3 Dom Ord ADios sigue llamándonos a colaborar en la misión de Jesús, pero la conversión al Reino depende de nuestra decisión personal. Su palabra siempre acompaña, ilumina, acompasa y da sentido a nuestros pasos.
P. Paco Ruiz sdb


Mateo 4:12-17 Descargar

12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.
13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;
14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!
16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.
17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»


Para comprender la Palabra

 

La manifestación pública de Jesús comienza con su traslado a Cafarnaún tras el arresto de Juan. El pasaje nos invita a fijarnos en el comienzo de esta manifestación, porque en ella se anuncia y anticipa, de algún modo, toda la misión de Jesús como un cumplimiento de las Escrituras. Nuestro texto está dividido en cuatro partes: La ubicación de la escena (vv 12-16); objeto de la predicación de Jesús (v. 17); relatos vocacionables (vv. 18-22); sumario del ministerio de Jesús (v 23).

Mateo quiere presentar no sólo el lugar del inicio de la predicación de Jesús sino su justificación teológica. Jesús parte de la periferia, que será, contradictoriamente, su centro de irradiación. Desde ahí inicia la convocación del pueblo mesiánico. Citando la profecía de Isaías cuya esencia la compone una serie de imágenes (luz-tinieblas), Jesús y su ministerio vienen interpretados como actuación del mensaje de salvación, como la resplandeciente luz que ilumina donde se encuentra la tristeza y la humillación. Jesús comenzó su predicación en Galilea porque es la tierra pobre, de tinieblas y muerte que espera vivamente la revelación salvífica de Dios. El misterio de la universal oscuridad humana se iluminará desde él. Es regla constante de Dios que escoge aquello que en el mundo es pequeño y despreciado para realizar con eso las maravillas de su salvación.

En el anuncio del Reino hay un imperativo y una justificación. Es el anuncio que Dios está por intervenir eficazmente en la historia del mundo y, por tanto, de los hombres, que deben medirse con él. Qué cosa vale o qué cosa no vale lo decide él. Todo se decide en el encuentro con él. La conversión es cambio de vida y de criterios de decisión. Está por cambiar el régimen que gobierna la historia del mundo. La cercanía del Reino no es cronológica sino existencial. Inicia ya a hacerse perceptible al hombre. El hombre puede y debe ya dirigirse hacia ello y así viene a la luz. Signo y realización concreta de esta cercanía es el ministerio de Jesús.

A su mensaje corresponde la actitud humana de total adhesión representada en los discípulos. Los cuatro pescadores entran en una relación vital y única con Jesús, más fuerte que el vínculo familiar y que cualquier actividad. Estos hombres experimentan la fuerza de atracción de vida más grande de aquella en la cual estaban ya habituados, percibieron al improviso una energía en las palabras de Jesús. Esta experiencia es experiencia del Reino. Cuando hay alguno que abandona sus acostumbradas ocupaciones y hábitos y se dedica al seguimiento de Jesús, entonces el Reino de Dios comienza a realizarse. El seguimiento de los primeros cuatro discípulos es la respuesta al mensaje de Reino y un ejemplo de cómo hay que responder al anuncio y a la invitación de Jesús. No son ellos quienes toman iniciativa sino Jesús que se acerca, llama y exige respuesta.

El último versículo de este texto seleccionado es un sumario del ministerio de Jesús. Está constituido por anuncio de la Palabra (predicación y enseñanza) y de curaciones (las más graves: posesos, lunáticos y paralíticos). Jesús se presenta como heraldo que proclama la voluntad de Dios y como el maestro que enseña progresivamente cuáles son las exigencias del Reino porque todos puedan entrar. Él es el Mesías de los hechos, médico-curador de toda enfermedad. Jesús acompaña este anuncio con potentes acciones de salvación para que sea claro que se trata no sólo de una bella palabra, sino de la potencia de Dios que se realiza de verdad. Las obras confieren credibilidad al anuncio, así como el anuncio permite interpretar en el modo concreto las obras.

Para escuchar la Palabra
Que la primera actuación pública de Jesús se localice en Cafarnaúm, en ‘Galilea de los gentiles’, lo interpreta Mateo como cumplimiento de la profecía. Así, además de dejar afirmada la universalidad de la misión de Jesús desde su inicio, la comprende como realización del designio salvífico de Dios. ¿Estoy dispuesto a ir allí donde más necesidad se tiene del evangelio? ¿Recurro a donde quizás no haya mucha ‘buena fama’ para comunicar la buena noticia?

Las primeras palabras de Jesús se refieren al Reino inminente de Dios y a la urgencia de la conversión: sólo la conversión a Dios le convierte en soberano. ¿Pertenezco a su Reino, esto es, vivo bajo su señorío? ¿He aceptado el mensaje del Reino con apertura y conversión de corazón? Si ya estoy satisfecho y lleno de mí, no hay razón para aceptar algo nuevo. Sólo quienes cultivan la apertura de corazón, quienes fijan su confianza en Dios esperando su futuro estarán dispuestos, cuando Dios venga en su Reino, a dejar lo que ahora les ocupa para de Él ocuparse. ¿Cuáles son mis entretenimientos y actividades que han de ser pospuestos en razón de la presencia del Reino? ¿Qué tengo que relativizar para que el Reino sea una realidad en mi vida?

Lo miramos en el texto que tras el anuncio, la primera acción es, significativamente, la invitación a ser seguido: el discípulo es la primera actuación del Reino; éste comienza a actuarse cuando un hombre sigue a Jesús. ¿Cómo es mi seguimiento del Señor Jesús? ¿Hay la disposición para el encuentro con él, abandonando personas y actividades buenas, por lo mejor, que es su Reino? El anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús, ¿ha ganado mi vida? ¿Vivo y actúo desde él y para él? ¿Qué me estará impidiendo vivir bajo su señorío? ¿Qué signos Él me envía para comunicarme que su Reino está cerca de mi vida?

Para orar con la Palabra
Te agradezco, Señor, porque me has llamado de las tinieblas al esplendor de tu luz. Has venido a la Galilea de mi vida, allí donde ni yo mismo me creo posible cambio alguno. Y me ves… como viste a tus primeros discípulos antes de llamarlos. Me siento mirado por ti, con esa mirada amorosa no obstante mi pecado, mi lejanía, mi automarginación. Me siento mirado por ti en medio de las actividades ordinarias con las que gano mi sobrevivencia. Has venido a mí, que vivo en Galilea (oscuridad), a mirarme con amor y llamarme a tu seguimiento. Gracias, Señor, por tu grande predilección. Tú nunca das por perdido nada ni a nadie. Seas alabado por siempre, Dios de todos los hombres perdidos, Dios de quien sufre y muere, Dios que nos acompaña incluso en nuestros oscuros caminos. Ahí, Señor, en mi Galilea, mantén no sólo tu llamado sino tu mirada iluminadora. “Tu luz nos hace ver la luz” dice el salmista y bajo tu mirada podré mirar los signos de tu reinado y estaré dispuesto a dejar todo para seguirte. Gracias, Señor, porque me has llamado de las tinieblas al esplendor de tu luz. Bendito Seas. Amén