes El perdón de las ofensas. Mateo 18, 21-35.
Miércoles Jesús ante la Ley. Mateo 5, 17-19.
Jueves El poder sobre los demonios. Lucas 11, 14-23.
Viernes El primer precepto. Marcos 12, 28-34.
Sábado El fariseo y el publicano. Lucas 18, 9-14.

4o. Semana de Cuaresma
Domingo La cobra del desierto. Juan 3, 14-21. 
Lunes Regreso a Galilea. Juan 4, 43-54.
Martes Curación de un paralítico. Juan 5, 1-3. 5-16.
Miércoles El Hijo actua en unión con el Padre. Juan 5, 17-30.
Jueves Testimonio del Hijo. Juan 5, 31-47.
Viernes Jesús se declara Hijo de Dios. Juan 7, 1-2. 10. 25-30.
Sábado Divisiones sobre el origen de Cristo. Juan 7, 40-53.

5o. Semana de Cuaresma
Domingo El misterio del trigo podrido. Juan 12, 20-33.
Lunes La mujer adúltera. Juan 8, 1-11.
Martes Yo no soy de éste mundo. Juan 8, 21-30.
Miércoles La verdad os hará libres. Juan 8, 31-42.
Jueves El que guarda mi Palabra no morirá. Juan 8, 51-59.
Viernes Las obras buenas vienen de mi Padre. Juan 10,31-42.
Sábado Resolución del consejo. Juan 11, 45-56.

 

SEMANA SANTA

Domingo de Ramos. Mateo 14, 1-15. 47
Lunes Santo El arrepentimiento de María Magdalena. Juan 12, 1-11.
Martes Santo Anuncio de la traición. Juan 13, 21-33. 36-38.
Miércoles Santo La traición de Judas. Mateo 26, 14-25.

 

PASCUA

Triduo Pascual
Jueves Santo Lavatorio de los pies. Juan 13, 1-15.
Viernes Santo Prisión de Jesús. Juan 18, 1-40. 19, 1-42.
Sábado Santo La mañana de Pascua. Marcos 16, 1-7.

 

1o. Semana de Pascua
Domingo de Resurrección. Juan 20, 1-9.
Lunes La mañana de Pascua. Mateo 28, 8-15.
Martes Jesús se aparece a María Magdalena. Juan 20, 11-18.
Miércoles Los discípulos de Emaús. Lucas 24, 13-35.
Jueves Aparición de Jesús a los discípulos. Lucas 24, 35-48.
Viernes Aparición de Jesús en el mar de Tiberíades. Juan 21, 1-14.
Sábado Apariciones de Jesús a sus discípulos. Marcos 16, 9-15.

2o. Semana de Pascua
Domingo La humildad de un triunfador. Juan 20, 19-31.
Lunes Visita de Nicodemo. Juan 3, 1-8.
Martes Jesús habla con Nicodemo. Juan 3, 7-15.
Miércoles Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo. Juan 3, 16-21.
Jueves Tercer testimonio de Juan. Luan 3, 31-36.
Viernes Multiplicación de los panes. Juan 6, 1-15.
Sábado Jesús camina sobre el agua. Juan 6, 16-21.

3o. Semana de Pascua
Domingo ¡Cristo ha resucitado!. Lucas 24, 35-48.
Lunes La muchedumbre en busca de Jesús. Juan 6, 22-29.
Martes Piden a Jesús una señal. Juan 6, 30-35.
Miércoles Jesús, Pan de Vida. Juan 6, 35-40.
Jueves Si comes este pan, vivirás para siempre. Juan 6, 44-51.
Viernes El Pan Eucarístico. Juan 6, 52-59.
Sábado Señor, tienes palabras de vida eterna. Juan 6, 60-69.

4o. Semana de Pascua
Domingo El Buen Pastor. Juan 10, 11-18.
Lunes Yo soy la puerta de las ovejas. Juan 10, 1-10.
Martes Jesús uno con su Padre. Juan 10, 22-30.
Miércoles Necesidad de creer en Jesús. Juan 12, 44-50.
Jueves Si me conoces a mi, conoces al Padre. Juan 13, 16-20.
Viernes Jesús nos prepara una morada. Juan 14, 1-6.
Sábado Muestranos al Padre. Juan 14, 7-14.

5o. Semana de Pascua
Domingo La vid y los sarmientos. Juan 15, 1-8.
Lunes Voy a mandar al Espíritu Santo. Juan 14, 21-26.
Martes Cristo da la paz a sus discípulos. Juan 14, 27-31.
Miércoles Yo soy la vid verdadera. Juan 15, 1-8.
Jueves Permaneced en mi amor. Juan 15, 9-11.
Viernes Los discípulos, amigos de Jesús. Juan 15, 12-17.
Sábado Odio del mundo contra Jesús y los suyos. Juan 15, 18-21.

6o. Semana de Pascua
Domingo Para ser buenos amigos de Jesús. Juan 15, 9-17.
Lunes Anuncio sobre lo que ha de pasar. Juan 15, 26. 16,4.
Martes La promesa del Espíritu Santo. Juan 16, 5-11.
Miércoles Hasta la verdad completa. Juan 16, 12-15.
Jueves El gozo tras la tristeza. Juan 16, 16-20.
Viernes Alegría que nadie les podrá quitar. Juan 16, 20-23.
Sábado. Juan 16, 23-28.

7o. Semana de Pascua
Domingo Juan 17, 11-19.
Lunes Yo he vencido al mundo. Juan 16,29-33.
Martes Jesús ora al Padre por sí mismo. Juan 7, 1-11.
Miércoles Jesús ora al Padre por sus discípulos. Juan 17, 11-19.
Jueves Ruega por todos los creyentes. Juan 17, 20-26.
Viernes La triple negación de Pedro. Juan 21, 15-19.
Sábado El discípulo amado. Juan 21, 20-25.

 

TIEMPO ORDINARIO

1o. Semana
Domingo El Bautismo del Señor. Marcos 1, 7-11.
Lunes Llamado de los discípulos. Marcos 1, 14-20.
Martes Jesús expulsa espíritu. Marcos 1, 21-28.
Miércoles Curación suegra de Pedro. Marcos 1, 29-39.
Jueves Curación de un leproso. Marcos 1, 40-45.
Viernes Curación paralítico. Marcos 2, 1-12.
Sábado Vocación de Mateo. Marcos 2, 13-17.

2o. Semana
Domingo Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Lunes Discípulos de Juan no ayunan. Marcos 2, 18-22.
Martes La observancia del sábado. Marcos 2, 23-28.
Miércoles Curación de un enfermo en sábado. Marcos 3, 1-6.
Jueves Predicación y curación de enfermos. Marcos 3, 7-12.
Viernes Elección de los doce apóstoles. Marcos 3, 13-19.
Sábado Jesús predica el Evangelio. Marcos 3, 20-21.

3o. Semana
Domingo Vocación de los primeros discípulos. Marcos 1, 14-20.
Lunes Un reino no puede estar dividido. Marcos 3, 22-30.
Martes Verdadera familia de Jesús . Marcos 3, 31-35.
Miércoles Parábola del sembrador. Marcos 4, 1-20.
Jueves Dar a conocer el Reino de Dios. Marcos 4, 21-25.
Viernes La semilla que crece. Marcos 4, 26-34.
Sábado La tempestad calmada. Marcos 4, 35-40.

4o. Semana
Domingo Este hombre tiene autoridad. Marcos 1, 21-28.
Lunes Curación de un poseído. Marcos 5, 1-20.
Martes Curación de enfermos por su fe. Marcos 5, 21-43.
Miércoles Ninguno es profeta en su tierra. Marcos 6, 1-6.
Jueves Jesús manda a discípulos de dos en dos. Marcos 6, 7-13.
Viernes Muerte de Juan el Bautista. Marcos 6, 14-29.
Sábado Como ovejas sin pastor. Marcos 6, 30-34.

5o. Semana
Domingo Estás enfermo. ¿Te gustaría morirte?. Marcos 1, 29-39.
Lunes Jesús en Genesaret. Marcos 6, 53-56.
Martes Las tradiciones de los fariseos. Marcos 7, 1-13.
Miércoles La pureza del corazón. Marcos 7, 14-23.
Jueves La mujer cananea. Marcos 7, 24-30.
Viernes Curación de un sordo y tartamudo. Marcos 7, 31-37.
Sábado Segunda multiplicación de los panes. Marcos 8, 1-10.

6o. Semana
Domingo Otro enfermo hoy ¿y tú?. Marcos 1, 40-45.
Lunes Los fariseos piden una señal. Marcos 8, 11-13.
Martes Jesús reprende a sus discípulos. Marcos 8, 14-21.
Miércoles Curación de un ciego. Marcos 8, 22-26.
Jueves Confesión de Pedro. Marcos 8, 27-33.
Viernes Toma tu cruz y sígueme. Marcos 8, 34-39.
Sábado La Transfiguración de Jesús. Marcos 9, 2-13.

7o. Semana
Domingo ¡Ojalá fuera como ese paralítico. Marcos 2, 1-12.
Lunes Curación de un endemoniado. Marcos 9, 13-28.
Martes El primero es el último de todos. Marcos 9, 30-37.
Miércoles Invocación del nombre de Jesús. Marcos 9, 38-40.
Jueves Ustedes son la sal del mundo. Marcos 9, 40-49.
Viernes La cuestión del divorcio. Marcos 10, 1-12.
Sábado Jesús y los niños. Marcos 10, 13-16.

8o. Semana
Domingo El ayuno ¿no está pasado de moda?. Marcos 2, 18-22.
Lunes El joven rico se marchó entristecido. Marcos 10, 17-27.
Martes Recibirán cien veces más en esta vida. Marcos 10, 28-31.
Miércoles El Hijo del Hombre no ha venido a que lo sirvan. Marcos 10, 32-45.
Jueves El ciego de nacimiento. Marcos 10, 46-52.
Viernes La fe mueve montañas. Marcos 11, 11-26.
Sábado ¿Quién te ha dado tal autoridad?. Marcos 11, 27-33.

9o. Semana
Domingo Marcos 2,23. 3,6. 2, 23-28
Lunes Se apoderaron del hijo, lo mataron. Marcos 12, 1-12.
Martes Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Marcos 12, 13-17.
Miércoles No es un Dios de muertos sino de vivos. Marcos 12, 18-27.
Jueves Ama a tu prójimo como a ti mismo. Marcos 12, 28-34.
Viernes Jesús es Hijo de David?. Marcos 12, 35-37.
Sábado Ha dado todo lo que tenía para vivir. Marcos 12, 38-44.

10o. Semana
Domingo ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Marcos 3, 20-35.
Lunes Alegraos, porque su recompensa será grande en los cielos. Mateo 5, 1-12.
Martes Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra. Mateo 5, 13-16.
Miércoles. No he venido a abolir la Ley y los Profetas. Mateo 5, 17-19.
Jueves Primero reconciliate con tu hermano. Mateo 5, 20-26
Viernes Nada sea ocasiónde pecado. Mateo 5, 27-32.
Sábado No jures en modo alguno. Mateo 5, 33-37.

11o. Semana
Domingo ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Marcos 4, 26-34
Lunes Los reconocerán por el amor. Mateo 5, 38-42.
Martes Amen a sus enemigos y rueguen por los que les persiguen . Mateo 5, 43-48.
Miércoles La verdadera recompensa. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Dios sabe lo que necesitamos. Mateo 6, 7-15.
Viernes Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón . Mateo 6, 19-23.
Sábado No se puede servir a Dios y al dinero. Mateo 6, 24-34.

12o. Semana
Domingo ¿Por qué con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Marcos 4, 35-41.
Lunes Con el juicio con que juzguéis seréis juzgados. Mateo 7, 1-5.
Martes Entrad por la puerta esttrecha. Mateo 7,6. 12-14.
Miércoles Los falsos profetas. Mateo 7, 15-20.
Jueves Soplaron vientos contra la casa, pero no cayó . Mateo 7, 21-29.
Viernes Señor, si quieres puedes curarme. Mateo 8, 1-4.
Sábado Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa. Mateo 8, 5-17.

13o. Semana
Domingo No temas, solamenyte ten fe. Marcos 5, 21-43.
Lunes Condiciones para seguir a Jesús. Mateo 8, 18-22.
Martes ¡Sálvanos Señor que nos hundimos!. Mateo 8, 23-27.
Miércoles Jesús cura a dos endemoniados. Mateo 8, 28-34.
Jueves Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa . Mateo 9, 1-8.
Viernes Los sanos no necesitan médico. Mateo 9, 9-13.
Sábado Vino nuevo en odres nuevos. Mateo 9, 14-17.

14o. Semana
Domingo ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?. Marcos 6, 1-6.
Lunes Cristo resucita a una niña. Mateo 9, 18-26.
Martes La mies es mucha perol os trabajadores pocos. Mateo 9, 32-38.
Miércoles Proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Mateo 10, 1-7.
Jueves Que haya paz en esta casa. Mateo 10, 7-15.
Viernes Yo los envío como ovejas en medio de lobos. Mateo 10, 16-23.
Sábado No teman a los que matan el cuerpo pero no el alma. Mateo 10, 24-33.

15o. Semana
Domingo Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos. Marcos 6, 7-13.
Lunes El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Mateo 10, 34-42. 11,1.
Martes Jesús recrimina a las ciudades incredulas. Mateo 11, 20-24.
Miércoles Padre, todo se lo revelaste a los pequeños. Mateo 11, 25-27.
Jueves Mi yugo es suave y mi carga ligera. Mateo 11, 28-30.
Viernes Quiero misericordia y no sacrificio. Mateo 12, 1-8.
Sábado No quebrará caña doblada ni apagará la mecha humeante. Mateo 12, 14-21.

16o. Semana
Domingo Las vacaciones de Jesús. Marcos 6, 30-34.
Lunes Escribas y fariseos piden una señal. Mateo 12, 38-42.
Martes Mi madre y mis hermanos cumplen la voluntad de Dios. Mateo 12, 46-50.
Miercoles Las semillas caen en diferente tierra. Mateo 13, 1-9.
Jueves A quien tiene, se le dará más y tendrá en abundancia. Mateo 13, 10-17.
Viernes Oíd lo que significa la parábola del sembrador . Mateo 13, 18-23.
Sábado Dejad que ambos crezcan juntos hasta la cosecha . Mateo 13, 24-30.

17o. Semana
Domingo Hay un muchacho que tiene cinco panes y dos peces. Juan 6, 1-15.
Lunes Si tuvieras fe como un grano de mostaza. Mateo 13, 31-35.
Martes Explícanos la parábola de la cizaña. Mateo 13, 36-43.
Miércoles El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido. Mareo 13, 44-46.
Jueves Separarán los peces malos de entre los buenos. Mateo 13, 47-53.
Viernes ¿No es éste el hijo del carpintero? Mateo 13, 54-58.
Sábado Herodes manda matar a Juan el Bautista. Mateo 14, 1-12.

18o. Semana
Domingo La primera condición.....¡que creas! Juan 6, 24-35.
Lunes Dadles vosotros de comer. Mateo 14, 13-21.
Martes ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? Mateo 14, 22-36.
Miércoles Cuando parece que Dios desoye las plegarias. Mateo 15, 21-28.
Jueves Tú eres Pedro y sobre esta tierra edificaré mi Iglesia. Mateo 16 13-23.
Viernes El que quiera venir conmigo que cargue con su cruz. Mateo 16, 24-28.
Sábado Si tuvieras fe, nada sería imposible. Mateo 17, 14-20.

19o. Semana
Domingo ¿Es hora de dimitir? El que cree, tiene vida eterna. Juan 6, 41-51.
Lunes El tributo de templo. Mateo 17, 22-27.
Martes Si no cambian y se hacen como niños. Mateo 18, 1-5. 10, 12-14.
Miércoles La corrección fraterna. Mateo 18, 15-20.
Jueves ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Mateo 18,21 19,1.
Viernes Lo que Dios unió no lo separe el hombre. Mateo 19, 3-12.
Sábado Jesús bendice a los niños. Mateo 19, 13-15.

20o. Semana
Domingo Un Pan del todo especial. Juan 6, 51-58.
Lunes ¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? Mateo 19, 16-22.
Martes Muchos que quieren ser primeros, serán últimos Mateo 19, 23-30.
Miércoles Todos recibieron un denario cada uno Mateo 20, 1-16.
Jueves El banquete está preparado, pero los invitados... Mateo 22, 1-14.
Viernes Amarás a Dios y luego al prójimo como a ti mismo Mateo 22, 34-40.
Sábado Que el mayor entre ustedes sea el servidor Mateo 23, 1-12.

21o. Semana
Domingo ¿También ustedes quieren marcharse? Juan 6, 55. 60-69.
Lunes El altar hace sagrada la ofrenda. Mateo 23, 13-22.
Martes ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas! Mateo 23, 23-26.
Miércoles Cuidado de no estar llenos de hipocresía y maldad Mateo 23, 27-32.
Jueves ¡Estad en vela, no sabes el día ni la hora! Mateo 24, 42-51.
Viernes Parábola de las vírgenes prudentes Mateo 25, 1-13.
Sábado Parábola de los talentos. Mateo 25, 14-30.

22o. Semana
Domingo La tragedia de una máscara. Marcos 7, 1-8.
Lunes El Espíritu del Señor está sobre mí Lucas 4, 16-30.
Martes Jesús expulsa a un demonio. Lucas 4, 31-37.
Miércoles Curación de la suegra de Pedro. Lucas 4, 38-44.
Jueves Los apóstoles, testigos y enviados de Cristo Lucas 5, 1-11
Viernes Los discípulos de Jesús y el ayuno. Lucas 5, 32-39.
Sábado El Hijo del Hombre, señor del sábado. Lucas 6, 1-5.

23o. Semana
Domingo Magia negra o magia blanca. Marcos 7, 31-37.
Lunes Extiende tu mano y serás sano Lucas 6, 6-11.
Martes Elección de los doce. Lucas 6, 12-19.
Miércoles Bienaventurados sereis cuando... Lucas 6, 20-26.
Jueves Con la medida con que midan, se les medirá Lucas 6, 27-38.
Viernes ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? Lucas 6, 39-42.
Sábado Pon los cimientos de tu casa sobre roca Lucas 6, 43-49.

24o. Semana
Domingo Quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará Marcos 8, 27-35.
Lunes Señor, no soy digno de que entres en mi casa Lucas 7, 1-10.
Martes El hijo de la viuda de Naim. Lucas 7, 11-17.
Miércoles Actitud de los publicanos. Lucas 7, 31-35.
Jueves Tu fe te ha salvado, vete en paz Lucas 7, 36-50.
Viernes Las mujeres acompañan a Jesús. Lucas 8, 1-3.
Sábado Explicación de la parábola del sembrador. Lucas 8, 4-15.

25o. Semana
Domingo La grandeza de los pequeños. Marcos 9, 30-37.
Lunes No hay nada oculto. Lucas 8, 16-18.
Martes ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Lucas 8, 19-21.
Miércoles No tomes nada para el camino. Lucas 9, 1-6
Jueves ¿Quién es éste de quien oigo tales cosas? Lucas 9, 7-9.
Viernes ¿Quién dice la gente que soy yo? Lucas 9, 18-22.
Sábado El Hijo del hombre va a ser entregado Lucas 9, 43-45.

26o. Semana
Domingo ¿Es cuestión de fanatismo?. Marcos 9, 38-43. 45. 47-48.
Lunes ¿Quién será el mayor?. Lucas 9,46-50.
Martes He venido a salvar a los hombres. Lucas 9, 51-56.
Miércoles Jesús no tiene donde reclinar la cabeza. Lucas 9, 57-62.
Jueves La mies es mucha. Lucas 10, 1-12.
Viernes Ciudades incrédulas. Lucas 10, 13-16.
Sábado ¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Lucas 10, 17-24.

27o. Semana
Domingo ¿Es lícito divorciarse?. Marcos 10, 2-16.
Lunes El buen samaritano iba de camino. Lucas 10, 25-37.
Martes Te preocupas por muchas cosas y solo una es necesaria. Lucas 10, 38-42.
Miércoles La oración que Cristo nos enseñó. Lucas 11, 1-4.
Jueves Al que llama, se le abrirá y al que pida se le dará. Lucas 11, 5-13.
Viernes El que no está conmigo, está contra mi. Lucas 11, 15-26.
Sábado Dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la guardan. Lucas 11, 27-28.

28o. Semana
Domingo ¿También los ricos se salvan? Marcos 10, 17-30.
Lunes No se les dará otraseñal que la de Jonás Lucas 11, 29-32.
Martes Purificáis por fuera la copa, dentro estáis llenos de maldad. Lucas 11, 37-41.
Miércoles Ay de vosotros, que imponéis a los demás cargas Lucas 11, 42-46.
Jueves Y mataron a los profetas. Lucas 11, 47-54.
Viernes Nada hay oculto que no haya de saberse. Lucas 12, 1-7.
Sábado El Espíritu Santo les enseñará. Lucas 12, 8-12.

29o. Semana
Domingo Una recomendación de mucho peso. Marcos 10, 35-45.
Lunes Cuidado con la avaricia. Lucas 12, 13-21.
Martes Que el Señor al venir los encuentre despiertos. Lucas 12, 35-38.
Miércoles Fiel y prudente a la Voluntad de Dios. Lucas 12, 39-48.
Jueves He venido a arrojar un fuego sobre la tierra. Lucas 12, 49-53.
Viernes Procura en el camino arreglarte tu adversario. Lucas 12, 54-59.
Sábado Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Lucas 13, 1-9.

30o. Semana
Domingo Y al instante, recobró la vista. Marcos 10, 46-52
Lunes Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Lucas 13, 10-17.
Martes El Reino de Dios como la levadura. Lucas 13, 18-21.
Miércoles La puerta estrecha. Lucas 13, 22-30.
Jueves Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte. Lucas 13, 31-35.
Viernes ¿Es lícito curar en sábado, o no?. Lucas 14, 1-6.
Sábado Todo el que se ensalce, será humillado. Lucas 14, 1. 7-11.

31o. Semana
Domingo ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?. Marcos 12, 28-34.
Lunes Sobre la elección de los invitados. Lucas 14, 12-14.
Martes Los invitados se excusan. Lucas 14, 15-24.
Miércoles Renunciar a todo por seguir a Cristo. Lucas 14, 25-33.
Jueves He hallado la oveja que se me había perdido. Lucas 15, 1-10.
Viernes El administrador astuto. Lucas 16, 1-8.
Sábado No podéis servir a Dios y al dinero. Lucas 16, 9-15.

32o. Semana
Domingo Ha dado todo lo que tenía para comer. Marcos 12, 38-44.
Lunes Fe como un grano de mostaza. Lucas 17, 1-6.
Martes Siervos inútiles ante el Señor. Lucas 17, 7-10.
Miércoles ¿No quedaron limpios los diez leprosos? . Lucas 17, 11-19.
Jueves El Reino de Dios entre nosotros. Lucas 17, 20-25.
Viernes Quien pierda su vida por mí, la salvará . Lucas 17, 26-37.
Sábado ¡Hazme justicia contra mi adversario! . Lucas 18, 1-8.

33o. Semana
Domingo El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no. Marcos 13, 24-32.
Lunes ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!. Lucas 18, 35-43.
Martes Zaqueo, hoy ha llegado la salvación a esta casa. Lucas 19, 1-10.
Miércoles ¡Muy bien, siervo bueno! has sido fiel siempre. Lucas 19, 11-28.
Jueves Jesús llora sobre Jerusalén. Lucas 19, 41-44.
Viernes Mi casa es casa de oración .Lucas 19, 45-48.
Sábado No es un Dios de muertos. Lucas 20, 27-40.

34o. Semana
Domingo Mi Reino no es de este mundo. Juan 18, 33-37.
Lunes La viuda de las dos monedas. Lucas 21, 1-4.
Martes No os dejéis engañar. Lucas 21, 5-11.
Miércoles Persecución de los discípulos. Lucas 21, 12-19.
Jueves La ruina de Jerusalén. Lucas 21, 20-28.
Viernes El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no. Lucas 21, 29-33.
Sábado Estad siempre alerta para estar en pie delante de Dios. Lucas 21, 34-36.

Fiesta de Todos los Santos 1 de Noviembre

 

XV Dom Ord BMarcos 6:7-13  Descargar PDF
7 Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
8 Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja;
9 sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.»
10 Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí.
11 Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.»
12 Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran;
13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

 

 

Para comprender la Palabra

La misión de los doce nace dentro de la misión de Jesús, prolongándola: les da su poder (v.7) y unas estrictas normas de comportamiento (vv. 8-11); mientras tanto los discípulos toman su lugar y actúan según sus directrices. Son sus lugartenientes, si van donde les dijo y hacen lo que les manda (vv. 12-13). Jesús no se dejará vencer ante el rechazo de sus compatriotas sino que multiplicará sus esfuerzos multiplicando por doce la entrega a su misión.

Experimentada la convivencia se trata ahora de añadir una dimensión nueva al discipulado: la tarea misionera. No se les da una orden de predicar sino la de expulsar demonios y es que para Jesús no hay modo más fidedigno de predicar la cercanía de Dios que luchar contra el mal y el maligno; la proximidad de Dios a los hombres se anuncia eficazmente alejando el mal y al Malo del mundo de los hombres. Cuanto hacen y digan los discípulos (apóstoles) será prolongación y multiplicación del hacer y decir de Jesús. Y ser enviados de dos en dos siendo una práctica judía significa que el evangelio a predicar impone la comunidad de vida a los evangelizadores.

Las palabras de Jesús están más centradas en los mensajeros que en el mensaje. El Maestro da por supuesto que sus discípulos saben cuanto deben predicar; Él se preocupa, en cambio, en cómo lo han de llevar a cabo. Lo decisivo es que quien es comisionado deberá realizar la tarea encomendada como Él la pensó. Jesús elige a sus representantes y les impone el modo de representarlo; serán apóstoles si se comportan como les ha mandado.

Quien impone la misión da también las reglas. A Jesús le interesó, al menos tanto como el contenido del mensaje, las condiciones concretas desde las que debía ser ofrecido. Seguirlas al pie de la letra les autentifica como apóstoles de Cristo: el enviado es un mandado. A éste ha de bastarle la elección y el evangelio como motivo y viático: todo lo demás le sobra. La misión convierte a la pobreza evangélica al apóstol. Exigencia de libertad interior y de total disposición hacia Dios y hacia los hermanos que evangelizarán. Faltos de casi todo, dependerán de casi todos. Sólo lo indispensable ya que el apóstol de Jesús camina aligerado de carga, cargado como está de una misión que no puede retratarse. El evangelio de Jesús y la misión de representarlo son el viático de sus enviados. Quien tiene la misión y el evangelio en el corazón, soporta tener las manos y la bolsa vacías.

Jesús impone la permanencia del evangelista donde sea recibido. Donde el evangelio encuentre un oyente, allí ha encontrado su hogar el evangelista; la necesidad que tiene el misionero de ser acogido es sólo reflejo de la urgencia que tiene el evangelio de encontrar audiencia. Jesús contempla la posibilidad del rechazo de sus enviados. Es tiempo de la oferta, que no hay que perder sólo porque no sea aceptado quien lo ofrece. Del envío han de estar seguros, no de sus resultados. La misión apostólica, sólo por el hecho de originarse en Cristo no nace con el triunfo cierto.


Para escuchar la Palabra
El enviado sirve a un proyecto que no es suyo y no puede objetar sus leyes. Haber sido seleccionado y enviado por su Señor impone al apóstol verse libre de todo lo que no sea evangelio y su predicación. No asumir las obligaciones lleva a no sentirse obligado a misionar en nombre de Cristo y con su poder. Como discípulo ¿agradezco con el Señor cuente conmigo? ¿me reconozco enviado (apóstol)? ¿Le represento llevando a cabo lo que me ha confiado? ¿No será que el escaso entusiasmo apostólico de muchos de nosotros sea porque nos creemos dueños del evangelio?

Jesús envió a los suyos sin otros haberes que el Evangelio y su poder. ¿Será evidente nuestra pobreza de vida como medio de evangelización? La misión cristiana tiene como objetivo único la conversión de los oyentes y como signo fidedigno la sanación total del hombre. Donde aún haya enfermos que sanar y gente que evangelizar allí tiene su hogar el enviado de Jesús ¿sabemos soportar el fracaso de nuestros esfuerzos? ¿No confundimos la aceptación de nuestra persona y el sometimiento a nuestros gustos con la aceptación del evangelio y el sometimiento a Dios? ¿Qué ocurriría en nuestras comunidades si dejásemos de convivir con aquellos que han rechazado el evangelio que les presentamos? Jesús no asegura el triunfo de la misión y hasta contempla la posibilidad de ser rechazados ¿Cómo afronto las dificultades en la predicación del Evangelio?

Para orar con la Palabra
Descúbreme mi hogar allí donde encuentre acogida el evangelio; que logre asiento y morada donde moran tus hijos; que permanezca a gusto entre quienes te aceptaron de corazón. Hazme intransigente con quien no te soporta y atento con quienes te atienden. Dame la valentía de romper con cuantos no te quieran y de quedarme con quienes te reciban; rechace yo al que te rechaza y encuentre mi casa junto a quien te tenga en el corazón. Devuélveme familia y hogar en todos los que, gracias a tu envío, reciben el evangelio de mi apostolado. En definitiva, Señor, que no me sea indiferente tu evangelio y el grande honor de saber que cuentas conmigo para que, contigo y como tú, te predique a ti, Evangelio de Dios.

 

 

14Ord B

Marcos 6:1-6  Descargar PDF

1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
4 Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

Para comprender la Palabra
La venida de Jesús a Nazaret, su pueblo natal, es colocada por el segundo evangelista no a base de un orden cronológico, sino a base de un orden teológico. El evangelista está atento a presentarlo no como un mago, sino el Hijo de Dios que libera al hombre de su contingencia: el pecado, las enfermedades, la muerte. Esta salvación se opera sólo en el ámbito de la fe. Sus paisanos no logran darse cuenta de su condición divina. Para ellos no era más que “el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón”.

Jesús fue rechazado porque resultaba incómodo. Removió desde los cimientos, los pilares sobre los que se asentaba la vida del ser humano. En el ámbito religioso cambió la imagen que se tenía de Dios y, además, decía actuar en su nombre (Mc 2, 1-12). En lo social no respetaba las normas establecidas que tenían carácter de ley (Mc 2, 15-17). En lo familiar deja su casa, no sigue el oficio de su padre y habla de otra familia no marcada por los lazos de sangre (Mc 3, 31-35). En lo político rehusó ponerse del lado de los opresores (Mc 10, 35-44). En lo económico proclamó el peligro de las riquezas que toman las riendas del corazón humano (Mc 10, 17-25)

Jesús quedó como bloqueado en su pueblo natal, precisamente porque allí la fe estaba prácticamente ausente: “ y se admiraba de la incredulidad de ellos”. Sus paisanos saben que Jesús no es un rabino o escriba, no ha frecuentado ninguna escuela que lo haya habilitado para enseñar. No es un intelectual, ni ha realizado estudios oficiales. Lo que enseña no tiene ninguna garantía. Los “hermanos” y paisanos quizá habrían aceptado de buen grado a un Jesús “superhombre”, bajo el ropaje de jefe nacionalista en la lucha contra los romanos. Pero la realidad que tenían ante los ojos era para ellos decepcionante. Aun reconociendo algunos elementos de su acción benéfica, no lograban, en cambio, leer en ella el mensaje de salvación y de liberación, de la cual era signo. En una palabra, estaban faltos de fe.

El autor de segundo evangelio está atento a subrayar que la nueva comunidad debería ser convocada exclusivamente por el Espíritu en el ámbito de la fe y que, por lo tanto, era inútil buscar en ella ciertos vínculos dinásticos, como parece que sucedía ya en la comunidad de Jerusalén, cuyo jefe era Santiago, el “hermano del Señor”. Pero, en todo caso, el subrayado fundamental de este texto decisivo es que la fe precede a los milagros, no al contrario: por eso, es inútil montar una apologética, según la cual se “pruebe” la divinidad de Jesús por la existencia de unos milagros superiores a las fuerzas de la naturaleza.
El rechazo de Jesús en su tierra y entre sus paisanos sería muy significativo para la comunidad de Marcos. Si el Maestro ha sido rechazado en su pueblo, sus seguidores no pueden esperar un trato mejor. Tienen que aprender a no desanimarse ante la hostilidad, mantenerse fieles ante la dificultad, mostrar coraje frente la indiferencia.

Para escuchar la Palabra
La familiaridad con su persona no siempre llega a la fe; los que más dicen saben sobre Jesús no serán testigos de sus portentos; creer conocerle demasiado les ha imposibilitado esperar de él maravillas. ¿Es mi caso? ¿Qué excusas pongo yo para no creerle?

Tanta incredulidad causó extrañeza al mismo Jesús y se consoló pensando que “solo entre los suyos es menospreciado el profeta”. También yo por creer que le conozco demasiado quizá ya no me sorprenda nada de lo que me cuenten de él. Y aunque su enseñanza me siga llamando la atención, alguna vez por su radicalismo, sigo contestando que nada nuevo nos puede decir alguien a quien conozco tan bien. Cuando vivimos nuestra vida cristiana sin emoción, con una rutina, sin sorpresas, porque creemos que Dios ya nos ha dicho todo lo que tenía que decirnos y ha hecho por nosotros todo lo que nos había prometido; Dios no nos sorprende ya, porque creemos saber todo sobre Él. ¿Vivo sorprendido y sorprendiéndome de él? ¿No lo he “domesticado” para defenderme de sus exigencias?

El discípulo no es más que su Maestro. Si a quien seguimos ha sufrido la indiferencia y el rechazo, ¿he experimentado en mi vida el rechazo por ser fiel a los valores del Reino? ¿Cómo he reaccionado? ¿Qué podemos hacer cuando encontremos rechazo por el anuncio del evangelio?

Para orar con la Palabra
Me resulta difícil de entender que quienes más te quisieron, Señor, menos te comprendieron. No me puedo creer que el amor verdadero sea mal consejero en asuntos de fe. ¿Por qué será que conocerte mejor no lleva a creer mejor? ¿Por qué los más cercanos, los paisanos, no suelen ser los confidentes más seguros?

Si los tuyos, que bien te conocieron te creían algo transtornado, ¿por qué me ibas a resultar a mí del todo lógico? ¿Por qué has de corresponder con cuanto yo me imagino de ti o deseo? Si los que mucho sabían sobre ti y tu familia tan mal te juzgaron, ¿para qué me sirven mis conocimientos? Por no renunciar de ti, estoy dispuesto a renunciar a ellos.

Quiero permanecer junto a ti, callado, oyente, sentado a tu vera, pasando de las cosas y fijo en ti, escuchando cuanto dices, rumiando cuanto oiga. Es así como me convertiré en familiar tuyo: no tendré otra ocupación que tu palabra. Cuando sepa distinguir tu voz de tantas voces, porque la reconozca en tus exigencias más que por su timbre; cuando identifique lo que me quieras decir, por lo que me cueste ponerlo por obra; cuando me familiarice con la voluntad de Dios, por haberme habituado a la tuya, entonces me considerarás amigo y familiar, uno más de los tuyos. Para que ese momento se apresure, apresúrate a hablarme y oblígame a obedecerte.


 

 

16 Ord BEl texto: Marcos 6, 30-34. Descargar PDF
30 Y reuniéndose los apóstoles en torno a Jesús, le anunciaban todas las cosas que habían hecho y enseñado.
31 Les dijo: Vengan propiamente ustedes, solos, a un lugar solitario y descansen un poco. Pues eran muchos los que venían y los que iban, que no había tiempo propicio para comer.
32 Y fueron en la barca hacia un lugar solitario, sólo ellos.
33 Pero muchos, viéndolos que se iban, los reconocieron, entonces corrieron por tierra desde todos los pueblos de ahí y se les adelantaron.
34 Cuando [Jesús] desembarcó vio una muchedumbre numerosa y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas.

 

 Lexio 
(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Los apóstoles de Jesús han regresado de la misión a la que Jesús les ha enviado (Mc 6, 7-13). El reunirse en torno a Jesús nos habla de un regreso a la fuente de su misión, y al constituir comunidad. Le cuentan sus obras y palabras, se trata de un informe, una respuesta al anuncio que han hecho.

Jesús observa no sólo el resultado de la eficacia de su trabajo, sino que es sensible al cansancio de sus apóstoles, entiende su lado humano y les invita a reposar. Este reposo equilibra el activismo que podría leerse en su urgencia por evangelizar (Mc 1, 35-38); se trata de un momento para ellos, que no tenían tiempo siquiera para una necesidad fundamental para mantener la vida: comer.

La insistencia de un lugar solitario o desierto y apartado para ellos solos es una buena reminiscencia de la actividad que en Jesús ha precedido a su predicación (Mc 1, 12-13) y se repetirá con algunos discípulos selectos (Mc 4, 34) antes de la transfiguración (Mc 9, 2) y del momento de su pasión (Mc 14, 32-33). En este caso, el lugar retirado es posterior a la misión, o podemos intuir una siguiente misión a la cual el Maestro también les está preparado.

No obstante esta intención de Jesús, el descanso no llegará, pues la gente le sigue y se les anteceden a pie por tierra. Es curioso que la muchedumbre llegue antes, siendo el camino por el mar más corto que bordeando la costa del lago; aunque ciertamente se menciona que van corriendo, se evidencia que las necesidades del pueblo son apremiantes. Y ante ellas, el corazón de Jesús se vuelve el de un pastor, que toma cuidado de un rebaño abandonado. Si una vez sube a la barca para poder enseñar alejándose de la multitud (Mc 3, 9 – 4,1), en esta ocasión se acerca a ella y desembarca metiéndose entre ellos (Mc 6, 34), tan importante su mensaje, como la cercanía de su propia persona.

Meditaxio 
(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

La misión a la que Jesús nos envía no es mera actividad – es integral, complementando palabras y obras – sino también el “estar con él”. El evangelio de Marcos presentará un camino de formación discipular, especialmente del c. 9 en adelante; ya desde aquí vemos algunos rasgos de Jesús como formador de los suyos. Sensible a sus necesidades humanas de descanso y alimento, les sustrae del ir y venir para que puedan restaurar sus fuerzas y con ello se dispongan a continuar la misión. El tiempo que pasan descansando ellos solos con el Señor es también tiempo de misión que les dispone a las exigencias del trabajo apostólico. Es un descanso que no les deja en la individualidad, sino que crea comunidad entorno al Maestro.

En repetidas ocasiones Jesús cruza el lago, y en varias de ellas manifiesta su poder: calmando la tormenta (Mc 4, 36-41) y caminando sobre el agua (Mc 6, 47-53). En esta ocasión, muestra una teofanía diferente: su compasión. Jesús se mete en medio de la multitud, se acerca como un pastor, también atento a las necesidades de esta multitud, como estuvo atento a las necesidades se sus apóstoles. La atención por las necesidades vitales se profundizará posteriormente con el texto que le sigue de la multiplicación de los panes en que dice a los discípulos: “Denles ustedes de comer” (Mc 6, 35-44). Nos encontramos a un Jesús que busca la salvación de los suyos y del pueblo, atendiendo a su parte humana, la misma que la tentación del espiritualismo nos hace descuidar. El cansancio es propio de un pueblo sin pastor, el pastor apacenta y hace reposar a sus ovejas (cf. Is 40, 10-17; Salmo 23), el descanso es signo de la libertad y de la dignidad de la persona (Ex 33, 14; Salmo 94, 11; Mt 11, 29). El que no es pastor explota a las ovejas, se alimenta de ellas; el pastor se compadece, y da la vida por el rebaño, no sólo frente a la amenaza del lobo, sino también frente a la fatiga.

¿Qué es para nosotros el descanso?, ¿qué valor tiene en medio de una sociedad obsesionada por la productividad?, ¿cómo cuidamos y fomentamos el bien físico, anímico y espiritual de nosotros y de los hermanos y hermanas que están a nuestro cargo?

 

Oratio
(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

(J. L. Arce)
Junto a ti al caer de la tarde
y cansados de nuestra labor,
te ofrecemos, con todos los hombres,
el trabajo, el descanso, el amor.

Con la noche las sombras nos cercan
y regresa la alondra a su hogar;
nuestro hogar son tus manos, ¡oh Padre!,
y tu amor nuestro nido será.

Cuando al fin nos recoja tu mano
para hacernos gozar de tu paz,
reunidos en torno a tu mesa,
nos darás la perfecta hermandad.

 

Contemplatio
(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué es para mí el descanso, cómo me siento en él y cuándo me falta? ¿Puedo sentir la presencia y necesidad de Dios en el él? ¿Qué importancia le doy al descanso dentro de mi vida laboral y de apostolado?, ¿es un descanso individual o un descanso que construye comunidad? ¿Doy tiempo a mis respiros para descubrir en serenidad los frutos y las exigencias de la misión que Dios me confía? ¿Qué necesidades valen la pena para dejar a un lado mi descanso? ¿Cómo seré más sensible a las necesidades humanas (mías y de los demás): físicas, anímicas y espirituales?

 Foto: Lago de Galilea, en Tabgha.

 

 

Marcos 4:26-34  Descargar PDF

26 Jesús continuó: «El reino de Dios se parece a quien esparce semilla en la tierra.
27 Sin que este sepa cómo, y ya sea que duerma o esté despierto, día y noche brota y crece la semilla.
28 La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga.
29 Tan pronto como el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha».

Parábola del grano de mostaza
30 También dijo: «¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para describirlo?
31 Es como un grano de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay,
32 pero una vez sembrada crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra».

33 Y con muchas parábolas semejantes les enseñaba Jesús la palabra hasta donde podían entender.
34 No les decía nada sin emplear parábolas. Pero, cuando estaba a solas con sus discípulos, les explicaba todo.

 

 

Para comprender la Palabra
Nuestro texto es un discurso parabólico, que Jesús pronuncia junto al mar, acerca del Reino de Dios. No es tan elaborado como el de Mateo (Mt 13), pero también denso en su contenido. Las dos pequeñas parábolas ilustran los dos aspectos – sombra y luz – de la inevitable tensión dialéctica del Reino de Dios a través de la historia.

La primera es la parábola de la semilla que crece sin la ayuda del campesino. En la descripción de un proceso, conocido por todos, falta curiosamente toda alusión a las demás tareas del hombre (arar, limpiar, etc.) y a su lucha contra la sequedad y el mal tiempo, mientras que, por el contrario, se subraya su conducta despreocupada hasta el momento de la siega. Solamente cuando llega el tiempo de la recolección, vuelve a ponerse de relieve el trabajo del campesino, “que echa mano de la hoz, porque ha llegado el momento de la siega”. El Reino de Dios es una iniciativa divina y es una realidad que depende de la gratuidad divina; aun aceptando una colaboración humana, debe siempre quedar por encima de toda tentativa humana de guiar el curso de la operación. El crecimiento conlleva el trabajo oculto en la tierra, y las etapas que se enuncian de la noche y el día nos hacen memoria del relato de la creación (Gn 1, 5.8.12…). El hombre, aunque no sabe del todo cómo ya que no es su proyecto sino el de Dios, sigue estando llamado a continuar conociendo este proyecto y a trabajar en él según su capacidad.

La parábola, con su confiante espera de la llegada de la recolección, está dirigida contra todo tipo de actitudes que quisieran forzar la venida del Reino o incluso construirlo. A todo esto el evangelio contrapone la apertura al futuro en la espera de lo que Dios mismo hará. No es una postura pasiva; aún más, se exige a los creyentes la aportación de sus sentimientos, de su pensamiento, de su acción, de sus tareas. Pero la iniciativa y la dirección espiritual es cosa única de Dios.

La segunda parábola subraya la capacidad de crecimiento del Reino de Dios. El Reino de Dios sería como un granito de mostaza, que, aun siendo el principio una pequeña semilla, se convierte después en un árbol “mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra”. El Reino de Dios se manifiesta no como dominio sobre otros, sino como protección.

Esto quiere decir que la comunidad cristiana, en cuyo seno nació el segundo evangelio, buscaba la consolación en esta esperanza de crecimiento de la semilla arrojada por Jesús. No había lugar para un masoquismo resignado; al contrario, la semilla del Reino de Dios, a pesar de su pequeñez inicial, es capaz de convertirse en un árbol donde los pájaros vienen a anidar. Con toda probabilidad el evangelista, en consonancia con Daniel y Ezequiel, en la inserción de todos los pueblos en la comunidad de Jesús.

Hay que estar atentos para no inflar la parábola, aplicándola a triunfalismos. El Reino de Dios se entiende en la parábola como un drama que ya ha comenzado; las demás fases se sucederán a través e la historia, pero el acto final – el Reino de Dios con poder (9, 1) – es rigurosamente escatológico y, como tal, se realizará más allá de la historia.

Para escuchar la Palabra
Predicar el Reino de Dios fue la ocupación principal de Jesús durante su ministerio público, su preocupación más constante; Jesús prefería de ordinario hablar de Dios por medio de parábolas. En sus parábolas hoy alude a un Dios que sigue viviendo y trabajando en el mundo, de incógnito pero con eficacia, como la semilla germina y va creciendo, sin que se sepa muy bien cómo; es un Dios que se sabe que está presente no porque se le vea a Él personalmente, sino porque pueden verse siempre en crecimiento sus obras; como el sembrador sabe que la semilla dará fruto, duerme él o vele, sin saber cómo o por qué; así el cristiano está seguro de que Dios está construyendo su reino en este mundo lenta pero inexorablemente, a pesar de las resistencias de sus enemigos y de los pecados de sus amigos: la tierra va produciendo la cosecha ella sola, dice Jesús; Dios no deja de vivificar su mundo. ¿Creo en este Dios y en su poder de intervención en la historia? ¿Le reconozco y contribuyo a que continúe su acción?

Jesús nos anima, con esta sencilla imagen, a poner nuestra confianza en Dios por encima y más allá de nuestras evidencias: sin verle en torno nuestro, podemos sentirle; podemos contar con su presencia, sin tenerle todavía al descubierto; sabremos contar con Él sin haberle aferrado con nuestras manos; le sentiremos activo y vivo en nuestro mundo, en nuestro corazón, sin tener que haberle contemplado todavía y sin tener que vivir experiencias fuera de lo ordinario; ¡bastaría que tuviéramos una fe tan pequeña como el grano de mostaza! Si tuviéramos un poco más de fe, entonces nosotros mismos seríamos el milagro: nuestro cambio sería aun mayor y más inaudito que la transformación en arbusto de la más pequeña semilla. ¿Me dejo llevar por criterios eficientistas o de cantidad en la obra de Dios? ¿Desde dónde miro el actuar de Dios, desde su humildad o desde el poder?

Él está ya trabajando, ¿cómo no será mejor un mundo que es objeto de los desvelos de Dios? ¿Qué motivos tendremos para desesperar de nosotros mismos, si dando crédito a Jesús nos sabemos sementera de Dios, campo de cultivo y objeto de sus cuidados?

Para orar con la Palabra
Me has tenido confianza al llamarme a vivir en tu Reino. En mí depositaste esa semilla de la filiación y de la fraternidad. Tu Reino, Señor, es el gran proyecto de salvación para nosotros. Sueñas que todos, reconociéndonos hijos, vivamos como hermanos. Y con Jesús has iniciado ese proceso. Él es tu Hijo desde toda la eternidad y es también nuestro hermano mayor desde su encarnación. Su Espíritu lo hace eficaz y universal en nosotros y para nosotros. Aumenta mi fe para poder creer que aún sin cosas extraordinarias tú continúas siendo fiel llevándolo adelante.

Tú, Señor, y tu proyecto de amor, son lo verdaderamente extraordinario. Como un campesino así de paciente eres. Que desde mi poquedad pueda ponerme a disposición para hacer realidad tu Reino. El mundo es campo de ejercitación de tu Reino. Mi mundo, aquí y ahora. Tómame, Señor.

 

 

10 Dom Ord BMarcos 3, 20-35  Descargar PDF

20. Vuelve a casa. Se aglomera otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer.
21. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: «Está fuera de sí.»
22. Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios.»
23. El, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?
24. Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.
25. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir.
26. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin.
27. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa.
28. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean.
29. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.»
30. Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo.»
31. Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar.
32. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.»
33. El les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?»
34. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.
35. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»"

Para comprender la Palabra
El ministerio público de Jesús alimentó, desde sus inicios, la controversia en torno a su persona. Cristo, ¿quién eres? El evangelio cuenta la vida de Jesús como una lucha continua contra el mal que tiende a dominar al hombre. El «Hijo del hombre» se encuentra frente a frente con el poder destructor del mal, al que contrapone la promesa y la experiencia del Reino de Dios, que ha llegado a nosotros con él. El motivo central del evangelio de hoy es, precisamente, la pregunta sobre quién es Jesús para el hombre.

Marcos recuerda que ni los familiares de Jesús, ni los maestros de la ley comprenden lo que hace y dice Jesús. Para contárnoslo, Marcos elabora un relato en tres partes que guardan relación entre sí: el regreso a casa (vv. 20-21), la disputa con los maestros de la ley (vv. 22-30) y las palabras de Jesús acerca de quiénes constituyen su verdadera familia.

Los maestros de la ley acusan a Jesús de estar poseído por el demonio. La respuesta a esta calumnia es un breve discurso con dos comparaciones y una declaración de condena. Todo se va a perdonar a aquel que quiera ser perdonado; pero a quien calumnie a Jesús, a quien diga que las obras que hace por el Espíritu Santo son obras de Satanás, jamás se le perdonará. No se trata solo de un decir sino de la actitud de cerrarse a reconocer y aceptar la acción de Dios en la persona y en las obras de Jesús.

Los familiares aparecen al principio y final del relato. Tampoco los más allegados a Jesús, su propia familia, lograron entenderle bien. Quiere, así, abrir una pregunta inquietante en el ánimo de sus lectores: ¿quién puede ser éste cuyo comportamiento extraña a sus propios allegados? E insinúa una respuesta consoladora: la familiaridad con Jesús no la tienen quienes un día le fueron próximos, sino cuantos pertenecen en su entorno y permanecen junto a él oyendo sus palabras. Dedicado al Reino en exclusiva, Jesús no tiene tiempo, ni afectos, para quien, madre y hermanos incluidos, no le sean compañeros de tarea. El discípulo atento a sus enseñanzas puede convertirse en el familiar más próximo de Jesús: la familiaridad con Jesús está al alcance de quien viva a su escucha. Si se puede extrañar que Jesús viviera extrañando de los suyos, ha de alentar saber que encuentra su hogar, y sus seres queridos, allí donde el evangelio encuentra atención. El oyente de Jesús es su familiar y amigo.

Resaltamos para mejor situarnos dos elementos: en la cultura judía la familia era la institución más importante y cada persona era comprendida en el conjunto familiar al que pertenecía; y, en sentido de casa que tiene el texto. La casa de Satanás, la casa familiar, la casa de Jesús. La primera está construida por los maestros de la ley para Jesús, por lo que no aceptan la acción del Espíritu. La segunda, la casa de una cultura anclada en el pasado, la de unos familiares que no han comprendido la novedad del Reino. Y finalmente, la “casa” esa con la que se abre el relato y que es expresión de la nueva fraternidad formada por todos los que siguen al Hijo de Dios.

Para escuchar la Palabra
Tener el Reino de Dios como misión única convirtió a Jesús en un hombre incomprendido. Para unos, fue un poseído del Maligno; para otros, un loco. Que Jesús siga extrañándonos, que su comportamiento nos resulte raro, que sus exigencias sean insoportables, no debería sorprendernos demasiado. Así fue desde el principio; así sigue siendo hoy: y no sólo para los desconocidos, para quienes no pudieron amarle, sino sobre todo para quienes mejor creyeron conocerle, para los que convivieron más con él, sus amigos y familiares. ¿Dónde me sitúo con respecto al Señor Jesús? ¿Qué digo de él?

A Cristo, nuestro Maestro, le tomaron por loco, que a nuestro Señor le acusaron de ser presa del Diablo, nos debería ayudar a no tomar tanto en cuenta lo que los demás digan o piensen de nosotros, sólo porque somos cristianos; es más, debemos contar con la incomprensión de los nuestros, si somos realmente cristianos; si modelamos nuestras vidas según Cristo, habrá que afrontar el ridículo y el desprecio, la burla o la falta de entendimiento de los demás, nos sean desconocidos o sean nuestros familiares. Decisivo para un cristiano no puede llegar a ser lo que los demás hablen o piensen, sino cuanto Cristo piensa sobre nosotros y lo que Él quiera decirnos. ¿Cuál es el precio que he pagado por ser cristiano? ¿Cómo alimento mi ser de cristiano y desde dónde afronto las dificultades en la vivencia de mi fe? Frente a quienes acudían a Él, llenos de desconfianza y de pretensiones, con exigencias y con dudas, Jesús optó por vincularse afectivamente con aquellos que vivían escuchándole: prometió sus mejores atenciones a cuantos le prestaban atención; desautorizaba así a todo aquel que, creyéndose con derecho sobre Jesús, sólo por ser de su entorno o pertenecer a su familia; Jesús no atenderá a quienes, por conocerle de siempre, por haber convivido con él, se desentienden de escuchar de su boca la voluntad de Dios y se eximen de cumplirla.

Quienes, como muchos de nosotros, tan seguros estamos de contar con Jesús, con ser de los suyos, con pertenecer sin más a su familia, que no hacemos ningún esfuerzo por quedarnos entre los que le acompañan siempre y siempre le escuchan, seremos un día, públicamente, desautorizados por Jesús. No hay más que una forma hacerse con el afecto de Jesús, hacer la voluntad de Dios; quien cumple el querer de su Padre es querido por Jesús como hermano. Sólo viviendo para escucharle, desviviéndose por atenderle y cumpliendo la voluntad de su Padre, es como nos convertiremos en miembros de su familia. La familia de Jesús están formada por los siervos de Dios que hacen su voluntad. ¿Es mi caso? ¿Qué tal familiar soy del Señor Jesús?

Para orar con la Palabra
Estoy más identificado con el cumplimiento de la ley que con el deseo de hacer lo que quieres, Señor; me da más seguridad el rito de pertenencia a tu familia celebrado en el bautismo que vivir reproduciendo tu misma actitud. ¡Ah, Señor! Con qué facilidad estamos expuestos a desviar el camino y sembrar en nuestro corazón falsas seguridades. Líbrame de anteponer otra realidad, por muy santa que sea, a tu persona y tu Reino y mantenme lejano de ese tipo de conocimiento de tu persona que ya no suscite mayor inquietud y deseo de poseerte. Hoy deseo convertirme en familiar tuyo reproduciendo en mi propia vida tu actitud vital, expresada en: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”. Señor, que seamos hermanos, más allá de cualquier falsa seguridad, en la búsqueda y realización del querer de nuestro Padre Dios.

 

 

 

 

CUERPO Y SANGRE DE JESUCRISTO
Mc 14, 12-16.22-26   Descargar PDF

"12. El primer día de los Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?»
13. Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle
14. y allí donde entre, decid al dueño de la casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"
15. El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.»
16. Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua." 

22. "Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.»
23.Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella.
24.Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.
25.Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
26.Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos."

 

Para comprender la Palabra
El relato que hemos leído presenta dos escenas bien definidas. En la primera se habla de los preparativos de la cena (vv. 12-16); y, en la segunda, de lo que sucedió durante la misma (22-26). Los preparativos, relacionados con la celebración judía de la Pascua, ocupan un lugar desproporcionalmente amplio en la narración y Marcos parece recrearse en los detalles.

A primera vista se diría que son los discípulos los que se interesan por el tema y por eso le preguntan a Jesús. Pero una lectura más atenta revela que el Maestro se les ha adelantado y parece tenerlo todo previsto: una casa en Jerusalén donde ellos son forasteros, una sala ya dispuesta en el piso superior de la misma y hasta una persona que les servirá de contacto con su dueño. De hecho los discípulos se limitan a cumplir estrictamente sus instrucciones y, al final, se encuentran todo “tal y como Jesús les había dicho” (v. 16). No son los discípulos los que le dominan sino que es él quien, al preparar la cena, se está preparando también su propia muerte.

La institución de la Eucaristía se desarrolla en un contacto lleno de tensión que hace intuir ya próximo el horizonte de la pasión. En efecto, Marcos lo sitúa muy significativamente entre tres anuncios proféticos: el de la traición de Judas (vv. 17-21), el del abandono de todos los discípulos (vv. 27-28) y el de la negación de Pedro (vv. 29-31), si bien el fragmento litúrgico que hemos leído no los incluye. Pero el dramatismo de esta escena que, aparentemente se desarrolla en la tranquila intimidad de una cena de amigos, se revela sobre todo en los gestos que realiza Jesús.

Jesús, que tantas veces había hecho de las comidas escenario privilegiado de sus enseñanzas, aprovecha una cena de despedida con sus amigos para impartir su última lección de vida. Para ello utiliza algunos elementos típicos de la cena pascual – pan y vino -, aunque modifica profundamente los gestos y las palabras previstos para ellos en la tradición israelita. Identificando el pan partido con su cuerpo y la copa de vino compartida con su sangre, Jesús está resumiendo el sentido de su vida y anticipando el significado de su muerte como entrega y donación sin límites de toda su persona. De este modo, el ritual de la vieja Pascua judía, centrada en el cordero sacrificado en el templo, se transforma en celebración de la nueva alianza entre Dios y los hombres, sellada con la sangre que Cristo derramó por todos.

Para escuchar la Palabra
“Hace esto en conmemoración mía” no remite sólo a repetir materialmente los gestos y las palabras de Jesús sino a reproducir sus mismas actitudes que le llevaron a entregar su vida por todos. La celebración de la Eucaristía es una celebración de la alianza y no solo un mero recuerdo del pasado. Quienes en él participamos estrechamos la comunión con Dios y entre nosotros y Dios en Cristo se une a nosotros. ¿Cómo es mi participación en la Eucaristía? ¿Qué valor le doy en mi vida cristiana? ¿Está al centro de mi vida como misterio celebrado y adorado?

Un pan que se parte y una copa de vino que se derrama es como Jesús ha querido dar a conocer su proyecto de vida. Una persona entregada, una vida para los demás. Ése es Jesús. ¿Cómo me interpelan estos signos? ¿Me siento identificado con ellos día a día? La Eucaristía podría convertirse para nosotros en un acto de culto que poco o nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana ¿Qué significa para mí llevar una vida ‘eucarística’ que sea prolongación y expresión de lo que celebramos?

El dramatismo de la última cena no ahoga la esperanza. Al pasar el cáliz a sus discípulos, Jesús les habla de su muerte, pero también del día en el que podrá beber el vino nuevo en el Reino de Dios, ¿Cómo está alimentando la Eucaristía la esperanza en mi vida?

Para orar con la Palabra
He de confesarte, Señor, que no valoro lo suficiente tu presencia eucarística. Me ha invadido la rutina y un aire de ritualismo ahoga mi espíritu. Y no es que me haya separado o sea inconstante al celebrarla. No. Pero no la he celebrado que tú has pedido para que hagamos memoria tuya. No es repitiendo tus palabras y gestos sobre un pedazo de pan y un poco de vino como haré memoria de ti sino reproduciendo tu misma actitud de entrega. Ayúdame a comprender que es la vida de entrega el mejor memorial de tu Eucaristía y que desgastando mi vida por los demás pueda experimentar tu vida y tu fortaleza en mi.

 

 Mt 28, 16-20  Descargar PDF

 

16. Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

17. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.

18. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

19. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

20. y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»

 

Para entender la Palabra
Tras su resurrección, Jesús ha sido constituido Señor “en el cielo y en la tierra”. Como prueba de su poder, congrega a sus discípulos, aún atemorizados e incrédulos, y les manda al mundo con una tarea: hacer de todo habitante de la tierra un discípulo suyo, convertir el mundo en ‘escuela de Dios’. Si así lo hacen, siempre los acompañará. La presencia de Dios está, pues, asegurada a una Iglesia que siga predicando el evangelio y siga bautizando en el nombre de Dios Trino.

Los Once se dirigen a Galilea, a un monte conocido. No huyen de Jerusalén sino siguen una indicación precisa: allí se les ha prometido que verían al Señor (Mt 28, 7.10). Y al verlo, caen al suelo, adorándolo, aunque algunos siguen sustentando dudas. La visión no es tan poderosa como eliminar cualquier titubeo.. La duda empequeñece la fe y, de algún modo, relativiza la experiencia visual: para saberle vivo, no basta verlo, deberán obedecerle. El Resucitado ejerce ese poder enviando a sus testigos al mundo: hacer de los pueblos discípulos de Cristo es la forma de hacer a los suyos partícipes ya de su victoria personal y asegurarles su presencia indefectible. El bautismo en el nombre de Dios Trino y la instrucción en la enseñanza de Jesús son las dos actividades básicas de esta labor educativa entre hermanos.

Al final del período pascual, en el que hemos recordado los hechos principales de nuestra salvación (muerte y resurrección de Jesús, su ascensión y el envío de su Espíritu), la Iglesia quiere que centremos nuestra atención en el Dios que está tras tanta gracia y que adoremos el misterio de tamaño amor. Quien cree tener su salvador en Cristo Jesús, ha de creer en la Trinidad de Dios; hoy recordamos el misterio central de nuestra fe: el Dios de Jesús, el único verdadero, es Padre, que nos ha creado y que nos ha llamado a la existencia; es Hijo, que murió por nosotros y que, resucitado, vivo para nosotros; es Espíritu, que nos acompaña en la ausencia de Jesús y quiere lo mejor para nosotros, nuestra santificación.

Este misterio, como cualquier otro misterio de nuestra existencia, es alcanzable sólo con el corazón. Dios consiste en el amor que nos tiene, por eso no le bastó en ser uno para nosotros, quiso “triplicarse” por nosotros. Y esta decisión misteriosa la empieza a entender quien se siente sobrecogido por tanto amor inmerecido. Cuando hablamos de tres Personas en Dios, decía san Agustín, no es porque así definamos mejor su realidad, sino para no tener que callarnos completamente. Y es que ante el amor no hay otra reacción posible que la aceptación o el rechazo; intentar la comprensión de los motivos por los que uno es amado es empezar a perder el amor que se ha descubierto. En vez de buscar una explicación racional al amor que Dios nos tiene, deberíamos hoy contemplar ese amor y callarnos aceptándolo agradecidos: tenemos, ¡quién lo iba a decir!, un Dios que se ha hecho tres para demostrarnos su amor, para hacérnoslo más cercano, más innegable.

Dios nos ha amado tanto que nos ha salvado de la nada llamándonos a existir; tanto nos ha querido, que quiso parecerse a nosotros viviendo, como hombre verdadero, entre nosotros, conociendo como nosotros la pena y la muerte; nos ha amado tanto que nos dio el Espíritu no de siervos sino de hijos. Por amor, amor incomprensible porque es amor sin medida, el Dios único se nos ha convertido en tres Personas que nos aman: no se puede vivir para comprender el amor (triple) de Dios, pero se puede vivir para sentirse comprendidos por ese amor personal de Dios Trino. Dios ha de resultarnos siempre incomprensible; pero un Dios que se “triplica” para amarnos más es un Dios adorable.

Para escuchar la Palabra
Jesús prometió su presencia a quienes envió. El pago de nuestro compromiso por hacer de los hombres discípulos; el salario por crear espacios en el mundo donde se viva según Cristo enseñó; la recompensa por vivir en común nuestra fe dentro de la Iglesia, es siempre Dios, la conciencia de su cercanía, la seguridad de su compañía, la vivencia de su triple amor. No nos queda otro camino para recuperar a Dios que recuperar la alegría de serle fieles en este mundo, asumiendo la misión que nos dejó. No es lógico verse abandonados por Dios, si hemos abandonado su voluntad. La celebración de la Trinidad nos recuerda que la tarea está por hacer y el mandato de Jesús por obedecer; no es tiempo para alimentar miedos o agrandar nuestra incredulidad: aún hay hombres que esperan el bautismo y todavía el mundo no es escuela de Dios. Volver al quehacer, cumpliendo el testamento del Resucitado, nos devolverá su presencia entre nosotros: el Señor está con quienes están donde Él ha mandado, en el mundo con el evangelio en sus corazones y en su boca. Mientras existan oyentes posibles del evangelio, tendremos la oportunidad de contar con Cristo entre nosotros: Dios no abandona a quien no cesa de testimoniarle. Es una gracia enorme y todo un quehacer. ¿Hago experiencia de su amor? ¿Tomo conciencia de la estructura trinitaria de la oración y de toda la vida cristiana?

Sin duda, nuestra incapacidad para apreciar la cercanía del Dios Trino depende de la irresponsabilidad con que vivimos nuestra fe; cuando nos presentemos, pues, como enviados de Jesús sin rubor ni complejos de inferioridad, cuando enseñemos lo que Cristo nos enseñó, cuando recuperemos el orgullo de ser sus discípulos y lo digamos públicamente, sentiremos cercano al único Dios que quiso ser tres personas para amarnos de tres formas diferentes. Cristo empeñó su palabra –hizo testamento antes de dejar la tierra- comprometiéndose a estar junto a quien predicara el evangelio y enseñara su enseñanza.

Para orar con la Palabra
Estoy bautizado, esto es, sumergido en tu amor. Eres Padre que con amor eterno me has amado en Cristo Jesús haciéndome participar de su vida filial. Eres el Hijo amado y hermano mayor de nuestra familia humana que me has amado hasta el extremo de entregarte por mí. Eres el Amor mismo, oh Santo Espíritu, que me envuelves y penetras del amor del Padre y del Hijo. Callo y contemplo la grandeza y la profundidad de ese amor. Hago silencio, pero ese silencio digno y santo de quien queda extasiado al contemplar la hermosura del amor. Estoy bautizado, esto es, sumergido en tu amor.

 

Juan 20:19-23  Descargar PDF

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
21 Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Para comprender la Palabra
Hoy recordamos el dies natalis de la Iglesia de Cristo. La Iglesia ha nacido cuando el Resucitado ha comunicado su Espíritu. Pentecostés es la “Pascua granada”, la Pascua madura que produce su fruto más sabroso: el envío del Espíritu Santo. Hay algunos datos significativos en el relato de san Juan: el don del Espíritu ya había sido prometido por Jesús no es, por tanto, algo inesperado dentro de la trama del evangelio. Por otra parte, Juan subraya la unidad del misterio pascual poniendo la comunicación del Espíritu el mismo día de la resurrección y, finalmente, presenta la misión de los discípulos de la reconciliación universal bajo el tema del ‘perdón de los pecados’.

Profundicemos en ello:
San Juan testimonia la promesa de Jesús enviar al Espíritu Santo (Jn 14, 15-17. 25-26: 15, 26-27: 16, 4b-11. 12-15). Y coloca el cumplimiento de la promesa de la comunicación del Espíritu en la tarde del mismo día de la Resurrección.

“Estando cerradas las puertas” indica el poder del Resucitado para vencer todo impedimento y al ponerse en medio de ellos, los discípulos quedan libres del miedo y de la tristeza. El reconocimiento de Jesús es para la Iglesia primitiva un medio expresivo del hecho profundo y trascendente de que el Resucitado se encuentra con los discípulos y es el mismo Jesús con quien habían convivido antes de su pasión. El saludo de paz de Jesús y la certeza de que es él, el crucificado y traspasado, hacen que el miedo deje paso a la alegría. Y el saludo pascual es el ofrecimiento de la “Paz”, que es el bien espiritual, don interior que se deja sentir externamente. La paz que el Señor resucitado trae a los discípulos de parte de Dios debe acompañarlos en su misión y demostrar al mundo lo que es la verdadera paz.

Y tras el envío sigue la donación del Espíritu. La señal externa es el acto de insuflar unido a las palabras “Recibid el Espíritu Santo”. Dicho gesto alude a la creación del hombre (Gn 2,7) o la profecía de Ez 37,7-14. El soplo, viento, aliento, pueden ser sinónimos de espíritu tanto en la lengua hebrea como en la griega. El don del Espíritu por Jesús a sus discípulos es descrito de la misma forma que el don de la vida que Dios comunicó al hombre en sus orígenes. Y es que ahora estamos en el origen de una nueva humanidad, ante una nueva creación. El don del Espíritu Santo hace de los discípulos personas recreadas, los libera de su vieja condición de “encerrados” y los prepara para asumir nuevos desafíos.

Para que aparezca la vida tiene que ser removida la muerte. El don del Espíritu se comunica como poder contra el pecado. Este fue el poder que Jesús comunicó a sus discípulos. La reconciliación universal es la tarea de quienes cuentan con el Espíritu de Jesús. La absolución de los pecados es un don y encargo del Señor resucitado. Así los signos de la presencia permanente de Jesús en la Iglesia son el don de la paz y la recepción del Espíritu. Como Jesús que ha sido consagrado para traer la salvación del Padre, así, ahora los discípulos con la Paz y el Espíritu son consagrados para que la lleven a todo el mundo. Existe una relación entre recibir el Espíritu y ser enviados por el Hijo. La misión actual tiene el modelo y fundamento en la misión del Hijo por el Padre.

Para escuchar la Palabra
El Hombre Nuevo da la misión a sus discípulos de ser nuevos hombres y de hacer nueva a la humanidad, dándoles su Espíritu. Se lo impone y lo posibilita. Los discípulos reciben el aliento del Resucitado y el mandato de perdonar en su nombre y con su poder. Vivir para el perdón es vivir de la resurrección, es vivir con su mismo Espíritu; vivir perdonando es ser nuevo hombre, que ha muerto al pecado y vive para ofrecer vida a los demás. ¿Por qué mis durezas para el perdón al hermano?

Los discípulos pasaron del miedo a la alegría al ver al resucitado en medio de ellos. Él eligió a unos discípulos asustadizos como apóstoles. No hay miedos, ni cobardías o traiciones que nos libren de la tarea de ser sus enviados al mundo. Jesús sacó a sus discípulos de su casa y de sus miedos, de su encierro y de su pusilanimidad y los lanzó al mundo. ¿Experimento su presencia, acojo su paz y me sé enviado como ministro de paz y perdón? Jesús resucitado quiere hacernos hombres nuevos, testigos fehacientes de la fuerza de su resurrección, resucitando en nosotros la alegría del testimonio y la tarea de representarlo.

El resucitado “sopló” sobre los discípulos su aliento personal, su fuerza interior, su Espíritu, haciendo posible su renacimiento. Encerrados en nosotros mismos y alimentando miedos poco testimonio damos de la acción del Espíritu. Empequeñecemos el Espíritu de Jesús a base de no atrevernos a ser audaces en la vivencia diaria de nuestra fe. Más de algún hermano pudiera cuestionarnos: “¿Por qué habría de ser entusiasmante una vida de fe, que no logra entusiasmar a cuantos dicen vivirla?” El mejor argumento que tenemos para convencer al mundo de que Cristo ha resucitado y que es posible vivir de una nueva forma es viviendo dóciles al Espíritu que hemos recibido en el perdón sincero. Quien puede perdonar a quien le ha ofendido ha recuperado la paz interior y tiene el Espíritu de Jesús. La alegría de vivir pertenece a quien sabe ser tan generoso como para echar en olvido las ofensas.

Para orar con la Palabra
Jesús resucitado, Señor del Espíritu, vence nuestro miedo dándonos tu paz. Tus discípulos seguimos viviendo atemorizados y necesitados que nos posibilites una manera nueva de ser humanidad. Viviendo de tu paz podremos pacificar, mientras que con nuestro miedo sólo sembraremos conflicto. Los que decimos seguirte seguimos encerrados entre los muros de nuestro orgullo y soberbia, tememos perdonar porque el mundo nos ha hecho creer que es debilidad y muerte. Ya no queremos ser del mundo que siembra odios y divisiones. Vuelve a soplar dándonos tu mismo Espíritu que nos pacifique para que podamos crear esa paz en el perdón. Desde nuestras fuerzas no podremos si tu Espíritu no nos mueve. Haznos, por tu Espíritu, constructores de paz y testigos fehacientes de tu resurrección.

¡CRISTO HA RESUCITADO!
III DOMINGO DE PASCUA Lc 24, 35-48

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Lucas 24:35-48
35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.
38 Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?
39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»
40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.
41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?»
42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.
43 Lo tomó y comió delante de ellos.
44 Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."»
45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,
46 y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día
47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.
48 Vosotros sois testigos de estas cosas.

 

Para comprender la Palabra
Las dificultades que se plantean ante el misterio son antiguas y el mismo Lucas las refleja: las apariciones son fantasía (v. 39) y van en contra de todo el espíritu religioso de Israel en el AT (la muerte y resurrección individual del Cristo). Este es el primer centro de interés de Lucas resaltar la veracidad del suceso (vv. 35-43); el aparecido no es un fantasma, puede comer y ser palpado, ser visto y oído; el narrador vuelve a insistir en la incapacidad de los testigos para creer lo que están viendo y entender cuanto oyen: de no haber sido por Jesús lo hubieran seguido dando por muerto; el Resucitado tuvo que emplearse a fondo para imponer la realidad de su vida. Para los judíos un espíritu sin cuerpo sólo puede ser un fantasma o una aparición por eso Lucas tiene que emplear imágenes materializadas para demostrar la realidad de la resurrección. El signo de la comida avanza aún más: compartir el alimento en la cultura bíblica es expresión de comunión interpersonal. El simple signo convival de Jesús compartiendo un pez asado revela la plena pertenencia de Jesús al mundo de los vivos, y en concreto al mundo de su grupo. Los discípulos pasan del sobresalto y miedo (vv. 37-38), a la alegría y asombro (v. 41) y al compromiso de ser testigos (v. 48). Para reconocer al resucitado se requieren ojos abiertos por Dios.

El segundo centro de interés en el relato (vv. 44-48) está en lograr el convencimiento de los creyentes: lo que ha sucedido es parte de un proyecto divino; cumple las promesas de Dios y aporta salvación a todo el que lo vea así, como el mismo Jesús ha demostrado a sus primeros discípulos. Jesús trae cumplimiento de la Ley (Lc 16,17s), la realización de las profecías (Lc. 4, 21), el culto de alabanza por las grandes obras que Dios llevó a cabo por Jesús. El tiempo de Jesús es el tiempo de la realización de las promesas. Dios no sólo justificó al Mesías, sino que a través de su resurrección trae la salvación a la humanidad. “Abrir el entendimiento” significa comprender que todo el camino de Israel recibe su sentido al culminar en la pasión y pascua de Jesús el Cristo. Para mostrar el sentido de la resurrección de Jesús es necesario señalar su coherencia interna respecto de los auténticos esquemas religiosos de la humanidad; todo lo que el hombre ha creído, buscado y experimentado recibe aquí su hondura y contenido. El Señor resucitado envía a la Iglesia a proclamar que por la cruz y la resurrección Dios extiende a todas las naciones el perdón de los pecados y la salvación.

El encargo recibido por la Iglesia se cifra en: - el kerigma o anuncio como actitud que exige no permanecer callado o encerrado en sí mismo; -el contenido de esta proclamación: metánoia o conversión como actitud total de cambio (literalmente, en griego: mutación de los planteamientos personales); - transformación por el perdón del pecado o amartía, como expresión de vida nueva, final y definitivamente salvada. Y por último, - mártires o testigos del respaldo divino con el que se ve dotada la nueva visión.

Para escuchar la Palabra
Creer en la resurrección es afirmar que existe un programa divino que nos incluye: lo que es vivencia de Jesús hoy es esperanza nuestra y nuestro porvenir mañana. El testigo de Jesús espera en lo que cree y cree en lo que espera. Pero como los primeros discípulos nosotros vivimos no creyéndonos de verdad lo que decimos creer: nuestro corazón no concede crédito a lo que profesan nuestros labios. ¿De dónde proceden nuestros miedos y nuestra desesperanza? ¿Cómo explicarnos que no estemos seguros de que existe una vida tras la muerte, si confesamos que Cristo resucitó de entre los muertos? Quizá nos falte valentía en comunicarnos unos a otros la fe que ya vivimos, coraje para decirnos la esperanza de la que nos alimentamos en la adversidad, sencillez para asincerarnos con cuantos comparten nuestro amor a Cristo.

La fe que no se expresa, si no está ya muerta, es fe condenada a morir. Quien sabe que Cristo ha resucitado, no se lo puede callar: tendrá que decírselo al mundo, empezando, como los discípulos primeros, por sus más allegados. Quien vive su fe espaldas a la comunidad creyente no podrá asegurarse contra la pérdida de esa fe. La mejor vivencia de la fe común es su vivencia en común. Jesús se dejó ver y tocar por aquellos que encontró reunidos, compartiendo juntos su incertidumbre pero también la convicción de que estaba vivo. ¡De cuánto no nos estaremos privando nosotros, persistiendo en vivir por libre nuestra fe, sin el apoyo de quienes han creído antes o creen más o mejor que nosotros! El resucitado no dejará de venir al encuentro de quienes, juntos, lo echamos de menos y lo buscamos unidos.

Para orar con la Palabra
Te damos gracias, Padre bueno, por la resurrección de tu Hijo, por el Espíritu de paz y de alegría que por Él nos has concedido. Transforma nuestra vida en un fervoroso aleluya, que nos empuje a vivir y expresar, con sinceridad y sencillez, la fraternidad de la fe que une a tus hijos y que ha de ser el signo en medio del mundo de tu mismo amor para con los hombres. Tú eres quien con amor renuevas constantemente todo cuanto ha salido de tus manos: purifica tu Iglesia, hazla digna de su esposo glorioso y, de esta manera, pueda llevar a término la obra que le has confiado de hacer presente tu Reino en nuestro mundo y en nuestros días. Haz que siguiendo el ejemplo y el mandamiento de tu Hijo, sepamos encontrar un nuevo sentido a nuestro trabajo y a nuestras ansias diarias. Que nuestro amor y nuestra fraternidad sean, así, un grito y un testimonio que nos identifique ante quien sea como discípulos de Cristo resucitado.

Juan 10:11-18   Descargar PDF

11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa,
13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.
14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,
15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.
16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo.
18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»

 

Para comprender la Palabra
La alegoría del pastor refleja directamente la persona y la misión de Jesús. Él es el pastor verdadero porque da la vida propia y constituye el camino mismo (14,6) y la puerta (vv. 11.14) para entrar a su redil. Esta imagen del buen pastor, aparentemente entrañable y bucólica, contiene una fuerte denuncia contra los dirigentes judíos que son considerados como falsos pastores de Israel. Por eso este pasaje se entiende mejor si se lee en su contexto: la discusión entre Jesús y los fariseos que siguen a la curación del ciego de nacimiento (Jn 9, 1-10-21).

En el contexto de la polémica con los fariseos Jesús se autentifica como pastor porque da su vida por sus ovejas, se expone por ellas y así se legitima como auténtico pastor, lo contrario del asalariado, que trabaja por interés propio o ajeno al de las ovejas, que lo abandonan a su propia suerte y se sirven de él. La segunda vez que llega a identificarse como buen pastor añade a la entrega de la propia vida el conocimiento mutuo entre pastor bueno y rebaño como criterio que identifica el verdadero pastor: el mutuo conocimiento no es más que reflejo del conocimiento recíproco de Dios y su revelador; en ella se origina la solidaridad extrema del pastor auténtico con su rebaño. No es por tanto un conocimiento superficial. El verbo conocer alude a una íntima comunión entre las personas, de un amor recíproco.

El fundamento sobre el que se construye la alegoría es totalmente bíblico. Hace referencia al AT, donde la misma imagen del pastor y del rebaño fue utilizada para describir las relaciones existentes entre Yahvé y su pueblo (Sal 23; Ez 34). Los textos más claros, a los que más directamente se hace referencia en esta alegoría del cuarto evangelio, son los de Ezequiel (34; 37, 16ss). La alegoría tiene también en cuenta la tradición sinóptica (Mc 6, 34; 14, 27; Lc 15, 3-7). Para el AT como para la tradición sinóptica el rebaño es la casa de Israel, el antiguo pueblo de Dios. No todas las ovejas le pertenecen. Se establece un nuevo principio de pertenencia: pertenecen al rebaño aquellas ovejas que escuchan su voz estableciendo una comunión como la de Jesús y el Padre. Así debe ser la comunión entre Jesús y los creyentes. Comunión nacida e impulsada desde la fe y traducida en la obediencia.

El pastoreo es universal y futuro; las ovejas pertenecientes al redil de Jesús no son únicamente aquellas a las que él se dirige sino todas las que le hayan sido confiadas, cuantas le escuchen y reconozcan, quienes bajo él permanezcan unidas. Y es revelador que esta misión porvenir y universal vaya ligada a su voluntad de entrega. El amor del Padre tiene su causa en esa entrega voluntaria; la muerte de Jesús está vista así no como catástrofe y escándalo sino como acto soberano de libertad y obediencia a Dios. Jesús es dueño de dar su vida y de recobrarla: ésa es su quehacer. La voluntad de Jesús responde a la voluntad del Padre; su pastoreo es fruto de dos protagonistas: Dios que ama y su Hijo amado.

Para escuchar la Palabra
Una vida cristiana que no sepa disfrutar de la cercanía de Jesús o que ignore sus atenciones, no se autentifica. Al presentarse como pastor, Jesús pretendía proponerse como señor y como siervo, como guía y como compañero; se declara dispuesto a relacionarse con quien le quisiera como pastor. La voluntad de convivencia le ha llevado a Jesús a entregar su vida por nosotros. ¿a qué viene el sentirse abandonados por él, cuando presentimos el peligro y la adversidad? ¿Con qué derecho nos creemos solos e indefensos siempre que tenemos que encarar una dificultad o asumir un riesgo? Quien ha entregado su vida por nosotros, no nos podía dar otra prueba mejor de estar a favor nuestro; quien renunció a vivir porque prefirió convivir con nosotros, no se echa atrás ante peligros menores y menores enemigos que la misma muerte.

Saberse apacentados por Jesús lleva a vivir sin temor la propia vida, sabiendo que nuestro presente está en buenas manos y que nuestro futuro está ya asegurado en quien amó su vida menos que la nuestra. Jesús nos lo ha advertido: tener como pastores a asalariados lleva inevitablemente a ser presa de los lobos. Y es esa por desgracia nuestra pequeña historia: hemos sido víctimas de aquellos en quienes nos confiamos porque no nos atrevíamos a confiarnos totalmente en Cristo. Sólo quien está dispuesto a entregar su vida antes que entregar su grey es un pastor digno de confianza, sólo quien prefiere convivir junto a nosotros que vivir sin nosotros merece ser seguido. También es bueno que recemos por quienes han sentido la vocación de imitarle y representarle. Aunque no sean tan buenos como los quisiéramos son la imagen más cercana que nos queda en este mundo del pastor bueno que necesitamos. Rezando por ellos los hacemos mejores y conseguimos tener a nuestra disposición pastores buenos que nos recuerden más fácilmente el rostro y la voz del Pastor bueno, Cristo Jesús.

Para orar con la Palabra
Te identificas como pastor bueno y yo busco otras instancias para confiar mi vida; eres quien te auto-entregas y mi corazón permanece indiferente; me amas y me conoces y sigo sintiéndome solo. ¿Te pertenezco, Señor? Hazme saber que te importo y que has puesto tu propia vida como precio de la mía. Mis oídos son sordos y mi vista ciega porque ni te escucho ni te sigo. No permitas que me disgregue y me pierda, mantenme unido a la comunidad de tu rebaño desde donde se escucha tu voz y se percibe tu presencia. A fuerza de tus atenciones gana mi corazón rebelde. Hoy me confieso ante ti incapaz de seguirte. Sólo tú que eres la belleza podrás atraer y fascinar mi corazón. ¿Cómo podré representarte, responsabilizándome de mis hermanos, si no vivo la experiencia de pertenecerte, de escucharte y de seguirte? ¡Ah, Señor! Hay muchos asalariados que quieren aprovecharse de los demás y a veces con astutos argumentos. Líbranos de los malos pastores y modela nuestro corazón para que, a tu imagen y en tu nombre, cuidemos de nuestros hermanos más débiles, para que siempre unidos, como hermanos, seamos el rebaño que tú siempre has deseado de nosotros, tu Iglesia.

 

 Juan 15:1-8  Descargar PDF

1 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.
3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

Para comprender la Palabra
El pasaje de este domingo y del siguiente forman parte del llamado “discurso de despedida” del evangelio según san Juan (Jn 13-17). En realidad se trata de dos discursos y una larga oración que Jesús pronuncia durante la última cena. Es como un testamento espiritual. Estos discursos resumen la enseñanza de Jesús y ofrecen orientaciones a sus seguidores para que sepan cómo conducirse cuando falte el Maestro. Fueron compuestos mucho tiempo después de su muerte a partir de las palabras y recuerdos de Jesús, junto con las reflexiones de sus discípulos.

Jesús se presenta como Viña verdadera. La vid, con el olivo y la higuera, son característicos de la vegetación palestina y símbolo del pueblo elegido. La vid es una planta que exige muchos cuidados. La misma planta sugiere que sea tomada como ilustración de los cuidados de Dios por su pueblo. Un símbolo muy común en el AT (Is 5; Jer 2, 21, Os 10, 1) que servía para ilustrar la infidelidad del pueblo y su castigo (Sal 80, 8-16; Ez 19, 10-14), pero nunca fue empleado como símbolo personal del Mesías. Al apropiarse esta imagen puede estar aludiendo a la fidelidad única a Dios que en él está garantizada: Jesús es la única vid que no defraudó al Padre, que es el viñador; la identidad de Jesús reside en su correspondencia a los desvelos del Padre.

De esta fidelidad se sigue su capacidad de dar vida los sarmientos-discípulos; es Dios mismo quien cuida esta viña, cortando y limpiando los sarmientos. Conociendo la planta no es necesario afirmar que no todos los tallos prosperan. Tiene que haber un constante cuidado de poda y limpieza. Las ramas infructuosas son los hombres sin fe y los discípulos apóstatas. En cambio en la vida de los discípulos fieles, existencia y fecundidad van unidos, así como progreso vital y limpieza dolorosa: Dios poda para favorecer la fertilidad de aquéllos que están insertos en Cristo. Los discípulos ya están limpios (v. 3) merced a la palabra de Jesús, que les ha separado del mundo y centrado en Dios; su palabra ha sido principio de separación y de fertilidad, purificación y fructificación. La purificación por el mensaje es un don inmerecido y estado conseguido; de él nace la tarea imperativa: la permanencia (v.4); sólo así se asegura el don y el fruto, la vida y su progresivo desarrollo. Unión vital y fecundidad son inseparables: la fertilidad del discípulo depende de la fidelidad a Cristo y su corrupción de su separación de Él.

En el v. 5 viene una repetición de revelación aunque introduciendo un matiz nuevo al tema de la permanencia (once veces aparece en el capítulo, siete en nuestro texto): la relación entre discípulos y Jesús es íntima; la capacidad del cristiano para hacer algo depende de su enraizamiento en Cristo. La autosuficiencia aparta de Dios y corta la unión con Jesús. Separarse de él significaría no sólo sequedad, también la ruina. La permanencia en Jesús, en cambio, que comporta la permanencia de su palabra en uno, consigue la escucha de su oración. Quien sigue las palabras de Jesús sabrá que sus deseos son seguidos por Dios. Es así como la existencia cristiana, que es permanencia en Cristo y posibilidad de producir vida, realiza la obra de Cristo, es decir, la gloria del Padre. Esta permanencia en Cristo está comprendida ahora como permanencia en su amor. La permanencia en el amor del discípulo con Jesús tiene su origen y principio en la relación Padre-Hijo.

Para escuchar la Palabra
Dios está totalmente volcado en Jesús, como el labrador en su viña: en consecuencia para poder participar de los cuidados de Dios habrá que tener parte en Cristo, la viña de sus cuidados; no será, pues, la pertenencia a un pueblo, por santo que sea, lo que nos hará objeto de las atenciones del Padre, sino la permanencia en Jesús, el Hijo de Dios. El enraizamiento en Cristo es la clave para la fidelidad del discípulo y de la comunidad. Arraigarse en él es la forma de tenerlo. Sólo mantiene la vida quien permanece en él dando fruto. ¿Me mantengo unido a Cristo o vivo a mi aire? ¿Cuáles son los signos de mi permanencia en la auténtica Vid? Amor sin eficacia, fe sin práctica es amor necesitado de poda; amor sin frutos es amor destinado a arder como hojarasca inútil. ¿Cómo entiendo mi relación con Cristo? Quien amando con obras, fructifica su permanencia en Cristo, verá fructificados hasta sus deseos: la petición del que da lo que Dios espera de él se verá satisfecha; Cristo no dejará sin cumplir los anhelos de quien cumple su voluntad. Tal es la capacidad de vivificar de la verdadera Vid que es Cristo.

Como el viñador cuida podando y fortifica la vida en la vid librándola de las partes inútiles, infructuosas, así se comporta Dios con quienes quiere de verdad. Y es que, como el buen labrador con su viña, no nos cuida porque demos ya los frutos que espera, sino porque con su trabajo espera obtener mejores frutos que los que le damos. Sentirse bien con alguien no es todavía amarlo de verdad: un amor sin exigencias es un amor barato, sin consecuencias, tan fácil de dar como fácil de retirar. ¿Estamos dispuestos a sufrir esos cuidados de Dios? ¿Queremos que Dios nos importune con sus atenciones? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de su amor?

Para orar con la Palabra
No siento tu mano potente, ni el calor de tu presencia, ni el consuelo de tu compañía porque no me he mantenido unido a ti, Señor. Injértame en tu vida para que fluya tu savia. Creo que llevo tanto tiempo muerto en vida, o ¿No crees que aún haya posibilidad de vida? Que tu vida circule en mi interior, savia santa, para que pueda germinar y dar abundantes y buenos frutos en el amor. Necesito saber que el buen viñador, tu Padre, me poda. Su intervención tantas veces es dolorosa. Experiencias de desarraigo, de sequedad, de soledad... y todo ello con un fin preciso: impulsar mi vida. Ya no quiero cuestionar el por qué de esas experiencias que me causan dolor sino me preguntaré el para qué de las mismas, lo que Dios espera de mí al vivirlas. Hoy renuevo mi compromiso de permanecer en tu amor. Quiero que tú seas la razón de mi vida y el fin de mis proyectos, la raíz de mis esperanzas y el lugar donde florezca. Espero en ti que me darás la vida y me saciarás de tu presencia y de tu amor.