Voluntarias de Don Bosco, VDB

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El beato Felipe Rinaldi (1856-1931), tercer sucesor de Don Bosco, es el fundador del Instituto de las Voluntarias de Don Bosco.

 

Historia
Desde 1907 a 1917 Don Rinaldi, director del oratorio de las Hijas de María Auxiliadora en Valdocco, Turín, trabaja intensamente, con ayuda espiritual y humana de las jóvenes oratorianas. Algunas expresan el deseo de consagrarse a Dios en el mundo. La Asociación, que toma el nombre de “Celadoras de María Auxiliadora”, comienza a existir a partir de la reunión del 20 de mayo de 1917.
 

Allí Don Rinaldi traza un programa de vida y, a grandes rasgos, la estructura de la Asociación. En los años treinta, tras la muerte de Don Rinaldi, la asociación vive un período de estancamiento. En 1943, por insistencia de Luisita Carpanera, el padre salesiano Garneri toma las riendas de la asociación. Entre tanto, en febrero de 1947, Pío XII promulga la constitución apostólica Provida Mater donde se reconoce oficialmente los institutos seculares. Este acontecimiento influye fuertemente en el renacimiento de la asociación, que el 5 de agosto de 1953, reemprende oficialmente el camino. Las Celadoras cambian el nombre por el de Cooperadoras Oblatas de San Juan Bosco, y en 1959 asuman la denominación actual de Voluntarias de Don Bosco. Siete años después es reconocida como instituto secular de derecho diocesano y, en agosto de 1987, tras la aprobación de Pablo VI, como Instituto Secular de Derecho Pontificio. El 24 de junio de 1990 la Responsable Mayor Gianna Martinelli, promulga el texto de las constituciones, renovadas por la III Asamblea General, y aprobadas definitivamente por la Sede Apostólica.
 

Difusión y organización

Las tres celadoras de los comienzos llegaron a ser ochenta y seis en 1955 en Italia y Francia. Después de esta recuperación, la asociación se difunde rápidamente en Europa, en América y en Asia. Más reciente es su implantación en África y Australia. El Instituto está en fase de crecimiento: el 31 de enero de 1998 las VDB suman un total de 1310 en los cinco continentes. El Instituto está estructurado en tres niveles: central, regional, local.
El Instituto se sostiene económicamente con las aportaciones de las voluntarias. Coherentes con su plena secularidad, no tienen obras propias. Su sede legal está en Roma, en la Via Aureliana 53.
 

Identidad y misión

a) La voluntaria es consagrada por Dios
Reconoce que es la destinataria de un acto de predilección por el que Dios la llama al seguimiento de Cristo en la secularidad consagrada salesiana, y la consagra para enviarla a los hermanos mediante el ministerio de la Iglesia. La voluntaria responde a esta llamada de modo consciente, libre y gozoso, ofreciendo su vida como don total a Dios con la profesión de los consejos evangélicos.
 

b) Para una misión secular salesiana
Una exigencia de la misión en la secularidad consagrada es vivir con cierta reserva. La voluntaria no se presenta como consagrada; esto le permite llevar una vida como la de otras personas. Así tiene ocasión de ejercitar eficazmente y en todas partes la misión que la Iglesia le confía: la de ser testigo con la vida.

Haciendo suyo el método preventivo de Don Bosco, la voluntaria trata de crear a su alrededor un clima de optimismo y de alegría, de familiaridad y de laboriosidad, de sencillez y de creatividad.

Recientemente se ha abierto la frontera misionera: ya algunas voluntarias han escogido vivir la secularidad consagrada salesiana poniendo su profesionalidad al servicio de los países en vía de desarrollo.

c) Siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente
Profesando y viviendo los consejos evangélicos, la voluntaria expresa su opción fundamental por Cristo, vivida en el mundo sin que nada la distinga de los demás.

La castidad es opción de un amor incondicional a Cristo, amor que se transforma en un modo concreto de amar a los hermanos, es decir, en una forma de donación y de encuentro personal a través de las múltiples relaciones cotidianas, en constante actitud de oblación.
La castidad no llama a la voluntaria a reprimir sus valores personales, sino que la lleva a la plenitud del amor y realza su feminidad, haciéndola capaz de dar continuamente la vida con su disponibilidad y entrega.

La pobreza consiste en reconocer que la única riqueza es Dios, y que todos los demás valores, aunque sean buenos, son relativos. Vivir la pobreza significa para la voluntaria poner al servicio de los demás sus capacidades, sus cualidades humanas e intelectuales.

La obediencia es reconocer la fundamental dependencia de Dios, a quien la voluntaria se confía totalmente, y, por consiguiente, acepta las mediaciones de que Él se sirve.

d) En comunión fraterna…

Como la mayor parte de los miembros de los institutos seculares, las voluntarias no tienen vida en común, pero viven en comunión de vida, unidas por un fuerte sentido de pertenencia al Instituto.

De modo particular en el grupo al que pertenecen encuentran el ambiente más favorable para poner en práctica la comunión.

 

PUESTO ORIGINAL EN LA FAMILIA SALESIANA

a) Pertenencia

El Instituto reconoce al Rector Mayor de los salesianos, sucesor de Don Bosco, como padre de toda la familia, aquél que está llamado a promover entre los varios grupos y miembros la unidad de espíritu y la fidelidad a la misión común.
 

b) Relación con los demás grupos

En todos los niveles del Instituto el asistente eclesiástico salesiano ofrece su acción sacerdotal, y colabora en la formación inicial y permanente de las voluntarias. Está presente en los Consejos, sin competencias jurídicas.

Compartiendo el patrimonio espiritual de la Familia Salesiana y viviendo en armonía con todos los Grupos que la componen, las voluntarias aportan a ella las riquezas y la originalidad de la propia vocación.