cicloA 2La Sagrada Escritura ha sido dividida, desde el Concilio Vaticano II, en tres ciclos completos de lecturas, de tal manera que quien asistiera a Misa todos los días, durante tres años seguidos, conseguiría escuchar casi toda la Palabra de Dios.

 

ADVIENTO

Primera Semana
Domingo Como el Ave Fénix. Mateo 24, 37-44.
Lunes El siervo del centurión. Mateo 8, 5-11
Martes Revelación del Padre. Lucas 10, 21-24.
Miércoles Segunda multiplicación. Mateo 15, 29-37.
Jueves La verdadera sabiduría. Mateo 7, 21. 24-27.
Viernes Curación de dos ciegos. Mateo 9, 27-31.
Sábado Misión de los discípulos. Mateo 9, 35. 10, 1. 6-8.

Segunda Semana
Domingo Anunciando una edad de oro. Mateo 3, 1-12.
Lunes Curación de un paralítico. Lucas 5, 17-26.
Martes La oveja perdida. Mateo 18, 12-14.
Miércoles Jesús manso y humilde. Mateo 11, 28-30.
Jueves Misión de ser precursor. Mateo 11, 11-15.
Viernes Indiferencia de los judíos. Mateo 11, 16-19.
Sábado Después de la Transfiguración. Mateo 17, 10-13.

Tercera Semana
Domingo. Mateo 11, 2-11.
Lunes Poderes de Jesús. Mateo 21, 23-27.
Martes Parábola de los dos hijos. Mateo 21, 28-32.
Miércoles Anuncien a todos lo que han visto y oido. Lucas 7, 19-23.
Jueves Parábola de los dos hijos. Testimonio de Jesús sobre el Bautista. Lucas 7, 24-30.
Viernes. Juan 5, 33-36.
Día 17 Diciembre Genealogía del Salvador. Mateo 1, 1-17.
Día 18 Diciembre Anuncio del ángel a José. Mateo 1, 18-24.
Día 19 Diciembre Anunciación del Precursor. Lucas 1, 5-25.
Día 20 Diciembre La Anunciación de Jesús. Lucas 1, 26-38.
Día 21 Diciembre Visita de la Virgen a Isabel. Lucas 1, 39-45.
Cuarto Domingo de Adviento ¡El prometido está a las puertas! Mateo 1, 18-24.
Día 22 Diciembre El Magníficat. Lucas 1, 46-56.
Día 23 Diciembre Nacimiento Juan Bautista. Lucas 1, 57-66.
Día 24 Diciembre Dios redime a su pueblo. Lucas 1, 67-79.

NAVIDAD
Día 26 Diciembre "No se preocupen". Mateo 10, 17-22.
Día 27 Diciembre Pedro y Juan en el sepulcro. Juan 20, 2-8.
Día 28 Diciembre Los Santos Inocentes. Mateo 2, 13-18.
Día 29 Diciembre Presentación en el templo. Lucas 2, 22-35.
Día 30 Diciembre En el Templo con la profetisa Ana. Lucas 2, 36-40.
Día 31 Diciembre La Palabra se hizo carne. Juan 1, 1-18.
Día 2 Enero Primer testimonio de Juan. Juan 1, 19-28.
Día 3 Enero Segundo testimonio de Juan. Juan 1, 29-34.
Día 4 Enero Los discípulos de Juan. Juan 1, 35-42.
Día 5 Enero Vocación de Felipe y Natanael. Juan 1, 43-51.
Segundo Domingo después Navidad Epifanía Mateo 2, 1-12.
Día 7 Enero (o Lunes después Epifanía) Jesús predica en Galilea. Mateo 4, 12-17. 23-25.
Día 8 Enero (o Martes después de Epifanía) Multiplicación de los panes. Marcos 6, 34-44.
Día 9 Enero (o Miércoles después de Epifanía) Jesús camina por el mar. Marcos 6, 45-52.
Día 10 Enero (o Jueves después de Epifanía) Jesús en la sinagoga. Lucas 4, 14-22.
Día 11 Enero (o Viernes después de Epifanía) Curación de un leproso. Lucas 5, 12-16.
Día 12 Enero (o Sábado después de Epifanía) Tercer testimonio de Juan. Juan 3, 22-30.

 

CUARESMA
Miércoles de Ceniza Rectitud de intención. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Necesidad de seguir a Jesús. Lucas 9, 22-25.
Viernes El esposo será arrebatado. Mateo 9, 14-15.
Sábado Vocación de Leví. Lucas 5, 27-32.

1o. Semana de Cuaresma
Domingo ¿Cómo nos tienta el demonio? Mateo 4, 1-11.
Lunes El juicio final. Marcos 25, 31-46.
Martes Método de hacer oración. Mateo 6, 7-15.
Miércoles La muchedumbre pide una señal. Lucas 11, 29-32.
Jueves Eficacia de la oración. Mateo 7, 7-12.
Viernes Perdón de las ofensas. Mateo 5, 20-26.
Sábado El amor a los enemigos. Mateo 5, 43-48.

2o. Semana de Cuaresma
Domingo Una experiencia a lo divino. Mateo 17, 1-9.
Lunes Sed misericordiosos como vuestro Padre. Lucas 6, 36-38.
Martes Hipocresía de los escribas y fariseos. Mateo 23, 1-12.
Miércoles Tercer anuncio de Pasión. Mateo 20, 17-28.
Jueves El rico Epulón y el pobre Lázaro. Lucas 16, 19-31.
Viernes Parábola de los viñadores infieles. Mateo 21, 33-43. 45-46.
Sábado Parábola del hijo pródigo. Lucas 15, 1-3. 11-32.

3o. Semana de Cuaresma
Domingo Encuentro con la samaritana. Juan 4, 5-42
Lunes Jesús en Nazaret. Lucas 4, 24-30.
Martes El perdón de las ofensas. Mateo 18, 21-35.
Miércoles Jesús ante la Ley. Mateo 5, 17-19. Mateo 5, 17-19.
Jueves El poder sobre los demonios. Lucas 11, 14-23.
Viernes El primer precepto. Marcos 12, 28-34.
Sábado El fariseo y el publicano. Lucas 18, 9-14.

4o. Semana de Cuaresma
Domingo Los ciegos voluntarios. Juan 9, 1-41
Lunes Regreso a Galilea. Juan 4, 43-54.
Martes Curación de un paralítico. Juan 5, 1-3. 5-16.
Miércoles El Hijo actua en unión con el Padre. Juan 5, 17-30.
Jueves Testimonio del Hijo. Juan 5, 31-47.
Viernes Jesús se declara Hijo de Dios. Juan 7, 1-2. 10. 25-30.
Sábado Divisiones sobre el origen de Cristo. Juan 7, 40-53.

5o. Semana de Cuaresma
Domingo Aquel día en que Jesús lloró. Juan 11, 1-45.
Lunes La mujer adúltera. Juan 8, 1-11.
Martes Yo no soy de éste mundo. Juan 8, 21-30.
Miércoles La verdad os hará libres. Juan 8, 31-42
Jueves Es mi Padre quien me glorifica. Juan 8, 51-59.
Viernes Jesús uno con su Padre. Juan 10,31-42.
Sábado Resolución del consejo. Juan 11, 45-56.

 

SEMANA SANTA
Domingo de Ramos. Mateo 26, 14-27.
Lunes Santo El arrepentimiento de María Magdalena. Juan 12, 1-11.
Martes Santo Anuncio de la traición. Juan 13, 21-33. 36-38.
Miércoles Santo La traición de Judas. Mateo 26, 14-25.

PASCUA
Triduo Pascual
Jueves Santo Lavatorio de los pies. Juan 13, 1-15.
Viernes Santo Prisión de Jesús. Juan 18, 1-40. 19, 1-42.
Sábado Santo La mañana de Pascua. Marcos 16, 1-7.

1o. Semana de Pascua
Domingo Domingo de Resurrección. Juan 20, 1-9.
Lunes La mañana de Pascua. Mateo 28, 8-15.
Martes Jesús se aparece a María Magdalena. Juan 20, 11-18.
Miércoles Los discípulos de Emaús. Lucas 24, 13-35.
Jueves Aparición de Jesús a los discípulos. Lucas 24, 35-48.
Viernes Aparición de Jesús en el mar de Tiberíades. Juan 21, 1-14.
Sábado Apariciones de Jesús a sus discípulos. Marcos 16, 9-15.

2o. Semana de Pascua
Domingo Tú también te llamas Tomás. Juan 20, 19-31.
Lunes Visita de Nicodemo. Juan 3, 1-8.
Martes Jesús habla con Nicodemo. Juan 3, 7-15.
Miércoles Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo. Juan 3, 16-21.
Jueves Tercer testimonio de Juan. Luan 3, 31-36.
Viernes Multiplicación de los panes. Juan 6, 1-15.
Sábado Jesús camina sobre el agua. Juan 6, 16-21.

3o. Semana de Pascua
Domingo En el camino de Emaús. Lucas 24, 13-35.
Lunes La muchedumbre en busca de Jesús. Juan 6, 22-29.
Martes Piden a Jesús una señal. Juan 6, 30-35.
Miércoles Jesús, Pan de Vida. Juan 6, 35-40.
Jueves Si comes este pan, vivirás para siempre. Juan 6, 44-51.
Viernes El Pan Eucarístico. Juan 6, 52-59.
Sábado Señor, tienes palabras de vida eterna. Juan 6, 60-69.

4o. Semana de Pascua
Domingo El Pastor y el rebaño. Juan 10, 1-10.
Lunes Yo soy la puerta de las ovejas. Juan 10, 1-10.
Martes Jesús uno con su Padre. Juan 10, 22-30.
Miércoles Necesidad de creer en Jesús. Juan 12, 44-50.
Jueves Si me conoces a mi, conoces al Padre. Juan 13, 16-20.
Viernes Jesús nos prepara una morada. Juan 14, 1-6.
Sábado Muestranos al Padre. Juan 14, 7-14.

5o. Semana de Pascua
Domingo Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Juan 14, 1-12.
Lunes Voy a mandar al Espíritu Santo. Juan 14, 21-26.
Martes Cristo da la paz a sus discípulos. Juan 14, 27-31.
Miércoles Yo soy la vid verdadera. Juan 15, 1-8.
Jueves Permaneced en mi amor. Juan 15, 9-11.
Viernes Los discípulos, amigos de Jesús. Juan 15, 12-17.
Sábado Odio del mundo contra Jesús y los suyos. Juan 15, 18-21.

6o. Semana de Pascua
Domingo Si me amáis, guardaréis mis mandamientos Juan 14, 15-21.
Lunes Anuncio sobre lo que ha de pasar. Juan 15, 26. 16,4.
Martes La promesa del Espíritu Santo. Juan 16, 5-11.
Miércoles Hasta la verdad completa. Juan 16, 12-15.
Jueves El gozo tras la tristeza. Juan 16, 16-20.
Viernes Alegría que nadie les podrá quitar. Juan 16, 20-23.
Sábado. Juan 16, 23-28.

7o. Semana de Pascua
Domingo Juan 17, 1-11.
Lunes Yo he vencido al mundo. Juan 16,29-33.
Martes Jesús ora al Padre por sí mismo. Juan 7, 1-11.
Miércoles Jesús ora al Padre por sus discípulos. Juan 17, 11-19.
Jueves Ruega por todos los creyentes. Juan 17, 20-26.
Viernes La triple negación de Pedro. Juan 21, 15-19.
Sábado El discípulo amado. Juan 21, 20-25.

 

TIEMPO ORDINARIO

1o. Semana
Domingo El Bautismo del Señor. Mateo 3, 13-17.
Lunes Llamado de los discípulos. Marcos 1, 14-20.
Martes Jesús expulsa espíritu. Marcos 1, 21-28.
Miércoles Curación suegra de Pedro. Marcos 1, 29-39.
Jueves Curación de un leproso. Marcos 1, 40-45.
Viernes Curación paralítico. Marcos 2, 1-12.
Sábado Vocación de Mateo. Marcos 2, 13-17.

2o. Semana
Domingo El Cordero, toda una simbología. Juan 1, 29-34.
Lunes Discípulos de Juan no ayunan. Marcos 2, 18-22.
Martes La observancia del sábado. Marcos 2, 23-28.
Miércoles Curación de un enfermo en sábado. Marcos 3, 1-6.
Jueves Predicación y curación de enfermos. Marcos 3, 7-12.
Viernes Elección de los doce apóstoles. Marcos 3, 13-19.
Sábado Jesús predica el Evangelio. Marcos 3, 20-21.

3o. Semana
Domingo ¡Esa luz maravillosa!. Mateo 4, 12-23.
Lunes Un reino no puede estar dividido. Marcos 3, 22-30.
Martes Verdadera familia de Jesús . Marcos 3, 31-35.
Miércoles Parábola del sembrador. Marcos 4, 1-20.
Jueves Dar a conocer el Reino de Dios. Marcos 4, 21-25.
Viernes La semilla que crece. Marcos 4, 26-34.
Sábado La tempestad calmada. Marcos 4, 35-40.

4o. Semana
Domingo Las bienaventuranzas. Mateo 5, 1-12.
Lunes Curación de un poseído. Marcos 5, 1-20.
Martes Curación de enfermos por su fe. Marcos 5, 21-43.
Miércoles Ninguno es profeta en su tierra. Marcos 6, 1-6.
Jueves Jesús manda a discípulos de dos en dos. Marcos 6, 7-13.
Viernes Muerte de Juan el Bautista. Marcos 6, 14-29.
Sábado Vuelta de los discípulos. Marcos 6, 30-34.

5o. Semana
Domingo La luz y la sal. Mateo 5, 13-16.
Lunes Jesús en Genesaret. Marcos 6, 53-56.
Martes Las tradiciones de los fariseos. Marcos 7, 1-13.
Miércoles La pureza del corazón. Marcos 7, 14-23.
Jueves La mujer cananea. Marcos 7, 24-30.
Viernes Curación de un sordo y tartamudo. Marcos 7, 31-37.
Sábado Segunda multiplicación de los panes. Marcos 8, 1-10.

6o. Semana
Domingo Los fariseos piden una señal. Mateo 5, 17-37.
Lunes Los fariseos piden una señal. Marcos 8, 11-13.
Martes Jesús reprende a sus discípulos. Marcos 8, 14-21.
Miércoles Curación de un ciego. Marcos 8, 22-26.
Jueves ¿Quién dicen los hombres que soy Yo?. Marcos 8, 27-33.
Viernes Toma tu cruz y sígueme. Marcos 8, 34-39.
Sábado ¡Que bien se está aquí!. Marcos 9, 2-13.

7o. Semana
Domingo. Mateo 5, 38-48.
Lunes Curación de un endemoniado. Marcos 9, 13-28.
Martes El Hijo del hombre será entregado. Marcos 9, 30-37.
Miércoles Invocación del nombre de Jesús. Marcos 9, 38-40.
Jueves Ustedes son la sal del mundo. Marcos 9, 40-49.
Viernes La cuestión del divorcio. Marcos 10, 1-12.
Sábado Jesús y los niños. Marcos 10, 13-16.

8o. Semana
Domingo. Mateo 6, 24-34.
Lunes El peligro de las riquezas. Marcos 10, 17-27.
Martes Recompensa a los que dejan todo. Marcos 10, 28-31.
Miércoles Petición de los discípulos. Marcos 10, 32-45.
Jueves Ciego de Nacimiento. Marcos 10, 46-52.
Viernes Mi casa es de oración. Marcos 11, 11-26.
Sábado Los poderes de Jesús. Marcos 11, 27-33.

9o. Semana
Domingo No todo el que me dice "Señor, Señor Mateo 7, 21-27.
Lunes Parábola de los viñadores. Marcos 12, 1-12.
Martes El tributo al Cesar. Marcos 12, 13-17.
Miércoles Acerca de la resurrección. Marcos 12, 18-27.
Jueves Ama a tu prójimo. Marcos 12, 28-34.
Viernes Origen del Mesias. Marcos 12, 35-37.
Sábado Generosidad de la viuda. Marcos 12, 38-44.

10o. Semana
Domingo La vocación de Mateo. Mateo 9, 9-13.
Lunes Las bienaventurazas. Mateo 5, 1-12.
Martes Ustedes son la luz del mundo. Mateo 5, 13-16.
Miércoles Jesús ante la ley antigua. Mateo 5, 17-19.
Jueves Perdón de las ofensas. Mateo 5, 20-26
Viernes Declaración del sexto precepto. Mateo 5, 27-32.
Sábado Declaración del segundo precepto. Mateo 5, 33-37.

11o. Semana
Domingo Actividad Misional. Mateo 9, 36. 10, 8.
Lunes Ojo por ojo, diente por diente. Mateo 5, 38-42.
Martes El amor a los enemigos. Mateo 5, 43-48.
Miércoles Rectitud de intención. Mateo 6, 1-6. 16-18.
Jueves Cómo hacer oración. Mateo 6, 7-15.
Viernes Acumular riquezas en el cielo. Mateo 6, 19-23.
Sábado Dios y las riquezas. Mateo 6, 24-34.

12o. Semana
Domingo ¿De qué tiene miedo el mundo de hoy?. Mateo 10, 26-33.
Lunes El juicio sobre los otros. Mateo 7, 1-5.
Martes La Ley de la Caridad. Mateo 7,6. 12-14.
Miércoles Lobos disfrazados de ovejas. Mateo 7, 15-20.
Jueves Casa construida sobre roca. Mateo 7, 21-29.
Viernes Curación de un leproso. Mateo 8, 1-4.
Sábado Jesús perdido en el templo. Lucas 2, 41-51.

13o. Semana
Domingo No vas solo cargando tu cruz. Mateo 10, 37-42.
Lunes Condiciones para seguir a Jesús. Mateo 8, 18-22.
Martes Jesús duerme en la barca. Mateo 8, 23-27.
Miércoles Jesús cura a dos endemoniados. Mateo 8, 28-34.
Jueves Curación del paralítico. Mateo 9, 1-8.
Viernes Los sanos no necesitan médico. Mateo 9, 9-13.
Sábado Vino nuevo en odres nuevos. Mateo 9, 14-17.

14o. Semana
Domingo Acción de gracias al Padre. Mateo 11, 25-30.
Lunes Cristo resucita a una niña. Mateo 9, 18-26.
Martes Curación de un mudo. Mateo 9, 32-38.
Miércoles Misión y poderes a los doce apóstoles. Mateo 10, 1-7.
Jueves Instrucciones a los doce. Mateo 10, 7-15.
Viernes Nueva instrucción a los apóstoles. Mateo 10, 16-23.
Sábado Teme a los que matan el alma. Mateo 10, 24-33.

15o. Semana
Domingo Parábola del Sembrador. Mateo 13, 1-23.
Lunes Consignas para los apóstoles. Mateo 10, 34-42. 11,1.
Martes Amenaza a las ciudades infieles. Mateo 11, 20-24.
Miércoles Acción de gracias al Padre. Mateo 11, 25-27.
Jueves Manso y humilde de corazón. Mateo 11, 28-30.
Viernes Sobre la observancia del Sábado. Mateo 12, 1-8.
Sábado Mansedumbre del Mesias. Mateo 12, 14-21.

16o. Semana
Domingo La parábola de la cizaña. Mateo 13, 24-43.
Lunes El juicio de los fariseos. Mateo 12, 38-42.
Martes Los parientes de Jesús.Mateo 12, 46-50.
Miercoles El Sembrador. Mateo 13, 1-9.
Jueves El sentido de las parábolas. Mateo 13, 10-17.
Viernes Explicación de la parábola. Mateo 13, 18-23.
Sábado El trigo y la cizaña. Mateo 13, 24-30.

17o. Semana
Domingo El tesoro y la perla. Mateo 13, 44-52.
Lunes El grano de mostaza. Mateo 13, 31-35.
Martes Explicación parábola cizaña. Mateo 13, 36-43.
Miércoles Parábolas del tesoro y la perla. Mareo 13, 44-46.
Jueves Parábola de la red. Mateo 13, 47-53.
Viernes Jesús en Nazaret. Mateo 13, 54-58.
Sábado Muerte de Juan el Bautista. Mateo 14, 1-12.

18o. Semana
Domingo La multiplicación de los panes. Mateo 14, 13-21.
Lunes La multiplicación de los panes. Mateo 14, 13-21.
Martes Pedro camina sobre las aguas. Mateo 14, 22-36.
Miércoles La mujer cananea. Mateo 15, 21-28.
Jueves La confesión de Pedro. Mateo 16 13-23.
Viernes Seguir a Cristo. Mateo 16, 24-28.
Sábado El endemoniado epiléptico. Mateo 17, 14-20.

19o. Semana
Domingo¿Has caminado alguna vez sobre agua?. Mateo 14, 22-33.
Lunes El tributo de templo. Mateo 17, 22-27.
Martes ¿Quién es el mayor?. Mateo 18, 1-5. 10, 12-14.
Miércoles La corrección fraterna. Mateo 18, 15-20.
Jueves Setenta veces siete. Mateo 18,21 19,1.
Viernes Lo que Dios unió. Mateo 19, 3-12.
Sábado Jesús bendice a los niños. Mateo 19, 13-15.

20o. Semana
Domingo Cuando parece que Dios desoye nuestras plegarias. Mateo 15, 21-28.
Lunes El joven rico. Mateo 19, 16-22.
Martes La renuncia de los apóstoles y su premio. Mateo 19, 23-30.
Miércoles Parábola de los trabajadores de la viña. Mateo 20, 1-16.
Jueves Parábola del banquete nupcial. Mateo 22, 1-14.
Viernes Amarás a Dios con todo tu corazón. Mateo 22, 34-40.
Sábado Escribas y fariseos. Mateo 23, 1-12.

21o. Semana
Domingo Tu eres Pedro y sobre esta piedra... Mateo 16, 13-21.
Lunes Maldiciones contra escribas y fariseos. Mateo 23, 13-22.
Martes Escribas y fariseos hipócritas. Mateo 23, 23-26.
Miércoles Sepulcros blanqueados. Mateo 23, 27-32.
Jueves ¡Estad en vela!. Mateo 24, 42-51.
Viernes Parábola de las diez vírgenes. Mateo 25, 1-13.
Sábado Parábola de los talentos. Mateo 25, 14-30.

22o. Semana
Domingo No te olvides de lo principal. Mateo 16, 21-27.
Lunes Jesús en Nazaret. Lucas 4, 16-30.
Martes Jesús expulsa a un demonio. Lucas 4, 31-37.
Miércoles Curación de la suegra de Pedro. Lucas 4, 38-44.
Jueves La pesca milagrosa.
Viernes Los discípulos y el ayuno. Lucas 5, 32-39.
Sábado El señor del sábado. Lucas 6, 1-5.

23o. Semana
Domingo La corrección fraterna. Mateo 18, 15-20.
Lunes La observancia del Sábado. Lucas 6, 6-11.
Martes Elección de los doce. Lucas 6, 12-19.
Miércoles Las bienaventuranzas. Lucas 6, 20-26.
Jueves El amor hacia los enemigos. Lucas 6, 27-38.
Viernes Espíritu de benevolencia. Lucas 6, 39-42.
Sábado Edificar sobre roca. Lucas 6, 43-49.

24o. Semana
Domingo El perdón de las ofensas. Mateo 18, 21-35.
Lunes El centurión de Cafarnaum. Lucas 7, 1-10.
Martes El hijo de la viuda. Lucas 7, 11-17.
Miércoles Actitud de los publicanos. Lucas 7, 31-35.
Jueves La pecadora arrepentida. Lucas 7, 36-50.
Viernes Las mujeres acompañan a Jesús. Lucas 8, 1-3.
Sábado Explicación de la parábola del sembrador. Lucas 8, 4-15.

25o. Semana
Domingo ¿Es injusto Nuestro Señor?. Mateo 20, 1-16.
Lunes No hay nada oculto. Lucas 8, 16-18.
Martes Los parientes de Jesús. Lucas 8, 19-21.
Miércoles No tomes nada para el camino. Lucas 9, 1-6
Jueves Herodes oye hablar de Jesús. Lucas 9, 7-9.
Viernes Profesión de fe de Pedro. Lucas 9, 18-22.
Sábado Anuncio de la Pasión. Lucas 9, 43-45.

26o. Semana
Domingo ¿Cuál de ellos hizo la voluntad del Padre? Mateo 21, 28-32.
Lunes ¿Quién será el mayor?. Lucas 9,46-50.
Martes He venido a salvar a los hombres. Lucas 9, 51-56.
Miércoles Jesús no tiene donde reclinar la cabeza. Lucas 9, 57-62.
Jueves La mies es mucha. Lucas 10, 1-12.
Viernes Ciudades incrédulas. Lucas 10, 13-16.
Sábado Verdadera alegría de los discípulos. Lucas 10, 17-24.

27o. Semana
Domingo Parábola de los viñadores infieles. Mateo 21, 33-43.
Lunes El buen samaritano. Lucas 10, 25-37.
Martes Marta y María. Lucas 10, 38-42.
Miércoles Jesús nos enseña el Padrenuestro. Lucas 11, 1-4.
Jueves Parábola del amigo inoportuno. Lucas 11, 5-13.
Viernes Origen del poder sobre los demonios. Lucas 11, 15-26.
Sábado Elogio a la Madre de Jesús. Lucas 11, 27-28.

28o. Semana
Domingo ¡Se casa el hijo del Rey! Mateo 22, 1-14.
Lunes Jucio sobre la presente generación. Lucas 11, 29-32.
Martes No importa lo exterior. Lucas 11, 37-41.
Miércoles No sean como los fariseos. Lucas 11, 42-46.
Jueves Jesús reprende a los legistas. Lucas 11, 47-54.
Viernes Advertencia a los discípulos. Lucas 12, 1-7.
Sábado El Espíritu Santo les enseñará. Lucas 12, 8-12.

29o. Semana
Domingo Cristo, el más grande de la historia. Mateo 22, 15-21.
Lunes Cuidado con la avaricia. Lucas 12, 13-21.
Martes Necesidad de vigilancia. Lucas 12, 35-38.
Miércoles Fiel a la voluntad de Dios. Lucas 12, 39-48.
Jueves No he venido a traer paz. Lucas 12, 49-53.
Viernes Signos de los tiempos. Lucas 12, 54-59.
Sábado La higuera estéril. Lucas 13, 1-9.

30o. Semana
Domingo Id por todo el mundo. Día Mundial de las Misiones. Marcos 16, 15-20.
Lunes Una curación en sábado. Lucas 13, 10-17.
Martes La semilla de mostaza y la levadura. Lucas 13, 18-21.
Miércoles La puerta estrecha. Lucas 13, 22-30.
Jueves Herodes quiere matarle. Lucas 13, 31-35.
Viernes Jesús cura en sábado. Lucas 14, 1-6.
Sábado. Lucas 14, 1. 7-11.

31o. Semana
Domingo El mayor entre ustedes será el servidor. Mateo 23, 1-12.
Lunes Elección de los invitados. Lucas 14, 12-14.
Martes Los invitados se excusan. Lucas 14, 15-24.
Miércoles Renunciar a todo. Lucas 14, 25-33.
Jueves La oveja perdida. Lucas 15, 1-10.
Viernes El administrador astuto. Lucas 16, 1-8.
Sábado Buen uso de las riquezas. Lucas 16, 9-15.

32o. Semana
Domingo Parábola de las diez vírgenes. Mateo 25, 1-13.
Lunes Fe como un grano de mostaza. Lucas 17, 1-6.
Martes Siervos inútiles. Lucas 17, 7-10.
Miércoles Curación de diez leprosos. Lucas 17, 11-19.
Jueves El Reino de Dios entre nosotros. Lucas 17, 20-25.
Viernes Venida del Reino de Dios. Lucas 17, 26-37.
Sábado Parábola del juez corrupto. Lucas 18, 1-8.

33o. Semana
Domingo Parábola de los talentos. Mateo 25, 14-30.
Lunes El Ciego de Jericó. Lucas 18, 35-43.
Martes Conversión de Zaqueo. Lucas 19, 1-10.
Miércoles Parábola de los talentos. Lucas 19, 11-28.
Jueves Jesús llora sobre Jerusalén. Lucas 19, 41-44.
Viernes Expulsión de los mercaderes.Lucas 19, 45-48.
Sábado No es un Dios de muertos. Lucas 20, 27-40.

34o. Semana
Domingo. Mateo 25, 31-46.
Lunes La viuda de las dos monedas. Lucas 21, 1-4.
Martes No os dejéis engañar. Lucas 21, 5-11.
Miércoles Os echarán la mano. Lucas 21, 12-19.
Jueves La ruina de Jerusalén. Lucas 21, 20-28.
Viernes Señales de la proximidad del Reino. Lucas 21, 29-33.
Sábado Estad siempre alertas. Lucas 21, 34-36.

 

 

1 Dom Adviento ATexto: Mt 24,37-44  Descargar PDF

25Habrá signos en el sol, en la luna y en las estrellas y sobre la tierra angustia de los pueblos, en perplejidad del rugido del mar y de las olas, 26desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de lo que viene sobre el mundo, pues las potencias de los cielos serán sacudidas. 27Y entonces verán al hijo del hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria. 28Cuando comiencen a suceder estas cosas, álcense y levanten sus cabezas porque se acerca su liberación. [...]

34 Atiendan a ustedes mismos para que no se haga pesante su corazón en borrachera y bebedera y por las ansiedades de la vida, y venga sobre ustedes de improviso aquel día 35como una red, pues vendrá sobre todos los que residen sobre la faz de toda la tierra. 36Velen, pues, en todo tiempo, pidiendo para que sean fortalecidos para escapar de todas estas cosas que están por suceder y estar de pie delante del hijo del hombre.

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

 

LEXIO

Busca leyendo…

De frente otra versión apocalíptica de la venida del Hijo del hombre, el evangelio de Lc a diferencia de Mc, acentúa más lo improviso del día que el desconocimiento de la hora precisa. Una diferencia sutil, pero que remarca la responsabilidad de estar vigilantes. También a diferencia de Mc, Lc no propone los signos después de una gran tribulación, sino que los mismos signos causan ansiedad en los pueblos, y añade los signos del mar y de las olas. Aparece una doble postura ante los signos que aparecen: los hombres de las naciones desmayan, mientras se pide a los destinatarios del mensaje que se alcen. Para poder mantenerse en pie, se pedirá estar atentos, mantener ligero el corazón – sin cargas de “desorden” como el alcohol, pero también de las cosas “ordinarias” de la vida – y a través de pedir, de orar. No obstante lo que se anuncia es la liberación, el creyente debe de responder con esa actitud de mantenerse firme.

Se puede intuir una sutil diferencia entre los destinatarios del mensaje y el resto de los hombres de todos los pueblos, de todos los residentes de toda la tierra, pero si leemos atentamente, también los destinatarios del mensaje, los creyentes, están insertos en la misma angustia de todos sus coetáneos. La diferencia entre unos y otros se obtiene por la propia vigilancia, remarcada con ese reflexivo: pongan atención a ustedes mismos,
La finalidad es estar de pie ante el Hijo del hombre. La postura de pie, delante de alguien que viene con tan gran poder, es la postura de dignidad delante de aquel que es por mucho superior a él. Mantenerse en pie, escapar de las ansiedades y tribulaciones, es una lucha continua, pero que se hace de cara a Él.

La versión que escucharemos en la liturgia, no contiene los vv. 29-33 que corresponden al ejemplo de la higuera, en la cual se anuncia la cercanía del verano al contemplar sus brotes.

 

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

Cuidar (preparar) de nosotros mismos.
Las contrariedades que continuamente vemos como signos aterradores en nuestro tiempo nos revelan la necesidad que tenemos de mantenernos en pie, con nuestra fe, en medio de un mundo que desfallece ante los horrores de la corrupción, la violencia, el terrorismo, las políticas no sólo injustas sino inhumanas de mercado, etc. El desfallecer, el perder toda esperanza, hacen que no veamos al Señor delante de nosotros, como juez, pero también como ayuda para nuestro camino.

Es interesante ver que se habla de un corazón ligero, no pesado. Un corazón pesado se asemeja a un corazón de roca, insensible; es un corazón que se le dificulta vivir y sentir, porque se “emborracha” o se “agobia con lo ordinario”. El alcohol no es la única cosa que hace pesado el corazón, tantas evasiones de la vida con que tratamos de acallar nuestra ansiedad: compras, drogas, viajes, fiestas. Todo ello podría estar en función nuestra, pero cuando estas cosas se adueñan del corazón, no permiten ver los signos delante de nosotros, mucho menos al Señor que está delante como salvador. El otro, el agobio de las cosas ordinarias, una vida monótona, desencantada, más preocupada de sobrevivir que de dar sentido a la vida; también ésta nos aleja del apreciar los signos y la salvación que parecen tan lejanas. Cuando vivimos así, nos caerá el fin sin darnos cuenta, impreparados, y vacíos.
No estamos ajenos al drama de los demás seres humanos. Vemos tanta desgracia, mas comúnmente la sentimos lejana, hasta que no la vivimos en carne propia podemos comprender su gravedad. Estar preparados es cuidar de nosotros mismos, estar atentos a los movimientos de nuestros propios corazones, abrirlos a la esperanza y a la lucha por mantenernos en pie – ayudando a otros a hacerlo – para poder huir de la ansiedad y de todas estas cosas. Pero para ello, es necesario alzar la cabeza, ver delante de quién estamos. La salvación, el Hijo del hombre, nos espera delante, para guiar nuestros pasos. Poner atención es revisar y evaluar continuamente nuestro proyecto de Vida, para redirigirlo cada vez al Señor.

 

ORAXIO

… llama orando...

Ante un mundo fragmentado y sin esperanzas,
Señor, mantén mi corazón entero y vigilante en el temor de tu nombre;
ante un mundo embriagado en el éxito individual,
mantén mi corazón ligero para amar, para servir, para perdonar;
ante un mundo temeroso de sus propios horrores y autodestrucción,
mantén mi corazón capaz de mantenerse en pie para mostrar la belleza tu Rostro.
Que no desfallezca en mostrar a mis hermanos la gran dignidad del ser humano,
porque Tú, siendo Dios, quisiste ser Hijo del hombre.
Amén.

 

CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

¿Qué sentimientos y pensamientos rondan mi cabeza ante los signos de nuestro tiempo? ¿Cómo manejo la ansiedad que nos traen: evado, asumo con agobio, les veo con esperanza? ¿Cómo hago concreta y operante mi esperanza?
¿Qué cosas hacen pesado mi corazón y no me dejan ponerme en pie delante del Señor que está delante de mí?
¿Dedico tiempo a la oración y me preparo para juzgar desde mi fe las situaciones? ¿Qué podrá cambiar el mundo si algo cambia en mí?

 

 

 

 

Sagrada Familila AEl texto: Mateo 2, 13-15.19-23.  Descargar PDF


13Habíendose retirado [los magos], he aquí que un ángel del Señor se manifestó en un sueño a José, diciendo: "Álzate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; y permanece ahí hasta que te diga. Puesto que Herodes busca al niño para destruirlo.” 14Él, levantándose, tomó al niño y a su madre de noche y partió hacia Egipto, 15y estuvo allí hasta el final de Herodes, para que fuese cumplido lo dicho por el Señor a través del profeta, diciendo: “De Egipto he llamado a mi hijo”. [...]

19Habiendo llegado el fin de Herodes, he aquí que un ángel del Señor se manifestó en un sueño a José en Egipto, 20diciendo: “Álzate, toma al niño y a su madre y ve a la tierra de Israel; pues han muerto los que buscaban la vida del niño.” 21Él, alzándose, tomó al niño y a su madre y se encaminó hacia la tierra de Israel. 22Esuchando que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, temió de ir allí. Instruido en un sueño, partió hacia la región de Galilea, 23y, llegando, se estableció en una ciudad llamada Nazaret, de modo que se cumpliese lo dicho a través de los profetas, que sería llamado Nazareno.

 

LEXIO

Busca leyendo... (Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

En el evangelio de Mateo, la anunciación no se da a María, sino a José (cf. Lc 1, 26ss; Mt 1, 18 ss); pero a él, las manifestaciones del ángel del Señor, se dan en sueños. En el AT encontramos varias revelaciones y acciones dadas en sueños: la mujer es formada de Adán que duerme (Gn 2, 21), a Jacob se le promete la Tierra (Gn 28, 12-13); a través de los sueños se dan e interpretan profecías (Gn 41, 1ss; Nm 12, 6; Jue 7, 13; Jer 23, 28; 1 Re 3, 5; Dn 2, 17ss; Job 33, 14-18; Jo 2, 28). En el pasaje del evangelio que tenemos en manos, se repite el sueño de una manera particular, con una palabra propia que sólo aparece aquí y en Mt 27, 19, cuando se habla del sueño de la mujer de Pilato, que le pide no meterse con Jesús. Se tratan de advertencias que miran a preservar la vida de Jesús ante las autoridades civiles.Los vv. 16-18 nos narran la matanza de los inocentes, de la cual Jesús escapa.
El sueño de José, esposo de María – como el del patriarca – hace bajar a Egipto a la familia para salvar la vida del hijo, y de ahí se retorna cumpliendo la profecía de Os 11, 1. Hay otra profecía dice cumplirse, aunque su testimonio más aproximado parece ser el nazireato de Sansón (Jue 13, 5) y no propiamente el gentilicio de Nazaret.

La orden dada a José es repetitiva: “álzate”, que implica dejar atrás el sueño y poner en acto la orden; “toma al niño y a su madre”, que pone en primer lugar la vida del pequeño, más frágil y motivo de la persecución, pero al mismo tiempo está la salvaguarda de la madre – que no quedará desconsolada como Raquel (2, 18) –; y “vete a...”, que indica el desplazamiento tal como respondió Abraham a la promesa hecha por Dios (Gn 12, 1-3).
Es interesante que el punto de salida y de retorno son diferentes, de Judea a Galilea. En este movimiento, que coloca a Jesús más lejos de la ciudad santa de Jerusalén, hay un trayecto inverso al de su pasión (Mt 16, 21; Lc 13, 33) y concorde al mandato dado a los discípulos después de la resurrección donde le verán vivo (Mt 28, 7).

 

REFLEXIO
... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Bendigo al Señor que me aconseja, aun de noche instruye mi conciencia. (Salmo 16, 7)

El Señor está atento a la vida de sus elegidos – de Israel, de Jesús, de nosotros- y vela por ella. Los sueños – como un signo de la muerte – son lugares donde él proclama la vida, y su mandato es el de levantarnos – signo de la resurrección –.

Dios al hablar a José y preservar la vida de Jesús, su hijo, está siendo fiel a su alianza con Abraham – “En tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo” (Gn 12,3) –, a su promesa con David – “Tu casa y tu reino durarán para siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre”. (2Sam 7,16) – y a la profecía del regreso del exilio (cf. Os 11, 1; Jr 16, 14-15). En los sueños de José, Dios cumple en Jesús toda la historia de la salvación que es narrada en la genealogía la cual abre el evangelio de Mateo; Dios no sólo se ha injertado en la historia humana, también con ello la ha bendecido, dignificado y restaurado.

La proclamación de este texto en la fiesta de la Sagrada Familia, nos recuerda que en la pequeña historia de esta familia (José, el niño, su madre) se juega y se vive todo el drama de la historia de la familia de Israel y la humana. En la obediencia del padre a la voluntad divina, se salva la familia entera y se cumplen las promesas hechas desde antiguo. Nuestra vida familiar está engarzada a tantas historias y promesas que pasan de generación en generación, tantas veces amenazadas o heridas pero siempre llamadas a levantarse y a ser salvadas.

 
ORAXIO

Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

(Salmo 85, fragmento)

¡Grande eres tú y haces maravillas;
tú eres el único Dios!
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu Nombre.
Te alabaré de todo corazón , Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mio, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversario y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué consuelo encuentro en esta palabra?
¿Qué historias ha habido en mi familia? ¿Qué sueños han marcado a mis ancestros, cuáles a mí?
¿En cuáles de mis sueños descubro una llamada de Dios? ¿Soy capaz de levantarme, por los que amo, y moverme para seguir esta llamada? ¿Cómo vivir en la familia la escucha de los sueños de Dios?

“A la edad de nueve años tuve un sueño que me quedó profundamente grabado en mi mente para toda la vida...” (Don Bosco)

 

 

 

 

A Ordinario3

El texto: Mateo 4, 12-23.   Descargar PDF

12 Habiendo oído que Juan fue arrestado, [Jesús] se retiró a Galilea 13 y dejando Nazaret, fue y puso su casa en Cafarnaúm junto al lago en los límites de Zabulón y de Neftalí. 14 Para que fuese cumplido lo dicho por el profeta Isaías: 15“Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, más allá del Jordán, Galilea de los gentiles, 16 el pueblo que yacía en las tinieblas ha visto una gran luz, y para los que yacían en zona y sombra de muerte una luz brilló para ellos.” 17 Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: Conviértase, pues se ha acercado el Reino de los Cielos.
18 Caminaba junto al mar de Galilea y vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro y Andrés su hermano, que lanzaban las redes para pescar en el mar, pues eran pescadores; 19y les dijo: “Vengan detrás de mí, y los haré pescadores de hombres.” 20 Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 21 Yendo más adelante, vio a otros dos hermanos, Jacobo* el de Zebedeo y Juan su hermano, en la barca junto con Zebedeo su padre, estaban ellos reparando sus redes, y los llamó. 22 Ellos, enseguida, dejando la barca y a su padre lo siguieron.
23 Y recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de ellos y anunciando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
(* Santiago = nombre españolizado de la contracción: Sant' Yacob).

 

LEXIO 

Busca leyendo...
(Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

El relato de la vocación de los primeros discípulos está enmarcado por el cumplimiento de una profecía en favor de un pueblo marginado (Is 9, 1-2), alejado del centro político y religioso de Israel; y donde convivían diversas tradiciones y pueblos. Parecería que Jesús se refugia en esta lejanía ante la captura de Juan el Bautista, mas es propiamente la Galilea, el dominio de Herodes; más bien es su tierra, pero ya no retorna a la casa campirana de Nazaret, sino que se establece en la pujante Cafarnaúm, puerto al norte del mar de Galilea. Al poner su casa en esa ciudad, compartirá la suerte de sus ciudadanos, aún siendo su ministerio itinerante, es alguien que también echa raíces en un lugar concreto.
La vocación de los dos pares de hermanos, a diferencia de tantos relatos de vocación en la Biblia, no presenta ninguna objeción a la llamada. Esto ha hecho pensar que pudo haber existido un conocimiento previo entre ellos no narrado, Jesús ya había predicado, por lo que el llamado implicaría una invitación a participar en ese ministerio iniciado; o simplemente ellos habrían oído su fama. La figura usada para la invitación es el ser “pescador de hombres”, ellos ya eran pescadores, no es una anulación de su persona u oficio, sino una re-orientación de la misma. Las redes, signo de caída, se convertirán en signo de salvación; el mar que manifestaba la potencia informe del mal, ya no será la morada de los hombres, sino que éstos serán llevados a la luz y a la tierra firme.
Cierra el marco un pequeño sumario de la actividad de Jesús, que funciona casi como cierre de toda la presentación de la figura de Jesús al inicio de su vida pública. Nos narra su fama que se extiende, en toda esta periferia; y sus acciones encaminadas a la liberación de las personas, marcando con un doble adjetivo los sufrimientos curados. La enseñanza de Jesús se da en las sinagogas “de ellos”, lo que muestra un intento de desmarcar el mensaje de Jesús como una novedad respecto a las enseñanzas tradicionales de los rabinos de la época.

 

MEDITAXIO 

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Y los llamó para estar con él
Dios se hace cercano a los que están lejanos, se hace presente justo ahí donde a los ojos humanos pareciera estar ausente; y ahí establece su casa para habitar entre nosotros (Jn 1, 14), y se hace uno más entre nosotros. El anuncio del Reino cercano se corresponde con la cercanía de Jesús entre aquellos a quienes se les anunciará este mensaje.
Cuando Jesús llama a seguirle no destruye lo que somos, sino que lo resignifica. La pesca continua desde una dimensión nueva, lograda por la convivencia con el maestro. Ciertamente, se deja atrás una vida – y dentro de ella a personas – lo que expresa un seguimiento radical. Las redes y la barca, instrumentos esenciales para el trabajo de la pesca, se han dejado inmediatamente; antes que proveerse de herramientas para la misión, es más importante el seguir totalmente al Maestro. Aunque se han dejado tantas cosas por seguir la maestro, después habrá también repetidas tentaciones para dejarlo a él, sobre todo en el momento de la Cruz; y Jesús invitará en varias ocasiones a los apóstoles con otras vocaciones. No basta una sola respuesta para seguir al Señor, ésta se ha de purificar, renovar y profundizar a lo largo del camino.
El seguimiento – aunque no es explícito – conlleva participar de esa itinerancia a favor del pueblo que sufre. El llamado a seguir a Jesús hace acompañarlo en su misión; es ahí donde se aprende a ser “pescadores de hombres”.

 

ORAXIO

Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Pescador de hombres
Esta popular canción religiosa, nos puede ayudar a orar, meditando las palabras que cantamos, y renovando nuestra vocación a la vida cristiana.

Tú, has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios ni a ricos.
Tan sólo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
junto a Ti, buscaré otro mar.

 

Tú, sabes bien lo que tengo,
en mi barca no hay oro ni espadas,
tan sólo redes y mi trabajo.

Tú, necesitas mis manos,
mi cansancio que a otros descanse,
amor que quiera seguir amando.

Tú, pescador de otros mares,
ansia eterna de almas que esperan.
Amigo bueno que así me llamas.

 

CONTEMPLAXIO

y se te abrirá por la contemplación
(Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué provoca en mí la mirada de Jesús? ¿Qué acciones hace él entorno mío?
¿Cuáles serían las seguridades que tengo que dejar, o dejar que el Señor resignifique para seguirlo libre e inmediatamente? ¿Cuánto tiempo estoy con él, realmente, aunque trabaje y viva por él?
¿A qué me invita el Señor? ¿Cómo le sigo en mi realidad concreta?

 

 

 

 A Ordinario 7El texto: Mateo 5, 38-48  Descargar PDF

38Han escuchado que fue dicho: “Un ojo en vez de un ojo y un diente en vez de un diente”, 39mas yo les digo de no resistir al mal, sino a aquel que te golpee en la mejilla derecha, voltéale también la otra. 40 Y al que quiera ponerte a juicio para tomar tu túnica, dale también el manto. 41Y a aquél que te fuerce a andar una milla, camina con él dos. 42A quien te pida dale, y el que quiera tener algo prestado de ti, no lo rechaces.
43Han escuchado que fue dicho:“Amarás a tu prójimo y despreciarás a tu enemigo.” 44mas yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, 45de tal forma que sean hijos de su Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre los malvados y los buenos; y envía la lluvia sobre los justos y los injustos. 46 Pues si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa tienen?, ¿acaso no hacen los mismo los cobradores de impuestos?; 47¿y si saludan sólo a sus hermanos, qué hacen de más?, ¿acaso no hacen eso también los paganos? 48Entonces, sean perfectos como su Padre celestial es perfecto.

 

 LEXIO

(Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Algunos estudiosos han visto una estructura de Mateo en 5 grandes discursos, lo que podría interpretarse como una nueva Torah (Pentateuco-Ley mosáica) y a Jesús como el nuevo legislador, como Moisés. De hecho, el primer gran discurso se da en lo alto del monte, donde las Bienaventuranzas aparecen como un nuevo Decálogo para el pueblo. Sin embargo, Jesús no viene a abolir ni la Ley ni los profetas, sino a darles plenitud (Mt 5, 17), es decir: una nueva interpretación y un cumplimiento. En este pasaje, situado casi al final del discurso del monte, Jesús muestra la ley anterior, pero corregida y aumentada. Vemos dos partes, que inician con una fórmula intensa: "Han escuchado que fue dicho... mas yo les digo..." Esta fórmula no deja la ley en un mero cumplimiento formal y jurídico, sino que apela a lo profundo de la conciencia.
La ley del talión (Ex 21, 24), más que una ley de venganza como algunos han querido juzgar, era un límite a la misma que - como vemos hoy - se incrementa y magnifica en un “ajuste de cuentas”. Ahora pues, Jesús no pone el énfasis en frenar el delito, sino en duplicar la fuerza del ofendido. Un cambio del foco de atención hace que la ley sea más humana, pues no se tipifica un delito, sino que se establece una relación entre agresor y agredido, donde el agredido resulta no tanto una víctima, sino alguien mayor.
A continuación de estos ejemplos, de nuevo con la misma fórmula, se enuncia como un corolario, el fundamento de esta nueva interpretación de la Ley: el Amor, que hace hijos del Padre, que hace salir el sol sobre malos y buenos.
Quien obra por interés, o sólo a favor de los buenos, se parece a quienes eran tenidos como lejanos de Dios o no le conocían: los publicanos y los paganos. La pregunta es a quién dirigía estas palabras, tal vez a los "buenos" de Israel que actuarían al margen de los sentimientos de Dios. Jesús invita pues a la perfección - la misma que vino a dar a la Ley - como el Padre celestial es perfecto. Esta perfección que leemos entre líneas, sólo se da con un amor pleno que se abre incluso a aquellos que no aman.

 

MEDITAXIO

(Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Y los llamó para estar con él
La nueva ley del Amor está centrada en la persona, en las víctimas, en los débiles y en los pequeños. Son justamente ellos, quienes están llamados a demostrar la grandeza del Amor operante en ellos, es la lógica divina de las Bienaventuranzas con la cual se ha iniciado este discurso (Mt 5, 1ss).
A los ojos de los que no viven (publicanos) o no conocen (gentiles) el Amor de Dios, el poner la otra mejilla es signo de una tozuda resignación ante la injusticia, mientras para quien ha conocido a Dios, a través del testimonio del Crucificado, lee en ello la reivindicación de la libertad plena de los hijos de Dios. No se exalta el pecado, sino la grandeza de un corazón que es capaz de amar más allá de las consecuencias de éste. Es lo que San Pablo dirá: "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5, 20). Así, la existencia del mal moral permitida por Dios no tiene fin en sí mismo, sino como el lugar en el cual se revelará con más brillo la fuerza del Amor. Pensemos en las guerras, en los atentados terroristas, la violencia del narco, es ahí donde podemos constatar que la única fuerza capaz de romper este espiral de muerte es la rebeldía de un amor que va más allá de una ley humanamente justa, para convertirse en la justicia de Dios: "perdónales porque no saben lo que hacen" (Lc 23, 24).
El amor es una ley mucho más exigente, pues pone el corazón del hombre de cara al corazón del Padre celestial; el amor resulta subversivo del orden establecido, y sólo se entenderá cuando podamos estar unidos a ese Corazón divino que al hombre débil robustece para que sea testigo suyo. Es la dignidad de los hijos de Dios que se yergue contra la injusticia y las violencias del mundo de manera reiterada y pródiga, que saca la cara y mira a los ojos, revelando en ellos la mirada potente del Dios que a todos ama.

 

 ORAXIO

(Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Recemos por nuestros enemigos, no para que se conviertan a nuestro beneficio, sino a gloria de Dios y su propia salvación. Es doloroso recordar las heridas, pero no es la fuerza de nuestro corazón imperfecto quien logrará amar, sino la potencia del Amor con que Dios nos ama, y estamos por la fe ciertos que también les ama a ellos. Sólo en esta oración, con la que nos acercamos a palpar el corazón misericordioso de Dios, podremos ser libres y perdonar, pues no veremos el delito, sino la persona que se nos presenta. Piensa en esos rostros concretos - no deteniéndote en la ofensa - y pide Misericordia de Dios para él, para ella; y di: "Dale Señor el sol de tu amor misericordioso, llénalo(a) con la lluvia de tu Paz". Y a la medida de la gravedad de la ofensa, habremos de duplicar la grandeza de esta oración. Paz a ti.

 

 CONTEMPLAXIO

(Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué siento al escuchar las exigencias de la Ley en labios de Jesús? ¿Cómo la puedo hacer una ley viva en mí? ¿Conozco y vivo realmente el Amor de Dios, como para ponerlo en práctica en mí? ¿Cómo cultivaré en mí el deseo de perfección o santidad en favor de los demás?

 

 

 

 

A Ordinario 11

El texto: Mateo 9, 36 – 10, 8.  Descargar PDF


36Viendo las multitudes, se compadeció de ellas, porque estaban fatigadas y desamparadas como ovejas que no tienen pastor. 37Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es numerosa, pero los trabajadores pocos. 38 Piden entonces al señor de la cosecha que envíe trabajadores a su cosecha.”
10 1Entonces, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus impuros para echarlos y curar toda enfermedad y toda dolencia. 2Estos son los nombres de los doce apostoles: primero, Simón, el llamado Pedro, y Andrés, su hermano; y Jacob, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; 3Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el cobrador de impuestos; Jacob, el de Alfeo, y Tadeo; 4Simón, el cananeo, y Judas, el Iscariote, el que también lo entregó. 5A estos doce los envió Jesús, mandándoles diciendo: “No vayan por el camino de los paganos, ni entren a ciudades de samaritanos. 6Vayan más bien hacia las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7Yendo pues, prediquen diciendo: ʻSe ha acercado el Reino de los Cielosʼ. 8Curen a los débiles, levanten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Lo que han recibido como don, denlo como don.”

 

LEXIO 

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

La compasión de Jesús sobre las muchedumbres parte de una mirada de su situación. Ve en ellas una cosecha abundante, y su primer movimiento es la petición de más trabajadores al mismo señor de la cosecha, quien intuimos es el Padre. Jesús no aparece como un mero activista movido por el sufrimiento de otros, primero se apropia la situación, descubre en esta gente extenuada como propiedad del mismo Dios, y por tanto, la respuesta a sus males será dirigirse hacia el mismo Dios. De los labores del campo, tan pesados tanto la siembre como la cosecha, Jesús elige el segundo, cuando los frutos están maduros. Hay cansancio, pero no conforme al salmo 125: “... al ir van llorando llevando la semilla, al volver vuelven cantando cargando sus gavillas.” En este pueblo, aunque cansado, está ya presente la obra del Señor que da su crecimiento (1 Cor 3, 7).
Jesús no se queda sólo en la petición de trabajadores, sino que él mismo se pone en acción: ante la falta de un pastor para estas ovejas, él comienza a atenderlas. El tema del pastor, tan desarrollado en el evangelio de Juan, en Mateo tiene sólo tres menciones aparte de la presente: como cumplimiento de la profecía de Miqueas (Mt 2, 6; Miq 5, 2-4); en la parábola del juicio final (Mt 25, 32); y en el anuncio de la dispersión de los discípulos (Mt 26, 31). El pastor indica en todas estas cuatro menciones al mismo Jesús y su misión de congregar al pueblo, a los elegidos del Señor. La cosecha y el pastoreo señalados en el evangelio se enfoca a congregar en gavillas y en rebaño a los que pertenecen al Padre.
Esta convocación del pueblo se refuerza con la convocación de los doce discípulos constituidos en apóstoles, un signo que evoca a las doce tribus de Israel. Cada uno es mencionado con su nombre y algunos con algunas anotaciones, como sobrenombre, parentesco, procedencia o actuación. Parece un elenco binario. El seguimiento de Jesús implica relación entre los seguidores.
A estos les da autoridad y poder sobre los espíritus impuros y así son capaces de curar enfermedades y dolencias. En el ideario judío de aquel tiempo, las enfermedades no tenían sólo un origen fisiológico, sino expresaban consecuencia de la acción del mal sobre los hombres; así, al ser curados no sólo recobran la salud física, sino que reciben la salvación integral. Jesús les recalca que esta autoridad les ha sido dada como un don, y por tanto han de darla como tal. Con estas acciones se cumple la predicación propuesta: “el Reino de los Cielos se ha acercado”, porque las ovejas son congregadas y sostenidas por la fuerza de Dios presente en Jesús.

 

MEDITAXIO

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Pidiendo trabajadores al dueño de la Cosecha
Las actitudes de Jesús son muy programáticas, nos muestran, en cierta manera, la metodología que la Iglesia a adoptado en América Latina: Ver (el sufrimiento del pueblo), Juzgar (descubriendo la pertenencia de los hombres y mujeres a un mismo Dios y Padre), Actuar (constituyendo la comunidad de la Iglesia al servicio de la liberación de los hombres de los espíritus impuros).
La compasión de Jesús puede ser experimentada cuando descubrimos la presencia de Dios y su obra, aún en medio de las situaciones adversas del pueblo. Hay muchas acciones de bien que necesitamos reconocer e implicar en bien de un pueblo nuevo. La llamada de doce apóstoles no cierra la actuación de Dios en ellos, sino que la articula para que esta se amplíe: se trata de un don que debe compartirse como se recibió, gratuitamente. Pero más que la llamada de los otros doce, en la cual también nosotros participamos con nuestras limitaciones y características propias, hemos de contemplar la rápida respuesta de Jesús ante la falta de trabajadores. Él mismo se empeña en hacer la obra del Padre, su protagonismo en cuidar de los que son del Padre le revela como Hijo, esta acción la realiza constantemente, y a medida que la realiza, crece su compasión (cf. Mt 9, 35). Se constata que quienes no aprecian la acción de Dios, cierran sus ojos y cesan en su compasión, como quienes le acusan de actuar con poder del demonio (cf. Mt 9, 34).

 

ORAXIO

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Señor Jesucristo, dame un corazón compasivo como el tuyo, a fin de no pasar inadvertidas las dolencias de mi pueblo. Dame una mirada pura para ver tu acción en el mundo, para descubrir cómo van madurando las mieses de tu Padre misericordioso entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo, para poder sentir la necesidad de colaborar con mis brazos y con mi corazón a la cosecha del Reino. Gracias, porque sé me has llamado a construir una comunidad para esta misión, tu Iglesia, un pueblo nuevo formado de hermanos y de traidores, de gente que no siendo perfecta es ante todo amada y llamada para compartir el don de la salvación. Haz, Señor, que no me enorgullezca del poder, sino que sea dócil para el servicio; que pueda caminar acompañado de mis hermanos, más que andar en solitario; que teniéndote a ti como Pastor, me sepa confiado a tus cuidados. Amén.

 

CONTEMPLAXIO

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Cuál es mi sentimiento ante el sufrimiento de mi gente, de mi pueblo? ¿Puedo descubrir en ellos la posesión preciosa de Dios? ¿Me siento implicado con ellos y para ellos? ¿Cómo puedo expresar en acciones esta compasión?, ¿descubro en mí ese poder sobre el mal? ¿Vivo de verdad unido a la Iglesia como pueblo nuevo al servicio de la humanidad?

 

 

 

A Ordinario 17

El texto: Mateo 13, 44-51.  Descargar PDF


44"Es semejante el Reino de los Cielos a un tesoro oculto en el campo, el hombre que lo encuentra, lo oculta, y a causa de su alegría, va y vende todo cuanto posee y compra aquel campo.
45Nuevamente, es semejante el Reino de los Cielos al hombre mercader que busca perlas preciosas; 46encontrando pues una perla de gran valor, va y habiendo vendido cuanto posee, la compra.
47Nuevamente, es semejante el Reino de los Cielos a una red echada al mar y que recoge [peces] de toda especie, 48y cuando ha sido llenada la arrastran sobre la barca y sentándose, conservan los buenos en una cesta, y echan fuera los malos. 49Así será en el cumplimiento de las eras, vendrán los ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos 50y los lanzarán al horno de fuego, allí será el llanto amargo y el rechinar de dientes.
51¿Comprenden todas estas cosas?" Le respondieron: "Sí." 52Él les dijo: "Por esto, todo escriba que sea hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al hombre patrón de casa el cual tira de su tesoro cosas nuevas y antiguas.".”

 

 LEXIO

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Nos encontramos al final del discurso parabólico (c. 13), el tercer gran discurso del evangelio de Mateo. El tema central es el Reino de los cielos, un eufemismo para no pronunciar, como hacían los judíos devotos, a Dios ni su Santo Nombre. Estas últimas tres parábolas son una comparación, iniciada con la fórmula: “es semejante el Reino de los cielos a...”
Las dos primeras parábolas tienen una matriz similar, alguien encuentra algo muy preciado y para poder comprarlo, vende cuanto posee. El primer ejemplo maneja el verbo “ocultar” (cripto); una acción que se repite con el tesoro. Implica una riqueza reservada, que no puede ser expuesta a la luz de todos sin el riesgo de que otro la tome para sí. La segunda menciona el encuentro como parte del trabajo normal de un mercader. Ambas cosas suponen un propietario inicial que será desposeído o recompensado con la acción de aquel que encuentra.
Nos conviene detenernos un poco en el verbo “encontrar”, presente para ejemplificar la acción de Dios para su pueblo (Dt 32, 10); expresa en estos casos no una búsqueda previa, sino una circunstancia, muy ligada al amor esponsal (Gn 2, 20). No se trata de un simple toparse con algo, sino de una profunda conexión entre el que encuentra y lo encontrado (Ex 33, 12), al punto de producir una gran alegría y la capacidad de desposeerse de todo por poseer el objeto encontrado.
La tercer parábola cambia la tónica, la semejanza ya no es a algo que se encuentra y posee, sino de algo que se toma en masa y luego se elige o descarta. Esta última, con más cantidad de detalles, presenta una breve explicación a la acción de los ángeles en la consumación del tiempo. La red que no excluye en el tiempo da paso a un estricto proceso – manifestado en el juicio de quien se sienta – de condena o salvación.
Cierra el discurso la evocación a un maestro de la ley que se hace discípulo del Reino, mostrando que entre la Escritura y la novedad del Reino no hay oposición, sino la participación a un tesoro común. Reaparece pues el tema del tesoro, ¿será acaso el mismo tesoro escondido del que habla la primer parábola?

 

MEDITAXIO

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Si guardan mi alianza serán mi especial tesoro entre todos los pueblos de la tierra (Ex 19, 5)
Las parábolas del tesoro y la perla son leídas con frecuencia como una exigencia para poseer el Reino, en consonancia con las exigencias del Maestro: “Va, vende cuanto tienes, y sígueme” (Mt 19, 21; Mc 10, 21; Lc 18, 22). Siguiendo esta lógica, podemos pensar que los destinatarios del mensaje de Mateo – judíos conversos al cristianismo – serían como ese patrón de casa que toman del tesoro confiado al Pueblo de Israel para el Pueblo Nuevo de la Iglesia. El desposeerse de cualquier cosa que no sea la Gracia de Cristo propone un nuevo orden de valores que tiene a Dios por centro, pero no es una renuncia de empobrecimiento, sino de un enriquecimiento que supera la situación inicial de la persona.
Sin embargo, podemos leer desde otra perspectiva y ver que es el mismo Hijo de Dios quien se desposee de sus prerrogativas (Flp 2, 6) para comprarnos al precio de su sangre (1 Cor 6, 19b-20; 7, 23). Esto seguiría en consonancia de la promesa hecha por Dios a Israel (Ex 19, 5) en la que él se compromete a considerar a su pueblo como un tesoro de especial predilección, lo que designa la posesión del Rey, las joyas de la corona. Israel – y ahora la Iglesia – se vuelve la corona del Señor. Desde esta óptica, la tercera parábola de la red cobra un sentido continuado, Dios se elige a su Pueblo: no escatima nada por los que ama, a todos invita, pero atesora sólo a quienes se manifiestan como buenos. Descubrirse como “tesoro” de Dios nos recuerda la total gratuidad de su amor y la invitación de volverse cada día preciado a sus ojos, dejándose poseer.
Nos encontramos ante una relación de mutua pertenencia, el Reino sería poseer a Dios como única riqueza, y dejar que él nos posea. La posesión implica también una mutua entrega y una experiencia de gozo que llena el corazón.

 

ORAXIO

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Señor Jesús, has venido a anunciar el Reino de Dios, tu Padre; tú mismo eres el cumplimiento de este Reino. Dame la fuerza de tu Espíritu para decir como san Pablo: “todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa tuya. Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de ti, mi Señor. Por ti, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganarte y estar unido a ti. Quiero conocerte, conocer el poder de tu resurrección y participar de tus sufrimientos, hasta hacerme semejante a ti en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos. Sabes que no he alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarte, sabiendo que tú mismo me has alcanzado.” (Flp 3, 7-12)

 

CONTEMPLAXIO

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Cuál es mi sentimiento al descubrirme valioso como una perla ante los ojos de Dios?, ¿también le descubro como un tesoro en mi vida? ¿Me siento lleno de gozo como para vender todo por él? ¿Cómo podría ser más valioso en el tesoro de Dios?, ¿qué cosas nuevas y cuáles antiguas me ayudan a valer ante los ojos de Dios?

 

 

 

 

A Ordinario 20El texto: Mateo 15, 21-28.  Descargar PDF


21Y habiendo ido más allá de ahí, Jesús atravesó hacia la región de Tiro y Sidón. 22Y he aquí que una mujer cananea de aquella región, iba más allá, y gritó diciendo: “¡Apiádate de mí, Señor, hijo de David! Mi hija ha sido poseída por un mal demonio.” 23Pero él no le respondió palabra alguna, entonces los discípulos se acercaron a él y le pedían diciendo: “Despídela, porque grita detrás nuestro”. 24Entonces dijo respondiéndoles: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” 25Mas ella viniendo, lo adoró diciendo: “Señor, ¡ayúdame!” 26Mas él respondiendo dijo: “No está bien tomar el pan de los muchachos y tirarlo a los perros.” 27Pero ella dijo: “Sí, Señor, pero también los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.” 28Entonces Jesús respondió y le dijo: “Oh mujer, tu fe es grande! Se haga para ti como deseas.” Su hija fue curada desde ese momento.

 

LEXIO

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Jesús se encuentra fuera de los límites de la tierra prometida, va más allá, al igual que Moisés lo hizo cuando iba con curiosidad hacia la zarza encendida (Ex 3,1), al encuentro de la revelación y misión misma de Dios. Después de esto, Moisés dejó atrás “su rebaño” para ser enviado a liberar al “pueblo de Dios”; algo similar sucederá a Jesús.
La mujer va gritando, pidiendo clemencia, como el ciego de Jericó (Mc 10,47; Lc 10,38) se topa con la incomprensión. Sin embargo, refleja la profunda confianza del creyente en que su grito de angustia será escuchado por Dios, como expresan con frecuencia los salmos. Extraña que una pagana clame a Jesús usando el título de “hijo de David”, que refleja propiamente las promesas mesiánicas para Israel.
Jesús muestra una inquietante indiferencia, que raya en la ofensa grotesca, comparando a los gentiles con los perros; aunque él usa el diminutivo “perritos”. En el oriente antiguo, el perro no era propiamente una un animal de compañía, sino que en estado semisalvaje, comía los desperdicios, llegando a ser animal carroñero que competía con otros animales por los despojos de los cadáveres; por lo cual era considerado un animarl impuro y designar a alguien con este calificativo era un grave insulto. Recordamos también el mandato expreso de Jesús a sus discípulos de predicar sólo en las poblaciones judías (Mt 10,5), y él mismo reafirma que ha venido por las “ovejas perdidas de la casa de Israel.”
Sin embargo, Jesús accede ante la fe humilde y desafiante de la mujer, y es elogiada por él mismo. La fe aparece como condición para la salvación (Mt 9,22; 13,58; Mc 10,52; Lc 17,19).

 

REFLEXIO

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Jesús, yendo más allá de la región del “rebaño de Israel”, se encuentra ante una situación límite de la experiencia de Dios, es aventurado decirlo, pero podemos ver una apertura a un nuevo horizonte de liberación que revelará el nombre de Dios a los gentiles. En vez de la zarza ardiendo, encontramos a la mujer cananea que reconoce al Dios de los padres (Ex 3,6), en este caso llamando a Jesús como “hijo de David”.
La “ofensa” de Jesús a la cananea, si bien está matizada por el diminutivo de “perritos”, pone en claro el lugar privilegiado de Israel, como primeros destinatarios de la salvación; pero al mismo tiempo permite la apertura de ésta: los perritos comen las migajas, que siendo despojos, son parte del mismo pan. Vemos un cumplimiento de varias profecías de Isaías que hablan de esta apertura, meditemos especialmente el segundo cántico del Siervo del Señor (Is 49,6): “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.” La salvación de Dios, aunque sea una migaja es capaz de alimentar y de salvar. Es un alimento destinado a muchos, pero que también, por caminos que sólo Dios conoce, llega a aquellas fronteras hacia las que Jesús va. Pero no sólo va él, también la mujer va allá; ahí encuentra ella el lugar de adoración a Jesús. Esta frontera existencial se vuelve lugar de encuentro, es donde Dios actúa, revelando que su proyecto de salvación se rediseña en función de los que ama, de los que necesitan ser liberados del mal, de los que pueden abrirse a la fe.
La fe que distingue a esta mujer, es la misma del padre de la promesa: Abraham (Heb 11,8-19). Una fe que grita por el bien de los hijos, pero se abre y abandona en la fuerza de Dios. No es una fe de relación intimista con Dios, tiene un objeto claro, la liberación de la hija, la fecundidad de la familia; no pide el propio bienestar, antes bien, sigue el camino al encuentro de la voluntad de Dios, y ante ella intercede en bien de otros, porque ha conocido y se sintoniza con la bondad de Dios (Gn 18,16-33).

 

ORAXIO

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Señor Jesús, tú que eres la salvación donada por el Padre, dame la fe de la mujer cananea. Que sea una fe desafiante porque esté impregnada de tu misma voluntad de liberar a todos; que sea humilde para no erigirme en juez de Dios, sino convertirme en tu siervo que te escucha, en discípulo que te sigue, en peregrino que camina hacia las fronteras de este mundo. Y justo ahí, donde parece que no estás presente, pueda yo descubrir que tu Padre ha ya extendido sus manos para alcanzar a todos los hombres y mujeres, con una salvación que se desborda. Dame el don de la fe, no la que se siente segura en sí misma, sino la que se vuelve diálogo y adoración con tu Padre para salvación de los oprimidos por el mal. Amén.

 

CONTEMPLAXIO 

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué acciones de mi fe cristiana se vuelven cerradas, autorreferenciales, exclusivistas? ¿Qué sentimiento experimento ante la salvación abierta de Dios que se desborda fuera de los límites de su Pueblo Santo? ¿Cómo son mis gritos hacia Dios?, ¿reproches?, ¿súplica confiada y humilde? ¿Cómo podré vivir y buscar la voluntad de Dios en un mundo tan plural?

 

 

 

 

A Ordinario24El texto: Mateo 18, 21-28.  Descargar PDF

21Entonces se acercó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces, si me ofendiese mi hermano, lo perdonaré?, ¿hasta siete veces?» 22Le dice Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Pues se es parecido el Reino de los Cielos a un cierto hombre que reinaba, el cual quiso ajustar sus asuntos con sus siervos. 24Comenzando a ajustar, le fue llevado uno que le debía mil talentos. 25No teniendo él para pagarle, ordenó el señor que se vendiera a su mujer, a sus hijos y todo cuanto poseía para pagar. 26Entonces, el siervo postrándose le suplicó diciendo: "Ten paciencia sobre mí, y te pagaré todo." 27Compadeciéndose el señor de aquel siervo suyo, lo liberó y le perdonó la deuda. 28Pero aquel siervo, saliendo, encontró a uno de sus compañeros siervos, el cual le debía cien denarios, y sujetándolo lo estrangulaba diciendo: "Paga si algo debes." 29Postrándose entonces su compañero siervo le clamaba diciendo: "Ten paciencia sobre mí, y te pagaré." 30Pero él no quiso, sino que fue y lo echó a la prisión hasta que pagase lo adeudado. 31Viendo entonces sus compañeros siervos lo acaecido, se indignaron en sobremanera y yendo manifestaron a su señor todos estos acontecimientos. 32Entonces su señor, mandándolo llamar le dice: "Siervo malo, toda aquella deuda te perdoné cuando me suplicabas. 33¿No debías apiadarte de tu compañero siervo, así como yo me apiadé de ti? 34Y encolerizado su señor lo entregó a los verdugos hasta que no pagase todo lo adeudado. 35Así, mi Padre celeste hará con ustedes, si no perdonan cada uno a su hermano desde sus corazones.»

 

LEXIO 

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

La pregunta de Pedro sobre el perdón fraterno versa sobre su cantidad (siete veces), mientras que Jesús hablará de su cualidad (desde el corazón). Por ello, aunque la simple respuesta de “setenta veces siete” hubiese bastado para corregir, la ya de por sí perfecta cantidad de Pedro, Jesús nos ofrece una hermosa parábola sobre la misericordia de Dios.
En la parábola destacan las relaciones entre acreedor y deudor: rey-siervo, siervo-siervo; a esta relación corresponde también la enorme desproporción de la deuda: mil talentos (1 talento = 21.60 kg de plata) y cien denarios (1 denario = 3.90 g de plata). Las relaciones entre los individuos están determinadas fuertemente por el pronombre posesivo “suyo”, no nos encontramos ante interacciones sociales casuales, sino ante una relación de profunda pertenencia; y ya que en el primer caso hay una relación vertical, destaca especialmente la condición de compañerismo en la servidumbre (syn-doulos), que expresa una relación horizontal. Las palabras de súplica también tienen una desproporción, mientras que el siervo ante el amo hace una súplica reverente; el con-siervo clama en la desesperación del ser estrangulado.
El malestar de los otros con-siervos que refieren a su señor lo ocurrido, se magnifica hasta el punto de llegar a la cólera (misma palabra que se aplica a Dios cuando está a punto de actuar contra el mal del mundo, cf Ap 6, 12-17) en el hombre que reina. No se trata de una venganza de parte de los con-siervos o del señor, sino un llamado a la con-miseración, basada en el mismo ejemplo del amo.

 

REFLEXIO

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

El arte de perdonar de corazón no tiene fundamento en cantidades de lo que se debe, o de las veces que se pide el perdón; sino en el ejemplo mismo que debe aprender aquel que ha sido perdonado, tomando como modelo a aquel que le ha otorgado el perdón. Jesús se centra en la misericordia del Padre, que no está condicionada por nuestra propia bondad para otorgársenos, pero sí para que se nos mantenga: el que ha sido perdonado no hizo nada más que suplicar devotamente la gracia; pierde ese perdón, no se le es negado en primer instancia.
El papel de los otros, como comunicadores de la situación al amo, nos los pudiese presentar como unos acusadores; sin embargo, son ellos los portadores del grito del hombre que estaba siendo estrangulado, y por lo mismo, su voz de súplica era acallada. Son solidarios con el dolor de su compañero ante la cerrazón de aquel que olvidó su pertenencia al mismo grupo de siervos. La común condición de servidumbre espera una misma misericordia entre ellos, siendo el criterio de su común condición la relación compartida con el amo misericordioso.

 

ORAXIO

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Enséñame a perdonar desde el corazón, desde donde se mueven los afectos, desde donde se duele uno de la desgracia ajena más que de la afrenta recibida.
Mas para poder perdonar desde el corazón, necesito, Señor, que me muestres tu propio corazón misericordioso: “Tenme paciencia y te lo pagaré todo.”
Haz, Señor, que no olvide mi condición de siervo, compañero de los demás, que no me sienta por encima de otros; mas bien, mantenme siempre con la mirada a los ojos de mi hermano para descubrir en ellos a un semejante, a alguien que comparte mis dolores y esperanzas, a alguien que necesita mi paciencia, al igual que yo necesito la de él; y todos la tuya que es infinita.
Que la avidez de las pequeñas cosas no me cierre los ojos y el corazón a las grandezas de tu misericordia, a fin de que mi corazón no llegue a arder en tu cólera, sino que se solace en tu compasión. Amén.

 

CONTEMPLAXIO

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Me puedo reconocer siervo al igual que mis hermanos? ¿Qué sentimiento brota en mi corazón al constatarlo? Cuando pienso en Dios como mi Señor, ¿qué siento en mi interior, una sujeción o una íntima relación? ¿Cómo podría perdonar mejor de corazón?, ¿me fijo más en el dolor del otro, o en lo que me debe? Me puede ayudar mucho el recordar cuántas veces y de cuanto he sido perdonado, por parte de Dios y de mis hermanos y hermanas.

 

 

 

A Ordinario 30

Amarás al Señor, tu Dios

El texto: Mateo 22, 34-40  Descargar PDF

34Entonces los fariseos, habiendo escuchado que había dejado callados a los saduceos, se reunieron entorno a él, 35y uno de ellos, un maestro de la ley, le preguntó para probarlo. 36«Maestro, ¿cuál de los mandamientos es el mayor en la Ley?» 37Él le dijo:« “Amarás al Señor, tu Dios, en todo tu corazón, y en toda tu alma, y en todas tus fuerzas.” 38Éste es el más grande y primer mandamiento. 39El segundo es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 40En estos dos mandamientos pende toda la Ley y los profetas.»

 

Lexio

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

El relato comienza con una presentación de dos grupos antagónicos del antiguo pueblo de Israel: los saduceos y los fariseos. Los primeros niegan la resurrección de los muertos, mientras que los segundos la afirman (cf. Hch 23, 6ss). Precisamente sobre este punto han debatido Jesús y los saduceos, cuando le presentan a Jesús el caso de la mujer viuda de siete hermanos (vv. 23-33). Jesús ha afirmado la actualidad de la relación entre Dios y los hombres, siendo Dios de vivos y no de muertos. No sabemos si los fariseos se han reunido para poner a prueba a Jesús sólo para hacerlo caer, o para comprobar que habiendo vencido a sus contrarios pudiera ser uno de ellos. La pregunta versa sobre lo que los fariseos son expertos: el cumplimiento exacto de los mandamientos de la Ley de Dios.

La pregunta por el mayor de los mandamientos desvelaría qué tradición en Jesús es predominante, y con ello ver su afinidad o discrepancia. Jesús se remite al Ve'ahavta, segunda parte del Shemá (Dt 6, 5), que tras la convocación al pueblo de Israel reconocer la unicidad de Dios, se invita a mantener con él una relación viva en el amor, una relación semejante con la que acaba de dejar callados a los saduceos. Ante esto, Jesús aparecería como un buen fariseo, que enunciando el inicio del decálogo manifestaría su apego total a la Ley. Sin embargo, Jesús añade el segundo mandamiento que no le es preguntado, y que él postula como semejante: el amor al prójimo (Lv 19, 18). Y va más lejos, no sólo son los mandamientos mayores, sino que de ellos penden todos los demás, no se trata de un resumen o síntesis de los mandamientos, sino de la fuente o sostén de todos y cada uno.

No se narra la reacción de los fariseos en este momento, pero por los continuos diferendos que tiene con los fariseos, podemos entrever una corrección a una práctica desencarnada de los mandamientos que olvidase el segundo mandamiento que es reivindicado por Jesús: el amor al prójimo.

Meditaxio

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

No podemos amar a Dios con todo nuestro corazón, ni con toda nuestra alma, ni con todas nuestras fuerzas, si no somos capaces de amar al prójimo como a nosotros mismos. Esta es la gran llave de interpretación que Jesús nos invita a descubrir en la Ley de Dios. Una ley en la que Dios mismo cede sus privilegios al prójimo. En este amor se reconoce quien de verdad ha conocido a Dios, quien es Amor (Cf. 1 Jn 4, 8)

Amar al prójimo como a uno mismo es un mandato que brota del evitar toda venganza (Lv 19, 18), la venganza miraría al resarcimiento del daño recibido devolviendo un daño a quien lo ha infringido. Sin embargo, el mandato de Dios no sólo limita esta a sólo un daño de igual magnitud (ley del talión), sino que nos pone al prójimo como otro yo, como otra totalidad de corazón, alma y fuerzas. El amor propio no se cierra en nosotros mismos, sino que se conecta totalmente al amor al prójimo. No hay precedencias ni antagonismos entre estos amores; ni entre el propio y al prójimo, como del amor humano al divino. Este amor hacia Dios y hacia el prójimo se presentan como el correlato del que pende toda ley posterior. Entedemos así la sentencia de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, pues quien de verdad ama no puede hacer mal alguno.

Oraxio

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Enséñame (Athenas Vénica / Jonatan Narvaez)

Yo digo que te amo
mas no siempre te he sido fiel
es que a veces no amo a mi hermano
y es entonces cuando te fallé. (2)

Enséñame a amar como Tú,
¡oh Señor!,
¡enséñame a amar como Tú, Señor! (2)

 

Contemplaxio 

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué sentimientos se despiertan en mí cuando escucho que del Amor a Dios y a mi prójimo pende toda ley? ¿Me siento aliviado, alentado, defraudado? ¿Qué implica para mí amar con totalidad de corazón, de alma y de fuerzas? ¿Puedo amar con esa totalidad, o al menos lo deseo y trato de hacerlo? ¿Qué consecuencias traería a mi vida tener el Amor como el mayor de los mandamientos? ¿Cómo viviré mejor el amor en mi vida?

 

 

A Ordinario 34

"Lo que hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicieron a mí "

El texto: Mateo 25, 31-46  Descargar PDF

31Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria, con todos sus ángeles, entonces se sentará sobre su trono de gloria. 32Y serán congregados delante de él a todos los pueblos, y los separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, 33y pondrá a las ovejas a su derecha, y a los cabritos a la izquierda.

34Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Vengan, los benditos de mi Padre, tomen en herencia el Reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. 35Pues tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era extranjero y me acogieron, 36desnudo y me vistieron, enfermo y me asistieron, estaba en prisión y vinieron a mí.» 37Entonces, los justos le habrán dado respuesta diciendo: «Señor, ¿cuándo te hemos visto hambriento y te hemos alimentado, o sediento y te hemos dado de beber? 38¿Cuándo te hemos visto extranjero y te hemos acogido, o desnudo y te hemos vestido? 39¿Cuándo te hemos visto enfermo o en prisión y hemos venido a ti?» 40Entonces el rey respondiéndoles dirá: «En verdad les digo, en cuanta ocasión lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicieron.»

41Entonces dirá a los de su izquierda: «Sean apartados de mí, los que han sido maldecidos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. 42Puesto que estaba hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, 43era extranjero y no me recibieron, desnudo y no me vistieron, enfermo y en cárcel y no me atendieron.» 44Entonces, habrán de responder diciéndole: «¿Cuándo te hemos visto hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo o en cárcel y no te servimos? 45Entonces, él habrá de responderles diciendo: «En verdad les digo, en cuanta ocasión que no lo hicieron a uno de estos más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo.»
46Y éstos serán llevados al castigo eterno, mientras que los justos a la vida eterna.

 

LECTIO 

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Esta parábola que escuchamos del Juicio del Rey que separa como el pastor al rebaño – tras varias parábolas que hablan de la invitación a ser vigilantes, y al premio o castigo correspondiente a justos e injustos respectivamente – viene a cerrar el discurso escatológico (cc. 24-25). Jesús se encuentra ya en Jerusalén, en el monte de los olivos hablando con sus discípulos, previo a su Pasión.
Es una exhortación tan prolongada que tiene el sabor de una despedida, a un testamento espiritual, que no sólo recae en la síntesis de la propia enseñanza sino en la advertencia de lo que vendrá después. Jesús mismo, en su pasión, sufrirá todas estas carencias que enuncia el Rey en los más pequeños: hambriento y sediento (aunque él mismo se dará como comida y bebida); extranjero como galileo en Jerusalén; desnudo en el escarnio de la cruz; debilitado (enfermo) a causa de las torturas, y encarcelado para ser ajusticiado. No es sólo del Rey que se compadece y toma a cuenta lo que se ayuda o no a los más pequeños, sino que él mismo ha sido uno de ellos, de ahí que pueda llamarles “hermanos”.
Los elementos van elencados de dos en dos, como lo son las cosas vitales, los órganos simétricos del cuerpo, el hombre y la mujer, el día y la noche... nos insinúa que no se tratan de acciones aisladas, sino orgánicas, parte de un todo que halla su armonía en la totalidad, y que tiene como resumen lo puesto en la boca de los injustos: el servicio.
Este servicio es la fuente de la bendición del Padre, y su ausencia se vuelve en autocondena; en la maldición, a diferencia de la bendición, no se menciona al Padre como autor de ella. Este premio y castigo, no obstante, tienen como presupuesto la inadvertencia: tanto el caritativo como el que no lo es, no han reconocido al Señor.

 

MEDITATIO 

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Con esta fiesta de Cristo Rey, cerramos el ciclo dominical del año litúrgico. La fuerza de este pasaje movió a San Juan de la Cruz a exclamar: “en el ocaso de nuestra vida seremos juzgados por el amor”. Hemos de entender que seremos juzgados en cuanto hemos amado y por quien nos ama; el amor es la materia del juicio y el juez al mismo tiempo. La expresión del amor se denota en el hermanamiento del Rey con el más pequeño; un hermanamiento no sólo afectivo, sino también efectivo.
El que se presenten en comparación dos animales puros – el cabrito y la oveja –, destinados al sacrificio, nos recuerda el doble mandato de Jesús: “Vayan a aprender lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9, 13; 12, 7; cf. 1Sm 15, 22). Las realidades de privación elencadas en el juicio no agotan el drama humano, pero en su manera de pronunciarse – en una dualidad poética característica del hablar bíblico – apelan a la justa complementariedad de los seres humanos. Así, la falta de este servicio (diakonía) vuelve perverso al mismo ser humano, cambiando su naturaleza creada para el amor; y tal como es condenado un animal puro como el cabrito, el que no actúa este servicio, comparte la suerte del diablo, es decir “el que divide”, pues han hecho la misma acción, dividir la complementariedad de la creación de Dios.
El Padre como fuente de bendición nos muestra que su amor hacia el Hijo se extiende hacia todos aquellos que son asumidos por éste en su pasión (cf. Mt 10, 40). Si los discursos de Jesús se inauguraron con las bienaventuranzas (Mt 5, 1ss), hallan en este cierre de discursos su sello: estos pobres y pequeños serán dichosos en cuanto han participado no sólo del sufrimiento del Señor, sino también de la caridad de aquellos que son benditos por el Amor mismo. Las bienaventuranzas, leídas desde esta óptica, no son un mero consuelo individual de parte de Dios al hombre, sino que se embeben del carácter social de la salvación: la caridad como culto agradable al Padre.

ORATIO

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Nos has llamado, Señor, a seguirte, a recibir la bendición del Padre, a participar del Reino preparado para nosotros desde la fundación del mundo. Mas para ser dignos de tal bendición, hemos de ser nosotros mismos bendición para nuestros hermanos y hermanas más pequeños.
Tú que en tu grandeza te has humillado hasta asumir lo más hondo de las consecuencias de nuestro pecado, abre nuestros ojos para reconocer al pobre y desgarrado, al hambriento y al sediento, al extranjero y al desnudo, al enfermo y al prisionero..., pero más que sólo darnos una mirada que sublime a ti nuestras dolencias, danos la fe robusta de los que creen sin haber visto, de los que aman con el ardor de la misericordia y la inconformidad del que tiene hambre y sed de justicia, danos el vivir las bienaventuranzas como construcción del Reino que ya llega, que ya opera entre nosotros. Amén.

 

CONTEMPLATIO 

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué esperanza mueve en mí este texto? ¿Puedo ver al Señor en quienes sufren privación? ¿Qué despierta en mí esta visión? ¿Puedo reconocer como hermano o hermana a quien sufre de estas privaciones? ¿Cuáles serían los límites que me permiten o dificultan realizar esta caridad activa? ¿Qué acciones podría implementar para poder franquear poco a poco estas limitaciones a la caridad?

 

 

 

A Pascua AscencionEl texto: Mateo 28, 16-20. Descargar PDF

16 Los once discípulos fueron hacia Galilea, al monte donde Jesús los había citado. 17 Y viéndolo, lo adoraron, pero algunos titubearon. 18 Entonces yendo Jesús a ellos les habló diciendo: "Se me ha dado todo poder en el cielo y sobre la tierra. 19 Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enséñenles a guardar todas las cosas que se les han mandado a ustedes. Y, he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta la consumación de las eras".

 

 LEXIO

(“Busca leyendo...” Lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor)

Lo primero que se nos anuncia en el Evangelio es que hay una comunidad fracturada, falta uno de los llamados, Judas el traidor. Su suerte no sólo lo ha marcado a él, ahora designa a todo el grupo de los discípulos.
Ellos, regresan a Galilea, el lugar donde todo comenzó, a un monte preciso donde Jesús les ha citado. No sabemos el momento en que les ha citado allí, tampoco el nombre del monte, pero la naturaleza del lugar nos remite al Sermón de las Bienaventuranzas o a la Transfiguración, los dos lugares son significativos, sea por recordarnos los preceptos dados por Jesús en su predicación (Mt 5, 1ss), o a la culminación de la teofanía que les mandó no comentar hasta después de la resurrección (Mt 17, 9).
La adoración que tributan los discípulos no es general, a lo mejor algunos no oyeron (como Pedro, Santiago y Juan) la voz del Padre en la Transfiguración o en el Bautismo; o simplemente aún hay dudas. Es Jesús quien ahora se autopresenta, no sólo con el poder de su resurrección, sino mencionando la autoridad recibida desde el Padre. Con esta misma autoridad da el mandato misionero.
Es en Mateo donde apreciamos que el cumplimiento de las promesas a Israel se da en Jesús; ahora esta salvación se extiende a todos los pueblos, también cumpliendo algunos pasajes del Antiguo Testamento (Gn 12, 3; Zc 8, 23; Salmo 86, 9). Como sucedió al inicio del ministerio terreno de Jesús, se habla de un bautizo; pero esta vez en nombre de la Trinidad, cumpliendo el anuncio dado por el Bautista al inicio del Evangelio (Mt 3, 11). El mandato misionero tiene una orden similar a la dada a Israel por parte de Dios en repetidas ocasiones, se le pide guardar los mandamientos, y se promete una especial presencia divina con ellos para siempre (Ex 19, 5; Lv 26, 3.11-12), en este caso será el mismo Señor Jesús.

 

MEDITAXIO 

(“... y encontrarás meditando.” Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)

Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos
Aunque el evangelio de Mateo no relata la Ascensión del Señor, la podemos suponer en este relato por su similitud con el de Lucas y el epílogo de Marcos. Es en el marco de este re-encuentro y a la vez despedida con el Maestro resucitado donde aparece el mandato misionero. Un mandato que implica hacer discípulos, bautizar y cumplir los mandamientos.
En nuestro tiempo hacer discípulos suena más a un proselitismo religioso y sería visto con recelo dentro de una sociedad multicultural y plurirreligiosa; pero si consideramos que se trata de la apertura de la promesa de la salvación a todos los pueblos – en contraste con la salvación exclusiva del pueblo escogido – este mandato tiene un claro matiz de propuesta, de misericordia y de inclusión de todos y todas.
En el mandato de bautizar, aparece el misterio más hondo de la Fe cristiana, Dios es comunidad de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres personas divinas han sido mencionadas a lo largo del Evangelio, mostrando las relaciones entre ellas, aquí al final, las une en la confesión de una misma fe unitaria. En este bautismo palidece el signo de la conversión, para dar paso a una solemne profesión de fe.
El mandato también incluye la enseñanza de cumplir cuanto el Señor ha enseñado, la ley nueva, que no abole la ley mosáica, sino que la abre a un horizonte nuevo, destinada a todas las naciones. Jesús que fue presentado en el Evangelio de Mateo como un legislador – en cierta manera a la par de Moisés – también termina su relato en lo alto de un monte, al inicio de la misión de sus sucesores; pero en este caso, Jesús no muere, sino que vivo para siempre, no abandonará a sus discípulos.
Esta permanencia del Señor con los discípulos hasta la consumación de las eras corresponde a la promesa misma de Dios con su pueblo, Israel. Dios se presenta como aquel no sólo que es, sino que estará con su pueblo (Ex 3, 12-14), así, el retorno de Jesús al Padre no es lejanía con sus discípulos, sino una manera diversa, más potente, más continua, más divina, de estar con sus discípulos.
El Evangelio de Mateo se cierra así de simple, como cerramos las oraciones: “por los siglos de los siglos”; nos empuja a pensar en una continuación que no vemos, pero que nos implica un “Amén”.

 

ORAXIO 

(“Llama orando...” Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Padre de todos los hombres y mujeres, Dios que amas a todos los pueblos, nos has mostrado tu rostro a través de tu Hijo Jesucristo, haznos reconocer en él tu gloria y tu poder, ya que a través de él nos envías a proclamar tus mandamientos eternos para hacer discípulos por toda la tierra. Que al buscar a quienes quieran aceptar tu propuesta, no les hagamos dignos de condena (Mt 23, 15) sino que compartamos la salvación que nos has regalado desde nuestro bautismo; que vivamos y guardemos tus mandamientos para ser de verdad el pueblo de la Nueva Alianza, tu Pueblo, para llevar adelante el proyecto de las bienaventuranzas entre todas las naciones de la tierra. Amén.

 

CONTEMPLAXIO

(“... y se te abrirá por la contemplación.” Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Qué experimento al contemplar al Señor Jesús como Dios y hombre que caminó en medio y con nosotros? ¿Siento su presencia entre nosotros, aún en este tiempo presente? ¿Me siento enviado por él a esa misión de hacer discípulos, de bautizar, de enseñar a guardar lo que nos ha mandado? ¿Cómo vivo esta misión?, ¿es prioridad, me dejo tocar por ella? ¿Cómo podría vivir mejor este mandamiento?