1 Dom Ord Ciclo AJesús, nuevo Josué y definitivo salvador, abre un nuevo éxodo para la humanidad y lleva a cumplimiento las promesas de Dios para todos. Él nos ha introducido en una tierra de promisión. Meditemos a la luz del bautismo de Jesús sobre nuestra condición de hijos amados del Padre.
P. Paco Ruiz sdb


Mateo 3,13-17 Descargar

13 Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él.
14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»
15 Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó.
16 Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
17 Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

Para comprender la Palabra

 

Despúes de los relatos de la infancia (Mt 1-2), Mateo continúa presentando la figura de Jesús y desvelándonos su identidad. El presente texto contiene la siguiente estructura: a) ubicación en cuanto al protagonista y el lugar de la escena (v. 13); b) el diálogo entre Juan y Jesús (vv. 14-15); c) la escena de la manifestación de la Trinidad (vv. 16-17).

Hay de fondo un problema que se planteó la primitiva comunidad: ¿Necesitaba Jesús el bautismo de penitencia para la remisión de los pecados? Jesús se bautizó para “cumplir toda justicia” (v. 15), que equivale a conformarse a lo que Dios quiere, aceptar su plan y voluntad. Y lo que Dios quería era que su Mesías, el rey divino, se asemejase a su pueblo, a aquellos a los que venía a salvar, que fuese su siervo por excelencia, que debería entregarse por todos en la humildad y ocultamiento (Is 53).

En la presentación de la escena, Mateo ubica a Jesús en Galilea como a Juan en el Jordán. Para Mateo el Bautista es el nuevo Elías que anuncia e inaugura la llegada del Reino de los cielos y la aparición del Mesías. En el diálogo entre ellos, tiene la intención de presentar la superioridad de Jesús sobre Juan. Juan ha descubierto en Jesús, que se acerca a bautizarse al Señor que trae consigo el Reino de los cielos que él anuncia. Jesús no está subordinado al Bautista. Ambos lo están a la voluntad de Dios.

El bautismo termina con una teofanía: una manifestación del Señor como Trinidad. Dios se revela para presentar al hombre Jesús de Nazaret como su verdadero Hijo, dador del Espíritu Santo. Se abre el cielo, desciende sobre Jesús el Espíritu y es anunciada su filiación divina y la complacencia del Padre sobre él. Esta visión es un medio de los que Dios se sirve para manifestar su presencia y acción en el mundo. La escena recuerda la visión de Ezequiel (1,1-4.28; 2,1-3) que ve que el cielo se abre, aparece la gloria del Señor, se escucha una voz que habla, el Espíritu se apodera de él y le revela la misión. La presente teofanía pone de relieve que se abrió el cielo, es decir, que el mundo de lo divino ha irrumpido en el mundo de lo humano en Jesús y a través de él. Y ello porque él es el Hijo de Dios, que debe instaurar en la tierra su reino. El salir del agua recuerda el tema del éxodo tal como se indica en Is 63, 11-19. La paloma indica la permanencia del Espíritu de Dios en Jesús. La voz del cielo teje la proclamación mesiánica del Salmo 2,7 con la presentación y la elección del siervo de Is 42, 1. Todas expresiones significan la misma realidad: la presencia de Dios en él. Lo que se afirma con ocasión del bautismo de Jesús es lo que se pondrá de relieve a lo largo de todo el NT: Jesús es el portador del Espíritu, quien cumple a la perfección la voluntad de Dios, quien se entrega por los hombres en plena solidaridad con ellos. Dios se manifestó solidario con el hombre pecador. El hombre pecador se convierte en hijo porque Dios se ha hecho hombre.

Para hacer visible esta profunda realidad de la presencia de Dios en nuestro mundo en y a través de Jesús era necesario utilizar un medio que salvase la distancia entre el cielo y la tierra. Así apareció el vuelo de un ave, la paloma. Y se recurre a ella porque frecuentemente es utilizada como símbolo de Israel. En el fondo estamos ante una imagen utilizada para poner de relieve la unión de lo alto con lo bajo, de Dios y del hombre. La imagen de la paloma expresa también la implicación del Espíritu en la misión y existencia de Jesús. La unción y don del Espíritu van unidos. Descendiendo el Espíritu indica que el tiempo de la salvación se ha inaugurado.

Para escuchar la Palabra
Dios presentó a Jesús ante el pueblo que se reunía en torno al Bautista como su Hijo predilecto. Con su bautismo Jesús quiso cumplir la voluntad de Dios y, por ello, Dios lo reconoció como Hijo amado. La justicia cumplida, fidelidad probada al querer divino, consigue la intimidad con Dios: obedecer a Dios, serle siervo, es el camino recorrido por el que era el Hijo. Dios encuentra a sus preferidos entre quienes viven prefiriendo su voluntad. ¿Así expreso mi ser de hijo, anhelando y haciendo el querer del Padre?

Todo cuanto emprenda Jesús lo hará como Hijo de Dios: la voz del Padre precede a su predicación del Reino. Jesús en obediencia se mezcla con los hombres pecadores, se adentra en las aguas de los pecadores, se adentra en las aguas del pecado y de la muerte y se levanta como Hijo lleno del Espíritu Santo. Bautismo y Pascua expresan el mismo misterio que es propiamente el sentido último de Jesús: su total comunión con el Padre que se manifiesta en su comunión amorosa con los hombres hasta perderlo todo y levantarse así lleno de vida verdadera y comunicador de ella. Como bautizado yo también estoy llamado a vivir en obediencia al querer de Dios ¿Cómo vivo la gracia de mi bautismo? ¿Sé solidarizarme con mis hermanos en vistas a que entren en comunión con Dios? ¿Me sé amado de Dios y cultivo la conciencia de corresponderle llevando a cabo su voluntad en mi vida?

Para orar con la Palabra
Los cielos han sido abiertos declarándote a tu favor, cuando precisamente en humildad Señor Jesús, pasabas como uno de tantos. En la Escritura se lee que quien se humilla será ensalzado. Y eso se cumplió contigo Señor Jesús. Cuando te disponías a cumplir “toda justicia”, pasando por un pecador más, ante el Bautista y el pueblo entero, el cielo se abrió y te distinguió con aquella voz, llamándote “Hijo amado”.

Y yo tantas veces me he querido distinguir llamando la atención de mi persona. No siendo humilde sino centrando las miradas en mí. Señor Jesús, ayúdame a imitar tu humildad, que no es otra cosa que hacer el querer de Dios tu Padre, el cielo siempre abierto. Ayúdame a comportarme como hijo siempre y en todo lugar haciendo lo que tú de mi deseas.

Los cielos han sido abiertos, Señor, con tu presencia. Y me miran distinguiéndome. Que con la fuerza del Espíritu, que he recibido desde el día de mi bautismo viva reconociéndome amado y haciendo tu querer en mi vida. Amén